(Minghui.org) Mi salud estaba en un estado verdaderamente lamentable en 2013, cuando tenía 35 años. Sufría complicaciones recurrentes de una hernia discal que hacía que moverme fuera una agonía. Incluso caminar unos pocos pasos me dejaba empapado en sudor. También padecía asma severa, lo que me provocaba tos durante todo el año. Además, se me caía tanto el cabello que estaba casi calvo. Demacrado y frágil, carecía de fuerzas para realizar incluso el trabajo manual más ligero. Parecía un anciano marchito.
Ese mismo año, gracias a una oportunidad aparentemente casual, tuve la fortuna de comenzar a practicar Falun Dafa (Falun Gong). En solo un par de meses, experimenté una transformación completa. Me liberé de mis dolencias y me sentía ligero y lleno de energía. Mi rostro resplandecía y mi piel estaba tersa, con un tono rosado y saludable. De repente, parecía diez años más joven. Aunque ahora tengo casi 50 años, la gente a menudo todavía me llama "joven".
Todos los días, además de estudiar el Fa y hacer los ejercicios, siempre que tenía tiempo libre —sin importar si llovía o hacía sol— salía a hablar a la gente sobre Dafa y a aconsejarles que renunciaran al Partido Comunista Chino (PCCh). Por las noches, colgaba pancartas y pintaba consignas con mensajes sobre Falun Gong para exponer las mentiras del PCCh.
Sin resentimiento a pesar de la oposición familiar
Yo era el menor de tres hermanos y todos en el pueblo me conocían como un hijo devoto. Mi padre, un maestro de escuela local, falleció repentinamente cuando yo tenía nueve años, dejando atrás a mi abuela, a mi joven madre y a nosotros tres.
La carga de mantener a la familia recayó enteramente sobre los hombros de mi madre. Yo hacía todo lo que podía para ayudar, y ella solía decir que yo era el hijo más sensato y capaz de la familia. A los 18 años, aprendí el oficio de albañil y dirigí una cuadrilla para construir una gran casa de ladrillo para mi familia, lo cual fue una hazaña poco común en nuestro pueblo en aquel entonces. Mi madre estaba muy orgullosa de mí. Sin embargo, después de que comencé a practicar Dafa, mi madre fue engañada por las mentiras del PCCh y sintió tanta vergüenza de mí que no podía levantar la cabeza frente a nuestros parientes. Cada vez que se mencionaba mi práctica de Dafa, mi esposa me llamaba loco. En cuanto ella me regañaba, mi madre me golpeaba.
Entre lágrimas, admití ante mi madre que la culpa era mía.
Mi madre gritó: "¡Di rápido! ¿Qué hiciste mal?"
Respondí: "El Shifu de Dafa me enseñó a seguir los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Seguramente no lo hice suficientemente bien, y por eso estás tan enfadada".
Mi madre estaba furiosa. "Estás perdido. Ya eras tonto, ¡pero esta vez has demostrado ser un completo idiota!"
No sentía ni el más mínimo resentimiento hacia ellas, pues sabía que habían sido engañadas por el PCCh.
Fui arrestado ilegalmente en 2022 y condenado a 10 meses de prisión. Tras mi liberación, la policía acudía frecuentemente a nuestra casa para acosarnos. Poco a poco, mi familia empezó a darse cuenta de que el PCCh era malvado. También vieron cómo había mejorado física y mentalmente gracias a la práctica de Dafa. Yo seguía los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia en mi vida cotidiana. Mi madre y mi esposa fueron comprendiendo poco a poco la verdad sobre Dafa y la persecución. Más tarde, cada vez que se mencionaba Falun Dafa, mi madre decía: "Sea lo que sea, enseña a la gente a ser buena".
Me vi obligado a abandonar mi ciudad natal en 2023 para evitar la persecución. Mi esposa cuidaba de mi madre en casa, y la relación entre ambas era armoniosa.
Consideración hacia los clientes
Mi madre estaba orgullosa de mí antes de que empezara a practicar Falun Dafa, y yo también me consideraba una persona decente. Sin embargo, tras leer Zhuan Falun, me di cuenta de que estaba muy lejos de cumplir con el estándar de Dafa para ser una persona menos egoísta, y que solo siguiendo los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia se puede llegar a ser una persona verdaderamente buena.
