(Minghui.org) Tengo 69 años. Antes de cultivar Falun Dafa, tenía un carácter fuerte, una lengua afilada y me irritaba con facilidad. Siempre quería tener la última palabra en todo, y mis compañeros me apodaron «Pequeña Pimienta».
Padecía muchas enfermedades, especialmente reumatismo. Era extremadamente sensible al frío; a menudo me dolían las piernas y mis dedos se habían deformado. Dependía de medicamentos a diario para aliviar el dolor. Había oído a la gente describir el reumatismo como «un cáncer que no te mata». En aquel entonces, ni siquiera tenía 40 años. La idea de tener que vivir con tal sufrimiento el resto de mi vida me volvía extremadamente irritable y angustiada. Sentía que mi vida ya estaba arruinada.
Una compañera de clase me presentó Falun Dafa en 1996. Tras comenzar a practicar Dafa, todas mis enfermedades desaparecieron y quedé libre de cualquier dolencia. Mi cuerpo se volvió ligero, tenía más energía y sentía como si flotara en el aire al caminar. Me corregía constantemente para ajustarme a los estándares de una practicante de Falun Dafa. También me centraba más en los aspectos positivos de los demás, toleraba sus defectos y miraba hacia mi interior cuando surgía algún problema.
Ser una buena empleada en una escuela preescolar
Trabajaba como maestra en un preescolar administrado por una empresa. Éramos más de 30 empleados en nuestra escuela preescolar. Un día, una compañera me dijo: «¡Has cambiado muchísimo desde que empezaste a cultivar Falun Dafa!». Le hablé de cómo el preciado libro Zhuan Falun —el texto principal de Falun Dafa— enseña a las personas a ser compasivas y constituye una práctica de un nivel moral elevado que beneficia tanto a la mente como al cuerpo.
Ella exclamó: «¡Qué maravilla! ¡Yo también quiero practicar Falun Dafa! ¿Podrías conseguirme un ejemplar de Zhuan Falun?». Le respondí: «Este libro debe atesorarse por encima de todo, y es necesario lavarse las manos antes de leerlo». Dos días después, otro colega pidió un ejemplar de Zhuan Falun. Con el tiempo, más de una docena de mis compañeros leyeron Zhuan Falun. Los profundos principios de Falun Dafa les beneficiaron tanto física como mentalmente, y cada uno de ellos experimentó un cambio radical en su perspectiva de la vida.
El personal del preescolar no actuaba de manera profesional, lo que dificultaba a la directora el manejo del centro. Si bien las maestras contaban con formación en educación preescolar, gran parte del personal de apoyo había obtenido sus puestos gracias a contactos personales, lo que complicaba manejar, asignar y coordinar las tareas. A la hora de comer, el personal se reservaba los mejores alimentos para sí mismo. Los empleados de cocina que criaban cerdos en casa, solían tirar las sobras de la comida de los niños en los cubos de desperdicios para animales. Asimismo, con frecuencia retenían los vales de comida de los niños a cambio de dinero. Cuando nevaba, nadie retiraba la nieve, ni siquiera tras recibir la orden de la directora. Durante la pausa para el almuerzo, el personal jugaba al majiang, lavaba la ropa o tejía suéteres. También eran frecuentes los castigos corporales a los niños.
Después de empezar a practicar Falun Dafa, todos comenzaron a desempeñar bien su trabajo. Ayudaban a comer a los niños que lo hacían más despacio, asegurándose de que todos estuvieran bien alimentados. Para evitar el desperdicio de comida, servían porciones pequeñas y ofrecían más según fuera necesario, logrando así que no se tirara alimento. Trataban a cada niño con amabilidad y esmero, ganándose un alto reconocimiento de los padres.
Los practicantes de Falun Dafa también retiraban la nieve voluntariamente. La dirección elogiaba a los practicantes diciendo: «¡Miren qué elevados son los estándares morales de los practicantes de Falun Dafa! ¡Falun Dafa es maravilloso!». La directora de la guardería también comenzó a leer Zhuan Falun. Todo el ambiente de la guardería cambió por completo. Algunos miembros del personal incluso devolvieron el dinero que habían obtenido vendiendo los vales de comida.
El Partido Comunista Chino (PCCh) inició una persecución a nivel nacional contra Falun Dafa el 20 de julio de 1999. Queríamos alzar la voz en defensa de Falun Dafa, así que fuimos a Beijing. Nos obligaron a asistir a sesiones de lavado de cerebro y, a nuestro regreso, nuestro salario se redujo dos categorías.
