(Minghui.org) ¡Saludos, estimado Shifu! ¡Saludos, compañeros practicantes!

Me gustaría compartir cómo, bajo el cuidado compasivo de Shifu, aprendí paso a paso, a través de las tribulaciones, a cultivarme, mejorar y salvar a la gente.

Mi vida pendía de un hilo

En 2023, atravesé una grave situación de yeli de enfermedad. Para explicar lo sucedido, debo empezar hablando de mi esposo. Mi difunto esposo y yo estuvimos casados durante 15 años. Teníamos una casa con la hipoteca pagada, ambos trabajábamos en dos empleos y habíamos ahorrado varios cientos de miles de dólares. Justo cuando sentíamos que ya habíamos ganado lo suficiente y no tendríamos que trabajar tan duro, descubrimos que él tenía cáncer. Lo llevamos al hospital y, en menos de un mes, murió.

En el pasado, mi esposo había obstaculizado la cultivación de mi hijo y la mía de todas las formas posibles, e incluso nos había maltratado. Sin embargo, durante ese mes hice todo lo posible por cuidarlo. Quería estar a la altura de lo que debe ser un cultivador.

Justo antes de morir, con lágrimas en los ojos, me dijo: "Eres una buena persona. Has sido muy buena conmigo. Gracias". Le respondí: "No me des las gracias a mí. Agradécele a Shifu. Es Shifu quien me enseñó a tratarte así". Él dijo: "Gracias, Shifu".

Este era el segundo matrimonio para ambos, y él gestionaba todas las finanzas familiares. Tenía un hijo de su primer matrimonio. Antes de morir, me dijo que la casa se dividiría a partes iguales entre nosotros —quedándose su mitad para su hijo— y que el dinero en efectivo sería para mí.

Solo después de su muerte descubrí que todo nuestro dinero estaba en su cuenta. No había ni un centavo en la mía, y todo el dinero de su cuenta pasó a manos de su hijo. Además, la madre biológica de mi hijastro apareció para reclamar la mitad de la casa. Así pues, al coincidir el dolor por la muerte de mi esposo con una disputa por una propiedad familiar, surgieron graves síntomas de yeli de enfermedad.

Durante años tuve dos empleos. Siempre andaba corriendo de un lado a otro y rara vez estudiaba el Fa. En aquel entonces, mi comprensión del Fa era todavía la de alguien que acababa de empezar a practicar. No sabía cómo cultivarme. Ante una tribulación de este tipo, sabía en principio que debía mirar hacia mi interior, que como cultivadora no debía pelear con la gente común y que tenía que desprenderme de mis apegos. Sin embargo, por dentro, el dolor me calaba hasta los huesos y estaba llena de agravios y resentimiento.

Shifu me dio una señal. Una noche soñé que en mi abdomen solo había unas cuantas fiambreras vacías. Y durante el estudio grupal del Fa, mientras todos enviábamos pensamientos rectos al unísono, mi hijo —que estaba sentado frente a mí— vio cómo de nuestros cuerpos salían numerosos soldados y generales celestiales, formaban filas y eliminaban al mal.

Pero unos meses más tarde, los síntomas empeoraron. Al principio pensé: «Lo arriesgaré todo; si muero, muero». No obstante, mis compañeros practicantes me instaron a ir primero al hospital y preservar mi cuerpo humano, ya que solo así tendría la oportunidad de salvar a las personas.

Shifu dijo:

«Por eso bajo esta situación, a veces pienso, ya seas un estudiante nuevo o de los estudiantes que después de largo tiempo de xiulian no pueden elevarse, cuando te aparece una tribulación del yeli de enfermedad, si vas al hospital no hay problema. No hay problema si te tratas en un hospital, ya que eso será un asunto del proceso de tu xiulian». (Explicando el Fa en Washington D.C. 2018)

Hice una evaluación honesta de mí misma. Durante años había estado ocupada ganando dinero y realmente no tenía tiempo para estudiar el Fa. Probablemente leía menos el Fa que un estudiante nuevo que se dedica a estudiarlo a fondo. Además, en aquel momento sentía que ya había hecho todo lo posible.

Decidí ir al hospital. Si lograba conservar mi cuerpo humano, al regresar a casa me centraría en estudiar el Fa y me cultivaría adecuadamente. Mientras pudiera salvar a las personas, estaba dispuesta a renunciar a cualquier cosa.

Al mirar atrás ahora, veo que mi base de cultivación era realmente débil. Tenía muchos apegos. Aparentemente los estaba soltando, pero en el fondo no los había soltado en absoluto. También había muchos apegos de los que ni siquiera era consciente. Aunque hubiera querido soltarlos, no habría podido; mi xinxing aún no había alcanzado ese nivel. Aferrarme obstinadamente a la idea de no ir al hospital habría sido simplemente forzar las cosas.

