(Minghui.org) Las siguientes historias han sido enviadas por practicantes de China.

Mi vecina lamenta no haber aprendido Dafa antes

Mi vecina y yo somos compañeras de trabajo. Hace muchos años, nuestras familias vivían en el complejo residencial que nos proporcionaba nuestra empresa. Más tarde, nuestras casas fueron demolidas y recibimos una indemnización para comprar otras nuevas. Unos años después, mi vecina vendió su casa y compró un piso en mi edificio, justo encima del mío.

Debido a nuestra larga historia en común, seguimos manteniendo un estrecho contacto. Al ver que a menudo leía libros de Falun Gong (también conocido como Falun Dafa) y hacía los ejercicios, me preguntó: «¿Practicas Falun Dafa?».

Le respondí: «Sí. Falun Dafa se practica en más de 100 países de todo el mundo, y 100 millones de personas en China lo practican. Todos se han beneficiado de ello. Mírame a mí: estoy sana y libre de enfermedades. ¿No es maravilloso?».

Se emocionó y me preguntó: «¿Crees que yo también puedo practicarlo?».

Le respondí: «Por supuesto que puedes».

Me pidió que le prestara un libro, así que le presté un ejemplar de Hong Yin. Cuando lo terminó, me pidió otro. Después de leer varios libros, me pidió Zhuan Falun y, a continuación, Falun Gong. Tanto ella como su marido los leyeron.

Me dijo: «Los libros son maravillosos. Te conozco desde hace tantos años y lamento no habértelos pedido antes».

La consolé diciéndole: «Quizá antes no te lo expliqué con suficiente claridad. O quizá aún no era el momento».

Me contó que, cuando abrió Zhuan Falun por la página en la que aparece el retrato del Maestro Li, él le sonreía. Dijo que Shifu estaba muy guapo. Le dije: «Es hora de que empieces a practicar. ¡Qué bendición! Llevas más de 80 años esperando este día».

Me pidió que le enseñara los ejercicios y luego se los enseñó a su marido. No tenía muy buena memoria, así que tuve que enseñárselos varias veces. Venía a mi piso todos los días y se esforzaba mucho por aprenderlos.

Ahora su salud ha mejorado. Me dijo: «¡Debería dar las gracias a Shifu y a Dafa! Seguiré practicando».

Algunos recuerdos de cuando comencé a practicar Falun Dafa

En 1999 tenía 26 años y mi hijo tenía tres. En marzo de ese año, fui al hospital para que me revisaran un dolor de estómago y me diagnosticaron un embarazo ectópico. Mi familia estaba preocupada y me instó a abortar.

Un compañero de trabajo me contó que Falun Dafa no solo podía mejorar el carácter moral de una persona, sino que también ayudaba a mejorar la salud, así que decidí practicarlo. Creía que practicar Falun Dafa podría resolver mi problema.

Fui al parque para unirme al grupo de estudio y aprendí los ejercicios. Más de diez días después, experimenté una purificación física. Tras expulsar algo de sangre oscura, mi embarazo ectópico se resolvió.

En diciembre de ese año, me salió un bulto del tamaño de un huevo en el abdomen. Me dolía tanto que no podía comer nada y solo podía beber pequeños sorbos de agua. A veces me desmayaba del dolor y me sentía muy débil.

La persecución a Falun Dafa acababa de comenzar. Vi a otros practicantes que viajaban a Beijing para defender a Dafa y quise unirme a ellos. Los practicantes me ayudaron a subir al minibús que nos llevaría a la estación de tren de la capital provincial, donde tomaríamos un tren a Beijing.

Justo cuando estábamos a punto de subir al tren, mi dolor se intensificó de repente, provocando que mis extremidades temblaran sin control. Sentí como si me estuviera muriendo. El revisor se negó a dejarme subir al tren.

Una practicante se quedó conmigo a esperar el siguiente tren. Me ayudó a caminar hasta el baño, y cada paso era una tortura para mí. Mientras orinaba, el bulto que me había estado atormentando salió con la orina, y enseguida me sentí aliviada.