Como albañil, mi mayor habilidad era la colocación de azulejos. Desde que empecé a practicar Dafa, trabajaba a conciencia, esforzándome constantemente por ser una mejor persona. Poco a poco, me gané una sólida reputación. Gente de aldeas situadas en un radio de decenas de kilómetros buscaba a nuestro equipo de construcción para levantar sus casas, solicitando específicamente al «Sr. Liu de Falun Gong» para que se encargara de la colocación de los azulejos. Sabía que aquello se debía al poder divino de Dafa y que era un honor que Shifu me había concedido. El capataz conoció la verdad sobre Dafa y me pidió ayuda para renunciar al Partido.
Los aldeanos solían reunirse para verme trabajar y elogiaban la calidad de mi labor. Yo aprovechaba la ocasión para aclarar la verdad. Les contaba que practicaba Falun Gong y que Shifu nos enseñaba a ser honestos y dignos de confianza, a trabajar a conciencia y a no escatimar esfuerzos ni materiales.
Levantar la estructura básica de una casa rural era un trabajo duro y, por lo general, el propietario no ponía objeciones minuciosas. Sin embargo, solían volverse exigentes durante la fase de acabados —especialmente al colocar los azulejos— con la esperanza de pagar menos.
Siempre que había un cliente difícil, el capataz me enviaba a encargarme del trabajo. En cada obra, yo le decía al propietario: «Construir una casa hoy en día no es tarea fácil. Realizaré el trabajo minuciosamente, aunque eso requiera un esfuerzo adicional. Si tiene alguna preferencia, seguiré sus indicaciones; de lo contrario, procederé según mi propio plan. Si nota algo que no esté bien, lo corregiré de inmediato. Un proyecto de esta envergadura conlleva un coste de mano de obra considerable, por lo que es razonable redondear la cifra final o hacer pequeños ajustes al liquidar cuentas con el capataz. Lo único que pido es que no se queje de la calidad de mi trabajo a la hora de pagar; se lo agradeceré sinceramente». Al escucharme hablar así, los propietarios no buscaban defectos innecesarios y el capataz podía cobrar sin problemas al finalizar la obra.
Un otoño, trabajábamos para una familia de la localidad. Coincidió con la época de la cosecha otoñal, por lo que la mayoría de los trabajadores habían regresado a sus hogares para atender sus campos. El capataz, sabiendo que yo era practicante de Falun Gong y un trabajador responsable, me asignó la tarea de colocar los azulejos yo solo. Antes, solíamos dejar de trabajar y volver a casa en cuanto se ponía el sol. Después de convertirme en practicante de Dafa, trabajaba intensamente durante todo el día, deteniéndome solo al caer la noche, cuando ya no había suficiente luz para ver. Incluso el propietario consideraba que me esforzaba demasiado y me echaba una mano siempre que tenía tiempo.
Un día, un vecino anciano del lugar comentó: «¿Ya está tan oscuro y usted sigue trabajando? ¡Ustedes de Falun gong son tan buenas personas!». Cada vez que me encontraba con él mientras aclaraba la verdad, me estrechaba la mano alegremente y decía a quienes estaban cerca que yo era una persona verdaderamente buena, añadiendo que gente así escasea hoy en día.
El propietario: «¡Le estoy sinceramente agradecido, hermano!».
En una ocasión, estábamos construyendo una casa en un pueblo al norte de la ciudad para un cliente que se dedicaba a la cría especializada de cerdos; era un hombre astuto, capaz y meticuloso. Permanecía cerca y supervisaba nuestro trabajo todos los días. Él se esforzó mucho para asegurarse de que la casa quedara exactamente a su gusto; incluso viajó a una ciudad lejana para seleccionar personalmente los materiales del interior de la casa.
La obra llegó a la etapa de colocación de azulejos, un paso crucial que preocupaba mucho al propietario. Una mañana, un compañero y yo estábamos colocando los azulejos del baño. Ya habíamos hecho todos los preparativos y comenzamos a trazar las líneas de guía.
Mientras clavaba un clavo en la pared, este entró con demasiada facilidad y me di cuenta de que había perforado una tubería de agua. Presa del pánico, le pregunté rápidamente a mi compañero qué hacer. Él dijo: "El propietario no está hoy. Aplícale rápido un poco de pegamento y cemento". Sin pensarlo mucho, hice lo que él sugirió y terminamos la pared rápidamente.
