(Minghui.org) Cada día, Chang Yuanchang logra mantener la calma y la compostura mientras observa las fluctuaciones de los mercados financieros y las noticias corporativas. Los cambios rápidos en las cifras no le generan ansiedad. Esta serenidad no proviene de años de experiencia, sino de algo que aprendió en una clase de historia en la escuela secundaria.
Hace más de 20 años, su profesora de historia compartió cómo había luchado contra el cáncer, pero se recuperó gracias a la práctica de Falun Dafa (también conocido como Falun Gong). Ese momento cambió la vida de Chang. Como estudiante y luego como reportero, su fe en Falun Dafa se ha convertido en una guía en su vida diaria, en el trabajo y en sus relaciones.
Un nuevo rumbo en la vida
En la primera clase de historia de Chang en la escuela secundaria, su profesora, la Sra. Pei, se presentó con una sonrisa. Luego, compartió cómo pudo regresar a la enseñanza tras vencer el cáncer: su práctica de Falun Dafa le había devuelto la salud y le había dado una nueva vida.
Uno de los mejores amigos de Chang estaba muy triste por una ruptura amorosa. Tras escuchar a la Sra. Pei, su amigo creyó que Falun Gong podría ayudarle a encontrar la paz interior. Le pidió a Chang que aprendiera los ejercicios con él.
Algunos profesores y empleados de la escuela impartían los ejercicios durante la hora del almuerzo. El amigo de Chang dejó de practicarlos al cabo de un tiempo, pero él continuó. Durante sus años de instituto, realizó los ejercicios con casi 30 estudiantes y profesores al mediodía, disfrutando de esos momentos de paz y serenidad en el campus.
Experimentando cambios
Chang pronto empezó a sentir cambios físicos. «Un mes después, sentía que mi cuerpo vibraba durante los ejercicios, como si una corriente eléctrica me recorriera», recordó. «En los fríos días de invierno, a menudo sudaba profusamente mientras hacía los ejercicios».
Una mañana, estaba meditando en casa y, por un instante, no sintió el peso de su cuerpo, como si no existiera la gravedad. “Fue una sensación extraña”, dijo. “Sentía que mi cuerpo no pesaba nada, y era como si casi pudiera levitar”.
Como muchos adolescentes, Chang sufría de acné. Seis meses después de comenzar la práctica, su piel se volvió clara y tersa, con un tono rosado. Su salud siguió mejorando, lo que lo motivó aún más a continuar practicando. En su segundo año de secundaria, recordó que su maestro le había recomendado leer el libro Zhuan Falun. Lo terminó de leer en pocos días.
“Después de leer el libro, lamenté no haber empezado antes”, dijo. En el libro encontró respuestas a todas sus preguntas sobre el significado de la vida y la conexión entre el ser humano y el universo. “Cuando empecé la secundaria, no estaba seguro de cómo relacionarme con los demás ni de cómo vivir una vida que pudiera beneficiar al mundo”, dijo. “Lo que Shifu decía en el libro iba mucho más allá de todo lo que yo sabía en ese momento”.
Cuando se concentraba mientras estudiaba el Fa, podía sentir un calor que emanaba de su interior. Pronto le surgió una pregunta: «Tenía que elegir. ¿Debo seguir creyendo en lo que siempre había supuesto sobre el mundo humano o seguir el camino que Dafa me indicaba?». Rápidamente encontró su respuesta. Gracias al progreso que había logrado tras aprender la práctica y a la paz interior que encontró al estudiar el Fa y realizar los ejercicios, decidió cultivar Falun Dafa con sinceridad.
Tratando a los demás de forma diferente
Chang comenzó a adherirse a las enseñanzas basadas en los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Mediante el estudio frecuente del Fa, poco a poco dejó de ser tan emocional y se deshizo de muchos apegos.
Además de las mejoras físicas, también experimentó cambios mentales positivos. «Cada vez que me desprendía de un apego, sentía como si me quitaran un gran peso de encima. Al eliminar la sustancia negativa, sentía una brisa refrescante y reconfortante».
Chang Yuanchang abandonó gradualmente su mentalidad competitiva y comenzó a tratar a los demás con un corazón abierto y sereno. (Minghui.org)
En el último curso de Chang, su compañero Dong empezó a difamarlo y a criticarlo a sus espaldas por algo que él no había hecho. «Si no hubiera practicado Falun Dafa, le habría devuelto el golpe, porque era muy popular en el instituto», afirmó. «Pero sabía perfectamente que, como practicante, no debía hacerlo».