Comprendí que Shifu había visto mi deseo de proteger Dafa en Beijing y me había ayudado a eliminar el bulto. Dafa es increíble, y Shifu me ha dado una segunda vida.

Cuando empecé a practicar Dafa, tuve un sueño muy vívido. Vi a docenas de personas vestidas de blanco de pies a cabeza caminando hacia mí, llevando un ataúd, y luego siguiéndome. Les dije en mi interior: «He empezado a practicar Falun Dafa. No les tengo miedo». Entonces, la procesión tomó otro camino y dejó de seguirme.

Gracias a este sueño comprendí que, sin la protección de Shifu, habría muerto. Dafa me ha dado todo lo que tengo hoy. Apreciaré este vínculo sagrado que solo se da una vez cada mil años y seguiré cultivándome.

El resentimiento se disipa

Me casé en 1990 y vivía con mi marido y sus padres. Tras dar a luz a nuestra hija mayor en 1991, empecé a sufrir dolores de cabeza durante el mes de posparto. Me fui a vivir con mis padres durante un mes. Los dolores de cabeza se intensificaron y no podía dormir. Estaba de mal humor todos los días.

Cuando mi hija tenía cuatro meses, sufrí una dolorosa infección urinaria y estuve ingresada seis días. Mi marido se negó a pagar mis gastos médicos, acusándome de fingir. Me sentí terriblemente agraviada y le guardaba un gran rencor. Mi vida era muy miserable y cada día era una lucha.

Mi suegro se había jubilado de una empresa de construcción y él y mi suegra vivían cómodamente de su pensión. Mi marido era albañil y solo conseguía trabajo durante seis meses al año; e incluso cuando lo encontraba, ganaba solo 10 yuanes (1,4 dólares estadounidenses) al día. Nos encontrábamos en una situación económica muy difícil, pero mis suegros no nos dieron ni un céntimo. Mi suegra ni siquiera me ayudaba a cuidar de la niña.

Les guardaba un profundo resentimiento y me negaba a hablar con mi suegra.

A principios de 1998, tuve la suerte de empezar a practicar Falun Dafa. Al estudiar el Fa, llegué a comprender que la causa fundamental de la enfermedad era el yeli (karma) acumulado vida tras vida. Con esta comprensión, mi resentimiento se fue disipando poco a poco y empecé a tratar bien a mis suegros.

Empecé a hablar con mi suegra. A menudo le compraba ropa a ella y comida a mi suegro. También empecé a cuidar más de mi marido. Todos los vecinos decían que me había convertido en una persona mejor y que ya no me oían discutir ni decir palabrotas.

Gracias a estos cambios, mis suegros se mostraron receptivos a Dafa. Durante el Año Nuevo Chino, colocaron en su puerta un pareado de Dafa para aclarar la verdad; y durante todo el año mantuvieron en su casa un calendario de mesa que aclara la verdad. Toda la familia apoyó mi práctica de Dafa y se benefició de ella.

Practicar Falun Dafa no solo ha purificado mi mente, sino que también ha transformado mi salud. Durante los últimos 27 años, no he tomado ni una sola pastilla y mi cuerpo se siente ligero. Estoy llena de gratitud y alegría.

Me esfuerzo por seguir las enseñanzas de Shifu, cultivar mi xinxing y ser una buena persona. Shifu cambió el rumbo de mi vida.

A lo largo de estos años, mi marido siempre ha podido encontrar trabajo y ganarse bien la vida. Recientemente, gastamos 730.000 yuanes (108.000 dólares estadounidenses) y compramos una casa en la capital provincial. Hemos podido financiar los estudios de nuestras dos hijas y ahora disfrutamos de una situación económica holgada.

Shifu me ha estado protegiendo en cada paso del camino. Aunque agotara todas las palabras del lenguaje humano, no sería capaz de expresar plenamente mi gratitud hacia Shifu. Para corresponder a la gracia de Shifu, me comportaré de acuerdo con los principios de Dafa, Verdad-Benevolencia -Tolerancia, ayudaré a Shifu en la rectificación del Fa y a salvar a más seres conscientes.

¡Gracias, venerable Shifu!