Así que, sin otra opción, fui. Y fijé firmemente un pensamiento en mi mente: «Pongo todo en manos de Shifu y dejo que él lo disponga. Si logro salir de aquí con vida, avanzaré con valentía y diligencia, asistiré a Shifu en la Rectificación del Fa y le ayudaré a salvar a los seres conscientes».

Desde ese momento, a quienquiera que encontrara en el hospital —médicos, enfermeros o cualquier otra persona—, si eran de China, les hablaba sobre renunciar al Partido Comunista Chino (PCCh) y a sus organizaciones afiliadas. Mi hijo y yo hicimos todo lo posible por hablar de Shen Yun a cada médico y enfermero con los que interactuábamos.

Recuerdo el momento justo antes de que me llevaran al quirófano.     Tenía un tubo en el cuello y estaba acostada en la mesa de operaciones. Uno de los jóvenes asistentes del equipo quirúrgico tenía rasgos que me parecieron del este de Asia, así que le pregunté si era de China y, en una carrera contrarreloj, le ayudé a renunciar a la Liga Juvenil Comunista y a los Jóvenes Pioneros. En ese momento, no sabía si saldría viva de aquella sala. No pensaba en ninguna otra cosa. Lo único que quería era hacer lo que dice Shifu y salvar a las personas. Cada vida es importante.

Al cultivar mi interior, mi cuerpo se restablece

Tras la cirugía, la masa había sido extirpada, pero mi abdomen seguía muy hinchado. Al principio me preocupé un poco: «¿Acaso no la sacaron toda?». Entonces me di cuenta de la situación: «¡Soy una cultivadora! Debo medirlo todo según el Fa y corregir estos estados incorrectos». Después de que mi esposo muriera, y especialmente cuando la enfermedad se agravó, dejé de trabajar y estudié el Fa intensamente. Poco a poco fui comprendiendo el Fa con mayor profundidad y mis pensamientos rectos se fortalecieron considerablemente. En aquel momento, me recordé que debía mirar hacia mi interior.

Un día, una practicante vino a visitarme al hospital. Ella percibió el resentimiento que yo albergaba y me lo hizo notar. Compartimos reflexiones y juntas repasamos “La canción sagrada”, de Hong Yin IV:

La vida humana siempre está envuelta en ilusión

Cada vez que la vida pierda su rumbo

Cantaré, suavemente, la canción en mi corazón

No te quejes

Aférrate a la bondad

La mayoría de la gente viene de los cielos

Convertirse en humano para esperar al Creador

Esa es la larga esperada esperanza de todos los seres

Esta canción me despierta

Esta canción me da fuerza

La sagrada melodía pone el cielo claro

(La canción sagrada, Hong Yin IV)

Las palabras de Shifu me conmovieron profundamente. La practicante también me enseñó a cantar la canción. Desde entonces, ya fuera camino al estudio del Fa o dirigiéndome a alguna actividad, cantaba esta canción y me recordaba constantemente que no debía quejarme. Y, tal como dice la letra, me proporcionó una fuerza inmensa; cuando me enfrenté a la muerte, evitó que me sintiera abrumada o derrotada.

Lo que más resentimiento me provocaba en aquel entonces era la disputa con mi hijastro por la propiedad.

Shifu dijo:

«… si algo te pertenece, no lo pierdes, y si algo no es tuyo, no lo consigues por más que luches». (Séptima Lección, Zhuan Falun)

Así que me recordaba constantemente: cuando mi esposo estaba agonizando, decía que esto era mío y aquello también. Pero nada de eso era realmente mío. Bien podría haber sido algo que yo debía a otros de una vida pasada. Por eso, cada vez que notaba un pensamiento de queja, lo eliminaba de inmediato. Cuando esos pensamientos surgían, los apartaba de mi mente.

Eliminar el resentimiento no se limitaba a un solo asunto; se manifestaba en muchas cosas. Por ejemplo, en aquel entonces solo podía ingerir alimentos líquidos. Cuando mi hijo me preparaba papilla, yo le decía que no comía arroz glutinoso. Sin embargo, la segunda vez que la preparó, añadió arroz glutinoso de todos modos, y yo dije con enojo: «No quiero probar ni un solo bocado de esta papilla». En el instante en que las palabras salieron de mi boca, me di cuenta de que había dejado escapar mi mentalidad quejumbrosa. Así que la detuve en seco y la eliminé.

Desde el momento en que tomé conciencia de este resentimiento, cada vez que lo detectaba, lo rechazaba de inmediato y me deshacía de él. Poco a poco, fui sintiendo cada vez menos resentimiento y logré cambiar mi enfoque para pensar en la otra persona.

