(Minghui.org) Nací en el seno de una familia de terratenientes. Desde la escuela primaria sufrí discriminación tanto por parte de los maestros como de mis compañeros de clase. Me llamaban «la mocosa del terrateniente». Le pregunté a mi madre si los de nuestra familia explotaban a los demás. Ella me respondió: «Tenemos más dinero, más tierras y más cosas que los demás. Por eso se nos considera terratenientes».
Según mi madre, cuando apenas empezaba a hablar, una vez me puse a hablar sola y dije: «¿Por qué siempre decimos “larga vida al presidente Mao”? ¿Por qué no decimos «larga vida al abuelo»?». Un vecino me escuchó y se lo contó al secretario del Partido Comunista de nuestra unidad. Desde entonces, mi abuelo se convirtió en blanco de los mítines políticos. Lo obligaron a ponerse un sombrero de papel con eslóganes insultantes, lo ataron con cuerdas y lo hicieron desfilar por las calles. Los espectadores le quemaban las manos con colillas de cigarrillos. Murió como víctima de la Revolución Cultural.
Mis padres solían trabajar en una oficina. Los enviaron al campo para reeducarlos porque a mi abuelo lo habían calificado de terrateniente. De niña, estaba llena de odio.
Rectificación del Fa
Abrí una tienda de ropa después de casarme. El negocio iba bien y teníamos muchos clientes habituales. Me convertí en practicante de Falun Dafa en otoño de 1997. El 20 de julio de 1999, el exlíder del Partido Comunista Chino, Jiang Zemin, inició la brutal persecución contra Falun Dafa entonces destruyeron abiertamente nuestro entorno de cultivación y llevaron a cabo detenciones masivas e ilegales contra practicantes de Falun Dafa.
Lo primero que pensé fue: «Tengo que demostrar que Dafa es bueno». Así que cerré la tienda y me fui a Beijing con otra practicante para apelar por Dafa. Ninguna de las dos llevábamos nuestros documentos de identidad, así que no pudimos reservar una habitación de hotel en Beijing. Como no pudimos ponernos en contacto con ningún practicante que conociéramos, regresamos a casa después de pasar dos noches en la calle.
Fuimos a Beijing por segunda vez cuando nos enteramos de que el secretario de las Naciones Unidas visitaría el consulado en Beijing. Queríamos contarle la verdad sobre la persecución. Pero, por desgracia, no pudimos acercarnos al consulado debido a la fuerte presencia policial, nos detuvieron durante 20 días y nos condenaron a un año en un campo de trabajos forzados.
En otra ocasión, fui al campo con otros practicantes a repartir folletos informativos sobre Dafa, y un aldeano nos denunció a la policía. Me condenaron nuevamente a un año en un campo de trabajos forzados.
Me negué a aceptar la persecución. Shifu nos dijo que la persecución era incorrecta. Yo creo en Shifu y en Dafa. Por eso, no pasé tiempo en los campos de trabajos forzados, aunque me condenaron dos veces a penas de un año. Shifu me protegió de cualquier daño.
Hablar a los demás sobre Falun Dafa en tiempos difíciles
La comisaría y las autoridades locales buscaban formas de meterme en la cárcel. Contrataron a gente para que me siguiera. Si parecía que me dirigía a Beijing, me impedían ir. Cuando se publicó el artículo de Shifu «Exponiendo el Fa en el Fahui de los Grandes Lagos de Norteamérica», imprimí una copia para llevársela a una practicante que estaba en el centro de detención.
Justo cuando salía del taxi, se acercó un coche de policía. Uno de los agentes me dijo: «¿No sabes que el gobierno está celebrando reuniones importantes?».
«No lo sabía», respondí, «de todos modos, no estoy invitada».
El oficial se enojó y me dijo que me fuera para casa. Me negué, ya que aún no había visto a la persona a quien había venido a ver. La policía me instó a que me diera prisa.
La practicante del centro de detención no pudo tomar el artículo porque los guardias estaban observando.
Cuando salía del centro de detención, un agente de policía me empujó dentro de su coche. Durante el viaje de regreso a casa, que eran de más de 40 kilómetros (25 millas), tuve tiempo de sobra para hablarles de la bondad de Dafa y también decirles que perseguir a los cultivadores es un crimen atroz. «Una vez que el liderazgo del PCCh se derrumbe, aquellos que cometieron crímenes pagarán el precio. Aquellos que traten a los cultivadores con amabilidad tendrán un futuro brillante». Al final, me dejaron ir a casa en lugar de llevarme a la comisaría.
