(Minghui.org) Tengo 77 años y empecé a practicar Falun Dafa en 1997. A lo largo de mi camino de cultivación, Shifu me ayudó a eliminar mi yeli y a superar muchas tribulaciones. Me iluminó y me guió continuamente. Todo lo que he logrado se debe a su inmensa compasión.
Criada en una familia pobre y acosada por las enfermedades
Soy la mayor de ocho hermanas y, desde que nací, he sido enfermiza. Mi madre me llamaba “niña melón” —un término local que significa “tonta”—. La vida era extremadamente difícil por aquel entonces: mucha gente pasaba hambre y mi familia luchaba por sobrevivir. Solo fui al colegio durante cuatro años y, como me interesaba poco estudiar, lo dejé para ayudar en casa y alimentar a las vacas. Cuando crecí, me puse a trabajar en el equipo de producción de nuestro pueblo.
Durante el proceso de selección, el secretario de la sección del Partido Comunista Chino (PCCh) en el pueblo se fijó en mi honestidad y me recomendó para un puesto de trabajo. Me ocurrió algo bueno —a mí, la niña melón—: me permitieron salir de la granja, algo que todos en el pueblo envidiaban. En mi nuevo trabajo conocí a mi futuro marido, que era licenciado universitario.
Después de casarme, di a luz a mi hija, seguida poco después por un hijo, pero mi salud siguió deteriorándose. Padecía numerosas dolencias y me ingresaban a menudo en el hospital. Sufría de espondilitis cervical, dolor lumbar y, lo más doloroso, colitis y hepatitis B. Mi estado se agravó tanto que era incapaz de comer ni dormir. Me sentía muy cansada, aturdida y mareada todo el día. Una inyección administrada por error médico casi me cuesta la vida.
Cuando mi marido volvía a casa del trabajo, tenía que cuidar de nuestros dos hijos. Estaba desesperada y pensé en suicidarme varias veces para acabar con mi dolor. Durante ocho años tomé bajas por enfermedad con frecuencia y, finalmente, me jubilé anticipadamente debido a mi mal estado de salud.
Empiezo a practicar Falun Dafa
Cuando el qigong se hizo popular en China, empecé a practicarlo porque esperaba que curara mis dolencias. Compré muchos libros de qigong, pero mi salud no mejoró.
En agosto de 1997, escuché por casualidad a dos personas hablar de que mucha gente practicaba en el estadio local un tipo de qigong que les hacía sentir como si estuvieran «volando». Así que fui al estadio y me dijeron que practicaban Falun Dafa. Allí estaban algunos conocidos míos y me invitaron a unirme a ellos. El asistente del lugar me enseñó los movimientos de los ejercicios y me ayudó a conseguir un ejemplar del libro principal de Falun Dafa, Zhuan Falun.
Una semana después, mis diversos síntomas fueron remitiendo poco a poco, mis deposiciones se regularizaron y mi cuerpo se sentía mucho más ligero, aunque aún no había terminado de leer Zhuan Falun. ¡Fue verdaderamente milagroso! Ya no necesitaba tomar medicación.
A menudo veía una luz roja que me envolvía antes de empezar a practicar la cultivación, y me seguía allá donde iba. Cuando le pedí a mi marido que mirara, me dijo que no podía verla. Después de empezar a practicar, me di cuenta de que tenía una relación predestinada con Dafa y de que Shifu había estado cuidando de mí.
Cada mañana iba al lugar de práctica para hacer los ejercicios y, por la tarde, estudiaba el Fa con otros practicantes. Mis dolencias desaparecieron y experimenté la alegría de estar libre de enfermedades. Me sentía ligera al caminar; realmente parecía que volaba. Comprendí que Falun Dafa nos enseña a ser buenas personas siguiendo los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia, lo que nos ayuda a mejorar nuestro carácter moral y a mantener un cuerpo fuerte y sano.
Shifu purificó mi cuerpo y me dio una nueva vida. No solo era capaz de cuidar de mí misma, sino que también me ocupaba de mi familia, lo que alivió su carga económica y su estrés mental. ¡Aquellos fueron momentos verdaderamente felices! Los demás practicantes y yo viajábamos por todas partes para dar a conocer Dafa, y nunca me sentía cansada. Durante las vacaciones, visitábamos la ciudad, el campo y los lugares de interés turístico; esperábamos que más personas practicaran Dafa para que pudieran beneficiarse tanto mental como físicamente. A veces, más de 100 personas practicaban con nosotros, y la escena era pacífica y magnífica.
Practicar Falun Dafa a pesar de la persecución
El antiguo líder del Partido Comunista Chino (PCCh), Jiang Zemin, puso en marcha la persecución contra Falun Dafa el 20 de julio de 1999. Nuestro entorno de cultivación y nuestras vidas se vieron trastornados, y personas que no entendían qué es Falun Dafa participaron en la persecución.