Al final, no sentía ningún apego respecto a cómo se repartieron los bienes. Lo que mi hijastro me dio fue simplemente lo que era. Terminé quedándome solo con una cuarta parte de lo que mi esposo y yo habíamos poseído en común. Cuando me mudé, renuncié a los muebles y a todo lo que tuviera valor. Me llevé mis ollas, sartenes, vajilla y edredones, y dejé el resto atrás.

Así que no eliminé este resentimiento de golpe; fue en circunstancias como aquellas donde fui deshaciéndome de él, poco a poco. Al principio, desprenderme de las cosas me dolía profundamente. Pero a medida que eliminaba el resentimiento y mejoraba en el Fa, logré soltarlo verdaderamente con el corazón en calma. Ahora, no guardo ni el más mínimo resentimiento hacia mi hijastro. A veces incluso me pongo en su lugar y me preocupo por él: si no logra alquilar una casa de ese tamaño, la presión económica será excesiva. Me duele el corazón por ese muchacho; me preocupa que se prive de lo necesario y se limite en exceso.

A medida que seguía corrigiéndome, la hinchazón de mi abdomen fue disminuyendo gradualmente.

Los pensamientos rectos disolvieron la insistencia en la quimioterapia

Según el plan de tratamiento del hospital, el siguiente paso tras la cirugía era la quimioterapia. Un día leí un artículo de experiencias en Minghui en el que un practicante relataba haber soñado que la quimioterapia era una serpiente venenosa que causaba más daño al cuerpo que el propio cáncer. Comprendí que Shifu estaba utilizando el artículo de aquel practicante para darme una señal: no debía someterme a la quimioterapia.

Entonces le dije al médico que había visto cómo la salud de mi esposo empeoraba tras la quimioterapia hasta llegar a la muerte, y que yo no quería pasar por eso. Pero por más que me negaba, el médico insistía con mucha firmeza y severidad. Debido a mi fuerte oposición, él dijo que, antes de tomar la decisión final harían una prueba más y decidirían basándose en los resultados.

De camino a esa prueba, mi hijo y yo enviamos pensamientos rectos durante todo el trayecto, negando cualquier disposición que no proviniera de Shifu. Mientras lo hacíamos, ambos percibimos una gran cantidad de sustancia maligna, y desintegrarla resultó extremadamente difícil. Mi hijo vio algo enorme y muy obstinado, así que envió pensamientos rectos y lo quemó con un gran fuego. Lo quemó durante mucho tiempo, pero aquello no se consumía. Solo después de pedirle a Shifu que lo fortaleciera, vio cómo finalmente quedaba destruido.

Y aquí está lo extraordinario: el médico llegó media hora más tarde de lo previsto, lo que nos dio aún más tiempo para enviar pensamientos rectos. Tras la prueba, me dijo que, al final, no necesitaba quimioterapia. Sonreía y se mostraba cálido y amable; era una persona completamente distinta a la de antes.

Comprendiendo las pruebas de cultivación

Mientras estaba en el hospital, ya había comenzado la promoción de la temporada 2024 de Shen Yun, y yo ni siquiera podía caminar. Eso me afligía. No dejaba de pensar: qué maravilloso sería salir con otros practicantes y hacer cosas para validar el Fa. Si tan solo pudiera salir del hospital, estaría dispuesta a dejarlo todo atrás.

Tras recibir el alta, seguía sintiendo una presión agobiante y letal que se cerraba sobre mí. Así que intensifiqué el estudio del Fa, el envío de pensamientos rectos y la práctica de los ejercicios; el resto del tiempo escuchaba Minghui Radio. Quería llenar mi mente de Dafa y de factores rectos, para que ningún pensamiento ni factor negativo pudiera infiltrarse en mi campo.

Cuando hacía los ejercicios en aquellos días, podía sentir una energía poderosa recorriendo mi cuerpo con un sonido impetuoso, y cómo mi cuerpo se expandía en oleadas. Incluso ahora, esa energía poderosa sigue manifestándose cuando realizo los ejercicios.

Al cabo de unos dos meses, sentí que debía salir a repartir folletos de Shen Yun para colgar en las puertas. Mi cuerpo aún estaba muy débil y sentía un dolor sordo y entumecido a lo largo de la incisión; por eso, tomé un mapa de una zona muy cercana a casa, de terreno bastante llano, y me puse en marcha. Al principio, solo podía cubrir veinte o treinta casas en cada salida. Poco a poco fui cubriendo más terreno cada vez, hasta que finalmente logré hacer más de cien de una sola vez.

