(Minghui.org) Empecé a practicar Falun Dafa en 2010. Cada vez que enfrento pruebas y tribulaciones, recurro a Shifu y miro hacia dentro. Shifu nunca se ha rendido conmigo, siempre me ha guiado con compasión y me ha ayudado a superar las tribulaciones. He experimentado la maravilla de Dafa en muchas ocasiones.

El tumor desapareció cuando empecé a cultivarme

En marzo de 2010, me aparecieron dos tumores en los ganglios linfáticos, uno a cada lado del cuello, cada uno de unos tres centímetros de diámetro. El médico del hospital de la ciudad me dijo que necesitaba una intervención quirúrgica inmediata. La intervención se realizaría en dos fases: primero operarían un lado y, una vez que me hubiera recuperado, el otro.

Tras la primera intervención, me costaba mucho comer y, al beber agua, sentía como si un cuchillo me cortara la garganta. Tenía un dolor terrible.

Cuando me dieron el alta, mi mujer (que es practicante) me animó a practicar Falun Dafa, diciendo que si el tumor del otro lado desaparecía, no necesitaría otra operación. Me generó intriga y quise probar Falun Dafa.

A partir de entonces, estudié el Fa y practiqué los ejercicios con ella todos los días. Me exigí con los estándares de un discípulo de Dafa, cultivé mi xinxing y me esforcé por ser una buena persona. También participé en actividades de Dafa para salvar a la gente y, poco a poco, me embarqué en el camino de cultivación de Dafa.

Un mes después, el tumor del otro lado del cuello empezó a ablandarse y a reducirse, y al cabo de dos meses desapareció por completo, lo que me ahorró el calvario de otra operación. ¡Había experimentado el milagro de Falun Dafa!

Audición restaurada

Es posible que el consumo excesivo de alcohol en mi juventud me haya provocado una sordera total en un oído. En cualquier caso, solo podía oír por el otro. En 2021, a medida que se extendía la pandemia de COVID-19, se implementó la vacunación masiva y se prohibió el acceso a los lugares públicos a las personas no vacunadas.

Me vacuné el 9 de julio. Una semana después, noté que mi audición empeoraba. Fue empeorando día tras día hasta que ya no podía oír claramente una conversación normal. El día 27, mi nuera me llevó al servicio de urgencias de un hospital provincial de primer nivel. El médico me diagnosticó una pérdida auditiva repentina. Tuve que ser hospitalizado en un centro asociado para recibir tratamiento.

Tres días después, mi familia se disponía a llevarme al hospital para que me ingresaran. Esa mañana, me topé con un debate en Internet entre un experto médico y una persona que había sufrido pérdida auditiva tras vacunarse.

El experto explicaba que la pérdida auditiva repentina inducida por la vacuna requería tratamiento en un plazo de 72 horas. Aun así, el tratamiento es eficaz solo para el 33% de los pacientes, y aun para ellos, solo se restaura parcialmente la audición.

Algunas personas creen erróneamente que la audición volverá una vez que los efectos de la vacuna desaparezcan, pero no es así. Cuando uno se da cuenta de esto, incluso ni siquiera un audífono podría llegar a ayudar. Leer esto me dejó atónito, lleno de una profunda sensación de decepción, impotencia y arrepentimiento.

La ventana para el tratamiento había pasado hace tiempo; ¿qué debía hacer? De repente me di cuenta de que mi mujer no estaba vacunada, pero estaba perfectamente bien. Miré hacia dentro y me di cuenta de que mi fe en Shifu y en Dafa no era firme, que albergaba miedo y dejaba que mi apego tomara la delantera, invitando así a problemas.

Yo mismo me lo había buscado, así que, independientemente del resultado o de la magnitud de la tribulación, tenía que soportarla. Cuando me negué a ir al hospital, sentí una sensación de alivio, y mi estado mental, antes caótico y agobiante, se volvió tranquilo y sereno.

Aquella mañana, mientras estudiaba Zhuan Falun, mi mente estaba completamente libre de pensamientos que me distrajeran, y cada frase y cada palabra de las enseñanzas de Shifu quedaron grabadas en mi mente.

Mientras leía desde el principio hasta la página 22 de la Primera Lección de Zhuan Falun, de repente escuché débilmente el sonido de mi pequeño nieto hablando en la habitación contigua. No lo mencioné a mi familia en ese momento, temiendo que pudiera surgir una sensación de alegría. Al mediodía, sentí que mi audición había mejorado algo. Esa tarde, continué estudiando las enseñanzas del Fa de Shifu.

