(Minghui.org) Mi esposa (también practicante de Falun Dafa) y yo condujimos nuestro gran y viejo vehículo recreativo (RV) desde el norte del estado de Nueva York hasta nuestra casa en Canadá el año pasado. Ya no podíamos quedarnos en Nueva York debido al deterioro de la salud de mi suegro.
Nuestra vieja autocaravana, fabricada a medida, no dejaba de averiarse, y resultaba difícil encontrar piezas de recambio o mecánicos con experiencia que pudieran repararla. Las tribulaciones con las que nos topamos a lo largo de este viaje de 5000 km sacaron a la luz mis apegos arraigados y mis ideas erróneas sobre la cultivación.
Solía creer que mi incapacidad para superar la lujuria y el deseo de comodidad eran los principales apegos que desencadenaban mi depresión, mi pereza y mi desesperación. Creía que mi búsqueda de la comodidad y otros deseos mundanos eran prueba de que no era digno de cultivarme en Dafa, y consideraba que el odio hacia mí mismo era una consecuencia “natural”.
Este viaje me hizo darme cuenta de que mi percepción de “no ser digno de cultivarme en Dafa” y el odio hacia mí mismo eran, en realidad, síntomas de brechas más profundas en mi estado de cultivación.
Conducir esta autocaravana de 48 años era una tensión constante para mis nervios. Aunque me abstuve de contárselo a mi mujer, cada ruido inusual, cada olor extraño o cada cambio en la temperatura del motor me ponía al instante en estado de alerta.
Sin embargo, esta prueba era justo lo que necesitaba. Al obligarme a enfrentarme una y otra vez a mis pensamientos y reacciones emocionales, aprendí a dejar de lado mis pensamientos humanos. Luchaba contra un “arrepentimiento” persistente. ¿Por qué compré esta autocaravana y por qué la conduje hasta Nueva York? ¿Realmente había considerado la viabilidad de vivir así a largo plazo? ¿Había malgastado mucho dinero?
Me vi obligado a enfrentarme constantemente a esos pensamientos y a dejarlos ir, recordándome a mí mismo que a todo en la vida lo dispone Shifu. Incluso esas decisiones aparentemente erróneas eran peldaños para mejorar como persona. Mis remordimientos seguían resurgiendo, km tras km, hora tras hora. Esa prueba me ayudó a sentar las bases para mis posteriores avances.
Tras una serie de problemas, tanto menores como graves, que requerían reparaciones constantes, decidimos acudir a un taller especializado en la reparación de este tipo de autocaravanas. El taller también podía fabricar piezas a medida. En total, gastamos 2.700 dólares en reparaciones.
Los mecánicos que trabajaban allí fueron groseros, pero mantuve la calma y me abstuve de tener pensamientos negativos. Aunque intenté aclarar la verdad sobre la persecución al encargado del taller, no logré establecer una buena relación con él. Una vez finalizadas las reparaciones, entregué al personal un folleto de aclaración de la verdad antes de continuar nuestro viaje. Me sentí relajado y aliviado al comprobar que la autocaravana era ahora más estable.
Mientras conducíamos hacia una hermosa puesta de sol púrpura, un pensamiento cruzó por mi mente: "Por fin estamos volviendo a casa". Experimenté una alegría tranquila pensando en el viaje tranquilo que me esperaba, antes de asentarme en una vida agradable y cómoda en nuestro hogar en Canadá.
En el momento en que ese pensamiento cruzó por mi mente, un terrible crujido vino de la rueda delantera y la autocaravana giró bruscamente a la derecha. Frené al instante, solo para oír un chirrido. Por suerte, conseguí detenerme en una salida cercana.
Después de calmar mis nervios, di las gracias a Shifu. Por suerte, la autocaravana se había averiado justo antes de una salida, de lo contrario nos habríamos quedado atrapados en medio de una autopista muy transitada.
Cuando revisé el vehículo, descubrí que la pieza rota era la misma pieza en la que había gastado un mes de sueldo en reparar. La autocaravana se había averiado por completo y nos quedamos varados a un día en coche del taller.
Esta dura experiencia me llevó a varias conclusiones. Mi deseo de disfrutar de una vida tranquila y cómoda había quedado al descubierto. Mis cálidos sentimientos hacia “llegar a casa” eran una ilusión de la que tenía que deshacerme. No podía eludir las dificultades a las que tenía que enfrentarme mediante medios económicos, como pagar las reparaciones.
Mientras esperaba a la grúa, mi desesperación se fue transformando poco a poco en una revelación. Me di cuenta de que todos esos contratiempos eran insignificantes. El verdadero problema era mi arrepentimiento. Mi deseo de sentir la comodidad del “hogar” era, en realidad, algo trivial.
Al final, lo único que quería era que este viaje terminara pronto para poder centrarme en mi trabajo. Por primera vez en mucho tiempo, anhelaba volver a mi trabajo y darlo todo. Consideré que darme cuenta de esto era un regalo precioso.
