(Minghui.org) Desde que la Prisión de Mujeres de la provincia de Shandong comenzó a detener a practicantes de Falun Gong en el año 2000, ha sido tristemente célebre por el trato brutal que les ha dado.
Las practicantes encarceladas son objeto de insultos y abusos, y sus derechos de apelación y de comunicación con sus familias están restringidos.
En 2013, la prisión se trasladó de la calle Gongye Sur, en el distrito de Licheng de la ciudad de Jinan, a una nueva ubicación en el distrito de Zhangqiu. Después del traslado, la persecución a las practicantes se volvió más encubierta y las tácticas empleadas, más despiadadas.
La undécima división de la prisión está destinada a la detención de practicantes de Falun Gong. Entre 2001 y 2019, hasta 200 practicantes por año estuvieron retenidas allí.
La 11.ª División es un recinto independiente, rodeado de redes eléctricas, ubicado en el ala noroeste de la prisión. En el lado oeste de esta sección, hay más de una decena de celdas de aislamiento distribuidas en dos niveles.
Esta división tiene tres plantas en total, y cada planta está dividida en secciones este y oeste:
En el lado oeste se encuentran las habitaciones individuales para las practicantes recién llegadas que no han renunciado a su fe. Dos reclusas se encargan de vigilar a cada una. Estas vigilantes suelen ser antiguas practicantes que se han «transformado» y ahora participan en la persecución de otras practicantes. Las vigilan y las someten a lavado de cerebro, abuso verbal y palizas. La persecución aquí es la peor de toda la división.
El lado este está destinado a las practicantes que han estado retenidas durante más de tres meses. Su acceso está restringido a esta área, donde comen y usan el baño. Las practicantes recluidas aquí son sometidas a una “transformación” ideológica.
En el tercer piso hay una “sala de transformación”, donde las practicantes son obligadas a ver noticias falsas y videos que difaman a Falun Gong. Una vez que estas practicantes son “transformadas” a la fuerza, deben someterse a una “reeducación ideológica” y mostrar “arrepentimiento”.
Si bien la mayoría de las practicantes fueron "transformadas" contra su voluntad, algunas sí se pasaron al otro bando y ahora participan en la persecución.
Xu Yumei, la actual jefa de la 11.ª División, es una de las principales responsables de la persecución. Lleva más de 20 años trabajando allí y ha acumulado una gran experiencia en la tortura de practicantes. A continuación, se describen algunos de los principales métodos de tortura que ha implementado.
1. Las recién llegadas son bombardeadas con calumnias y golpeadas
Una vez que las practicantes son admitidas en la prisión, son encerradas en pequeñas cabañas donde unos cinco grupos de antiguas practicantes que fueron "transformadas" se turnan para lavarles el cerebro a las recién llegadas.
Las expracticantes comienzan fingiendo preocuparse por la practicante y luego empiezan a difamar a Falun Gong y a su fundador. Si ella no está de acuerdo con algo de lo que dicen, el grupo la rodea y la golpea y patea. La abofetean e incluso le meten trapos de baño en la boca y se la sellan con cinta adhesiva para que no pueda emitir ningún sonido.
Lo hacen hasta que se cansan, luego se toman un descanso y vuelven a empezar. Este ciclo se repite varias veces. La tortura continúa hasta aproximadamente las 11 de la noche, cuando llevan a la practicante a una pequeña habitación privada y le ordenan que permanezca de pie durante al menos 30 minutos. No se le permite hablar ni ir al baño, y el personal de guardia la vigila de cerca.
2. Las que defienden su fe son sometidas a torturas prolongadas
Las practicantes que perseveran en su fe son puestas en aislamiento en pequeñas celdas, donde deben permanecer sentadas desde las 5:30 de la mañana hasta las 10:30 de la noche. Deben mantener la posición sentada, de lo contrario, serán golpeadas. Muchas practicantes desarrollaron úlceras en las nalgas por estar sentadas durante largos períodos.
También tienen prohibido ducharse, beber agua y usar el baño. Para usar el baño, deben escribir: “Soy la delincuente [nombre], solicito permiso para usar el baño. Guardia, por favor, apruebe mi solicitud”.
