(Minghui.org) El Sr. Sun Jianfeng, de 54 años y residente del condado de Zhongning, en la Región Autónoma Hui de Ningxia, fue sentenciado a seis años y cuatro meses de prisión el 15 de enero de 2020. Tras ser enviado a la prisión de Shizuishan, fue sometido a una tortura brutal.

Tras su liberación, el Sr. Sun relató la persecución que sufrió en prisión:

«Durante un tiempo, cada vez que Zhang Yanjun, el subdirector de la división, estaba de turno, me llevaban repetidamente a un pequeño terreno. Allí, Zhang me aplicaba descargas con una picana eléctrica en la cabeza, el rostro, la boca, las orejas, el cuello, las piernas y las manos, dejando costras en las zonas donde me golpeaba. Ordenó que me quitaran los calcetines y los zapatos, me inmovilizaron contra el suelo húmedo y volvieron a aplicarme descargas eléctricas. También me sujetaban las manos y las piernas contra el suelo y me golpeaban con un tubo de plástico, lo que provocaba que mis piernas sangraran profusamente. Asimismo, utilizaban tubos de plástico y varas de bambú para golpearme los muslos y los glúteos, causándome hematomas».

Persecución previa

El Sr. Sun trabajaba anteriormente en la central eléctrica de la Oficina Ferroviaria de Lanzhou. Fue arrestado y encarcelado en repetidas ocasiones por negarse a renunciar a su fe en Falun Gong.

En 1999, fue arrestado y llevado al Centro de Detención del condado de Zhongning, donde permaneció atado durante su retensión. En octubre de 2000, fue trasladado a Beijing y sentenciado a un año y medio de trabajo forzado, sentencia que posteriormente se amplió otros seis meses.

Más tarde, en 2002, el Sr. Sun fue sentenciado a otros tres años de trabajo forzado. Tras su puesta en libertad, su lugar de trabajo lo mantuvo bajo vigilancia durante casi dos años, debido a que él seguía negándose a renunciar a su fe. En enero de 2007, la policía y agentes de la «Oficina 610» lo detuvieron en su residencia y lo enviaron al Centro de Lavado de Cerebro de Gongjiawan, en la ciudad de Lanzhou. Allí, fue alimentado a la fuerza, obligado a ingerir sustancias desconocidas, expuesto al frío extremo en la nieve, mantenido en régimen de aislamiento durante más de 50 días con las manos esposadas a la espalda, y colgado durante 72 días.

En marzo de 2012, el Sr. Sun fue detenido nuevamente y, más tarde, sentenciado a cinco años y medio de prisión. En el Centro de Educación Inicial de la Prisión de Ningxia y en la Prisión de Yinchuan, fue golpeado, privado de sueño y obligado a permanecer sentado en un taburete pequeño. Para cuando fue puesto en libertad en septiembre de 2017, había perdido la mayor parte de su dentadura y su capacidad para masticar había desaparecido por completo. Además, presentaba lesiones en la zona lumbar y su cabello se había vuelto gris. Se encontraba extremadamente débil, demacrado y parecía estar en un estado de aturdimiento.

Represalias por presentar una denuncia administrativa

En mayo de 2018, el Sr. Sun presentó una denuncia administrativa ante el Tribunal del Distrito de Xingqing, exigiendo que la Prisión de Yinchuan pusiera fin a la persecución contra Falun Gong y le indemnizara por los daños dentales y el trauma psicológico sufridos. Asimismo, solicitó que los guardias penitenciarios Hu Jianqiao, Lu Wei y Duan Mingliang rindieran cuentas por haberlo torturado.

El Tribunal Intermedio de la ciudad de Yinchuan celebró una audiencia sobre su caso el 15 de agosto de 2018. Lejos de obtener justicia, el Sr. Sun fue arrestado de nuevo poco más de un mes después y permaneció bajo custodia durante 13 días.

