(Minghui.org) Tengo 74 años y empecé a practicar Falun Dafa en 1997. Para cumplir mejor mi misión de ayudar a Shifu a salvar a la gente, salgo todos los días con otros practicantes para aclarar la verdad y repartir material informativo sobre Dafa. Me gustaría compartir algunas experiencias recientes.

«¿Puedo darte un abrazo?»

Varias personas estaban repartiendo folletos cerca de la entrada de un supermercado, y una joven me entregó uno en el que se ofrecían diez huevos por un yuan (15 centavos de dólares). Otra joven también me puso un folleto en la mano. Les pregunté si eran estudiantes. Me dijeron que eran universitarias que trabajaban a tiempo parcial durante las vacaciones de verano.

Las felicité por ser sensatas y trabajadoras, lo que pareció complacerlas. Entonces les dije: «Tengo una noticia maravillosa que compartir con ustedes. ¿Han oído hablar alguna vez de Falun Dafa?».

«¿No está prohibido?», preguntaron.

«En primer lugar», me apresuré a recordarles, «el Partido Comunista Chino (PCCh) no es lo mismo que China. Falun Dafa enseña a las personas a ser buenas siguiendo los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Actualmente se practica en más de 100 países y regiones alrededor de todo el mundo. El libro principal, Zhuan Falun, se ha traducido a más de 50 idiomas. Impulsado por los celos y la paranoia, Jiang Zemin afirmó que «eliminaría a Falun Gong en tres meses». El incidente de la autoinmolación en la plaza de Tiananmen fue una farsa orquestada por el PCCh para incitar al odio y justificar la campaña de persecución».

Las dos se quedaron atónitas, así que continué explicándoles que el régimen lleva a cabo la sustracción forzada de órganos a practicantes vivos de Dafa con fines lucrativos, y que el principio de que el bien es recompensado y el mal castigado es una ley del universo. Les dije que cada uno debe asumir la responsabilidad de sus propias decisiones. Solo eligiendo el bien se estará protegido por lo divino. Les pedí que recordaran: «Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno». Ambas asintieron y aceptaron renunciar al PCCh.

Cuando me di la vuelta para marcharme, una de las chicas preguntó: «¿Puedo darte un abrazo?», y la otra chica se sumó. Las tres nos abrazamos. Las lágrimas me corrían por mi rostro. Estas dos chicas se habían salvado. Esa era la alegría de la salvación, una alegría que ellas realmente comprendían.

El «iceberg» de un joven se derrite

Hablé con una joven pareja que vendía fruta. La mujer aceptó de buen grado renunciar al PCCh, pero su esposo se mostró muy hostil y repitió algunas de las mentiras difamatorias del PCCh sobre Dafa. Me sentí desanimada y me pregunté si ya no habría esperanza para él. Pero rechacé ese pensamiento y me recordé que él había soportado inmensas penurias para venir a este mundo humano a esperar a que un discípulo de Dafa lo salvara. No podía rendirme.

Envié pensamientos rectos para eliminar los factores malignos que le impedían salvarse y le pedí a Shifu que me diera fuerzas. Más tarde, cuando le compré fruta, se notaba que estaba mucho menos hostil. Me preguntó si cobraba una pensión y por qué me oponía al PCCh si me daba dinero. Le respondí: «En realidad, ese dinero es mío: es lo que me descontaban del sueldo mientras trabajaba. Me lo pagan ahora que estoy jubilada. Tú vendes fruta y pagas impuestos al PCCh. Tienes que darte cuenta de que nosotros apoyamos al Partido, y no al revés». No respondió.

«Sigo hablándote de esto porque veo que eres una persona amable. Quiero que comprendas la verdad y seas bendecido para que puedas sobrevivir cuando llegue la calamidad en el futuro. Durante más de veinte años, el PCCh ha perseguido brutalmente a los practicantes de Falun Gong, que viven según los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Incluso ha sustraído en forma forzada órganos a practicantes vivos con fines lucrativos. El mundo entero lo condena. Si el hombre no lo castiga, ¡el Cielo lo hará! Cuando el Cielo actúe para destruirlo, debemos renunciar a esa organización a la que una vez juramos lealtad con los puños en alto. Esa es la única forma de garantizar nuestra seguridad». El joven bajó la cabeza y permaneció en silencio. Sentí que el «hielo» empezaba a derretirse.

Cuando volví a comprar melocotones, me invitó a que los eligiera yo misma. Le dije que podía elegirlos él por mí. Me comentó con emoción: «Señora, usted nunca se queja ni es exigente. Nunca he conocido a nadie como usted».

Le expliqué: «Me he convertido en lo que soy después de practicar Falun Dafa. Shifu nos enseña a anteponer a los demás a nosotros mismos y a tener siempre en cuenta sus necesidades».

Mientras me seleccionaba los melocotones, parecía profundamente conmovido, como si quisiera decir algo pero dudara.