Alrededor de las 3:00 de la madrugada del día siguiente, mientras hacía los ejercicios, mi audición volvió completamente a la normalidad. Fue Shifu quien me rescató de un mundo silencioso y me devolvió al mundo del sonido. Arrodillado ante el retrato de Shifu, no pude pronunciar ni una sola palabra de gratitud y simplemente lloré.

La cultivación es seria

En enero de 2025, mi audición empeoró. En dos semanas, ya no podía oír el habla normal ni los anuncios en autobuses y metros. Cuando mi familia me hablaba, tenían que hablar en voz alta justo al lado de mi oído. Todos estábamos muy preocupados.

Mi esposa me dijo: "Desde hace tiempo, cada vez que envías pensamientos rectos, no mantienes la mano en alto; mientras meditas, te quedas en un estado de ensueño; y cuando estudias el Fa, simplemente hojeas el texto solo para completar la tarea. ¿De verdad has pensado cuál podría ser la causa raíz de tu problema recurrente en el oído?".

Volví a mirar hacia dentro y me di cuenta de que albergaba una fuerte curiosidad. Cada día, mientras llevaba a mi nieto al colegio en autobús o metro, veía vídeos cortos en WeChat o leía noticias en Baidu sobre las elecciones estadounidenses, la guerra Rusia-Ucrania, anécdotas extrañas y cosas por el estilo.

Mi falta de concentración al hacer los ejercicios, estudiar el Fa y enviar pensamientos rectos dio a las viejas fuerzas un brecha que explotar, resultando en las condiciones anormales que estaba experimentando. Sentí un profundo sentimiento de arrepentimiento y vergüenza por no haber estado a la altura de la compasiva salvación de Shifu.

El colegio iba a empezar en solo unos días, y yo era responsable de llevar a mi nieto de ida y vuelta al colegio. Pero dado el tráfico intenso y mi pérdida auditiva, era bastante inseguro. Mi hijo contactó con un especialista en audífonos y me pidió que fuera a hacerme una prueba. Aún no estaba seguro de poder llevar uno y, además, los audífonos solo amplifican el sonido, no resuelven el problema de raíz.

Mi mujer me dijo: "Yo me encargaré de todas las tareas de la casa estos próximos días. Deberías aprovechar este tiempo para estudiar el Fa tanto como sea posible. Estudia con seriedad y la mente calmada para dejar que el Fa se hunda profundamente en tu corazón”.

La mañana antes de que me pusieran un audífono, hice los ejercicios con auriculares, el volumen al máximo. Cuando terminé, sintiéndome abrumado, con el corazón pesado y lleno de culpa, me arrodillé ante el retrato de Shifu y supliqué: "Shifu, por favor, sálvame una vez más. Que recupere la audición para que pueda escuchar el Fa y hacer los ejercicios con normalidad".

Entonces empecé a leer Zhuan Falun con total concentración. Leía palabra por palabra —más despacio de lo que lo había hecho antes— e incluso volvía atrás para releer en silencio ciertas frases. Cada vez que terminaba una sección, hacía una pausa para reflexionar e interiorizar los principios del Fa antes de pasar a la siguiente.

En cuanto mi mujer terminaba las tareas domésticas, se unía a mí, y compartíamos nuestros entendimientos y enviábamos pensamientos rectos, algo que hacíamos con más frecuencia que nunca.

Al evaluarme según los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia, me di cuenta de que aún albergaba muchas nociones derivadas de la cultura del Partido y que aún tenía que eliminar numerosos apegos. Vi que mi comprensión de la cultivación se mantenía en un nivel superficial y emocional.

A las tres de la madrugada del día siguiente, me desperté y me disponía a levantarme para hacer los ejercicios, cuando de repente me di cuenta de que podía oír el leve sonido de mi mano al tocar el edredón: ¡mi audición se había recuperado por completo! Me arrodillé ante el retrato de Shifu y volví a llorar, lleno de gratitud por su compasiva salvación.

Poco después de las seis de la mañana, mi familia se levantó y mi hijo me dijo: “¡Esta mañana te voy a llevar a que te ajusten un audífono!”. Le respondí: “Ahora oigo perfectamente. Ya no necesito un audífono”. Les conté cómo había pedido ayuda a Shifu y había estudiado el Fa, y mi familia exclamó asombrada: “¡Dafa es verdaderamente milagroso!”.

Ahora, cuando llevo y recojo a mi nieto del colegio, recito en silencio las enseñanzas del Fa de Shifu en el autobús o en el metro, y ya no miro el móvil.

Al reflexionar profundamente sobre las lecciones aprendidas, me doy cuenta de que la cultivación es un asunto serio. Solo manteniendo la misma devoción que tenía al principio —estudiar bien el Fa, cultivarme y hacer las tres cosas— podré volver a casa con Shifu.