(Minghui.org) Una compañera practicante de 67 años, que vive en el campo y solo tiene estudios primarios, ha seguido los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia con pensamientos rectos e inquebrantables, desde el inicio de la persecución a Falun Dafa en 1999 hasta hoy, con una fe inquebrantable en Shifu. 

En el 27.º aniversario de la persecución a Falun Dafa, los acontecimientos de aquel año le volvieron a la memoria con gran viveza, y me pidió que escribiera sus experiencias para expresar su gratitud a Shifu por su misericordiosa salvación, y para que sirvieran de testimonio para la historia.

Se recuperó de sus enfermedades en cuatro días

Solía sufrir una grave enfermedad posparto y le dolían todas las articulaciones. Decía: «Los demás disfrutan del verano, pero yo vivo el otoño; los demás llevan un abrigo de invierno, pero yo tengo que llevar dos. Me duelen todas las articulaciones, de la cabeza a los pies». Como su familia era pobre, no podía permitirse recibir tratamiento médico. Al enterarse de las clases gratuitas de Falun Dafa y de los beneficios para la salud que aportaba la práctica, decidió probarla.

Un día de julio de 1998 acudió a un lugar de práctica de Dafa en su pueblo. Vio a gente sentada en tres salas comunicadas entre sí, leyendo en silencio. Se sintió muy tranquila y a gusto. Sorprendentemente, fue capaz de sentarse en la postura del loto completo durante 15 minutos desde el primer intento.

Al cuarto día ocurrió algo mágico. Al salir del lugar de práctica, de repente se dio cuenta de que el dolor que sentía por todo el cuerpo había desaparecido. Comentó: «Cuando camino, siento como si mis pies flotaran en el aire; mis piernas, que antes me pesaban tanto que apenas podía levantarlas, ¡ahora tienen una fuerza inagotable!».

Además, los miembros de su familia también se beneficiaron. Tras comenzar la cultivación en Dafa, su madre, que tiene más de 80 años, vio un rayo de luz mágico que la guiaba de vuelta a casa cuando se había perdido en la oscuridad. Un bulto del tamaño de un puño que tenía en las rodillas también desapareció poco a poco. Su hermano, que había sufrido lesiones graves en los pulmones y el tórax a causa de un accidente, se recuperó tras practicar Falun Dafa y pudo volver a realizar trabajos pesados.

Toda su familia cree firmemente que Falun Dafa es la Ley recta y que puede salvar a las personas.

«Voy a Bejing a defender a Shifu»

El 20 de julio de 1999, el Partido Comunista Chino (PCCh) movilizó a todo el aparato estatal y puso en marcha la brutal persecución de Falun Dafa.

En aquel momento, ella solo había leído Zhuan Falun dos veces y no tenía una comprensión profunda de los principios del Fa. Sin embargo, se aferró en su corazón a una verdad muy sencilla: «Shifu nos enseña a no devolver los golpes y a ser buenas personas que siguen los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Esto es absolutamente correcto. Debo ir a informar a la gente de la verdadera situación».

En la víspera del Año Nuevo chino de 2000, la policía y el jefe del pueblo dieron por hecho que ella no se iría a Beijing durante las fiestas y relajaron la vigilancia sobre ella. Pero, efectivamente, se fue sola a Beijing. Cuando llegó a la plaza de Tiananmen, la seguridad era muy estricta y había policías por todas partes. Pidió ayuda a Shifu en su corazón y consiguió enlazar los brazos con una madre y un niño que pasaban por allí, logrando así pasar el control de identificación, como si fueran una familia.

Cuando llegó frente al Gran Salón del Pueblo, vio a dos practicantes que luchaban por desplegar una pancarta. Sin dudarlo, se abalanzó entre los policías y agarró el otro extremo de la pancarta. Al recordar el incidente, dijo: «En ese momento, la escena me pareció increíblemente sagrada e imponente, sin el más mínimo temor en mi corazón». 

Sin embargo, la policía la golpeó brutalmente y la condenaron a tres años en el campo de trabajos forzados de Kaiping, en Tangshan.

Gracias a sus pensamientos rectos, no sintió dolor durante la brutal paliza

Fue torturada por los guardias y los reclusos del campo de trabajos forzados, que intentaban que renunciara a su fe.

