(Minghui.org) Saludos respetuosos a Shifu. Saludos, compañeros practicantes.

Tuve la fortuna de obtener Zhuan Falun y otros libros de Falun Dafa a principios de 1999. Sin embargo, para mí, obtener verdaderamente el Fa y aprender a cultivarme tomó mucho tiempo.

Me gustaría compartir algunas de mis experiencias de cultivación desde tres perspectivas, informar a Shifu y compartir mis entendimientos con los compañeros practicantes. Si algo no se ajusta al Fa, les pido sinceramente que me lo señalen con compasión.

Identificando mis apegos fundamentales

Gradualmente identifiqué mis apegos fundamentales. Al principio, creía que mi apego fundamental era la búsqueda de la curación y la buena salud física, ya que mi salud era precaria cuando un amigo me dio los libros de Dafa. Tras solo unos meses de lectura, mi cuerpo experimentó cambios enormes.

Shifu dijo:

«Después de practicar durante un período de tiempo, ¿todavía te aferras a aquellas nociones? ¿Continuas en el sendero motivado por aquellos apegos humanos? Si es así, no puedes ser considerado como discípulo mío. Esto significa que tus apegos fundamentales no han sido desechados y que eres incapaz de entender el Fa desde el Fa. Aquellos que no han pasado las pruebas perversas que Dafa ha enfrentado en China, son las personas que no han renunciado a aquellos apegos. Al mismo tiempo, ellos han traído algunos efectos negativos a Dafa.». (Hacia la perfección, Escrituras esenciales para mayor avance II)

Me pregunté: ¿Estaba yo aquí solo porque quería un cuerpo sano? No. Una vez que comprendí, a través del Fa, la causa raíz de la enfermedad y el verdadero significado de la vida, pude soltar mi apego a la búsqueda de una buena salud.

Un día, leí un artículo en Minghui.org en el que un practicante mencionaba que la parte Zhuan Falun que causaba la impresión más profunda y resonaba con más fuerza durante la primera lectura podría, de hecho, revelar el apego fundamental de uno. Esto me hizo recordar mi primera lectura del libro. La parte que más profundamente me conmovió fue la exposición de Shifu sobre las civilizaciones prehistóricas. En aquel entonces, me sentía muy entusiasmada, como si aquel libro me hubiera dado la respuesta más perfecta y completa.

Durante mis años universitarios, me interesaban profundamente las culturas prehistóricas y a menudo reflexionaba sobre el origen y el sentido de la vida. ¿No era esto exactamente a lo que se refería Shifu cuando escribió: «Algunas personas piensan que Dafa concuerda con su propio entendimiento de la ciencia»? (Hacia la perfección, Escrituras esenciales para mayor avance II)

Creía en lo que decía Shifu porque, en un principio, me había identificado con ese punto de vista científico. ¡Parecía que mi apego a la ciencia era, de hecho, mi apego fundamental! Con el paso de los años, este apego ha impregnado cada aspecto de mi cultivación. Cuando mi vista empeoraba, inmediatamente pensaba en explicaciones científicas. Cuando sufría diarrea, lo primero que hacía era recordar qué había comido ese día. Incluso mi mentalidad atea y mi incapacidad para creer al cien por cien en Shifu y en el Fa estaban estrechamente ligadas a este apego a la ciencia.

Sin embargo, reconocer este apego fundamental era solo el primer paso. La clave está en esforzarme más —mediante el estudio continuo del Fa y la cultivación— por distinguir claramente y eliminar estas nociones: separar los factores científicos de mi verdadero yo, purificarme y, de este modo, retornar gradualmente a mi naturaleza original y verdadera.

Un día, mi esposo, que no practica la cultivación, me preguntó: «Cuando se trata de cuestiones importantes, pareces muy optimista y segura respecto al futuro. Pero ante las dificultades que tienes justo delante —como adaptarte a un nuevo entorno, las barreras idiomáticas, etcétera—, actúas como si fueran un problema enorme. ¿Son realmente esas cosas más difíciles que convertirse en Fo?». Sus palabras me impactaron. ¿Cómo podía alguien que no se cultiva decir algo así? Era claramente Shifu utilizando su boca para iluminarme. Sabía que sus palabras habían tocado algo fundamental en mi cultivación. ¿Por qué me cultivo? ¿Por qué temo a las dificultades?