Un semestre, el profesor cambió la distribución de los asientos en clase y, por casualidad, Dong se sentó justo delante de Chang. «Cada vez que Dong se portaba mal conmigo, me obligaba a reflexionar», dijo. «Cuando sentía que estaba a punto de perder los estribos, sacaba el libro Zhuan Falun y empezaba a leerlo para descubrir mis defectos».
Más tarde, Chang se dio cuenta de que las cosas no eran tan difíciles como había pensado. Comprendió que no tenía por qué odiar a Dong por el maltrato. Un día, Dong rompió su examen antes de dárselo. En lugar de enfadarse, Chang hizo una reverencia y le dio las gracias. Incluso le regaló un dulce por su cumpleaños.
Unos meses después, la actitud de Dong se suavizó y comenzó a conversar con Chang, cuya amabilidad y tolerancia habían disuelto el distanciamiento entre ellos.
Compartiendo información censurada a través del estrecho
En julio de 1999, el Partido Comunista Chino (PCCh) lanzó una brutal campaña de persecución y difamación contra Falun Gong. Debido a la censura en internet, muchos chinos no tenían forma de conocer la verdadera situación de Falun Dafa en China.
En su tiempo libre, Chang enviaba información en línea a chinos continentales. Dijo: «Mientras mis amigos jugaban en línea, yo dedicaba mi tiempo a denunciar la cruel persecución. Lo hacía voluntariamente. La satisfacción, la paz y la felicidad que sentía en el proceso superaban cualquier satisfacción que pudiera brindarme jugar en línea».
Muchos chinos que conoció en internet estaban adoctrinados por la propaganda del PCCh sobre Falun Dafa y respondieron a Chang con malas intenciones y palabras desagradables. Comenzó a dudar, pensando: "¿Me dejaré llevar por mis emociones y reaccionaré con violencia? ¿O seré capaz de responder pacientemente a sus preguntas?". Apenas tenía 20 años, y fue una prueba difícil para él.
Un día, Chang estaba chateando en línea con un estudiante universitario en China. El estudiante se mostró hostil y se negó a creer lo que decía. En lugar de discutir, Chang mantuvo la calma y explicó los hechos. Para su sorpresa, la actitud del estudiante cambió y, hacia el final de la conversación, quiso saber de qué se trataba la práctica.
Otra persona con la que Chang chateaba seguía pidiendo la misma información cada vez que se conectaban, como si nunca hubieran hablado antes. Extrañado por esto, Chang mantuvo la paciencia y continuó aclarando la verdad sobre Dafa. Un día, la persona dijo que el teléfono celular pertenecía a un grupo de cristianos perseguidos por las autoridades chinas, que estaban huyendo para evitar ser arrestados. Así que, en realidad, estaba hablando con una persona diferente cada vez que se conectaba con ese teléfono.
Chang se conmovió con esta experiencia y dijo: “Para la gente en Taiwán, conectarse a internet es solo una forma de entretenimiento para pasar el tiempo. Para quienes viven en la miseria en una sociedad totalitaria, cada palabra que les enviamos es un precioso rayo de luz en la oscuridad”.
Pérdida y ganancia
Tras graduarse, Chang se convirtió en periodista financiero. Cada día en el trabajo sigue de cerca los cambios en los mercados, las industrias y las operaciones comerciales. Incluso cuando se reúne con amigos, el tema de conversación más común es en qué invertir y cómo ganar más dinero. El ánimo de sus compañeros cambia con cada variación del mercado.
La práctica de cultivación de Chang le garantiza paz interior en lo que respecta al dinero y los intereses personales. “Tengo una serie de principios. Entiendo que lo que me corresponde será mío, así que no persigo ciegamente lo que no me pertenece. Si no obtengo ganancias de una inversión, significa que ese dinero no me correspondía ganarlo. Falun Dafa me permite ver este mundo tentador desde una perspectiva más amplia”.
Por experiencia personal, también ha aprendido que al ponerse sinceramente en el lugar de los demás, muchos problemas y conflictos pueden resolverse con el tiempo. «Antes solía equivocarme con frecuencia y, sin querer, creaba fricciones en mis relaciones», comentó. «Cuando comprendí cómo relacionarme con la gente con Verdad-Benevolencia-Tolerancia, las cosas empezaron a cambiar y mi entorno se volvió armonioso».
La paz interior que proviene de años de práctica espiritual no solo hace que Chang parezca más joven de lo que es, sino que también le permite mantenerse tranquilo y seguro de sí mismo.
Al recordar más de dos décadas de práctica espiritual, desde la adolescencia hasta la mediana edad, Chang luce una gran sonrisa: «¡Esto es, sin duda, lo mejor que me ha pasado!».
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