Las palabras de Shifu son muy ciertas:
“Con los dizi repletos de pensamientos rectos,
el Shifu posee el poder de llevarlos al Cielo”
(Bondades entre el Shifu y los dizi, Hong Yin (II))
Afrontar la persecución con pensamientos rectos
Vendí mi casa en el campo y abrí una tienda en la ciudad. El negocio me mantenía muy ocupada y empecé a estudiar cada vez menos el Fa. Mi cultivación se estancó y ya no me preocupaba por mirar adentro. A menudo discutía con mi esposo, no podía dejar de lado mis intereses personales y me comportaba de manera controladora. Odiaba a mi esposo por haber perdido todo el dinero que había pedido prestado.
Discutíamos tanto que mi esposo desapareció de mi vida durante tres años. Pero yo seguía teniendo que enfrentarme a los prestamistas a quienes él les había pedido dinero. Al no poder localizarlo, pensé que debía dejar de lado ese asunto. ¿Por qué iban a pedirme que pagara si yo no les debía nada? Pero, lo que se debe, hay que pagarlo. Tenía que dejar de lado mi apego al dinero y saldar la deuda de mi esposo.
Tres años después de que mi esposo se fuera de casa, recibí una llamada de una mujer. Me dijo que llevaba más de un año viviendo con mi esposo, entonces le respondí: «Les deseo lo mejor a los dos, yo tengo una vida mejor sin él».
Odiaba aún más a mi esposo, pensando: «Perdiste nuestro dinero y pediste más, te fuiste sin pagar nada y ahora tienes a otra mujer». Tenía pensado divorciarme tan pronto como regresara a casa.
Unos días después, como si algo me hubiera empujado, me desmayé y me golpeé la cabeza contra el piso de cemento. Cuando recuperé el conocimiento, noté un gran chichón en la cabeza. No le presté atención y no me di cuenta de que era el momento de hacer un examen de conciencia. Seguía concentrada en ganar dinero.
Cuando me vino el ciclo menstrual, duró más de dos semanas. Tenía el rostro pálido y me sentía débil. Fue entonces cuando comencé a buscar adentro y a enviar pensamientos rectos para eliminar todos los factores malignos que estaban dañando mi cuerpo. Me di cuenta de que, con Shifu y el Fa como mis guardianes, no debía albergar pensamientos de resentimiento. Entonces pensé: «El odio no es parte de mí, debe ser destruido, todos mis apegos y sentimentalismos deben ser eliminados, me alinearé con el Fa y dejaré que Shifu se haga cargo». Continué enviando pensamientos rectos hasta bien entrada la noche. A la mañana siguiente, recuperé el ánimo y el sangrado se detuvo. ¡Shifu me ayudó a recuperarme! ¡Estoy agradecida al compasivo Shifu por salvarme!
Eliminar el odio y reconocer mi error
Odiaba a mi yo del pasado. Mi abuelo pasó por un sufrimiento tremendo por culpa de un comentario que hice. Odiaba a mi esposo por no escucharme y por perder nuestro dinero. Podía pedir perdón a cualquiera, pero no a mi esposo.
Este odio estaba profundamente arraigado. No lograba comprender el Fa aunque lo estudiara todos los días. Miraba hacia afuera y no sabía buscar en mi interior. Tras un estudio exhaustivo del Fa, de leer artículos de intercambio en el sitio web de Minghui y de hablar con otros practicantes, poco a poco aprendí a mirar hacia adentro y entendí que no debía odiar a mi esposo. ¿Quién sabe cuántas malas acciones había cometido en nuestras vidas pasadas que le hicieron daño? ¡Él me estaba ayudando a soltar mis apegos egoístas, a la fama y al sentimentalismo! Durante los tres años que estuvo ausente, ¿no fue un buen momento para soltar el deseo y el sentimentalismo? ¿Cómo podía odiarlo por eso?
Le dije: «Lo siento. Me equivoqué. Tú has apoyado mi cultivación todos estos años, nunca me impediste ir a Beijing (para apelar por Dafa), me dijiste que no tuviera miedo y que irías tras las personas que me golpearan, transportaste folletos de Dafa a zonas seguras, no te opusiste a que organizara un grupo de estudio del Fa en casa, fortaleciste mis pensamientos rectos, y estoy utilizando nuestro hogar como base para realizar el trabajo de rectificación del Fa. Te agradezco que hayas apoyado a Dafa y mi cultivación».
El odio que había en mi corazón desapareció. Dejé de hablar del dinero que había perdido, dejamos de discutir. Podemos esforzarnos para hacer más dinero. Mi esposo cambió junto a mí, y empezaron a suceder cosas buenas. Ganamos más dinero del que él había perdido anteriormente. Nuestra familia ahora vive en armonía, y yo puedo mantenerme enfocada en mi cultivación y hacer las tres cosas que deben hacer los practicantes. Me tomaré la cultivación en serio, eliminaré los apegos y regresaré a casa con Shifu.
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