¿Qué era lo que anhelaba? Durante mis años de estudiante, viví muchas experiencias que me hicieron sentir que luchar por sobresalir en la vida carecía de sentido. Me cansé de la búsqueda de fama y de la competitividad de la gente; incluso antes de empezar a cultivarme, deseaba una vida tranquila, sencilla y sin preocupaciones. Cuando comencé a trabajar, no quería participar en concursos de enseñanza y me daba pereza agotarme persiguiendo clasificaciones profesionales o ascensos. Tras cultivarme, sentía aún más que, al fin y al cabo, había hecho bien en mantenerme indiferente a la fama y el beneficio. Sin embargo, tras ese aparente desapego se ocultaba mi apego fundamental: utilizar la cultivación para escapar de los problemas mundanos y buscar la sencillez y la tranquilidad que deseaba. En realidad, mis pensamientos nunca habían trascendido el ámbito humano. En el fondo, mi cultivación buscaba liberarme a mí misma; se basaba en el interés propio.

Debido a que estaba apegada a buscar mi vida ideal a través de Dafa, mi cultivación a menudo seguía este patrón: cuando el entorno externo me favorecía, cultivaba con diligencia y una actitud positiva; cuando no era así, me invadía la ansiedad y la depresión. Ante las dificultades, temía las adversidades y el agotamiento, careciendo de la calma y la firmeza que debe poseer un cultivador. ¡Buscar un paraíso terrenal en Dafa era, de hecho, mi apego más grande y fundamental! Al ver claramente este apego fundamental, me recordé a mí misma que debía eliminar un apego arraigado en el yo. Los discípulos de Dafa se cultivan bien para ayudar a Shifu a salvar a las personas. Solo eliminando el apego al yo puede uno cultivar verdaderamente Verdad-Benevolencia-Tolerancia.

Eliminar el apego a mi hijo desde la base de una cultivación recta

En 2011, mientras enfrentábamos el acoso constante de los agentes del PCCh, mi esposo nos envió a otro país a nuestro hijo —que acababa de empezar la escuela secundaria— y a mí. Mi hijo y yo pasamos 13 años como refugiados, mientras mi esposo permanecía en China. La sensación de desarraigo en una tierra extranjera, sumada a nuestra convivencia prolongada como madre e hijo, intensificó mi apego emocional y mi dependencia hacia él. Mi hijo tiene un carácter afable y comprendía bastante bien nuestra situación, sin mostrar la rebeldía típica de la adolescencia.

Sin darme cuenta, mi deseo de controlar su vida se intensificó. Quería involucrarme en todo: desde la cultivación hasta los estudios, pasando por el trabajo y las amistades. Sin embargo, en aquel entonces no era consciente de este apego ni del sentimentalismo; incluso consideraba que era simplemente mi responsabilidad como madre. Daba por sentado que, al estar a la deriva en el extranjero, nuestros futuros debían permanecer estrechamente ligados, y veía estos deseos como algo natural.

Una vez, un practicante bromeó diciendo: "Tu hijo es tu mayor muleta". Me alegró escuchar eso y no me di cuenta en absoluto de que el practicante me estaba recordando que, como cultivadora, mi dependencia de mi hijo era excesiva.

Con el tiempo, el proceso de reasentamiento como refugiados dio un giro importante cuando mi hijo se mudó a Australia y yo me trasladé a Canadá.

Desde que el PCCh comenzó a perseguir a Falun Dafa, muchos practicantes en Malasia han solicitado el estatus de refugiado ante las Naciones Unidas. La mayoría de las familias terminan estableciéndose en el mismo país. Pero mi hijo y yo acabamos en países diferentes —algo extremadamente raro—, separados por miles de kilómetros. Durante mucho tiempo, sentí como si mi corazón hubiera sido desgarrado. No podía aceptar la situación. Sufría, guardando resentimiento hacia mi esposo por obligarme a abandonar China mediante la fuerza y la persuasión, y culpando a mi hijo por no aprovechar bien la oportunidad. A veces no quería hacer nada en absoluto; solo quería esconderme y dormir. Luché contra esas emociones insoportables durante mucho tiempo antes de lograr, poco a poco, reponerme y seguir adelante.

La razón me decía que todo esto estaba intrínsecamente ligado a mi cultivación. A simple vista, parecía que ciertas decisiones o el momento elegido habían provocado este resultado inesperado. Pero, como cultivadora, sabía que nada es casualidad. Solo cuando las cosas llegaron a este punto parecí despertar en medio del dolor y observar mis problemas como si estuviera viendo una película. Una cosa estaba clara: había puesto a mi hijo en un pedestal.