Le dije: «Debes asumir la responsabilidad de tu propia vida. Elige la bondad y no cargues con la culpa del mal». El joven asintió con sinceridad y aceptó renunciar al PCCh. Le entregué una memoria USB con información sobre el asunto y me dio las gracias repetidamente. Le dije: «Fue Shifu quien me envió a salvarte. Deberías darle las gracias a él».

Un encuentro fortuito con una persona de fe

Una compañera practicante y yo estábamos en una tienda de ropa compartiendo la verdad sobre Dafa con dos mujeres en la sección de lencería. Aceptaron renunciar al PCCh y a sus organizaciones afiliadas. Una tercera mujer que estaba cerca no dijo nada, pero se notaba que estaba visiblemente molesta. Dudé, pensando: «Probablemente no estará receptiva. Quizá debería dejarlo pasar».

Tras pensarlo mejor, me pregunté: «¿Y si Shifu también la hubiera enviado?». Reuní el valor para entablar conversación con ella.

Me respondió bruscamente: «Ustedes no tienen nada mejor que hacer. Otros ya me han hablado de esto. ¿Dónde estarían ustedes sin el PCCh?».

Le pregunté si había oído hablar del funcionario corrupto que habían detenido recientemente, aquel que había malversado más de 300 mil millones de yuanes (45 mil millones de dólares). «Su hijo tiene más de cien coches de lujo. ¿De dónde ha salido todo ese dinero? ¿No proviene todo de gente común como nosotros, a quienes han explotado? ¿No serían nuestras vidas mejores sin ellos?».

Ella no me llevó la contra, pero dijo con impaciencia: «Soy cristiana. Nuestro Dios nos salvará».

Le dije que cualquiera que se haya afiliado al PCCh, a la Liga Juvenil o a los Jóvenes Pioneros se considera parte de ese partido ateo. «¿Salvaría tu dios a alguien que no cree en él?».

Entonces le conté la historia de un hombre atrapado en una inundación. Con la firme convicción de que su dios lo salvaría, se quedó donde estaba, esperando con confianza a que lo rescataran. Cuando el agua le llegaba a las pantorrillas, alguien en una pequeña balsa de bambú se acercó y le instó a subir, pero él se negó, diciendo: «No, Dios vendrá a salvarme». A medida que el agua le subía hasta la cintura, un hombre en un velero lo invitó a subir a bordo, pero volvió a negarse, insistiendo: «No, Dios vendrá a salvarme». Cuando las aguas le llegaban al pecho, pasó un gran barco y el capitán le ofreció llevarlo, pero él siguió negándose, diciendo: «No, Dios vendrá a salvarme». Al final, las aguas lo engulleron. Al llegar al cielo, exigió saber por qué Dios no lo había salvado. Dios le respondió: «Intenté salvarte tres veces. ¡Fuiste tú quien no supo aprovechar las oportunidades!».

Le dije a la señora: «¡Somos los que estamos en los barcos, y hemos venido a salvarlos!». La expresión indiferente de la mujer se desvaneció. Con los ojos llenos de lágrimas, me agarró la mano y repitió una y otra vez: «¡Gracias! Ahora lo entiendo».

Un exfuncionario del Gobierno y yo hablamos sobre la situación actual

Fui al banco a sacar algo de dinero y estaba sentada esperando cuando un hombre de unos 60 años se sentó a mi lado. Eché un vistazo a mi alrededor y vi muchos asientos vacíos, pero él había elegido sentarse justo a mi lado. Estaba segura de que había venido a escuchar la verdad sobre Dafa. Entabló conversación y charlamos como viejos amigos que se conocían desde hacía años.

Antes de jubilarse, había sido jefe de sección en un organismo gubernamental. Su mujer era profesora. Le dije que yo solo era una anciana de una zona rural. Pasamos a hablar de la corrupción en la sociedad actual y de las dificultades a las que se enfrenta la gente común.

Cuando le pregunté si sabía algo sobre Falun Dafa, me respondió que era un «culto» que se oponía al Gobierno. Le expliqué que, en realidad, Falun Dafa es una práctica de la Escuela Fo basada en los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Le señalé que Falun Dafa no figura en la lista oficial del PCCh de «organizaciones de culto malignas» y que un aviso emitido por la Administración General de Prensa y Publicaciones había revocado la prohibición de las publicaciones de Falun Dafa. Eso significa que publicar libros y materiales de Falun Dafa es legal en China y, por lo tanto, al distribuir materiales y aclarar la verdad, simplemente estamos ejerciendo nuestros derechos a la libertad de creencias y a la libertad de expresión, tal y como garantiza la ley.

Después de explicarle más cosas sobre Falun Dafa y la importancia de renunciar al PCCh y a sus organizaciones afiliadas, accedió a hacerlo. Sonrió y dijo: «Desde luego, no eres como una anciana cualquiera de una zona rural. Sabes más que la mayoría de los profesores».