Última detención y sentencia

El 31 de diciembre de 2018, mientras distribuía material informativo sobre Falun Gong en una zona residencial, el Sr. Sun fue visto por un guardia de seguridad, quien dio aviso a la policía. Posteriormente, fue trasladado al Centro de Detención del condado de Zhongning. Su arresto fue ratificado poco después. Fue juzgado por el Tribunal del Distrito de Shapotou el 7 de enero de 2020 y, el 15 de enero, sentenciado a seis años y cuatro meses de prisión. Primero fue llevado al Centro de Educación de Ingreso a Prisiones de Ningxia y, menos de un mes después, trasladado a la Prisión de Shizuishan.

Relato personal de la persecución en la Prisión de Shizuishan

«El 31 de diciembre de 2018, mientras distribuía material informativo sobre Falun Gong en una zona residencial del complejo habitacional Yinghai, en el condado de Zhongning, un guardia de seguridad creyó que intentaba robar una bicicleta eléctrica y me denunció a la policía. Posteriormente, la Procuraduría de Zhongning aprobó mi detención y, más tarde, fui sentenciado a seis años y cuatro meses de prisión. Apelé ante el Tribunal Intermedio de la ciudad de Zhongwei, pero la sentencia fue ratificada.

En abril de 2020, fui enviado al grupo de ingreso en el Centro de Educación de Prisiones de Ningxia. A todos los reclusos recién llegados se les exigió jurar lealtad al Partido Comunista y apoyarlo; me negué a hacerlo y, como consecuencia, fui sometido a un "régimen de estricta vigilancia".

Cualquier persona que profesara una fe era clasificada como recluso de "alta prioridad", y se le asignaba a otro recluso para que lo vigilara. Pusieron a un recluso en mi celda para controlar todos mis movimientos. Tenía prohibido hablar sobre qigong, sobre mi fe o sobre la ley. Nadie podía conversar conmigo de manera informal. Cuando me sentaba, debía mantener las piernas estiradas hacia adelante; no se me permitía cruzarlas ni doblarlas. Tampoco se me permitía cerrar los ojos, ni salir de la celda por la noche cuando el resto de los reclusos iban a la sala común a ver la televisión. Permanecía confinado en la celda, bajo la vigilancia constante de otros reclusos.

Un mes después, fui trasladado a la Prisión de Shizuishan. A todos los reclusos recién llegados se les ordenó que se pusieran en fila en el patio. Una vez que se comprobó mi presencia, varios reclusos que vestían chalecos rojos se acercaron y me colocaron una capucha negra sobre la cabeza. Sujetándome a ambos lados, me retorcieron los brazos hacia la espalda y me arrastraron hasta otro lugar. Más tarde supe que me habían enviado a la División Dieciséis, también conocida como la división de alta seguridad.

Obligado a permanecer de pie

«Estaba retenido en el Quinto Equipo (más tarde supe que otro practicante, el Sr. Luan Ning, también se encontraba en el mismo equipo). Todos los días, alguien se colocaba en el pasillo y gritaba órdenes para que todos permanecieran de pie durante media hora, permitiéndonos solo cinco minutos para sentarnos. No se me permitía descansar por la noche y debía continuar con el "entrenamiento" hasta la hora de dormir. Me obligaban a estar de pie más de diez horas al día, hasta que mis piernas se hincharon y empezaron a dolerme. Sentía náuseas y mareos, y los ojos se me salían de las órbitas».

Testigo de la persecución contra otro practicante

«Al cabo de tres meses, escuché a un recluso de guardia informar de que el Sr. Luan estaba realizando los ejercicios de Falun Gong. Acto seguido, se oyeron los pasos apresurados de un grupo de reclusos, mientras el Sr. Luan gritaba repetidamente: "¡Falun Dafa es bueno!", al tiempo que se lo llevaban a rastras».

«Unos días después, oí a un grupo de reclusos gritarle al Sr. Luan que se sentara correctamente, erguido y con los ojos abiertos. Habían asignado a reclusos para vigilar al Sr. Luan las 24 horas del día; escuché cómo cada grupo de reclusos daba instrucciones al siguiente turno sobre cómo torturarlo. Aquello me entristeció profundamente, así que quise hablar con el director de la prisión. Cuando el subdirector de la división me preguntó qué haría si el director de la prisión se negaba a recibirme, respondí que dejaría de participar en el "entrenamiento"».