Quería que nunca se separara de mí; quería que siguiera siendo mi "bastón de apoyo". Debido a este apego, me enfrenté a innumerables pruebas de xinxing y desperdicié mucho tiempo que debería haber dedicado a salvar a las personas. Tras periodos de agotamiento físico y emocional, le dije a Shifu en mi corazón: "Shifu, ya no quiero dejarme controlar por el sentimentalismo. Quiero regresar a casa con usted. Por favor, fortalezca a su discípula para eliminar el apego a mi hijo".

Cada vez que se lo pedía a Shifu, la angustia disminuía. Pero al poco tiempo, volvía a aparecer. ¿Por qué resultaba tan difícil erradicarlo? Porque el punto de partida para eliminar el apego era egoísta. En medio del sufrimiento, solo quería liberarme a mí misma, y todo surgía de la perspectiva de proteger mis propios intereses.

Una practicante compartió que, al enfrentar desafíos, si no basamos nuestras decisiones en la cultivación de la Rectificación del Fa -y en su lugar intentamos eliminar un apego simplemente por eliminarlo-, caemos inconscientemente en la cultivación personal. Si la base es egoísta, las viejas fuerzas tienen una excusa para crearnos tribulaciones. Finalmente, lo comprendí. Durante todos estos años, ¿acaso el problema con mi hijo no giraba totalmente en torno a mí misma? Mi hijo; cómo quería que fuera; cómo quería que cumpliera mis deseos; cómo quería eliminar mi apego hacia él... ¡todo ello comenzaba en "mí"! Pero, ¿cuál es mi verdadera identidad? ¿Soy ante todo madre? No. Ante todo, soy una discípula de Dafa del periodo de la Rectificación del Fa. Me pregunté: cuando te sientes tan perturbada por el apego a tu hijo que no puedes estudiar el Fa, cuando enviar pensamientos rectos se siente como olas rompiendo en tu interior y cuando ya no quieres aclarar la verdad, ¿cómo se sentiría Shifu, quien soporta sufrimientos para salvarte? ¿Y qué pasará con aquellas vidas que depositaron grandes esperanzas en ti? Siempre que mi mente despejada, me hice estas preguntas una y otra vez y me dije en mi corazón: «Eres una discípula de Dafa del periodo de la Rectificación del Fa. Eres una discípula de Dafa del periodo de la Rectificación del Fa». Entonces recité continuamente las palabras de Shifu:

«Aclarar la verdad, salvar a las multitudes de seres, eso es lo que quieres hacer. Aparte de eso, no hay nada que quieras hacer; sobre esta Tierra no hay nada que quieras hacer». Exponiendo del Fa en la Fahui de Nueva York de 2015

Gradualmente, la fuerte atracción del sentimentalismo comenzó a debilitarse. Cada vez que pensaba en mi hijo, la amargura que sentía disminuía. En mi corazón, comprendía que siempre que me cuestionaba a mí misma, era mi verdadero yo viendo claramente al yo falso envuelto en sentimentalismo. Quería rechazarlo —no aceptarlo— y Shifu me estaba ayudando. Con cada capa que lograba desprender, aquello se debilitaba un poco más. Ahora, al mirar atrás, veo mi papel con mayor claridad y comprendo más nítidamente que el fundamento para eliminar los apegos no es por mi propio bien, sino para la salvación de los seres conscientes.

Comprendiendo que «en estos últimos tiempos, los seres pueden ayudarse mutuamente a salvarse»

Shifu nos enseñó:

«No pienses que si aclaraste la verdad, participaste en actividades de Dafa o participaste en proyectos de Dafa, ya has hecho algo para Dafa, para Shifu. Ese es el Shifu diciéndoles que se ayuden y salven unos a otros y, al mismo tiempo, se salven a sí mismos. Esta es la salvación mutua de las multitudes de seres en el final del tiempo». («Mantente alejado de mal peligroso»)

A continuación, me gustaría compartir algunas historias breves y mi entendimiento personal de esta parte del Fa.

¿Qué es aquello que no se puede decir?

Una vez, mientras estaba en China, noté en un taxi un recuerdo de Dafa colgado del espejo retrovisor del conductor. Esto fue alrededor de 2006, cuando la persecución era severa. Le pregunté: «¿Se atreve a colgar eso ahí?». De repente, él exclamó: «Un pariente mío practica esto. Tenía una miopía grave, pero tras practicar solo unos días, ya no necesitó gafas. Esto va más allá de la ciencia; ¡es imposible no creerlo!». Le elogié por su valentía y por atreverse a decir tales cosas. Pero él respondió con calma: «Solo digo la verdad. Si es la verdad, ¿qué hay que no se pueda decir? Se lo diré a cualquiera que encuentre».