Si la practicante se niega a reconocer que es una delincuente (aunque no haya cometido ningún delito), no puede usar el baño. Esto ha provocado que algunas se hagan sus necesidades encima. Aunque su ropa esté sucia, no se les permite lavarla, ni pedir prestada ropa, ni comprar papel higiénico. A una practicante solo se le permitió un rollo de papel higiénico durante casi tres meses, y tuvo que comprarlo ella misma.
3. Abuso psicológico
Las practicantes que se mantienen firmes en su fe son retenidas en pequeñas habitaciones oscuras, donde se les obliga a escuchar propaganda difamatoria contra Falun Gong y su fundador. Si señalan algún error o inconsistencia en la propaganda, como la farsa de la autoinmolación de Tiananmen, expracticantes enfurecidas las rodean, insultan y golpean. Las guardias hacen caso omiso de lo que sucede.
La situación empeora aún más a la hora de las comidas, cuando las expracticantes insultan a Falun Gong y a su fundador. Muchas practicantes no pueden comer debido a esto y se ven obligadas a pasar hambre o a declararse en huelga de hambre. Quienes se niegan a comer son llevadas al baño o a algún otro punto ciego de vigilancia y golpeadas antes de ser conducidas de vuelta a la pequeña habitación oscura. También son sometidas a alimentación forzada, añadiendo con frecuencia drogas desconocidas a la mezcla líquida.
4. Privación del sueño
Las practicantes que se niegan a “transformarse” son sometidas a privación de sueño, que puede durar hasta 10 días seguidos. Durante ese tiempo, son vigiladas de cerca las 24 horas del día. Si se quedan dormidas, dos personas las despiertan a la fuerza. También tienen prohibido hablar, reunirse con nadie y comprar artículos de primera necesidad.
A las practicantes se les extrae sangre y se les realiza exámenes físicos de forma rutinaria. Las guardias suelen confabularse con los médicos para falsificar sus historiales clínicos y luego imponerles restricciones dietéticas, como prohibirles comer carne, arroz, panecillos al vapor o dulces. A veces, simplemente las dejan morir de hambre, dándoles solo una pequeña cantidad de gachas de arroz o dos panecillos al vapor diminutos.
5. Administración involuntaria de medicamentos
Administrar medicamentos a las practicantes es otro método común de persecución en la 11.ª División. Se añaden drogas desconocidas a la comida, las infusiones intravenosas y el líquido utilizado para la alimentación forzada. Estas drogas provocan que parezcan apáticas, confusas o que sufran pérdida de memoria. Los síntomas suelen manifestarse como una especie de embotamiento, pero gradualmente derivan en una pérdida de racionalidad.
Muchas practicantes, después de ser encarceladas entre seis meses y un año, fallecen o desarrollan graves problemas psicológicos debido a la administración involuntaria de drogas y otros métodos de tortura.
La Sra. Wang Yuling, de la ciudad de Zibo, provincia de Shandong, fue obligada a tomar medicamentos desconocidos tres veces al día mientras cumplía una condena de un año y medio. Si no obedecía, la alimentaban a la fuerza. Además, la golpeaban y maltrataban verbalmente a su antojo. Con frecuencia, la obligaban a permanecer sentada en un pequeño taburete inmóvil durante horas y no le permitían usar el baño.
Después de su liberación el 30 de enero de 2023, la Sra. Wang se encontraba muy débil y sufría graves complicaciones derivadas de la medicación administrada en prisión. El sufrimiento a menudo empeoraba por la noche, llegando a provocarle gritos de dolor.
La Sra. Wang se desmayó el 31 de agosto de 2024 y fue trasladada al hospital para recibir tratamiento de urgencia. El médico indicó que sufría una insuficiencia multiorgánica. Falleció dos meses después, el 7 de octubre de 2024.
6. Las guardias consienten a cómplices y a las expracticantes “transformadas”
Las reclusas que más violentamente lavan el cerebro y torturan a las practicantes son recompensadas con “méritos”, “puntos extra” y reducciones de condena. Con la tolerancia de las guardias, las expracticantes que se “transformaron” y las reclusas en servicio actúan aún con mayor falta de escrúpulos. Suelen decir: “¿Quién se atrevería a hacer esto sin el permiso de las guardias?”.
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