Resistencia ante la persecución

«El director de la prisión no apareció. Al cabo de una semana, decidí dejar de participar en el "entrenamiento". Permanecí inmóvil desde la mañana hasta la noche. Los reclusos de guardia comentaron que nadie en toda la división había hecho algo así jamás». Los gritos y los regaños continuaban provenientes del lugar donde tenían retenido al Sr. Luan. También me despertaba sobresaltado por la noche al oír sus voces. A veces, veía cómo se llevaban al Sr. Luan con los brazos retorcidos a la espalda y una capucha negra cubriéndole la cabeza. Poco después, él regresaba.

«Conocí a un recluso llamado Li Jian cuando estuve en la Prisión de Yinchuan. Él cumplía funciones en la sección de régimen estricto y, más tarde, fue trasladado a la Prisión de Shizuishan. Actualmente, es el director de la comisión de inspección disciplinaria de la Decimosexta División.

La Decimosexta División se formó reuniendo a cerca de 40 reclusos procedentes de diversas secciones de producción; de ellos, se seleccionaba a un grupo de diez para que se encargaran de perseguir a los practicantes de Falun Gong. Como el personal cambia periódicamente, muchos desconocen quiénes son los individuos específicamente implicados en la persecución. Para resistirme a ella, permanecí inmóvil durante más de diez días, hasta que mis articulaciones se volvieron tan rígidas que me resultaba muy difícil moverme.

Intensificación de la persecución

Un día, el recluso Li me comentó que la división iba a intensificar la persecución en poco tiempo, y me sugirió que retomara los ejercicios para flexibilizar mis articulaciones. Me pareció una buena idea, así que volví a realizarlos.

Pocos días después, Zhang Yanjun, el subdirector de la división, llegó acompañado por varias personas y cubrió la puerta y las ventanas con telas negras. Me obligaron a sentarme en un taburete de plástico sin patas. Dos de ellos se sentaron a mi lado y me ordenaron que no doblara la cintura ni el cuello. Tampoco se me permitía estirar las piernas ni moverme en absoluto.

Intentaron colocar una fotografía de Shifu bajo mis pies y mis nalgas, pero me negué rotundamente. Entonces, pegaron la fotografía en un recipiente. También me llevaron a un pequeño terreno, donde me pusieron una camisa de fuerza y una capucha negra rociada con agua con pimienta. Tuve que permanecer en la misma postura desde la mañana hasta el mediodía.

La prisión estableció otro equipo con el fin de intensificar la persecución». El equipo estaba compuesto por el director de la prisión, el jefe de educación, el jefe de división y cinco subjefes. También se seleccionó a un grupo de reclusos de la unidad de producción para que participaran en la persecución. Supe que la prisión incluso invitó a un experto de Beijing para que les ayudara.

«Zhang consiguió dos taburetes de madera. Cada uno estaba hecho con tres tablas de madera planas e irregulares, del tamaño de una mano pequeña, clavadas entre sí. Por un lado, tenían una hilera de clavos con las cabezas sobresaliendo; por el otro, una tira de metal sujeta. Nos obligaban a sentarnos sobre ellos en una habitación vacía. Los reclusos no nos permitían ir al baño, beber agua ni hacer absolutamente nada. Nos privaban del sueño; a menudo, los reclusos nos despertaban cada hora. Dormíamos sobre un colchón de paja muy sucio. El Sr. Luan también estuvo retenido en una habitación similar.

«La persecución duró unos tres meses. A mí me llevaron a la misma habitación donde había estado el Sr. Luan, después de que este fuera hospitalizado a consecuencia de la tortura. En la habitación no había nada, salvo un recipiente con agua.