Esta experiencia me conmovió profundamente. La lógica del conductor era sencilla: hablaba de algo que realmente había sucedido. Si uno dice la verdad, ¿por qué habría de sentir miedo? En aquel entonces, yo todavía era tímida y me ponía nerviosa al hablar de la verdad. Shifu dispuso que viera la valentía de esta persona común, animándome a eliminar mediante la cultivación mi miedo y mis nociones humanas.

Mi esposo también quedó profundamente impactado. Después de bajar del taxi, caminaba sin decir palabra. Antes, si me oía hablar con otros sobre Falun Dafa, se enfadaba. La energía recta del conductor ayudó a disipar su miedo al Partido malvado.

Shifu organizó repetidamente oportunidades para que mi esposo y yo escucháramos comentarios positivos sobre Falun Dafa de gente común, incluidos agentes de policía. Todo esto me animó e inspiró a recorrer mi camino de cultivación de manera más abierta y recta. En cuanto a mi esposo, tras cada una de estas experiencias, cambiaba un poco. Él, que antes se negaba a escuchar la verdad, llegó a estar dispuesto a acompañarme para explicarle al maestro de nuestro hijo por qué este no se uniría a los Jóvenes Pioneros.

En la universidad, él fue el primer miembro del PCCh de su clase. Pasó de unirse activamente al Partido malvado a renunciar a él más tarde, todo ello bajo los arreglos compasivos de nuestro gran Shifu, con gente común transmitiéndole la verdad uno tras otro, como en un relevo. Gracias, Shifu. Y gracias a esas personas tan valiosas.

Seguiré sus pasos

Al vivir fuera de China, aclaro la verdad por teléfono a personas que residen en China. Un día, un hombre me dio las gracias durante una llamada. Le dije: «Usted tiene una buena base de afinidad predestinada para comprender que hacemos esto por su propio bien». Se emocionó y dijo: «No solo sé que hacen esto por nuestro bien, sino que también quiero aprender de ustedes. Todo lo que hacen no es para ustedes mismos; es para este país, para esta nación. Sus esfuerzos despertarán a muchas personas, y ellas los seguirán».

Le agradecí su comprensión. Él dijo: «Son luces que guían el camino. Los seguiré y caminaré tras sus pasos». Y añadió: «Ya han despertado a muchas personas. No guarden rencor hacia quienes no los comprenden; su perseverancia los despertará. Creo que nuestra nación tendrá esperanza porque ustedes están abriendo el camino».

Conversamos durante más de una hora. Me conmovió profundamente la rectitud y el altruismo de este hombre chino común tras haber despertado a la verdad. A lo largo de la conversación, nunca habló de sí mismo ni se quejó de la sociedad. Incluso al hablar de las mentiras y los crímenes del malvado Partido, no mostró ira; su tono permaneció sereno. Pensaba en su país y en sus compatriotas que aún no habían despertado. Sus palabras estaban llenas de comprensión y preocupación por ellos.

Me sentí conmovida y suspiré: no solo estaba hablando a la gente sobre Falun Dafa y la persecución; Shifu estaba utilizando sus palabras para iluminarme. La verdad que realmente conmueve a las personas no se expresa en voz alta: surge naturalmente al cultivar una bondad pura y alcanzar un estado de altruismo hacia los demás. En mi vida cotidiana, a menudo mostraba impaciencia e insatisfacción. Shifu dispuso que identificara aquello a lo que aún necesitaba renunciar. Al mismo tiempo, los elogios y las expectativas que la gente tiene sobre los discípulos de Dafa también me inspiran a recordar mi misión.

Expracticantes vuelven a ver la verdad

En los lugares turísticos, de vez en cuando nos encontramos con personas que solían practicar Falun Dafa. Al ver nuestro puesto informativo, sus expresiones varían: algunos se quedan atónitos, otros se emocionan y algunos se muestran confundidos. Algunos se separan del grupo turístico para hablar con nosotros. Por diversas razones, habían dejado de cultivarse, pero en lo profundo de sus corazones habían quedado plantadas las raíces de Dafa. Algunos contemplan los paneles informativos mordiéndose los labios para contener el llanto. Ver sus emociones es algo que nunca olvidaré. Estos encuentros me recuerdan valorar la oportunidad única de cultivar libremente fuera de China.

