(Minghui.org) Empecé a practicar Falun Dafa en 1999, cuando tenía 19 años. Mi visión de la vida se volvió positiva después de empezar a seguir los principios de Falun Dafa: Verdad,  Benevolencia y Tolerancia.

En 2008, un grupo de agentes de policía irrumpió en mi casa. Me detuvieron y me llevaron a un centro de detención. Esa noche no pude dormir. Pensaba: "¿Por qué resulté aquí? ¿Qué debo hacer?". Soñé que estaba en una casa cubierta de polvo y telarañas. De repente, vi a un monstruo feroz. Grité aterrorizada y me desperté. Mi grito despertó a todas las que estaban en la celda.

A la mañana siguiente, una joven de mi celda me preguntó: "¿Tuviste una pesadilla anoche?". Después de decirle que sí, me contó que ella también había tenido un sueño, en el que llevaba un brazalete maldito. Me preguntó qué significaba, pero no le respondí, ya que sabía que todo esto había sido arreglado por las viejas fuerzas. El Partido Comunista Chino (PCCh) quería hacerme daño. Sabía que no debía permitir que lo lograran.

Envié pensamientos rectos y me examiné a mí misma buscando mis propias deficiencias. Rectifiqué cada pensamiento. Aunque no hubiera cultivado bien, no debía reconocer la persecución de las viejas fuerzas, ya que solo Shifu tiene la última palabra. Shifu nos pide que hagamos bien las tres cosas, así que debía hacerlo bien en la cárcel. ¿No anularía eso los arreglos de las viejas fuerzas? Esté donde esté, debo validar el Fa y convertir las cosas malas en buenas. Aparte de comer y dormir, memorizaba el Fa y enviaba pensamientos rectos a la hora en punto. También aclaraba la verdad de persona a persona, a todos con quienes interactuaba.

La policía me ordenó que memorizara las normas del centro de detención, pero me negué. Cuando me preguntaron por qué, dije: “No soy una criminal, así que no las memorizaré”. Cuando la jefa de la celda me ordenó que las memorizara, solo sonreí y no dije nada. Cuando volvió a mencionarlo, le dije: "No las voy a memorizar, no he infringido ninguna ley".

Una reclusa que estaba a cargo dijo con dureza: "Si no las memoriza, le haré la vida imposible. ¿Sabe cómo hemos torturado a otras practicantes?". No dije nada, pero mi mente vaciló un poco. Tenía miedo de ser perseguida e interrogada. ¿Qué debía hacer?

Mientras estaba recostada en la cama esa noche, pensé: nuestra relación con la gente común es de salvar y ser salvados, no de perseguir y ser perseguidos. La gente no debería cometer delitos contra los practicantes. Los practicantes desempeñamos el papel principal y tenemos una misión que cumplir. Comencé a enviar pensamientos rectos para eliminar a todos los seres y factores que manipulan a la gente para que persiga a los practicantes. Sentí que mi cuerpo se hacía inmensamente grande, como una montaña. Mi mente se volvió tan tranquila como el agua en calma, y en un instante todo el mal se desintegró. Le agradecí a Shifu por iluminarme. Dormí muy profundamente esa noche.

Después de eso, nadie volvió a mencionar lo de memorizar las normas. Muchos días más tarde, cuando alguien volvió a mencionar el tema , le guiñé un ojo y le dije: "Solo mantén un ojo abierto y otro cerrado", insinuándole que lo dejara pasar. Ella lo entendió y sonrió.

A través de esta experiencia, me di cuenta de que enviar pensamientos rectos es muy importante: ayuda a evitar que el mal manipule a las personas para que cometan crímenes contra los practicantes y se alinea con los principios del universo, por lo que los pensamientos rectos son muy poderosos. Oponerse a la persecución ayuda a salvar a los seres humanos. Si solo enviamos pensamientos rectos para evitar ser perseguidos, entonces eso es egoísta. Enviar pensamientos rectos con apegos humanos no es efectivo.

Durante mis primeros días en el centro de detención, me presionaron continuamente para que escribiera una declaración de garantía. Un guardia dijo: "Fulano ya escribió una. Si usted escribe una, la liberarán".