El personal de la Oficina 610 local irrumpió en mi casa y la registró. Me confiscaron una grabadora, libros de Dafa y otros objetos. Acababa de volver a casa después de hacer la compra, pero me arrastraron, me metieron a la fuerza en un vehículo y me llevaron a la Oficina 610.
Ese día detuvieron ilegalmente a doce practicantes. Me interrogaron y me obligaron a firmar una confesión. Los agentes de policía se turnaron para torturarme hasta bien entrada la noche; después me enviaron a un centro de detención. Sin embargo, no cedí. Aproveché cada oportunidad para hablarles de la belleza de Dafa y aclarar los hechos al responsable. La policía nos pidió que escribiéramos una «Reflexión sobre nuestros pensamientos». Escribí sobre por qué quería practicar Dafa y que Dafa enseñaba a las personas a ser buenas. Pensé que ese no era el lugar al que pertenecían los practicantes, así que le pedí a Shifu que me ayudara a salir de allí.
Más tarde me condenaron ilegalmente a dos años de prisión. Durante el reconocimiento médico, se me diagnosticó una hepatitis B grave y no superé la prueba. Esa noche, soñé que se derrumbaba una pared del centro de detención. Poco después, empecé a tener dificultades para caminar y me sentí mentalmente confusa. Tras extorsionar a mi familia para que pagara una suma de dinero, me concedieron la «libertad condicional por motivos médicos». Para entonces, llevaba más de cuatro meses detenida ilegalmente y perseguida. Sabía que era una ilusión, ya que mi hepatitis se había curado hacía tiempo. Gracias, Shifu, por tu benevolente protección, que me permitió salir de aquella oscura guarida.
Mi marido era profesor. Durante el tiempo que estuve detenida ilegalmente, personas de la Oficina 610 local, del departamento jurídico, de la oficina de educación y del colegio le presionaron, impidiéndole acudir al trabajo, suspendiéndole de las clases durante una semana y amenazándole con despedirle. También le obligaron a pagar 1.000 yuanes, alegando que era para cubrir los gastos de enviarme al centro de lavado de cerebro. Además, nuestros amigos y familiares le reprendieron.
Mi marido fue testigo de las increíbles transformaciones que experimenté tras empezar a practicar —tanto en mi carácter como en mi salud— y me apoyó mucho. Sin embargo, cuando el PCCh comenzó a difundir mentiras sobre Dafa en la televisión, la radio y los periódicos, y los practicantes fueron detenidos ilegalmente, sus hogares saqueados y muchos condenados sin motivo alguno, mi marido, movido por el miedo, dejó de permitirme hablar con otras personas sobre Dafa. Pasó de apoyar mi práctica a oponerse a ella.
Cuando volví a casa, cuidé de mi marido y me identifiqué con él, consciente de la presión a la que se enfrentaba y de los retos que suponía mantener a nuestra familia. Le estaba muy agradecida por haber gestionado mi tienda mientras yo estuve encarcelada. Cuando se enfadaba, me quedaba callada; cuando estaba molesto, hacía todo lo posible por ceder ante él y utilizaba la mentalidad de una practicante para resolver los conflictos. Por muchas penurias que tuviera que soportar, no me importaba, porque tenía el Fa en mi corazón.
Cada vez que me encontraba con dificultades, abría Zhuan Falun y parecía que algún pasaje abordaba mi problema directamente. Comprendí que se trataba de indicaciones de Shifu. A medida que iba dejando atrás mis apegos y mejorando mi xinxing, mi entorno familiar cambiaba en consecuencia, al igual que la actitud de mi marido. Esto me permitió estudiar el Fa y practicar los ejercicios abiertamente. Ante el acoso por parte del personal del gobierno local, les aclaré los hechos. El PCCh designó a dos personas para que me siguieran y me vigilaran. No me dejé intimidar por ello y seguí haciendo lo que debía hacer.
Un día de 2003, el nuevo director de la fábrica me convocó y me exigió que copiara algo que habían escrito, lo leyera y luego maldijera a Dafa y a Shifu. Le dije: «Cuando estaba enferma, no te importó. Ahora que me esfuerzo por ser una buena persona, me pedís que maldiga a otros y sea una mala persona. ¿Qué clase de líder eres?». Me negué a cooperar con ellos y me negué rotundamente a escribir nada, así que me enviaron a casa.
Por muy duro que fuera el entorno o por muy brutal que fuera la persecución, mi fe en Shifu y en Dafa nunca vaciló. Cuando me enfrenté a todo tipo de acoso, incluyendo una «visita de seguimiento», «actividades de puerta a puerta» y «actividades de anulación», simplemente aclaré los hechos a las personas que venían a acosarme.
Hace dos años, un agente de policía llamó y le dijo a mi hijo que me llevara para que me tomaran una fotografía. Me negué.
