(Minghui.org) Empecé a practicar Falun Dafa en 2015. Cómo me mudé a otra ciudad poco después, fui perdiendo el contacto con el resto de practicantes hasta que dejé de intercambiar sobre aspectos de la cultivación. Como no había llegado a abrazar verdaderamente los principios de Dafa, mejoraba muy lentamente.

En abril de 2016, regresé a mi ciudad, donde me instalé nuevamente. Aunque, con el aliento del grupo de practicantes, participé en algunas actividades locales de aclaración de la verdad, no me sentía con fuerzas para salir a hacerlo solo.

Motivación

Una mañana, observé algunas escenas maravillosas mientras meditaba. Comprendí que el Maestro me estaba motivando para que saliera.

No me fue muy bien la primera vez que salí. Intenté que dos jóvenes renunciaran al partido comunista chino (PCCh) pero en cuanto encontré oposición decidí abandonar.

Cuando caminaba de regreso a casa vi a un joven vendiendo sus productos al borde del camino. Le hablé de Dafa mientras le compraba algunas cosas. Renunció al PCCh usando su verdadero nombre. Noté que el Maestro me volvía a alentar.

Poco después, una practicante veterana que tenía mucha experiencia hablándole a la gente, aceptó cooperar conmigo. Aunque vivimos algunas situaciones peligrosas, nada malo nos ocurrió nunca.

El Maestro cuida a los practicantes

En una ocasión, cuando le entregué un folleto a un anciano, le mencioné: “Los principios de Falun Dafa son Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Conducen a la gente a ser mejores personas”. Inesperadamente, rompió el folleto en mil pedazos y empezó a gritarme. Se negó a escuchar nada de lo que intenté explicarle. Tomó su celular y avisó a la policía.

Cuando la otra practicante y yo decidimos alejarnos, nos siguió. Entramos en un pequeño barrio esperando poder atravesarlo. Desafortunadamente, el recinto solo tenía un acceso. Le supliqué al Maestro que nos ayudara.

Cuando llegamos al otro extremo de la barriada, descubrimos que era un recinto cerrado y no existía ninguna otra salida. Al mirar con más detenimiento advertí que uno de los barrotes de la valla se había desoldado, así que tiré de él hasta abrir el espacio suficiente para que pudiéramos salir con facilidad. Entendí, después de esta vivencia, que el Maestro siempre está cuidándonos.

Mirando hacia dentro

Como vivía sola, no me encontraba con demasiados retos que me permitieran que elevar el xinxing. Pero entonces, descubrí que mi amiga, que es además practicante, me había estado criticando por la espalda. Al principio, no le di importancia. Pero cuando me enteré que había seguido hablando mal de mí en otras regiones, me molesté de verdad.

Me sentía incapaz de deshacerme de aquel resentimiento, sentía un profundo agravio dentro de mi corazón. Después de aquello, me arrestaron mientras hablaba a unas personas sobre Falun Dafa, y permanecí quince días detenida. Leí el Fa del Maestro mientras me encontraba allí.

El Maestro dijo:

“Reflexionen calmadamente acerca de cuántos apegos tienen

En cuanto se deshagan de la mentalidad humana, 

el mal naturalmente desaparecerá” (‘No estén tristes’ de Hong Yin II)

Cuando me examiné a mí misma encontré muchos apegos, como la mentalidad de contender, ansiedad, envidia, ostentación y egoísmo. Me di cuenta  que las viejas fuerzas estaban intentando dividir al grupo de practicantes.

Tan pronto como me liberaron, me puse en contacto con aquella practicante y conversé honestamente con ella. Le comenté: “No reaccioné correctamente. Mi resentimiento y mi odio causaron bastante hostilidad y dieron lugar a una brecha entre nosotras. Espero que podamos volver a trabajar juntas”.

El Maestro enseñó:

“El xiulian se trata de cultivar el propio corazón, cultivarse uno mismo. Cuando tienes problemas, tienes conflictos, tienes dificultades y te tratan injustamente, aún eres capaz de buscar en ti mismo y mirarte internamente, y ese es el xiulian verdadero, ¡y solo entonces eres capaz de elevarte continuamente, eres capaz de caminar derecho el camino del xiulian y eres capaz de encaminarte a la Perfección!” (Un mensaje de felicitaciones al Fahui de Taiwán).

Cuando reflexiono sobre lo ocurrido, siento pesar por no haber buscado hacia dentro, inmediatamente, al escuchar que me estaban criticando. Era una oportunidad arreglada para cultivarme y mejorar. No solo la desperdicié, sino que sentí que el estado de mi cultivación se resintió y descendió. Pido perdón al Maestro y le prometo que no volverán a ocurrir más asuntos de este tipo, nunca más.