(Minghui.org) Bitter Winter, una revista con sede en Italia, publicó un artículo el 5 de junio de 2026 titulado "Enferma y sin pensión: El largo castigo a una profesora de Falun Gong de Xinjiang". El artículo describía el trágico sufrimiento de la practicante de Falun Gong Li Xianghong, exprofesora del Instituto de Tecnología de Xinjiang. El informe afirmaba que, en China, "La represión a los disidentes no concluye en la puerta de la prisión. Continúa a través del silencioso y  devastador arma de la aniquilación económica".

"Li empezó a practicar Falun Gong en 1997. Cuando el movimiento fue atacado en 1999, se unió a la primera oleada de practicantes que viajaron a Beijing para protestar. Lo que siguió fue una caída hacia el tipo de abuso que las autoridades aún niegan, pero que supervivientes y testigos han descrito durante décadas.

"En 1999, fue secuestrada por agentes de la Oficina 610 de Xinjiang y llevada al hospital psiquiátrico de Ürümqi. Allí, según testimonios recogidos en ese momento, fue confinada entre pacientes con enfermedades mentales, hombres y mujeres, sometida a acoso verbal y físico, y obligada a tomar medicamentos desconocidos. Compañeros practicantes que lograron visitarla en agosto y septiembre de 1999 informaron de escenas de humillación y abandono. Cuando el hospital se dio cuenta de que las visitas podían revelar lo que estaba ocurriendo, se bloqueó el acceso".

Posteriormente fue condenada a 11 años de prisión y enviada a la infame Prisión de Mujeres de Xinjiang. Tras su liberación, fue condenada de nuevo a tres años de prisión, sumando un total de 14 años. Fue encarcelada simplemente porque se negó a renunciar a su creencia.

Sin embargo, ser liberada no significó que su sufrimiento terminara. Ya en 2001 el Instituto de Tecnología de Xinjiang la despidió. Dieciséis años de antigüedad desaparecieron de la noche a la mañana, y con ellos cada yuan de pensión que aportaba. Cuando enfermó en 2021 y necesitó radioterapia por cáncer y cirugía cardíaca, descubrió que también le habían retirado la cobertura médica pública. Decenas de miles de yuanes en facturas médicas le quedaron a su familia.

"Hoy, en edad de jubilación, no recibe ninguna pensión. Vive sola, sin ingresos, en condiciones que serían precarias para cualquier persona, y mucho más para una mujer cuya salud ha sido dañada repetidamente por el encarcelamiento, la medicación forzada y años de estrés".

El artículo continúa, afirmando que el caso de Li no fue único. El régimen del Partido Comunista Chino (PCCh) utiliza esta retirada sistémica de medios de vida para castigar a los disidentes. "Incluso después de que hayas cumplido tu condena, el Estado conserva el derecho a borrar tu pasado, tu carrera, tus ahorros y tu futuro. Para los practicantes de Falun Gong, este es un guion familiar. Muchos salen de prisión solo para encontrarse no empleables, sin seguro y sin pensiones a las que han contribuido durante décadas".

El caso de Li revela la brutalidad de la persecución del PCCh durante 27 años. "El abuso psiquiátrico que sufrió en 1999 fue un ejemplo temprano de un método que luego se usó contra muchos otros".

En conclusión, el autor escribió: "La negación de pensiones se ha convertido en un instrumento silencioso pero eficaz de coacción. También plantea una cuestión que las autoridades chinas prefieren no escuchar: si un ciudadano ha cumplido su condena, ¿por qué lógica —legal o moral— continúa el castigo por el resto de su vida".