(Minghui.org) ¿Existe lo divino? Las respuestas a esta pregunta varían enormemente entre las personas. Jiang Xiaorou, una popular influencer china de internet, aprendió una lección de la manera más dura.
Jiang, originaria de la provincia de Hunan, ganó popularidad promoviendo la "lucha contra la superstición y la exploración de lo paranormal". Su enfoque audaz rápidamente ganó adeptos, y acumuló 1,28 millones de seguidores en poco tiempo. Bajo el pretexto de "desmentir supersticiones", Jiang fue intensificando sus actividades, pasando de explorar edificios abandonados a otras prácticas.
En un intento por demostrar que "no existen deidades en el mundo", llegó a destrozar públicamente con un martillo una estatua de (la Pusa) Guanyin supuestamente consagrada. Incluso se jactó ante sus seguidores frente a la cámara diciendo: "Esperen a ver cuánto tiempo vivo. Si realmente me sucede algo, les invitaré a un banquete, ¿de acuerdo?". Muchos internautas comentaron el video advirtiéndole que no insultara a lo divino de esa manera; sin embargo, ella se negó a escuchar.
Jiang sufrió un devastador accidente de tráfico el 15 de julio de 2026. A pesar de más de 20 días de esfuerzos médicos para salvarla, lamentablemente falleció a los 24 años debido a las graves heridas sufridas. Muchos internautas lamentaron lo ocurrido comentando: "Destrozar una estatua de (la Pusa) Guanyin trae retribución". Otro señaló: "Aunque la Pusa Guanyin no te castigue, otras deidades o los espíritus no te dejarán escapar, porque lo divino sí existe".
Ejemplos antiguos
La tragedia de Jiang se originó en su arrogancia y falta de respeto hacia lo divino, una lección que resuena en la historia de la antigua China. Según el Mingxiang Ji, el templo Mingxiang en la ciudad de Fengzhou (en la actual provincia de Shaanxi) albergaba varias estatuas de Fo recubiertas de pan de oro. Durante el caos bélico de las Dinastías del Sur, refugiados desesperados rasparon el oro de las estatuas para comprar alimentos y otros artículos de primera necesidad, dejándolas finalmente desnudas. Poco después, quienes habían raspado el oro comenzaron a sufrir una "picazón insoportable en todo el cuerpo". En su agonía, se rascaban la piel con objetos hasta dejar la carne expuesta, pero la picazón persistía. Siguieron raspando hasta que sus huesos quedaron expuestos y, finalmente, murieron trágicamente en la calle. «Así se reveló la calamidad de destruir las estatuas de Fo», concluía el libro.
En el año 648, durante la campaña de la dinastía Tang contra Kucha (en la actual Xinjiang), un oficial llamado Xue Guxun, encargado de los almacenes, vio una estatua de Fo de oro en un templo después de que el ejército Tang conquistara la zona. Raspó el oro con un cuchillo y, a los pocos días, se le cayeron todas las cejas. Cuando el ejército regresó a Yizhou, Xue se arrepintió ante la estatua de Fo y utilizó el oro que había raspado para realizar una buena obra. Poco después, sus cejas volvieron a crecer milagrosamente.
Lecciones de la era moderna
Durante más de 2000 años, el pueblo chino creyó que «el bien se recompensa con el bien y el mal engendra mal». Sin embargo, tras tomar el poder, el Partido Comunista Chino (PCCh) desacreditó la cultura tradicional —etiquetándola como parte de los «Cuatro Viejos»— y la destruyó mediante campañas como la Revolución Cultural. Esta convulsión cultural ha persistido hasta nuestros días; un ejemplo de ello es la continua represión que el PCCh ejerce desde julio de 1999 contra Falun Gong, una disciplina espiritual basada en los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia.
