(Minghui.org) Las plataformas de vídeos cortos como Douyin, Kuaishou y WeChat se han convertido en una parte integral de nuestra vida cotidiana en China. Más allá de facilitar las compras, estas plataformas también se han transformado en herramientas importantes para que el Partido Comunista de China (PCCh) vigile a la población. Quiero hablar sobre los peligros de obsesionarse con los vídeos cortos.

Los vídeos cortos pueden debilitar nuestra concentración de forma imperceptible

Los vídeos cortos tienen un ritmo trepidante, cambian cada pocos segundos y obligan al cerebro a mantenerse en estado de máxima alerta ante los frecuentes cambios. Cada transición nos obliga a reiniciar y reajustar nuestra atención. Por lo tanto, en tan solo media hora, se gasta una gran cantidad de energía en seguir el ritmo de los vídeos en lugar de en el contenido en sí.

Tras estar expuestos a este modo de retroalimentación en tiempo real durante cierto tiempo, el cerebro se adapta gradualmente a los estímulos a corto plazo, lo que dificulta la concentración y la reflexión profunda. Cuando intentamos dedicarnos a otras tareas, nos cuesta volver a centrar nuestra atención, y nuestra mente sigue dando vueltas, lo que nos hace sentir inquietos.

Con el tiempo, podemos volvernos irritables e impacientes, no podemos quedarnos quietos durante la meditación, somos incapaces de alcanzar la tranquilidad, nos cuesta entender las enseñanzas del Fa y nos frustramos fácilmente por cosas triviales. No se trata de estar distraídos; es la erosión de nuestra función cognitiva y nuestra fortaleza emocional. Es como un narcótico que consume gradualmente a los practicantes, haciéndonos caer sin siquiera darnos cuenta.

Los vídeos cortos nos roban el tiempo

Las plataformas de vídeos cortos utilizan algoritmos precisos para ofrecer un sinfín de contenidos adaptados a los intereses de los espectadores. A través de estímulos breves, sencillos y rápidos que generan constantemente placer sensorial al tiempo que despiertan nuevas expectativas, el cerebro entra en un estado de rutina. Al terminar un vídeo, nuestros dedos se desplazan automáticamente hacia el siguiente.

Es fácil desplazarse, pero difícil parar. Una vez que hacemos clic en uno, una o dos horas se pasan volando. El tiempo es valioso, y malgastarlo en vídeos cortos supone una gran pérdida para quienes practican.

Los vídeos cortos pueden moldear nuestras percepciones 

Los vídeos cortos primero captan nuestra atención adaptándose a nuestras preferencias; luego, nos atrapan en una burbuja informativa y nos someten a un lavado de cerebro constante. Esa es la lógica de sus algoritmos: recomiendan vídeos que nos gusta ver. Al principio, tal vez no le demos mayor importancia y sintamos que «ellos realmente me entienden». Sin embargo, a medida que recibimos contenido similar, nuestra visión puede ir estrechándose hasta limitarse a una sola perspectiva. Podemos llegar a creer que así es el mundo, cuando en realidad se trata simplemente de una selección de vídeos hecha a nuestra medida. Una vez atrapados en esa burbuja, terminamos creyendo cualquier cosa que nos sirva.

Información homogénea inunda nuestras pantallas con gran frecuencia, reforzando continuamente nuestras opiniones y exacerbando nuestras emociones. Los mensajes de posturas radicales y retórica incendiaria utilizan estímulos intensos para moldear nuestro pensamiento. Con el tiempo, es posible que dejemos de preguntarnos «por qué» y de cuestionar la lógica subyacente a esos puntos de vista, conformándonos con la emoción pasajera de ver nuestros sentimientos exaltados. Una vez debilitado nuestro pensamiento crítico, adoptamos sin darnos cuenta las opiniones ajenas como propias y confundimos el desahogo emocional con opiniones independientes. 

Lo más alarmante es que esta transformación ocurre sin que nos demos cuenta. Podemos pensar que simplemente estamos viendo videos y matando el tiempo, pero el algoritmo ya ha elegido nuestra postura y ha moldeado nuestra actitud por nosotros. Primero nos mantiene enganchados con el entretenimiento, luego nos ata mediante las emociones y, finalmente, va anulando nuestra capacidad de pensar poco a poco a través de contenido dirigido. Para cuando nos damos cuenta de lo que está sucediendo, ni siquiera podemos precisar cuándo comenzó este cambio.

Los vídeos cortos son como una trampa sutil. Nos inquietan, nos roban el tiempo y dictan cómo pensamos y qué creemos. Cuando queremos liberarnos, es posible que ya no tengamos la fuerza para hacerlo. Esto es muy peligroso para los practicantes, ya que puede alterar nuestras percepciones y arrastrarnos hacia la gran tina de tintura de la sociedad humana.

Estas son mis reflexiones personales. Por favor, señalen amablemente cualquier aspecto que no esté en consonancia con el Fa.

Los artículos en los que los cultivadores comparten sus entendimientos generalmente reflejan la percepción de un individuo en un momento determinado en función de su estado de cultivación, y se ofrecen con el espíritu de permitir la elevación mutua.