(Minghui.org) Una mujer de 59 años de la ciudad de Linqing, provincia de Shandong, compareció ante el Tribunal el 6 de julio de 2026 por su fe en Falun Gong.

El suplicio de la Sra. Cui Yuling, exempleada de la fábrica estatal de algodón de la ciudad de Linqing, se originó tras su arresto el 30 de octubre de 2015. Si bien fue puesta en libertad bajo fianza en marzo de 2016 tras cinco meses de detención, la policía nunca cesó en su persecución.

El acoso a la Sra. Cui y a su familia, incluyendo a su hija y nieta, se intensificó en abril de 2025, alegando la policía que las condiciones de su libertad bajo fianza, impuestas tras su arresto en 2015, seguían vigentes.

La Sra. Cui fue arrestada la noche del 19 de enero de 2026 por agentes de la División de Seguridad Nacional de la ciudad de Linqing. Fue trasladada al Centro de Detención de la ciudad de Liaocheng y se emitió una orden de arresto formal el 12 de febrero. Su familia y su abogado acudieron a la Estación de Policía de Linqing el 27 de febrero para exigir su liberación, pero sin éxito.

La policía remitió el caso de la Sra. Cui a la Procuraduría de Linqing. El procurador Long Jing la acusó formalmente el 13 de mayo de 2026.

La Sra. Cui compareció ante el Tribunal de Linqing el 6 de julio de 2026. Su abogado se declaró inocente en su nombre. Su hija, como abogada de oficio, también defendió la inocencia de su madre. La Sra. Cui insistió en que practica Falun Gong únicamente para ser una buena persona y que no infringió ninguna ley al defender su fe.

El procurador Kong se negó a presentar pruebas, pero afirmó que la policía “volvió a tomar a Cui Yuling en la mira porque había estado en libertad bajo fianza desde 2015”.

El juez aplazó la audiencia sin dictar sentencia.

Situación crítica en el centro de detención

El abogado de la Sra. Cui la visitó días antes de la audiencia. Declaró que no se le permitía hablar con nadie en el centro de detención y que dos reclusas la vigilaban constantemente. Si la encontraban hablando con alguien, el guardia Yue Yan la obligaba a ella y a las dos reclusas a permanecer de pie durante horas. Tenía problemas para conciliar el sueño por la noche, a menudo le faltaba el aire, sentía opresión en el pecho y sufría de incontinencia fecal. Su familia solicitó al centro de detención que la llevaran al hospital, pero el director se negó, alegando que estaba “perfectamente sana”.

Cuando la Sra. Cui compareció ante el Tribunal, estaba demacrada y abatida. El alguacil la mantuvo esposada y con grilletes durante toda la audiencia. Su familia está preocupada por su salud y bienestar.

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