(Minghui.org) El sector de régimen de aislamiento estricto (División XII) de la prisión de mujeres de la provincia de Shaanxi se encuentra en la segunda planta del centro penitenciario. Se utiliza específicamente para perseguir a las practicantes de Falun Gong y a otras creyentes religiosas. Hay un total de nueve celdas y cada una cuenta con dos reclusas que vigilan a las practicantes. Nadie en esas celdas tiene libertad alguna.
Entre 2002 y 2020, más de 250 practicantes de Falun Gong fueron detenidas allí y sometidas a diversas formas de tortura, entre ellas: obligarlas a permanecer de pie o sentadas durante largos periodos de tiempo, recibir descargarlas eléctricas, esposarlas y colgarlas, esposarles las manos a la espalda, privarlas de sueño, exponerlas a frío o calor extremos, alimentarlas a la fuerza y administrarles medicamentos contra su voluntad.
Todas las practicantes eran obligadas a ver vídeos que difaman a Falun Gong y a su fundador, el Maestro Li Hongzhi. Quienes se negaban a ver los vídeos o a escribir informes de pensamiento se veían obligadas a estar de pie o en cuclillas desde la mañana hasta la noche, sin importar su edad o condición física. Algunas eran torturadas durante seis meses y recibían muy poca comida.
Las actividades diarias de practicantes y creyentes religiosos estaban restringidas. Solo les dan bollos al vapor de harina de maíz para comer. A quienes se negaban a "transformarse" solo se les permitía usar el baño tres veces al día, a las 6 de la mañana, a las 14:00 y a las 22:00. Como resultado de que se les negara el acceso al baño, algunas se mojaban o ensuciaban los pantalones.
Las guardias las acosaban repetidamente, instándolas a que se dieran prisa mientras comían o se duchaban. Como resultado, las practicantes mayores solían resbalar en la ducha y las fracturas eran habituales.
En una ocasión, una interna expresó simpatía por las practicantes e instó a las guardias a dejar de torturarlas. Sin embargo, los guardias consideraron que se rebelaba y la trasladaron a otra celda. Quienes participaron activamente en la persecución vieron reducidas sus condenas.
A continuación, algunos casos específicos de tortura.
Parcialmente paralizada pero aún obligado a mantenerse en pie
Como resultado de las torturas sufridas en un centro de detención, la señora Qiang Xiaoxia quedó paralizada (hemipléjica) en un lado del cuerpo. Tras ser ingresada en la prisión, una interna le quitó la silla de ruedas y la obligó a caminar o ponerse de pie, causando que se cayera varias veces. Cada vez que se caía, la reclusa la levantaba y la obligaba a seguir de pie. A la señora Qiang también se le negó el acceso al baño y se la privó de comida
La hemoglobina baja a un nivel peligroso tras estar de pie y en sentadillas durante 10 meses
La Sra. Li Xianghong fue sometida a más de diez meses de tortura por negarse a renunciar a su fe, el Falun Gong. La obligaban a permanecer de pie o en cuclillas desde las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche. En dos meses, tenía las pantorrillas cubiertas de un sarpullido rojo. Solo le daban un bocado de gachas para el desayuno y la cena, y nada para el almuerzo. A veces le quitaban esa poca comida si las reclusas consideraban que tenía una “mala actitud” y no se “transformaba”.
Permanecer en cuclillas durante tanto tiempo y el hambre hicieron que la Sra. Li sintiera dolor en todo el cuerpo. Se debilitó tanto que a menudo se desmayaba. Sin embargo, las reclusas seguían insultándola y ordenándole que renunciara a Falun Gong.
A pesar de la intensa presión, la Sra. Li se mantuvo firme en su fe, por lo que las reclusas intensificaron la tortura obligándola a hacer sentadillas en posición militar durante largos periodos de tiempo, mientras dos reclusas la vigilaban. Como resultado, perdió la sensibilidad en la pierna derecha y también desarrolló una anemia grave. Un examen físico reveló que su nivel de hemoglobina era de solo 50 g/l (el rango normal para las mujeres adultas es de unos 110-150 g/l), lo que la ponía en riesgo de entrar en estado de shock.
Mujer de unos 70 años encerrada en una jaula metálica
La señora Luo Changyun, de unos setenta años, fue obligada a llevar una chaqueta acolchada de algodón durante el caluroso verano, lo que le provocó hemorragias nasales. Cuando insistió en que le quitaran la chaqueta, los guardias la encerraron en una jaula metálica durante tres meses.
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