(Minghui.org) En julio de 1998 sufrí un infarto y me desmayé. Mi familia me llevó al hospital y recibí tratamiento durante cuatro días. El médico dijo que mi estado era incurable y que podía morir en cualquier momento. Cuando me dieron el alta, estuve en cama dos meses. Cuando pude volver a caminar, aunque lentamente, probé otros tratamientos no convencionales. Nada funcionó.
Visité a una adivina, que me dijo que en octubre me ocurriría algo bueno. Lo dudé. Cuando llegó octubre, una antigua compañera de clase me envió un mensaje pidiéndome que volviera a mi ciudad natal a visitarla. «Sí», pensé, «debería ir a ver a mis viejos amigos y familiares antes de morir». Le dije que iría. En aquel momento apenas podía caminar, así que mi marido me llevó en automóvil y me dejó en casa de mi hermana, donde me quedé temporalmente.
Al día siguiente, me reuní con tres compañeras de la escuela primaria. Todas ellas eran practicantes de Falun Dafa. Me presentaron la práctica y me aclararon la verdad. Esa tarde compré un ejemplar de Zhuan Falun en una librería y fui a casa de una de ellas para ver los vídeos de las conferencias de Shifu en la ciudad de Jinan. Estaba fascinada por lo que oía, y cuanto más veía, más quería seguir viendo. Decidí practicar Falun Dafa porque sabía que los budas, los daoístas y los dioses existen.
Estuve viendo las conferencias durante siete horas, y para entonces eran cerca de las 9:40 p. m. Una de las practicantes me trajo un tazón de fideos para la cena. Le conté que, desde hacía mes y medio, apenas podía tragar el primer bocado de lo que comía y el segundo se me quedaba atascado en la garganta.
Las tres me prometieron que podría comer bien. Parecían seguras y confié en ellas. Después de unos cuantos bocados, pude tragar sin problemas. Me comí todo el cuenco de fideos, y me sentí muy satisfecha y reconfortada, como si no hubiera comido en años. Mi cuerpo rebosaba de energía.
Vieron los vídeos conmigo hasta pasada la medianoche y luego me acompañaron de vuelta a casa de mi hermana. De camino, seguí su ritmo, como es natural. Fue una gran sorpresa, porque en menos de un día pasé de apenas poder andar a caminar con normalidad.
Pasamos los dos días siguientes viendo los vídeos de las conferencias. Al cuarto día, mientras esperábamos a que me llevaran, una de ellas dijo: «Recuerda que ahora practicas el Fa de la Escuela Fo». Las palabras me dejaron asombrada, y respondí: «¿De verdad?». «De verdad», dijeron. En ese momento, algo me abandonó, y me sentí increíble. «Es maravilloso estar libre de enfermedades», dije.
Los problemas cardíacos y la hipertensión que me habían atormentado durante 15 años desaparecieron. Me convertí en una persona sana. Falun Dafa tiene verdaderamente un poder curativo milagroso, y doy gracias a Shifu por haberme salvado la vida. Nunca lo he conocido ni he gastado un céntimo, y sin embargo Shifu eliminó mi yeli.
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