Estudiar bien el Fa
Durante todos estos años, me he levantado a las 3 de la madrugada para hacer los ejercicios. Después de desayunar, a las 8 de la mañana, salgo a aclarar los hechos a la gente y a repartir material informativo. Al mediodía leo dos capítulos de Zhuan Falun. También leo los nuevos artículos de Shifu, escucho podcasts de intercambio y leo los Nueve Comentarios sobre el Partido Comunista. El estudio del Fa en grupo es el formato que nos ha marcado Shifu. Superé las dificultades y persistí en unirme a los grupos de estudio del Fa en casa de un practicante. Cada vez que tengo un conflicto de xinxing, lo comparto y lo comento con otros practicantes. El ambiente del estudio del Fa en grupo contribuye continuamente a nuestra mejora general.
Muchos practicantes distribuyen materiales de aclaración de la verdad. Hace poco sufrí un dolor lumbar que se agravaba en cuanto salía a la calle; sin embargo, con una fe inquebrantable en Shifu y en Dafa, continué con mis esfuerzos a pesar del dolor. Negué por completo la persecución de las viejas fuerzas hacia mi cuerpo físico. Lo que el Maestro no reconoce, yo tampoco lo reconozco. Estoy decidida a recorrer con rectitud el camino de la rectificación del Fa dispuesto por el Maestro y a hacer bien las tres cosas.
Visité a un amigo que había sido director de la oficina del Comité del Partido del condado. Tras hablar con él, los cinco miembros de su familia decidieron renunciar al PCCh y sus organizaciones afiliadas. En otra ocasión, me encontré con la esposa del director de un centro de detención. Ella ya sabía que Dafa es bueno y, después de que le aclarara los hechos, también decidió renunciar a las organizaciones del PCCh.
Hablé con un hombre de unos 50 años sobre Falun Dafa y le sugerí que recordara: «Falun Dafa es bueno. Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno». Le dije que recibiría bendiciones. Él respondió: «Sé dónde vives. Mi superior me pidió que te localizara y te vigilara. Antes no conocía la verdad sobre Falun Dafa, pero ahora sí. No volveré a hacer esto». Le ayudé a renunciar al PCCh.
Durante los años en que la persecución era más severa, se había apostado frente a mi puerta en los «días sensibles» del PCCh y me siguió durante dos años, allá donde iba. Su cuñada vivía en nuestro barrio y más tarde me contó lo que había sucedido.
Mi marido me ayudó a cultivarme
A mi marido le diagnosticaron un linfoma y tuvo que ser hospitalizado en repetidas ocasiones. Lo cuidé con devoción durante cuatro años y medio. A principios de 2025, falleció en paz. Justo antes de morir, le sugerí que recitara las frases auspiciosas, deseándole una transición buena y pacífica.
Antes de fallecer, instaló un aire acondicionado en la habitación que yo utilizaba para el estudio del Fa y sustituyó el viejo calentador de agua. Dejó nuestros ahorros comunes a nuestro hijo, nuestra hija y nuestros nietos. Mis amigos se preocuparon y me preguntaron: «¿Cuánto dinero te dejó tu marido?». Les respondí: «Ni un céntimo». Me dijeron: «¡¿No te dejó nada de dinero para que pudieras jubilarte?!».
Pensé para mis adentros: con Shifu y Dafa en mi vida, ¿para qué iba a necesitar dinero? Mi marido se encargó de todos los trámites, así que no tuve que preocuparme por nada; fue un alivio. Mi hijo, mi nuera y mi hija todos me respetan. Siempre que necesito algo, me lo compran. Mis hijos se tratan con consideración y no discuten por mis bienes.
Mi nuera dijo: «Soñé que mi padre estaba sentado en una plataforma elevada, sonriendo». Hace dos días, mi hija dijo: «Soñé que mi padre iba en una gran litera, llevada por varias personas, y llevaba una ropa que parecía una túnica de dragón». A través de estos sueños, Shifu me ayudó a dejar de lado mi sentimentalismo. Comprendí que mi marido se había ido al lugar al que pertenecía y que nuestra relación predestinada había terminado.
Mi hijo, mi nuera y mi hija saben que Dafa es maravilloso y me han apoyado en mi cultivación. A menudo les daba material informativo para que lo leyeran. Cuando mi nuera traía a sus compañeros de clase y amigos a casa, les aclaraba los hechos y les ayudaba a renunciar al PCCh. Los familiares por parte de mis padres comprendieron la verdad y decidieron renunciar al PCCh. El resto de mis familiares también saben que Dafa es bueno. Nuestra gran familia está inmersa en la luz de Buda y todos gozan de buena salud. Están bendecidos por Dafa y por la gracia de Shifu.
Conclusión
Apreciaré el entorno de cultivación dispuesto por Shifu, colaboraré con otros practicantes para mejorar juntos y recorreré bien el tramo final de mi camino de rectificación del Fa.
¡Gracias, Shifu!
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