Una mujer me contó que ella y su madre habían practicado Dafa antes de 1999, pero que, tras el inicio de la persecución, ya no se atrevieron a continuar. Vivían en una zona remota y no habían vuelto a ver a otros practicantes, por lo que creían que Falun Dafa había sido erradicado. Mientras observaba los materiales que yo sostenía, sus ojos se llenaron de lágrimas. Me preguntó cómo encontrar practicantes en China. Finalmente, un hombre se acercó y se la llevó. Ella lo siguió, pero mantenía la cabeza vuelta hacia nosotros, con la mirada fija en nosotros. Incluso cuando ya estaba lejos, aún podía ver las lágrimas en sus ojos.

En ese momento pensé: «Quizás Shifu dispuso que estos practicantes vinieran a otro país para ver a discípulos de Dafa hablando sobre Falun Dafa en lugares turísticos, allanando así el camino para que retomen la cultivación». El anhelo en sus ojos al conocer la verdad de Dafa, y su deseo de retomar el camino de cultivación, también fortalecieron mi determinación de seguir acudiendo a los lugares turísticos.

He sido testigo de muchas otras escenas conmovedoras: conductores de autobuses turísticos que insistían en ponerme bebidas en las manos; familiares de practicantes en China que me tomaban de la mano y lloraban; turistas chinos cuyas madres me apartaban, pero cuyos hijos regresaban discretamente a buscarme para renunciar al Partido. Cada imagen vívida ha quedado grabada en mi memoria y en mi corazón, convirtiéndose en la fuerza impulsora que me hace avanzar en mi camino de cultivación.

En momentos de pereza, cuando no logro superar una prueba de xinxing y siento que no quiero hacer nada, soy plenamente consciente de que mi desinterés podría interferir con los arreglos de Shifu y hacerme perder a una persona preciosa destinada a ser valorada. Muchas veces, tras luchar internamente sobre si ir o no al lugar, pienso en aquel encuentro y me animo a salir.

Lo verdaderamente extraordinario es que, cuando visito los lugares turísticos en este estado —e incluso a veces de camino hacia allí—, a menudo encuentro a seres conscientes con quienes tengo una relación predestinada. Puede que nunca antes hayan oído la verdad sobre Dafa, o que digan haber querido comprenderla. Algunos incluso afirman haber venido específicamente para escucharme hablar de estos temas. Estos encuentros fortuitos parecen indicarme que, si no hubiera salido ese día, habría perdido mi conexión predestinada con ellos. Tales experiencias son extraordinarias e intensas.

Sé claramente que no existen las coincidencias. Es Shifu quien, al verme enredada en apegos humanos y atrapada en el estrecho círculo del interés propio y el beneficio personal, dispone la aparición de estas vidas en momentos críticos para despertarme.

Estas escenas me ayudaron a recuperar mi sentido de responsabilidad y me impulsaron a seguir adelante durante ocho años en los lugares turísticos, bajo el sol abrasador de Malasia.

Sin la guía de Dafa, no habría podido perseverar tanto tiempo. Sin la alegría de ver vidas salvadas, habría sido muy difícil para alguien como yo —que tiende a temer las dificultades— persistir día tras día, año tras año.

Al estudiar el artículo de Shifu «Mantente alejado del mal peligroso», comprendí su enseñanza de que los seres pueden ayudarse mutuamente a salvarse: mientras informamos a la gente sobre la verdad, ellos también nos ayudan de innumerables maneras. Incluso aquellos que se oponen a nosotros contribuyen a nuestro crecimiento y realización. Lo que ganamos en la cultivación supera con creces lo que damos.

Shifu utiliza todo esto para ayudar a los discípulos a establecer una virtud grandiosa y para brindarnos oportunidades de cultivarnos. Los discípulos de Dafa y la gente común mantienen una relación de salvación y apoyo mutuos. Por ello, me recuerdo a mí misma que no hay razón para sentir la más mínima satisfacción por nada de lo que he hecho, y mucho menos para menospreciar a nadie.

Como discípula, lo único que siento es gratitud hacia Shifu. Gracias Shifu por allanar este camino de cultivación para mí y a todos los que han ayudado a lo largo del trayecto para que los discípulos de Dafa puedan cumplir sus votos.

Gracias, Shifu.

Gracias, compañeros practicantes.

Heshi.

(Presentado en la Conferencia del Fa de Vancouver de 2026)