(Minghui.org) La Prisión de Mujeres de Beijing cuenta con un total de 12 divisiones, y la Tercera División es la más severa en su persecución contra los practicantes de Falun Gong.
Los guardias no suelen torturar a las practicantes directamente, sino que incitan a las reclusas a hacerlo. La mayoría de las reclusas seleccionadas son asesinas convictas, drogadictas y delincuentes de cuello blanco. Quienes logran "transformar" a una practicante obtienen más visitas familiares o reducciones de condena.
Estas reclusas están obligadas a leer constantemente libros y ver videos que demonizan a Falun Gong. También deben redactar informes de pensamiento después de “estudiar” el material. Luego, utilizan lo que han “aprendido” para manipular a las practicantes, intentando obligarlas a renunciar a su creencia.
Una vez que una practicante de Falun Gong ingresa a la Tercera División, es vigilada las 24 horas por dos reclusas. Si infringe las normas de la prisión y se le descuentan puntos, sus vigilantes también se ven implicadas.
Cada practicante está obligada a escribir un diario todos los días, además de informes de pensamiento semanales y ensayos mensuales de arrepentimiento de al menos 400 palabras. Todo es revisado y documentado por los guardias.
Además, las practicantes se ven obligadas a ver noticias propagandísticas todas las noches. A quienes se duermen se les restan puntos. El sábado es el "día de la educación" y las practicantes deben asistir a "clases" durante todo el día.
Las reclusas registran las actividades diarias de las practicantes. Los guardias utilizan estos registros y los diarios de las practicantes para crear una estrategia de persecución personalizada para cada practicante.
Cuando una practicante se acuesta, debe dormir de lado, mirando hacia la reclusa que está de guardia nocturna. Además, debe mantener las piernas rectas, o se sospechará que las cruza para practicar la meditación sentada de Falun Gong.
En la Tercera División hay 11 equipos. Cada guardia debe “transformar” a las reclusas de su equipo según una cuota asignada. Quienes no cumplen con su cuota son trasladadas a otras divisiones. Los guardias que permanecen en la Tercera División son muy activos y brutales al aplicar las políticas de represión de la prisión.
Normas penitenciarias estrictas y vigilancia constante
El primer día de cada mes, la prisión celebra una ceremonia para izar la bandera roja del Partido Comunista Chino (PCCh). Todas están obligadas a presenciar la ceremonia, cantar canciones del PCCh y levantar el puño en señal de lealtad al partido.
Las practicantes tienen prohibido hablar entre sí, incluso mirarse a los ojos. Si necesitan hablar, una reclusa debe estar presente para supervisar la conversación.
Las reclusas encubren muy bien la persecución y la mayoría de las practicantes desconocen la persecución que sufren otras practicantes.
Hay muchas cámaras de vigilancia en la prisión, incluso en los baños y los pasillos. El baño no tiene puerta. Cuando una practicante usa el baño, una reclusa debe acompañarla.
Cada noche, los guardias eligen al azar a algunas practicantes y les ordenan recitar las reglas de la prisión. Si no pueden recitarlas todas, pierden seis puntos. Además, deben escribir un informe de autocrítica de al menos 800 palabras y leerlo en voz alta frente a las demás internas. Si los guardias no están satisfechos con los informes, las practicantes perderán más puntos.
Las practicantes tienen derecho a una visita familiar al mes. Toda la visita es vigilada de cerca por los guardias. No pueden decir nada sobre las torturas o abusos que sufren, ni revelar los nombres de las reclusas que las vigilan; de lo contrario, los guardias podrían dar por terminada la visita.
Si la familia de una practicante presenta una queja contra la prisión por persecución, a la practicante se le negarán las visitas de su familia durante tres meses y se verá obligada a redactar informes de autocrítica.
Casos de persecución seleccionados
La Sra. Dong Shirong, de unos 70 años, tiene graves problemas de visión y audición. Cada vez que va al baño, la obligan a denunciar a Falun Gong y a alabar al Partido Comunista Chino. A veces ha intentado no ir al baño para no tener que decir esas palabras en contra de su voluntad. Como resultado, cuando se orinaba encima, las reclusas la insultaban. En una ocasión, corrió al baño sin permiso y la sacaron a rastras de inmediato. Intentó aclararles los echos con, pero ellas respondieron con una persecución aún más severa.
La Sra. Zhao Liuji, de setenta y tantos años, ingresó en la Tercera División en enero de 2023. Los guardias la obligaron a tomar un fármaco tóxico para el sistema nervioso, que la dejaba constantemente aturdida y somnolienta. Si los guardias notaban que mejoraba su lucidez, aumentaban la dosis del fármaco.
A veces, cuando la Sra. Zhao gritaba en protesta: «¡Falun Dafa es buena!», las reclusas le tapaban la boca y la acusaban de tener un trastorno mental. La trasladaban constantemente de celda en celda y hacían que diferentes reclusas la acosaran.
La Sra. Gong Ruiping , de unos 60 años, ingresó en la Tercera División en enero de 2023 para cumplir una condena de cinco años y medio. Debido a su firme práctica de Falun Gong, los guardias castigaron a todas las reclusas de la celda negándoles el acceso a la televisión, excepto los domingos. Las demás reclusas se volvieron contra la Sra. Gong y la privaron de sueño y del uso del baño. Como consecuencia, sufrió incontinencia urinaria.
En otro intento por “transformar” a la Sra. Gong, los guardias imprimieron muchas fotos del fundador de Falun Gong y las distribuyeron entre las reclusas. Estas colocaban una foto en el inodoro antes de usarlo.
La Sra. Sun Mingjie, de unos 30 años, ingresó en la Tercera División en el verano de 2024. Li Wen, la reclusa principal de su celda, tiene mucha experiencia en "transformar" a las practicantes de Falun Gong. Li solía insultar a la Sra. Sun y ordenaba a las demás reclusas de la celda que la atacaran.
Cuando la Sra. Sun necesitó usar el baño, la obligaron a decir: “Soy la reclusa Sun Mingjie y fui condenada por socavar a la aplicación de la ley con una organización de culto. Por favor, permítanme usar el baño”.
En ocasiones, la Sra. Sun se negaba a pronunciar las palabras y se veía obligada a orinar en su lavabo o en sus pantalones. Las reclusas la maltrataban verbalmente y la insultaban, llamándola inculta, ignorante de las normas de etiqueta y desvergonzada. También la obligaban a limpiarse con la toalla que usaba para lavarse la cara. A veces, los guardias la obligaban a escribir informes de autocrítica y a leerlos en las reuniones de toda la prisión.
En una ocasión, las reclusas le pintaron la cara y escribieron palabras difamatorias contra Falun Gong en su ropa.
En otra ocasión, los guardias interrogaron a la Sra. Sun sobre su arrepentimiento delante de todas las reclusas. Ella permaneció en silencio. Acto seguido, los guardias ordenaron a las reclusas que la insultaran. Una reclusa le dio una patada en la espinilla, provocando que se desmayara del dolor.
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