Le dije: "No sé si los demás han escrito declaraciones o no, pero yo nunca escribiré una. No vuelva a mencionar este tema, no le conviene". Dejó de molestarme. Pensé que si no podía mantenerme firme en Dafa, nada más importaba. Debo dar cada paso con firmeza y nunca deshonrar a Dafa.

El ambiente estaba cargado de tensión, la gente estaba ansiosa y discutía. Comprendía las dificultades de todos, respetaba a cada persona, siempre pensaba primero en los demás y tomaba la iniciativa de ayudar en lo que podía. Cuando se repartían huevos o comida de mejor calidad, compartía lo mío con las reclusas. Pronto me gané su aprobación. Me ofrecían golosinas, pero las rechazaba educadamente; en un lugar donde los recursos son escasos, todos luchan por sobrevivir. El dinero procedía de los ingresos que sus familias ganaban con esfuerzo. Cuando no podía negarme, les compensaba de otras maneras. Intentaba comportarme bien y no causar una mala impresión en la gente.

Las relaciones entre las personas están entrelazadas kármicamente, por lo que pueden surgir conflictos, que eran oportunidades para mejorar mi xinxing. Como soy practicante, debo comportarme aún mejor en un entorno así, ya que esto influye en si las personas pueden ser salvadas.

Una joven solía regañarme con dureza. Cada vez que eso ocurría, recitaba en silencio la enseñanza de Shifu: "El que tiene la razón es él. El que está equivocado soy yo. ¿Por qué contienden?” (Hong Yin III, “Quién tiene razón, quién no). Como practicante, ¿cómo iba a discutir con los demás? Cada vez sonreía y me disculpaba, y seguía ayudándola. Su actitud hacia mí cambió y se volvió muy amable.

Otros se dieron cuenta de esto y me elogiaron por ser tolerante y amable. Una mujer dijo: "Cuando salga de aquí, sin duda leeré los libros de Falun Dafa. Quiero saber qué es lo que te hace ser tan buena".

La gente me preguntaba si iba a hacer una huelga de hambre y yo respondía que no. Me decían: "Claro, necesitas fuerzas para luchar contra el PCCh".

Sonreí y dije: "No es que Falun Dafa esté luchando contra el PCCh. El PCCh está persiguiendo a Falun Dafa, y los practicantes denuncian la persecución para que la gente comprenda la verdad".

Me preguntaron: "¿Por qué estás siempre tan alegre? ¿Nunca te preocupas?". La amabilidad que muestran los practicantes influye sutilmente en la gente. Me di cuenta de que los conflictos dentro de la celda desaparecieron.

Durante las tribulaciones, es especialmente importante cuidar cada pensamiento. Solo comía los alimentos que me daban y nunca compré comida ni bebida extra. Sentía que la comida sabrosa podía debilitar la voluntad, y que era bueno soportar las penurias. Escuchar o ver cosas de la gente común podía perturbar la mente de un cultivador.

Cada mañana, los reclusos tenían que escuchar a alguien leer en voz alta, y por la noche en la televisión se emitían noticias falsas y series llenas de violencia y sensualidad. Fingía que tenía los oídos tapados. En lugar de escuchar la televisión, memorizaba el Fa, observaba mis pensamientos y me rectificaba a mí misma, para poder permanecer inmersa en el Fa en todo momento. Después de hacer esto durante un tiempo, mi mente se volvió cada vez más clara. Aparte del Fa, nada podía entrar en mis oídos ni en mi corazón.

La policía me interrogó y me preguntó si conocía a ciertos practicantes. Le dije: "Los practicantes son amables y no causan problemas a nadie. No hace falta que pregunte". Cerró su libreta y me miró con respeto.

Me dijo: "No nos dé CDs. Ni siquiera tenemos reproductores. ¡Mejor dénos teléfonos móviles!".

Le respondí: "Los teléfonos son demasiado costosos, ¿qué tal una tarjeta de memoria con información veraz?". Se rió.

Con la protección de Shifu regresé a casa sana y salva. Me enteré que, mientras estuve fuera, los compañeros practicantes enviaron pensamientos rectos por los que estábamos detenidos. Los practicantes en el extranjero también llamaron a la policía para aclarar la verdad. Con su apoyo, incluso en ese entorno maligno, no sentí miedo; mi corazón estaba lleno de pensamientos rectos.