La grúa llegó horas más tarde y regresamos al taller tras un largo trayecto. Me eché una siesta rápida de dos o tres horas antes de levantarme para saludar al encargado del taller. Pensando que esto tampoco sería fácil para él, me sentía tranquilo y relajado. Pero cuando hablé con él, el encargado mostró una indiferencia increíble, sin parecer preocuparle en absoluto que la pieza reparada se hubiera averiado tan pronto, ni que hubiéramos pasado toda la noche solucionando el problema.
El mecánico llegó poco después. Aunque se mostró menos grosero que la vez anterior, se negó a creerme cuando le dije que la pieza que había reparado estaba averiada. Hizo una prueba de conducción con la autocaravana, convencido de que el fallo estaba en otros componentes, a pesar de que yo le repetía una y otra vez que el problema estaba precisamente en la pieza reparada. Tras varias vueltas de prueba, empecé a impacientarme un poco. Solo después de que hiciera que su ayudante se quedara fuera y confirmara que el ruido de fricción procedía de las ruedas delanteras, el mecánico finalmente me creyó y comenzó las reparaciones.
El mecánico me confesó que, en sus décadas de experiencia, nunca había visto nada parecido a la situación que habíamos vivido. Me di cuenta de que aquello se había organizado específicamente para mi cultivación, para poner de manifiesto mi deseo de un viaje sin problemas y un hogar cómodo. Creía que, siempre y cuando se arreglara la autocaravana, podría evitar más problemas.
Intenté ser considerado con el mecánico y con el encargado del taller durante todo el proceso. El taller tuvo que pagar la cara factura de la pieza rota y las reparaciones. Me aseguré de expresar mi comprensión y la falta de resentimiento. Cuando les presenté Falun Dafa esta vez, la situación era completamente diferente. Mostraron interés y aceptación. El mecánico se volvió muy amable e incluso me contó sobre su hija y su situación, diciendo que creía que Falun Dafa podría ayudarla.
Una vez terminadas las reparaciones, volvimos a ponernos en marcha. Estaba deseando llegar al punto más alto de las Montañas Rocosas, ya que eso significaría el final de nuestro largo y empinado viaje. Unos días más tarde, cuando nos acercábamos a la cima, descubrí que los frenos nos habían fallado mientras atravesábamos una zona en obras. Inmediatamente reduje de marcha, solté el acelerador y detuve poco a poco la autocaravana.
Sorprendido por lo cerca que habíamos estado del peligro, le dije a mi mujer: “¡Nos han fallado los frenos!”. Ella me respondió con desdén: “¿No nos hemos detenido ya?”. Ante este punto conflictivo recurrente en nuestra relación, empecé a perder los estribos. Cuando nos encontrábamos con dificultades, mi mujer me menospreciaba cada vez que mostraba preocupación. En lugar de ofrecerme apoyo y confianza, me menospreciaba tachándome de “emocional”. Ante su rechazo, yo me rendía y buscaba la ayuda de otras personas.
Su decepción conmigo se debía a mi incapacidad para manejar las situaciones con calma, como un hombre. Yo, por mi parte, simplemente quería que ella me ofreciera cariño y apoyo ante los grandes retos. Mi “debilidad” la inquietaba.
Durante años me había condicionado a dejar de buscar el apoyo de mi esposa. Intenté ser independiente, tratando cada cosa como un problema personal que resolver mientras fingía que ella no existía ni estaba involucrada.
Esa noche, al no encontrar ningún taller dispuesto a reparar esta vieja autocaravana hecha a medida, intenté arreglar los frenos por mi cuenta, pero eso no hizo más que sumirme aún más en la frustración y la soledad.
Mientras me tomaba un descanso, mi mal estado anímico me llevó a expresar a mi mujer mi decepción por su actitud. Fue una conversación difícil. Aunque yo siempre había estado ahí para ella, apoyándola cada vez que se enfrentaba a dificultades, ella quería que yo afrontara cualquier dificultad solo, sin apoyo. Mi incapacidad para mantenerme sin ser afectado provocaba su deprecio. Y lo que es más importante, esta situación reafirmó una creencia profundamente arraigada en mí: que no valía nada.
Nuestra conversación no fue fácil, pero logramos comprendernos mejor el uno al otro. Mientras yacía en el sofá sumido en la desesperación, ocurrió algo totalmente nuevo e inesperado.
Mi esposa me pidió amablemente que compartiera mis pensamientos. No había juicio ni culpa en su voz, lo que me permitió pensar despacio antes de responder. Al cabo de un tiempo, le dije que había llegado a una repentina conclusión: que había estado tratando mis dificultades como castigos.
Antes creía que enfrentaba tribulaciones porque era inherentemente indigno y no un buen cultivador. Después de hablar en voz alta con mi esposa, me di cuenta de lo equivocado que era este concepto.
Las diversas tribulaciones a las que me enfrenté a lo largo de este camino me ayudaron a iluminarme, y lo que aprendí durante este proceso superó con creces lo que compartí aquí. ¿Cómo pueden entonces verse las tribulaciones como simples castigos?
