(Minghui.org)  Tengo una compañera de trabajo que se destaca por su sarcasmo y que a menudo se mete en discusiones con los demás. Muchos compañeros creen que sufre de paranoia y que se imagina que todo el mundo está en su contra para ponerle las cosas difíciles, lo que la ha convertido en una persona poco querida en la empresa. Aunque rara vez he tenido conflictos con ella, un día, de forma inesperada, me gritó.

Se encargaba de limpiar nuestras oficinas y fregar los suelos. Sin embargo, solía olvidarse de secar bien la fregona, dejándola húmeda en el fregadero. Como consecuencia, la fregona se enmohecía, lo que hacía que después de que terminara de fregar el aire oliera a humedad. El olor persistía hasta que se abría la ventana durante un rato. No me gustaba quedarme en la habitación justo después de que fregara, pero había tolerado la situación sin decírselo.

Una mañana en particular, mientras el desagradable olor a humedad impregnaba el aire, dije con una sonrisa: «Empieza a hacer frío; ya no abrimos las ventanas tan a menudo y el olor a humedad es cada vez más fuerte. ¿Cómo podemos solucionar el problema de la fregona mohosa?».

Entonces estalló y grito: «¡No es por la fregona! ¡La fregona no huele mal! ¡No puedo arreglarlo! ¡Que lo arregle quien pueda!». Me quedé atónita, ya que no esperaba una reacción tan fuerte. Se le ensombreció el rostro, parecía enfadada.

No le respondí; pensé que probablemente me había malinterpretado. Le expliqué que solo tenía que limpiar bien la fregona para evitar que se formara moho. No quiso escucharme. Ella pensó que yo estaba siendo quisquillosa y siguió enfadada.

Sin embargo, ella dijo enfadada: «¡No tengo tiempo para sacar el desinfectante de la fregona! Tengo otras tareas que hacer después de fregar». Yo le dije: «No pasa nada, yo la sacaré, la escurriré y la pondré a secar, y la volveré a meter dentro después del trabajo». Ella no dijo nada, simplemente dejó la fregona en remojo en el desinfectante y se marchó.

No sentí enfado alguno. Al contrario, sentí compasión por las dificultades a las que se enfrenta la gente común en situaciones que podrían resolverse fácilmente mediante la comunicación pacífica, pero que con demasiada frecuencia acaban convirtiéndose en una discusión. Ese día, enjuagué la fregona, la saqué a secar y la volví a meter dentro antes de salir del trabajo. A la mañana siguiente, cuando ella fregó el suelo, el olor a humedad había desaparecido.

A partir de entonces, adquirí la costumbre de ocuparme de la fregona cuando ella terminaba de fregar. Algunos compañeros comentaron que era su trabajo y no el mío, pero yo me limitaba a sonreír y decir: «No supone ninguna molestia. Es un pequeño favor que resuelve el problema». Cada vez que se me olvidaba sacar la fregona del desinfectante o llevarla dentro después del trabajo, ella nunca se quejaba, sino que lo hacía ella misma. En varias ocasiones, incluso se llevó la fregona dentro antes de marcharse del trabajo. Nuestra relación también se volvió notablemente más cordial.

Gracias al incidente de la fregona, se dio cuenta de que no tenía ninguna intención de hacerle daño y se mostró más dispuesta a charlar conmigo. Mis compañeros de la oficina me dijeron: «Ahora se muestra amable contigo». Comprendí que era porque la trataba con la mentalidad de un practicante de Dafa. La trataba con amabilidad, sinceridad y paciencia, independientemente de cómo me tratara ella. Mi capacidad para manejar la situación con la mentalidad de un practicante de Dafa se forjó gracias a una experiencia anterior.

Ya me había acusado una vez antes. En esa ocasión, no logré mantener la calma y discutí en voz alta con ella. Después, sentí un profundo arrepentimiento, sentí que no la traté con compasión, que no había buscado en mi interior y que me había dejado llevar por emociones comunes. Sentía que no había manifestado la nobleza de un practicante de Dafa y que no había mantenido el estándar para validar Dafa. Esa experiencia puso de manifiesto mi incapacidad de aceptar críticas, así como mi apego a la imagen personal.

Además, ser testigo de los conflictos que tuvo con otros compañeros de trabajo —su enojo mutuo y sus intentos de causarse problemas entre ellos— me llenó de compasión hacia la gente común.

Me recordé: «Soy una practicante de Falun Dafa; no soy una persona común. Debo ser tolerante con los demás y comportarme de acuerdo con los principios de Falun Dafa: Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Debo dejar de lado los sentimientos de injusticia, abstenerme de quejarme y esforzarme por mejorar mi xinxing según el Fa».

Ese incidente puso de manifiesto mis defectos y me esforcé por mejorar mi xinxing. Esta vez, ante su acusación, pude dejar de lado mis rencores y la traté con calma y con una sonrisa. Así, manejé bien la situación.

Gracias Shifu, por enseñarme el Fa y ayudarme a mejorar. Sé que todavía tengo muchas deficiencias. Con la guía de Shifu, seguiré corrigiéndome de acuerdo con el Fa.