Al día siguiente, que era lluvioso y libre de trabajo, me quedé en casa pensando en lo sucedido y me sentí inquieto todo el día. Pensé: "¿Acaso no fue esto eludir la responsabilidad e intentar engañar a la gente? ¡Soy un practicante de Dafa! ¡Lo que hice fue muy poco profesional! Ahora no hay fugas, pero ¿y si las hay más adelante? Si le dijera la verdad al propietario, ¿no se enfurecería? ¿Y qué hay de los daños por tener que rehacer el trabajo?". Tras una intensa lucha interna, decidí disculparme con el propietario y asumir toda la responsabilidad por los daños. Un practicante no debe, bajo ningún concepto, empañar la reputación de Dafa.
Cuando dejó de llover, la tarde del día siguiente, fui hasta allí en mi motocicleta.
"Siento mucho lo ocurrido", le dije al propietario. "Anteayer, mientras colocaba los azulejos, perforé accidentalmente una tubería de agua con un clavo. La reparé y por el momento no hay fugas, pero me preocupa que puedan surgir en el futuro. Así que probablemente debería hacer que un fontanero lo arregle correctamente. Yo cubriré el costo, así como el dinero de dos azulejos de repuesto y sus gastos de viaje para comprarlos".
Para mi sorpresa, el propietario respondió con emoción: "Le estoy muy agradecido por decirme la verdad; ¡estoy verdaderamente agradecido, hermano! Yo cubriré el costo. No tiene que pagar nada". Después de reparar la tubería, reemplacé las baldosas dañadas durante mi hora de almuerzo, por lo que no cobré nada por ello.
Devolviendo 10 yuanes de hace años
Había una gasolinera justo a las afueras de la puerta oeste del pueblo, a la que rara vez iba a cargar gasolina. Una tarde, hace más de una década, fui allí en mi motocicleta para llenar el depósito. Era pleno otoño y hacía un frío intenso; yo estaba tiritando. Tras cargar combustible por valor de 10 yuanes, fui a buscar el dinero para el empleado. Pero antes de que pudiera pagar, él colgó la manguera y salió corriendo hacia el interior.
Eso fue antes de que empezara a practicar Falun Dafa, así que aproveché la oportunidad de conseguir algo gratis. ¡Solo un tonto habría dejado pasar esa ocasión! Me marché inmediatamente y me fui muy contento, sin sentir ni la más mínima culpa.
Después de convertirme en practicante de Dafa, un día, durante el estudio grupal del Fa, leímos lo siguiente:
“Hay un estudiante que trabajaba en una fábrica de tejer en cierta ciudad de la provincia de Shandong; después de aprender Falun Dafa, les enseñó a refinar gong a otros empleados, como resultado, todo el aspecto espiritual de la fábrica se elevó. En el pasado, los empleados y operarios de la fábrica de tejidos todos se llevaban restos de toallas a sus casas. Después de aprender Falun Dafa, este estudiante no solo no se llevó más a su casa, sino que devolvió las que se había llevado anteriormente. Cuando los demás vieron esto, nadie se llevó más y algunos empleados incluso devolvieron a la fábrica las toallas que habían tomado antes; en toda la fábrica apareció esta situación”. (Cuarta Lección, Zhuan Falun)
Me quedé sorprendido. ¿Acaso esos retazos de toalla no eran simplemente desechos de fábrica? Si los trabajadores no se los llevaban, la fábrica los tiraría de todos modos. ¿Por qué Shifu hablaría tan seriamente sobre el asunto de los retazos de toalla? Comprendí que llevarse los retazos de toalla de la fábrica era un acto egoísta y un hurto menor, y que hacía perder de [virtud]. En ese instante, vino a mi mente la escena de la gasolinera ocurrida hacía más de una década: «¡Piensa en cuántos extremos de toalla se podrían haber comprado con esos 10 yuanes! ¡Y cuánto de había perdido!».
Después del estudio del Fa, hablé del incidente con otros practicantes y pedí sugerencias. Todos escucharon en silencio. Finalmente, un practicante intervino: «Eso ya es cosa del pasado; ¿quién no ha hecho algo así alguna vez?».
Yo seguía pensando: «¿Cómo podría ignorar una deuda pendiente —dinero que claramente debía— considerándola simplemente algo del pasado?». Decidí que debía devolver el dinero a la gasolinera; de lo contrario, el asunto seguiría pesando en mi conciencia. Sin embargo, el orgullo me frenaba: ¿cómo iba a explicar aquella situación? Tras una larga lucha interna, finalmente me decidí a ir.
