(Minghui.org) La enfermedad de Raynaud se caracteriza por espasmos en los pequeños vasos sanguíneos de los dedos de las manos, los pies u otras extremidades, lo que dificulta la circulación. Se desencadena por temperaturas frías, estrés emocional o ciertas enfermedades autoinmunes, como el lupus.

Durante una crisis, las yemas de los dedos se ponen blancas y pueden volverse cianóticas si no se restablece el flujo sanguíneo. Esto suele comenzar en las yemas de los dedos y puede extenderse por todo el dedo o incluso hasta la palma de la mano. La afección se acompaña de entumecimiento.

Tuve este problema durante 20 años, que comenzó después de que una congelación severa dañara los pequeños vasos sanguíneos y nervios de mis manos, lo cual, desde entonces sufrí mucho.

He sido débil y enfermiza desde la infancia. Cada invierno era una dura prueba. Sufría frecuentes resfriados y tos —de esos persistentes que cuesta curar— y a menudo me quedaba despierta por la noche tosiendo. También desarrollé sinusitis y amigdalitis crónicas, lo que me provocaba dolores de cabeza y congestión nasal. Tenía que respirar por la boca al dormir, lo que me causaba dolor de garganta y me impedía descansar bien.

Aunque usaba gotas nasales todas las noches antes de acostarme, solo me proporcionaban un alivio temporal. A menudo me despertaba en mitad de la noche, jadeando porque tenía la nariz completamente tapada; una experiencia realmente horrible. Después del parto, desarrollé hemorroides e hipotensión crónica, lo que me provocaba mareos y somnolencia con frecuencia. Incluso me desmayé varias veces, lo que asustó a mi familia.

En 1979, después de graduarme de la escuela secundaria, asistí a una escuela vocacional en otra ciudad. Aquel invierno fue excepcionalmente frío; no había calefacción central, solo una estufa de carbón en cada dormitorio y aula. Ninguno de nosotros, los estudiantes, que nos habíamos separado de casa por primera vez, sabíamos cómo encender la estufa, y teníamos miedo de intoxicarnos con monóxido de carbono, así que simplemente soportamos las temperaturas bajo cero.

A veces, al despertar, encontraba el agua del lavabo completamente congelada. Cuando se me congelaban las manos y los pies, se me ponían rojos e hinchados. A medida que se descongelaban mientras dormía, el dolor y la picazón eran insoportables; por la mañana, mis dedos estaban tan hinchados y adoloridos que ni siquiera podía cerrar el puño ni lavar mi ropa.

Cuando la piel se agrietaba, era increíblemente difícil que sanara. Con el tiempo, la congelación dañó los pequeños vasos sanguíneos, capilares y nervios de mis manos y pies; un daño irreversible que no tiene cura y que me provocó la enfermedad de Raynaud.

Durante casi 20 años después de eso, por mucho que me protegiera, mis manos y pies seguían sufriendo congelación cada año. El invierno era particularmente agotador, y la piel agrietada que se abría me provocó dos infecciones graves.

La hinchazón comenzaba en mis manos y se extendía hasta mis antebrazos y codos, y el dolor era insoportable. Afortunadamente, encontré un médico de medicina tradicional china con experiencia que me trató con acupuntura y cataplasmas de hierbas, lo que finalmente me permitió recuperarme. Sin embargo, los médicos no pudieron reparar los vasos sanguíneos ni los nervios dañados.

Esta dolorosa experiencia terminó en 1998. Para entonces, mi primo ya practicaba Falun Dafa y se había beneficiado enormemente. Antes padecía numerosas dolencias provocadas por el exceso de trabajo, pero después de empezar a practicar, se veía radiante de salud y se sentía completamente libre de enfermedades. Al ser testigo de su transformación, sentí curiosidad y le pedí prestado un ejemplar del libro Zhuan Falun.

Después de leer este valioso libro, me conmovieron profundamente los principios del Fa. Mi visión del mundo se transformó. Comprendí el verdadero significado de la vida: el retorno a nuestro ser original y auténtico. Me di cuenta de que Verdad, Benevolencia y Tolerancia son características universales del cosmos y que cultivar el Fa es una práctica sagrada y solemne.

En el verano de 1998, comencé a practicar Dafa. Me levantaba temprano, iba a la plaza de la estación cercana y pasaba una hora haciendo los cuatro ejercicios de pie con un grupo de practicantes. Después, llena de energía, me sumergía en mi vida diaria y en mi trabajo. Por las noches, estudiaba los principios del Fa y meditaba.

Experimenté la maravillosa sensación de ser envuelta y bendecida por la energía. Mi cuerpo sufrió una transformación radical: las dolencias crónicas desaparecieron, me sentí ligera y libre de enfermedades, y todo mi cuerpo rebosaba de vitalidad. Agradezco a Shifu su benevolente salvación. En mi vida diaria, me esfuerzo por mantener los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia, y trabajo con diligencia.

A pesar del crudo frío invernal, mantuve mi rutina diaria de ejercicio al aire libre. Aunque mis manos se enfriaban mucho con las bajas temperaturas, no sufrí congelación.

Una tarde, el meteorólogo predijo que la temperatura bajaría a -10 grados durante la noche. Sentí aprensión: ¿debería ir a hacer la práctica de los ejercicios por la mañana? ¿Se me congelarían las manos? A pesar de mis temores, fui al sitio de práctica a la mañana siguiente y me uní a los demás.

Al llegar al tercer ejercicio, sentí un dolor insoportable en las manos al moverlas. Era indescriptible, peor que echar alcohol en una herida abierta, y el dolor era constante. Pensé que seguramente tenía las manos congeladas, pero apreté los dientes y seguí adelante a pesar de las lágrimas.

Al terminar el tercer ejercicio, el dolor había desaparecido. Miré mis manos: no solo no estaban congeladas, sino que habían recuperado su color normal y sentía las palmas calientes. Desde ese día, mis manos han estado normales y el fenómeno de Raynaud no ha vuelto a aparecer.

Estaba eufórica: el daño a los pequeños vasos sanguíneos y nervios locales de mis manos, que antes se consideraba irreversible, se había curado. Compartí mi alegría con aquellos de mi entorno. Todos —familiares, amigos y compañeros de trabajo— sabían de mi lucha anual contra la congelación.

Aunque los cambios físicos no fueran evidentes de inmediato, la mejor prueba eran mis manos. La gente se maravillaba ante los milagros de la práctica de Falun Dafa. Todos saben que Falun Dafa es bueno, y mi familia y dos amigos cercanos del trabajo también han comenzado a practicarlo.

Tales milagros abundan entre los practicantes de Dafa. Ahora, más de 20 años después, a pesar de la severa persecución, me mantengo firme en mi disciplina espiritual de Dafa y gozo de buena salud. Utilizo diversos medios para dar a conocer la cruel persecución y las mentiras inventadas por el PCCh ante el mundo, y para compartir la belleza de Falun Dafa, con la esperanza de que las personas de buen corazón conozcan la verdad, desenmascaren las mentiras malvada, se nieguen a aliarse con el mal y alcancen la salvación a través de Dafa.