Por fin empecé a aceptar estas dificultades y a considerarlas cosas preciosas organizadas por Shifu. Esta revelación derritió algo que llevaba mucho tiempo congelado en mi corazón, y mis sentimientos de aislamiento de Dafa desaparecieron. Merecía enfrentarme y tratarme con compasión, aunque no pudiera cumplir mis propias expectativas, no aprobara una prueba, pasara el tiempo viendo vídeos online de forma imprudente o incluso si perdía los nervios.
Tumbado en la cima de las Montañas Rocosas ese día, sentí cómo un calor florecía en mi corazón y recorría todo mi cuerpo, disolviendo el autodesprecio que me había perseguido durante años y calmando mi alma cansada.
Cuando decidí cultivar la amabilidad hacia mí mismo, me sentí renacido. Pensando en ese momento, no puedo evitar derramar lágrimas. Esta monumental realización me guió a un nuevo nivel en mi práctica espiritual.
Pude observar mis apegos sin juzgarlos, lo que me permitió discernir las causas, las consecuencias y los conceptos relacionados con cada uno de ellos, algo que antes no había sido capaz de hacer. Al cuidarme a mí mismo, también me sentí cuidado por el mundo. Mi corazón se aligeró y ser más amable con quienes me rodeaban se convirtió en algo natural. La compasión hacia mí mismo fue esencial para desarrollar la compasión hacia los demás. Como ser vivo que existe en este universo, tenía que aplicar la ley del universo a mí mismo. En el pasado, me veía a mí mismo a través de una lente distorsionada de la “verdad”: una honestidad implacable que nunca excusaba mis defectos. Pero sin aplicar la compasión hacia mí mismo, nunca podría asimilarme a Verdad-Benevolencia-Tolerancia.
Aunque pasé mucho tiempo intentando arreglar los frenos de la autocaravana, no me parecían realmente arreglados. Sin embargo, al día siguiente los frenos habían vuelto a la normalidad, como si nunca hubieran fallado.
Como me sentía tan indigno, me resultaba difícil avanzar. Me decía a mí mismo que tenía que seguir cultivándome porque había seres conscientes que necesitaban ser salvados. Independientemente de si era capaz de alcanzar la meta de la cultivación o no, esta preciosa oportunidad siempre estaba ahí. Tras decidir tener compasión hacia mí mismo, encontré una nueva alegría en la cultivación y en el estudio del Fa. Incluso hacer los ejercicios se convirtió en un acto de bondad hacia mí mismo.
A solo unos días de llegar a casa, surgió un nuevo problema. De vez en cuando, la autocaravana necesitaba varias vueltas de llave para arrancar, lo que apuntaba a un posible problema con el motor de arranque o la válvula solenoide. Sin embargo, este nuevo contratiempo no me preocupó. Una noche, después de cenar, la autocaravana se negó a arrancar, pero me di cuenta de que, a pesar de todo, mi estado de ánimo seguía siendo tranquilo.
“Pasemos aquí la noche”, le dije a mi mujer. Un poco preocupada, me pidió que lo intentara de nuevo. La autocaravana arrancó sin problemas y continuamos nuestro camino.
Una serie de contratiempos nos esperaban a nuestro regreso a casa. Nuestros inquilinos habían dormido en nuestra cama, habían dejado la casa hecha un desastre, habían dañado nuestra puerta y habían bloqueado la entrada de nuestra casa con sus bicicletas. El tío de mi mujer apareció inesperadamente borracho y se quedó dormido en su vehículo después de aparcar su camioneta en nuestro camino de entrada. No teníamos dónde aparcar nuestra autocaravana y nos enfrentábamos a multitud de problemas insignificantes. Acepté esta situación como un regalo.
Mis luchas contra la comodidad, la lujuria y la pereza continúan. A menudo también afloran sentimientos de tristeza. Sigo teniendo dificultades en mi trabajo, ya que a menudo pone de manifiesto mis debilidades. Pero ahora soy capaz de discernir que las emociones humanas desempeñan un papel importante, y que superar estas emociones requiere compasión. Sin paz ni compasión, carezco de la capacidad de sentir calidez hacia mí mismo. A su vez, cualquier sufrimiento al que me enfrente no puede contribuir a mi crecimiento, porque no lo vería como parte de la cultivación. Sin Verdad-Benevolencia-Tolerancia, la cultivación se convierte en un acto mecánico de “hacer o no hacer”, en lugar de cambiar “lo que soy”.
Estas últimas semanas han sido extremadamente difíciles. El deterioro de la salud de mi suegro hizo que tuviera que venir a vivir con nosotros. Tiene dificultades para dormir, por lo que suele hacer ruido toda la noche. Mi incapacidad para dormir bien durante este periodo ha afectado gravemente a mi estudio habitual del Fa, la práctica de los ejercicios y mi trabajo.
Escribir este intercambio ha sido una oportunidad preciosa para recordarme este gran regalo del sufrimiento y para reexaminar las tribulaciones que enfrento. Espero con ganas ver a qué nuevas comprensiones me llevará esta tribulación y descubrir cómo Shifu tuvo un papel en ayudarme a elevarme.
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Categoría: Cultivación