Pensando que habría menos gente, fui una mañana. Pero al llegar, había muchísimas personas cargando gasolina. No me atreví a decir nada y simplemente me marché en mi motocicleta. Más tarde, pensé que quizás habría menos clientes hacia el mediodía. Pero cuando fui, el lugar estaba igual de concurrido. Pregunté al empleado si el dueño era la misma persona que hacía diez años, y él confirmó que sí. Una vez más, no fui capaz de mencionar la devolución del dinero. Me preguntaba por qué resultaba tan difícil. Pasaron dos meses volando, y la carga de aquella factura de combustible impagada pesaba enormemente en mi mente, causándome una gran angustia.
Al avanzar el otoño, los días se acortaban y ya había oscurecido para cuando salía del trabajo. Un día, de camino a casa, pasé por la gasolinera y decidí que tenía que devolver el dinero. Cuando llegué, la estación seguía llena de gente. Encontré al dueño y le expliqué el motivo de mi visita: «Hace cosa de doce años cargué aquí gasolina, pero no llegó a cobrarme los 10 yuanes. Hoy he venido a pagarle ese dinero».
Dos personas que estaban cerca me reconocieron y una de ellas comentó: «¡Míralo, un practicante de Falun Gong que devuelve dinero de hace diez años!».
«Practico Falun Gong», le dije al dueño de la gasolinera. «Shifu nos enseñó a seguir los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia, a ser bondadosos y a no aprovecharse de los demás. Por eso le traigo este billete de 10 yuanes. Si no practicara Falun Gong, ciertamente no estaría aquí devolviendo el dinero. El Partido Comunista ha calumniado a Falun Gong, diciendo que sus practicantes cometen autoinmolaciones y suicidios. Todo eso son mentiras. No hay ni pizca de verdad en ello».
El dueño respondió: «Gracias, hermano. Le creo». Y añadió: «¡Falun Dafa es bueno! Le invitaré a comer cuando tenga ocasión».
Dafa purificó mi corazón
«La devoción filial ocupa el primer lugar entre todas las virtudes»; esta es una noble tradición transmitida a lo largo de miles de años en China. Sin embargo, desde que el PCCh —ese «espectro de Occidente»— tomó el poder, ha prácticamente aniquilado la cultura tradicional china. Si hoy en día se contaran a los jóvenes historias de los «Veinticuatro ejemplos de devoción filial», simplemente no las creerían. Les parecerían ridículas y las descartarían como meras leyendas.
Una mañana, durante las celebraciones del Año Nuevo chino, nuestra familia estaba desayunando en silencio. De repente, mi madre rompió el silencio diciendo: «Hijo, tengo algo bueno para ti».
Todos volvieron la vista hacia ella. Ya había perdido la mayoría de los dientes y los pocos que le quedaban apenas cumplían su función. En ese momento, escupió un trozo de pollo impregnado de saliva y añadió: «Este trozo tiene cartílago crujiente, pero mis dientes ya no aguantan tanto. No puedo comerlo».
Sonreí y dije: «Ya que es un manjar, deberías dárselo a mi hermana mayor». Mi madre recogió con los palillos el trozo de pollo que había escupido y se lo ofreció a mi hermana mayor, que estaba sentada a su derecha. Mi hermana emitió un sonido de rechazo y apartó la vista. Como mi hermana no quiso aceptarlo, mi madre dejó el trozo de pollo sobre la mesa. Yo alargué la mano, lo tomé con los palillos y me lo llevé a la boca. Justo en ese momento, escuché a mi esposa emitir un sonido de rechazo similar. Me volví y vi que me miraba con severidad. Sabía lo que estaba pensando: «¿Cómo es posible que comas algo tan repugnante?».
Un instante después, mi hijo, que acababa de empezar la escuela secundaria, dijo: «Papá, en ti veo que realmente existe una persona como el emperador Shun de la antigüedad. No es, en absoluto, solo una leyenda».
En el texto tradicional «El Clásico de los Tres Caracteres» aparece esta frase: «Al nacer, la naturaleza humana es intrínsecamente buena». Cuando una persona nace, su corazón es puro y benevolente. En sus primeros momentos de vida, el bebé abre su boquita esperando el alimento que recibe directamente de la boca de su madre; a esa edad, a nadie le resulta repugnante el alimento proveniente de la boca materna. De hecho, yo no sería capaz de hacer esto si no practicara Falun Dafa. Es Dafa lo que ha purificado mi corazón de nuevo.
Copyright © 1999-2026 Minghui.org. Todos los derechos reservados.