Torceduras, agarres y pellizcos

«Como me negué a colaborar con ellos, sacaron el taburete de madera y me obligaron a sentarme en él. Apoyé los pies contra la estera de tatami mientras tres reclusos me rodeaban y me sujetaban con fuerza por las manos, la cintura y los muslos, provocándome hematomas. Uno de los reclusos tomó un bolígrafo y lo raspó repetidamente contra mi espalda. También utilizaron un clip para pincharme la espalda, los muslos y los brazos. Atraparon moscas domésticas y las metieron dentro de mi camisa. Además, fui objeto de abusos verbales. Me daban muy poco arroz y no se me permitía ir al baño durante el día. Al cabo de más de diez días, mis rodillas quedaron entumecidas y ya no podía ponerme en pie.

«Me llevaron de vuelta a la celda y solo me dieron la mitad de la ración habitual de comida. Para almorzar, me dieron un panecillo y apenas unos trozos de verdura. Por la tarde, solo me dieron unos pocos fideos flotando en caldo. El "entrenamiento" se intensificó y apenas me dejaron tiempo para descansar».

Frío extremo y hambruna

«Durante el invierno, los reclusos no permitían que las ventanas se cerraran bien. Me confiscaron la ropa de abrigo. Pasaba mucho frío y no podía dormir por la noche. Intentaba mantenerme cerca de la pared. Mi manta se volvió rígida, como si fuera de metal».

«Más tarde, me trasladaron al Decimotercer Equipo. La estancia solo contaba con una estera de tatami y una cubeta. Las paredes estaban muy sucias y la cama, cubierta de polvo. El aire era tan seco que me sangraba la nariz. No me proporcionaron ningún artículo de primera necesidad y seguí recibiendo muy poca comida».

«Me quedé esquelético. A menudo me faltaba el aire. Tenía las piernas débiles; caminaba con inestabilidad y no podía mantenerme en pie con firmeza. Los párpados me pesaban tanto que tenía que parpadear constantemente para no dormirme. No tenía fuerzas ni para hablar con los demás reclusos. Por la noche, el hambre me impedía conciliar el sueño. Me pusieron el apodo de "Zombi"».

Más torturas que soportar

«Un día, Zhang me sacó de la celda y me dio un trozo de tela pequeño. Me ordenó que limpiara el pasillo con él. Más tarde, lo cambió por otro un poco más grande. No se me permitía descansar. Al cabo de unos días, lo sustituyeron por uno aún mayor. Un recluso me vigilaba mientras fregaba el suelo. No podía levantar la cabeza ni enderezar la espalda, y tampoco me estaba permitido mirar hacia los lados».

Más adelante, trajeron un trozo de tela muy pesado, empapado en agua; hacía falta que dos reclusos lo cargaran. Mientras yo fregaba el suelo, uno de los reclusos seguía vertiendo agua sobre él. Sudaba profusamente, pero no se me permitía beber nada. El clima se volvió cálido, pero no me dejaban cambiarme de ropa. Tampoco podía ducharme, afeitarme, ni cortarme el pelo o las uñas.

«Cuando no estaba fregando el suelo, me obligaban a participar en un "entrenamiento intensivo" desde la mañana hasta la noche. Tenía que pasarme el día entero poniéndome en cuclillas y levantándome».

El equipo de gestión estricta organizó una clase intensiva a la que fui llevado. Todos los días debíamos golpear el suelo con los pies de forma constante. Todos sudábamos muchísimo. A otros reclusos les permitían recibir más comida, pero a mí no. Esta situación se prolongó durante un año y medio. Un día, el jefe del equipo me dijo que no tenía sentido seguir resistiéndome a la persecución, ya que aún me quedaban varios años por cumplir de sentencia.

«Al llegar el invierno, los reclusos abrían las ventanas para dejar entrar el aire frío, lo que me hacía pasar un frío atroz. No se me permitía dormir por la tarde; solo podía estar sentado o de pie. A menudo me mantenían encerrado en solitario, sin nadie con quien hablar».

«En una ocasión, durante un examen, escribí que no era incorrecto practicar Falun Gong. Por ello, un jefe de equipo me llevó de noche a un pequeño terreno y comenzó a golpearme los pies descalzos con un tubo de plástico. Mis pies quedaron hinchados y llenos de hematomas. Poco después, fui enviado a un "entrenamiento intensivo" durante dos meses».

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