La directora de la guardería dijo a los funcionarios de mayor rango: «Estos practicantes de Falun Dafa son buenos empleados. ¿No sería estupendo que todo el mundo practicara Falun Dafa?». Cuando fui a cobrar mi sueldo, la directora dijo que no había faltado al trabajo sin previo aviso, sino que había tomado mis vacaciones anuales. Finalmente recibí el pago que me correspondía. La directora realizó una acción muy noble al proteger a los practicantes de Falun Dafa en la medida de sus posibilidades.
“¡Miren la guardería de los practicantes de Falun Dafa! ¡Los niños nunca se enferman!”
La empresa quebró y la guardería tuvo que cerrar en 2002. Todo el personal se quedó sin empleo. Abrí mi propia guardería y enseñaba a los niños basándome en los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Les enseñé a recitar: «Falun Dafa es bueno. Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno», y a leer poemas de Hong Yin y las enseñanzas de Shifu. Inmersos en la gracia del fo, los niños se mostraban radiantes y bien educados.
Mi guardería comenzó siendo pequeña, pero pronto se convirtió en un centro más grande y conocido por todos. Los padres sabían que yo practicaba Falun Dafa. Siempre que un niño se inscribía en mi guardería, les hablaba sobre Falun Dafa y les ayudaba a renunciar al PCCh y a sus organizaciones afiliadas.
No recuerdo cuántos padres renunciaron al PCCh y a sus organizaciones afiliadas a lo largo de más de diez años. Muchos niños pequeños aprendieron los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia, y ocurrieron muchas cosas extraordinarias.
En primavera, los niños solían contraer enfermedades como la enfermedad de manos, pies y boca, la gripe o la varicela. Si un niño enfermaba, toda la guardería debía cerrar temporalmente. Sin embargo, a lo largo de esos diez años, muy pocos niños de mi guardería contrajeron dichas enfermedades y mi centro nunca tuvo que cerrar. Los padres estaban asombrados y muchos decían: «¡Miren la guardería de la practicante de Falun Dafa! ¡Los niños nunca se enferman!». Todos estaban deseosos de enviar a sus hijos a mi guardería.
Cuando decidí cerrar la guardería, un padre me dijo: “Sra. Zhang (seudónimo), mire qué bien se comportan los niños de su guardería. Nunca maldicen ni se pegan. Es una lástima que vaya a cerrar”.
Mi esposo comentó: «Mira cómo funcionó nuestra guardería durante todos estos años. Es habitual que surjan problemas en estos centros, así que haber mantenido un historial de seguridad tan bueno durante tanto tiempo es algo realmente notable».
De “Pequeña Pimienta” a ser una buena compañera
Mis compañeros y yo compartimos la misma clase desde la escuela primaria hasta la secundaria, por lo que nos conocíamos muy bien. Yo soy extrovertida y alegre, pero también tenía un carácter fuerte.
Tras empezar a practicar Dafa, seguí los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia y nunca discutía con nadie. Trataba a los demás con benevolencia y me llevaba muy bien con mis compañeros. Todos vieron que me había convertido en una persona completamente diferente y supieron que Falun Dafa es bueno. Les hablé sobre Falun Dafa y les ayudé a renunciar al PCCh y a sus organizaciones juveniles afiliadas.
Toda nuestra clase organizó un gran reencuentro para conmemorar los 40 años desde que fuimos compañeros de escuela. El comité organizador había planeado una actividad en la que todos llevarían puesto el pañuelo rojo de los Jóvenes Pioneros Comunistas. Les dije: «Llevar el pañuelo rojo es un mal augurio. Además, todos ustedes ya han renunciado al PCCh y a sus organizaciones afiliadas». El representante de la clase se encontraba en una situación difícil, pues le preocupaba que los demás no estuvieran de acuerdo. Para mi sorpresa, cuando se realizó el reencuentro, esa actividad fue cancelada y ninguno de mis compañeros llevó el pañuelo rojo.
El fotógrafo preguntó: “¿Por qué no llevan el pañuelo rojo? Los alumnos de las otras clases sí los llevaban en sus reencuentros”.
Uno de mis compañeros respondió: “Nuestra clase no necesita llevarlo. ¡Falun Dafa es bueno!”. Todos me miraron y nos echamos a reír. Nos tomamos una foto llena de inocencia y sinceridad.
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Categoría: Caminos de cultivación