Al seguir ciegamente la política de persecución contra practicantes inocentes de Falun Gong, muchos funcionarios del PCCh han sufrido las consecuencias. Pan Shi, director de la Estación de Policía de Liucheng en el condado de Chaoyang (provincia de Liaoning), había perseguido a practicantes de Falun Gong durante años. Hizo caso omiso de las palabras amables de los practicantes y recibió un galardón como «modelo avanzado» por parte de la Oficina 610 de la ciudad de Chaoyang debido a sus malas acciones. «No temo a las represalias. Los golpearé y arrestaré [a los practicantes de Falun Gong] tanto como quiera», alardeaba. «Me mantendré fiel al Partido para siempre». Menos de dos meses después de pronunciar estas palabras, el oficial —que hasta entonces gozaba de buena salud— falleció repentinamente el día de su 41.er cumpleaños.
Jiang Ping, un agente de policía de la División de Seguridad Nacional de la ciudad de Bazhong (provincia de Sichuan), también ignoró a los practicantes de Falun Gong que le sugerían dejar de participar en la persecución. «Personalmente he arrestado a muchos de ustedes y sigo llevando una vida más cómoda que la suya. ¿Dónde está la retribución del yeli? No creo en ella», decía. En vísperas del Año Nuevo Chino de 2019, Jiang se desplomó repentinamente y falleció.
Jiang Renwu, director de la División de Seguridad Nacional de la ciudad de Yueyang (provincia de Hunan), se burlaba constantemente de los practicantes de Falun Gong diciendo: «Todos dicen que sufriré retribución, pero ¿por qué no ha ocurrido?». En octubre de 2019, a Jiang le diagnosticaron cáncer y murió.
Una búsqueda de la frase «no temo a la retribución» en la versión china del sitio web Minghui.org arrojó 1.826 resultados. Esto ilustra cómo las doctrinas del PCCh lavaron el cerebro de los funcionarios e incitaron a estos a hacer daño a personas inocentes, lo que a su vez conduce a consecuencias nefastas.
Aprender de los propios errores
Cuando se tiene la mente clara, los pensamientos y acciones rectas también pueden cambiar el destino de una persona. Considere el caso de un oficial de la División de Seguridad Nacional en el condado de Butuo, provincia de Sichuan, quien una vez multó a un practicante de Falun Gong con más de 10.000 yuanes. Poco después, volcó su coche en un accidente y, aunque solo sufrió heridas leves, los costos de reparación del vehículo superaron los 10.000 yuanes.
Un practicante de Falun Gong le recordó que aquel accidente era una advertencia de retribución del yeli proveniente de lo divino. Tanto la multa como el costo de reparación ascendían a más de 10.000 yuanes; si no cambiaba, ¡podría perder la vida la próxima vez! El capitán de la División de Seguridad Nacional comprendió de inmediato, agradeció al practicante y prometió no repetir sus acciones.
Otro oficial, jefe de una estación de policía, había participado activamente en la persecución y arrestado a muchos practicantes de Falun Gong. Los practicantes le explicaron sinceramente los hechos sobre Falun Gong y le aconsejaron que dejara de participar en la persecución, pero él se negó a escuchar.
Más tarde, este oficial enfermó y fue diagnosticado con cáncer, con pocas probabilidades de recuperación. Desesperado, recordó de repente lo que habían dicho los practicantes de Falun Gong: que creer en Verdad-Benevolencia-Tolerancia podía salvar la vida de una persona. Tras leer algunos folletos de Dafa confiscados que tenía en su oficina, surgió un rayo de esperanza en su corazón.
El oficial consiguió un ejemplar de Zhuan Falun y decidió leerlo. Luego aprendió los ejercicios de un practicante y comenzó a practicar Falun Gong. Desde entonces, ayudó a los practicantes de Falun Gong de diversas maneras. Su cáncer se curó y su trabajo también marchó sin contratiempos.
Desde la antigüedad hasta la sociedad moderna, ya se trate de un “influencer” de 24 años o de oficiales involucrados en la persecución a Falun Gong, surge un tema común: seguir la propia conciencia trae bendiciones, mientras que apartarse de ella puede conducir a la desgracia.
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Categoría: Opinión y análisis