En una ocasión, la alimentaron a la fuerza de forma brutal mientras varias personas la sujetaban al suelo debido a su continua huelga de hambre. La comida le salía a borbotones por la nariz y la boca, y casi la asfixió. Cuando luchó por ponerse en pie, se había quedado sin botones en la ropa, estaba descalza, cubierta de barro y comida, y tenía un aspecto desaliñado. Sin embargo, su fe en Falun Dafa se mantuvo inquebrantable.

La escena más oscura tuvo lugar una mañana de noviembre de 2000, cuando el jefe de la división ordenó a los reclusos que la colgaran de un árbol en el patio. Le quitaron los pantalones para humillarla, mientras maldecían al Maestro de Dafa. La azotaron repetidamente con un grueso cinturón de cuero y una linterna, y le escupieron en la cara.

Cerró los ojos sin ningún odio en su corazón. Solo tenía un pensamiento puro: «Adelante, golpéame. Si puedo aguantar más, el Maestro tendrá que sufrir menos por mí». Entonces ocurrió un milagro. En cuanto surgió ese pensamiento puro, dejó de sentir dolor durante la brutal paliza.

Dos reclusas la golpearon desde las 3 de la madrugada hasta las 7 de la mañana y tuvieron que parar porque estaban agotadas y sin aliento. Más tarde, cuando otros practicantes le levantaron la ropa, descubrieron que tenía todo el cuerpo hinchado y ennegrecido, irreconocible. Los practicantes protestaron ante el director del campo de trabajos forzados y denunciaron el crimen atroz. Sin embargo, los dos agresores fueron puestos en libertad antes de tiempo. En aquella época, los guardias del campo de trabajos forzados solían utilizar a reclusos que habían perdido su conciencia para cometer actos de violencia contra los practicantes de Dafa, con la reducción de la condena como cebo.

Dos veces despliegue de pancartas dejaron estupefactos a los guardias

En el campo de trabajos forzados, a ella y a otros practicantes les obligaban a trabajar en una fábrica de alfombras. Durante la hora del almuerzo, confeccionaron en secreto dos pancartas de tela con el lema «Falun Dafa es bueno».

Alrededor del 20 de julio de 2000, se escondió las pancartas bajo la ropa y se dirigió al baño. Nada más salir del baño, desplegó rápidamente una pancarta —con caracteres amarillos sobre tela roja— y gritó con todas sus fuerzas: «¡Falun Dafa es bueno! ¡Shifu es inocente!».

Inspirada por su espíritu justo, una reclusa que estaba a su lado gritó con ella. Fue como un trueno que heló de miedo a los malvados y conmocionó a los funcionarios de todo el campo de trabajos forzados.

Un año más tarde, el campo de trabajo convocó una reunión en el salón de actos para todos los presos y presas. Ella se dio cuenta de que era una gran oportunidad para ayudar a los presos a conocer la verdad sobre Falun Dafa.

Cuando la reunión estaba a punto de terminar, de repente se subió a una silla, levantó la segunda y preciada pancarta por encima de su cabeza y gritó: «¡Falun Dafa es bueno!».

Los practicantes que se encontraban cerca gritaron todos con ella. Guardias, presos y compañeros practicantes se abalanzaron hacia delante, y un sinfín de manos se aferraron a la pancarta. Otros practicantes de Falun Dafa gritaron al unísono: «¡Los guardias no tienen derecho a golpear a la gente! ¡El campo de trabajo civilizado no tiene derecho a golpear a la gente!».

Este poderoso pensamiento justo y este espíritu conmovieron por completo a los guardias. El director la agarró del pelo y la arrastró hasta el pasillo, pero al final los guardias se vieron impotentes y no pudieron hacer nada al respecto. A partir de entonces, el campo de trabajo nunca más se atrevió a reunir a los practicantes de Falun Dafa para ninguna actividad a gran escala.

Conclusión

Esta practicante se siente profundamente conmovida al echar la vista atrás a estos años. Es una mujer del campo y comenzó a practicar Falun Dafa un año antes de ir a Beijing para defender Dafa. Sabía en lo más profundo de su corazón que no estaba mal ser una persona bondadosa que sigue las enseñanzas de Shifu: Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Sin embargo, fue precisamente esta creencia, la más pura y sincera, la que le permitió desprenderse de la vida y la muerte y superar aquel período turbulento.

La persecución se ha prolongado durante 27 años y, al pasar esta página de la historia, quedará patente que esta mujer del campo dejó tras de sí un testimonio extraordinario de tolerancia y pensamientos rectos.