En el camino hubo pruebas para mi xinxing y mi entendimiento. Una vez, llegué a tres casas seguidas con escaleras muy altas, y mi primer pensamiento fue: "¿Realmente podré con esto?". Pero supe de inmediato que ese pensamiento no era recto y que la dificultad que tenía delante era solo una prueba. Entonces pensé: si me he encontrado con esto, es porque Shifu ve que soy capaz de hacerlo. Manteniendo ese pensamiento, completé cada recorrido. Mi cuerpo se fortalecía cada vez más y me sentía cada vez más ligera. Durante la temporada de Shen Yun del año pasado, fuimos a la isla a colocar folletos en las puertas. En nuestra ciudad faltaban manos, así que hice el viaje más de cuatro veces.

Shifu me guio para salvar a las personas

Cuando fui a Port Moody a recoger firmas para una petición contra la persecución, al principio casi nadie firmaba. Me sentía un poco desanimada y no estaba segura de si debía continuar. Justo entonces escuché una voz. Era muy pura y me atrajo. Recuerdo haber pensado: este sonido simplemente no debería existir en el mundo humano. La seguí y encontré a un artista callejero cantando.

No lo interrumpí. Pero justo cuando estaba a punto de irme, él me llamó y preguntó qué estaba haciendo. Le entregué la carpeta con la petición. Me preguntó mi nombre y luego, riendo y con tono desenfadado, empezó a leer en voz alta mi nombre y el texto de la petición. No pude entender el resto de lo que decía, pero noté que su actitud no era muy respetuosa. Así que fijé un pensamiento en mi mente: sin importar lo que él piense, estoy aquí para salvar a las personas.

En ese momento, toda la escena cambió. Dos personas se acercaron; el artista les pasó mi carpeta y les dijo que firmaran, y realmente lo hicieron. Después de eso, encontré a varias personas más cerca que firmaron. En poco tiempo, contando al propio artista, ocho personas habían firmado. Estoy profundamente agradecida por la guía de Shifu, que evitó que perdiera la oportunidad de llegar a estas personas con una conexión predestinada. 

La gratitud de la gente es profundamente conmovedora

Un día fui a un parque en Coquitlam para recoger firmas. Acababa de pasar una lluvia ligera y había muy poca gente, pero una mesa donde unas personas comían llamó mi atención. Aun así, quería ir a un lugar con más gente, así que no aparqué y fui a otro sitio primero.

De regreso, seguía pensando en aquella mesa, esperando que no se me hubiera pasado la oportunidad de hablar con ellos. Cuando llegué al parque, todavía estaban allí, como si me hubieran estado esperando.

Les pedí que firmaran y les entregué un folleto sobre Verdad-Benevolencia- Tolerancia para que pudieran conocer estos principios. Después de firmar, sus rostros reflejaron una expresión de súplica. No lograba entender lo que decían, pero alcancé a distinguir la palabra «Palestina». Parecían decirme que su país estaba en guerra, que caían proyectiles, y me preguntaban qué debía hacer su país.

Quería decirles que Shifu y Dafa podían protegerlos. Pero no hablo inglés. ¿Qué podía hacer? Me sentía inquieta. En un impulso, hice un gesto: extendí la mano y miré hacia el cielo, luego pronuncié el nombre de su país y junté las palmas de las manos frente a ellos en heshi.

Lo que hicieron a continuación me dejó atónita. Todos ellos juntaron las palmas de las manos y se inclinaron ante mí.

Palabras finales

Llevaba más de diez años cultivándome, pero debido a la presión en casa, rara vez estudiaba el Fa. Solo cuando la tribulación del yeli de enfermedad cayó sobre mí descubrí lo poco que entendía de los principios del Fa, y las viejas fuerzas no perdieron tiempo en atacarme con dureza.

Pero Shifu es compasivo. Al ver que tenía un corazón que deseaba cultivarse bien y salvar a las personas, me cuidó y me iluminó durante todo el camino. No solo restauró mi salud; lo que es más importante, Shifu me enseñó, poco a poco, a cultivarme correctamente y a mirar hacia mi interior cuando encuentro problemas, para así poder superarlos. Todo esto, para que pueda asistir a Shifu en la rectificación del Fa y salvar a los seres conscientes.

Hoy en día, además de trabajar dos días a la semana, salgo a recoger firmas, participo en los ejercicios grupales y presento Dafa a los demás. Valoro profundamente este nuevo ser que el cuidado compasivo de Shifu me ha otorgado, y me esfuerzo al máximo por acercarme al estándar que Shifu exige a los practicantes. Sin embargo, a menudo percibo que todavía estoy lejos de lo que el Fa requiere de mí. Afortunadamente, sigo viva, conservo este cuerpo humano y aún tengo la oportunidad de ser más diligente.

Estoy agradecida a nuestro gran y compasivo Shifu. Gracias a mis compañeros practicantes por su ayuda.

(Presentado en la Conferencia del Fa de Vancouver de 2026)