(Minghui.org) La Octava División de la Prisión de Mujeres de la provincia de Jilin se utiliza para perseguir a las practicantes de Falun Gong. Las practicantes recién llegadas son retenidas allí y sometidas a abusos físicos y mentales, así como a trabajo forzado de alta intensidad, con el objetivo de obligarlas a renunciar a su fe.
A continuación, se describen algunos de los métodos de tortura empleados en la prisión.
Abusos físicos y mentales
Tras su ingreso en la prisión, se ordena a las practicantes que firmen cinco declaraciones de garantía renunciando a su fe. Dado que la prisión exige que las practicantes sean totalmente "transformadas", los guardias incitan a las reclusas a torturarlas para lograr su sumisión.
Por lo general, se asignan dos reclusas para vigilar a una practicante durante todo el día, incluso a la hora de comer, al usar el baño, al asearse y durante las visitas familiares. Las reclusas no solo vigilan a las practicantes, sino que también las golpean, humillan y torturan.
Método de tortura más común: Sentarse en un taburete pequeño
El taburete tiene apenas unos centímetros de altura y una superficie irregular. Solo es posible sentarse si se mantienen las piernas recogidas y los glúteos apenas rozan el asiento. La practicante debe permanecer sentada en el taburete desde las 4 a. m. hasta las 9 p. m., sin permiso para beber agua ni usar el baño. Cuando los glúteos terminan por ulcerarse, las reclusas esparcen sal sobre el taburete para intensificar el dolor. Si la practicante se encorva aunque sea ligeramente, recibe bofetadas, patadas o intentos de estrangulamiento.
Casos individuales
La Sra. Liu Guijie fue obligada a sentarse en un taburete pequeño durante 50 días y desarrolló hipertensión
La Sra. Liu Guijie, de la ciudad de Gongzhuling, fue detenida el 6 de febrero de 2023 y sentenciada a tres años de prisión el 25 de agosto de 2023. Fue trasladada a la Prisión de Mujeres de la provincia de Jilin en noviembre de ese mismo año y retenida en la celda 102 de la Octava División.
Zhang Qidi, la reclusa encargada de vigilar a la Sra. Liu, le prohibía beber agua o usar el baño. Zhang solo le daba una pequeña cantidad de agua cuando la Sra. Liu debía tomar su medicación. Se sabía que Zhang sacaba a rastras a las personas del baño cuando apenas estaban a mitad de usarlo.
La Sra. Liu fue obligada a sentarse en un taburete pequeño desde las 4 a. m. hasta las 9 p. m., con las piernas recogidas, las manos sobre las rodillas y el cuerpo erguido y sin moverse. No se le permitía beber agua ni usar el baño. Mientras estaba sentada en el taburete, la obligaban a ver videos que difamaban a Falun Gong y a memorizar el reglamento de la prisión. Si no lograba recitar las normas, se le impedía asearse, sufría abusos verbales y era obligada a escribir palabras que difamaban a Falun Gong.
Para el tercer día, la Sra. Liu sangraba por los glúteos. Sus pantalones se empapaban de sangre repetidamente; la sangre se secaba, volvía a empaparlos y la tela se endurecía considerablemente. A pesar de que su presión arterial sistólica alcanzaba los 220 mm Hg (lo normal es 120 mm Hg), fue obligada a sentarse en el taburete todos los días durante 50 días.
Tras renunciar a su fe a regañadientes, fue trasladada a la celda 10 y obligada a asistir a clases de lavado de cerebro todos los días, de 7 a. m. a 4 p. m. No se le permitía cerrar los ojos mientras veía el noticiero de las 7 p. m. Cada semana debía redactar un informe de renuncia a su fe en el que difamaba a Falun Gong.
Sus glúteos no sanaron por completo hasta dos años después, quedando con dos marcas oscuras y una pérdida significativa de tejido.
En abril de 2025, la Sra. Liu, incapaz de soportar el abuso mental, solicitó realizar trabajo forzado, aun sabiendo que su cuerpo no resistiría las exigentes tareas.
Trabajaba de 7 a. m. a 6 p. m. y solo podía usar el baño cuatro veces al día. El número de pausas para ir al baño se reducía a tres cuando debían apresurarse para cumplir con los plazos de producción. La hora del almuerzo duraba apenas unos minutos y muchas personas no recibían suficiente comida. A quienes no terminaban los alimentos que se les servían no se les permitía comprar productos de mayor calidad en el supermercado de la prisión.
La comida de la prisión era pésima. La carne y los fideos sabían a rancio. A todos les daban granos viejos. Cada vez que se realizaba una inspección en la prisión, las autoridades retrasaban la hora del almuerzo para evitar que quedara en evidencia la mala calidad de la comida.
Los alimentos suministrados estaban próximos a caducar. A quienes no lograban terminarlos se les confiscaba la comida y se les restaban puntos. Los puntos eran fundamentales para obtener una reducción de la sentencia, y perderlos significaba quedarse sin posibilidad de dicha reducción durante seis meses.
Todas las personas que trabajan en el taller son mayores de 60 años; la más joven tiene 62.
Otros casos de persecución
La Sra. Zhao Shuyu padecía hipertensión grave. Como encargada de manipular prendas en el taller, debía desplazarse constantemente, lo que provocaba que se desmayara a menudo.
La Sra. Li Hong, de 45 años, se negó a renunciar a su fe durante tres meses y fue obligada a permanecer sentada en un taburete pequeño hasta que se le produjeron llagas supurantes en los glúteos. Las reclusas esparcían sal sobre el taburete para intensificar su dolor. Asimismo, le daban más comida pero le impedían usar el baño, lo que provocaba que mojara la cama.
Otra practicante, de apellido Liu, se negó a firmar declaraciones de renuncia a Falun Gong. Como consecuencia, fue obligada a permanecer en cuclillas durante períodos prolongados, lo que le provocó un prolapso rectal. Las reclusas le rociaron gas pimienta y la arrastraron de un lado a otro. Finalmente, tuvo que ser trasladada al hospital.
La Sra. Liu Minjie, retenida en la Décima División, fue obligada a firmar declaraciones de renuncia a su fe; sin embargo, incluso después de ceder, las reclusas continuaron torturándola y humillándola. Le arrancaban el vello púbico, le pellizcaban los pechos, le tiraban del cabello, le retorcían las orejas, pateaban el taburete en el que estaba sentada, le echaban agua fría sobre la ropa, la golpeaban en la nariz con cartón, intentaban congelarla durante el invierno y le impedían usar mantas por la noche.
Celda 007: La «Habitación Oscura» de transformación más brutal
Las practicantes que se negaban a renunciar a su fe terminaban siendo enviadas a la Celda 007. La líder de la celda, Dai Yu, metía una fotografía del fundador de Falun Gong dentro de los pantalones de las practicantes y las humillaba, provocando que algunas sufrieran un colapso mental. Finalmente, la mayoría de las practicantes enviadas a la Celda 007 eran coaccionadas para firmar declaraciones de renuncia a su fe.
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Categoría: Hechos de la persecución