(Minghui.org) En medio del deslumbrante esplendor de la epoca de la Gran Dinastía Tang, existió una figura tranquila y elegante que tomó el camino de la búsqueda de la inmortalidad: la princesa Yuzhen, novena hija del emperador Ruizong (Li Dan) y hermana menor del emperador Xuanzong (Li Longji).

Su vida estuvo marcada por las turbulentas luchas de poder en el palacio, que finalmente decidió abandonar para seguir un camino más allá del mundo mortal. Anhelaba encontrar un refugio sagrado donde su alma pudiera, por fin, encontrar la paz.

La tranquila pureza de una aspiración genuina bajo el esplendor imperial

La princesa Yuzhen nació en una época de profundos cambios de poder dentro de la corte imperial Tang, y su infancia estaba lejos de ser una vida de lujo y dulzura sin preocupaciones. Su madre, la consorte Dou, murió a manos de su abuela, la emperatriz viuda Wu Zetian, cuando ella tenía apenas dos o tres años.

A través de las despiadadas intrigas de la corte, donde los parientes se volvían unos contra otros, llegó a comprender la fragilidad y la crueldad del poder mundano y comenzó a alojar el deseo de dejarlo todo atrás.

Mientras otras mujeres de la familia imperial actuaban con cautela en medio de las turbulencias políticas de la corte imperial, la princesa Yuzhen tomó una decisión asombrosa: renunciar a la vida mundana y dedicarse a la búsqueda del Dao.

Ella y su hermana mayor, la princesa Jinxian, rogaron a su padre que les permitiera renunciar a todo y encontrar refugio en el Dao.

Al principio, el emperador Ruizong se mostró reacio a que sus hijas se marcharan, pero finalmente respetó sus aspiraciones. Mandó construir magníficos templos taoístas para las hermanas, donde podrían residir y dedicarse a la práctica del Dao.

A partir de ese momento, la Gran Dinastía Tang tuvo una princesa menos, pero ganó una monja taoísta de una pureza y gracia excepcionales, conocida por su nombre religioso «Wushang Zhen» (无上真), que significa «Verdad Suprema».

Décadas después, el emperador Xuanzong (su hermano mayor) le otorgó otro nombre taoísta, "Chiying" (持盈), que significa "Contener la plenitud sin desbordarse y permanecer íntegra sin menguar". El nombre no podría haber sido más apropiado, pues reflejaba la moderación, la serenidad y la fuerza interior que marcaron toda su vida.

Un paraíso apartado entre montañas y ríos

La princesa Yuzhen no llevó una vida de reclusión después de dejar el palacio. El taoísmo gozaba de gran respeto durante la Gran Dinastía Tang, y las monjas taoístas también disfrutaban de un estatus social muy elevado y de mucha libertad.

La princesa Yuzhen viajó extensamente a montañas famosas, y hoy en día la gente todavía puede visitar sus retiros taoístas en la montaña Zhongnan y la montaña Wangwu, así como los lugares donde se dice que dejó huellas de inmortalidad.

Según antiguas inscripciones en la montaña Wangwu, en los días dedicados a observar un ayuno ritual y a recibir el Dao, ella establecía un altar y construía un santuario ceremonial en la Terraza Inmortal, con incienso y lámparas que brillaban como estrellas en el cielo nocturno, mientras se presentaban oro y ofrendas preciosas en un solemne pacto con el Cielo.

Las inscripciones también describían vívidamente escenas en las que ella entraba en profunda meditación, y aparecían deidades de la montaña, alineadas a su alrededor, mientras las melodías puras y etéreas de las flautas de bambú flotaban en el aire. Las leyendas incluso cuentan que caía un dulce rocío en la quietud de la noche, mientras misteriosamente florecían flores en los árboles del patio.

Estas descripciones bien podrían reflejar la reverencia de la dinastía Tang por el Dao y su tradición de alabar lo sagrado. Sin embargo, también revelan, desde otra perspectiva, cómo era considerada en su época: no simplemente como una mujer dedicada a la cultivación espiritual, sino como alguien que había alcanzado el Dao, una adepta que se creía capaz de comunicarse con el Cielo y la Tierra y de entrar en el misterioso reino del Dao.

Según las leyendas, la princesa Yuzhen aprovechó su estatus especial y, de vez en cuando, convirtió su retiro taoísta en un refugio donde los intelectuales de su época encontraban apoyo e inspiración.

Dos historias muy conocidas de este tipo involucran a Wang Wei y Li Bai. Se dice que la princesa quedó tan impresionada por una melodía que Wang Wei tocó con la pipa que lo recomendó a la corte imperial. Posteriormente, Wang Wei obtuvo el primer lugar en el examen de la prefectura de Jingzhao y luego aprobó el examen imperial.

El “Poeta Inmortal” Li Bai también residía en el retiro de la princesa Yuzhen. Se dice que, gracias a la recomendación de la princesa, pudo ingresar a la Academia Imperial Hanlin y servir en la corte imperial.

Renuncia al título imperial, devolución de propiedades y bienes

En 744, tercer año de la era Tianbao, la princesa Yuzhen tomó otra medida sumamente inusual. Después de percibir la decadencia y la frivolidad que imperaban en el clima político de la época, presentó una solicitud a su hermano, el emperador Xuanzong de Tang, pidiendo que se le revocara su título de princesa y expresando su deseo de devolver las propiedades y bienes que le habían sido otorgados.

En su memorial, afirmó ser nieta del emperador Gaozong, hija del emperador Ruizong y hermana menor de Su Majestad. Habiendo alcanzado un estatus tan elevado, ¿por qué habría de seguir dependiendo del título de princesa y de los ingresos de un feudo para reafirmar su posición social? Suplicó al emperador que le revocara el título de princesa, junto con las propiedades y la riqueza que le habían sido otorgadas.

En un principio, el emperador Xuanzong se negó a aceptar la petición de la princesa Yuzhen, pero luego cambió de opinión y accedió a sus deseos. A partir de ese momento, la princesa Yuzhen se liberó de los privilegios asociados a la familia imperial Li y se convirtió, en un sentido profundo, en una cultivadora taoísta verdaderamente independiente y libre.

Vivir el resto de la vida en pureza, desapego y libertad espiritual

Hacia el final de la era Tianbao, estalló la Rebelión de An Lushan, sumiendo a todo el imperio Tang en la guerra y un remolino de convulsiones. Posteriormente, el emperador Suzong ascendió al trono. A medida que el nuevo emperador marginaba a los antiguos funcionarios que habían servido bajo el emperador Xuanzong, la situación de la princesa Yuzhen se volvió cada vez más difícil. Más tarde, se trasladó a vivir al Templo Yuzhen.

Pasó sus últimos años principalmente en el templo Lingdu, en la montaña Wangwu, y se mantuvo enfocada en su cultivación espiritual. En el primer año de la era Baoying (762), esta legendaria princesa falleció pacíficamente a principios de sus setenta años y, según las crónicas dinásticas, fue enterrada en la llanura de Fengxi, en el condado de Wannian, cerca de Chang'an.

La princesa Yuzhen dedicó su vida a mostrar al mundo una forma de vida diferente para una mujer de la familia imperial. Eligió no ser víctima de las luchas de poder ni entregarse al esplendor y el lujo mundanos. En cambio, con una vara taoísta en mano, cultivó la versión más auténtica y serena de sí misma bajo la brillante luz de la luna durante la era majestuosa de la dinastía Tang.