(Minghui.org) Comencé a practicar Falun Dafa en 1997. Después de soportar diversas tribulaciones, he llegado hasta aquí bajo la protección de Shifu. El tiempo ha pasado volando. Al mirar hacia adentro sobre estos años que dediqué a aclarar la verdad sobre la persecución y a ayudar a Shifu a salvar a los seres conscientes, me viene a la mente un incidente en particular: una experiencia que es una de las más memorables.

Era el 24 de octubre de 2013. Viajaba a la ciudad de Zhengzhou para asistir a una exposición. Tenía que esperar para abordar el tren en la estación de tren de Weifang, así que busqué un asiento en el vestíbulo. Como mi asiento estaba bastante lejos de la puerta del control de billetes, me moví un poco hacia adelante y me senté.

Sentado frente a mí había un hombre de unos 40 años, apoyado en un par de muletas. Llevaba las piernas enyesadas. Dos grandes maletas estaban a su lado, y me miraba con una expresión amable y gentil. Le asentí con la cabeza y le sonreí. Entonces me preguntó: «Señora, ¿adónde vas?». Le dije que iba a Zhengzhou, y luego le pregunté adónde iba él. Respondió: «A la provincia de Sichuan».

Cuando le pregunté qué le había pasado en las piernas, me explicó: «Estaba trabajando en Yantai cuando me caí de una estructura elevada y me fracturé las piernas. Mi jefe me llevó al hospital durante unos días, pero luego simplemente gestionó mi alta, me compró un billete de tren, me dio 2000 yuanes y me mandó a casa. Se desentendió del asunto y no me ofreció ninguna compensación».

Mientras hablaba, se fue desanimando cada vez más. Le dije: «Joven, ganarse la vida lejos de casa nunca es fácil. Debes cuidarte mucho. Ese jefe es un verdadero desalmado y pagará por sus actos». Me preguntó si podía ayudarle a llevar su equipaje.

Respondí: «Por supuesto». Juntos, arrastramos lentamente las dos maletas grandes hacia el control de billetes. Un empleado nos preguntó apresuradamente que adónde íbamos. Después de que se lo dije, revisaron rápidamente nuestros billetes y nos instaron a entrar de inmediato, ya que el tren a Zhengzhou llegaría en cualquier momento.

Continué ayudándolo a arrastrar su equipaje mientras avanzábamos. Aprovechando la oportunidad, le hablé rápidamente de Dafa. Saqué de mi bolso un DVD de aclaración de la verdad y un colgante de Dafa y se los di, animándolo a decir: «Falun Dafa es bueno, Verdad, Benevolencia y Tolerancia son buenas». Le dije: «Cuando llegues a casa, por favor, mira este DVD».

Él seguía asintiendo y diciendo: "De acuerdo". Añadió: "Señora, de verdad siento que he conocido a una buena persona".

Respondí: «Joven, en este vasto mar de humanidad, nuestro encuentro estaba predestinado. Fue Shifu de Dafa quien me guio hasta aquí para hablar contigo».

Un empleado anunció la llegada del tren a Zhengzhou. Le indicó al joven que no se moviera, pues el siguiente tren iría a Sichuan. Le animé a memorizar las frases de buena fortuna y, así sin más, nos despedimos con la mano. Me senté junto a la ventana y lo observé mientras él me buscaba con la mirada. Seguimos despidiéndonos. Las lágrimas corrían sin control por mis mejillas. En mi interior pensé: «Shifu, otra persona que comprendió la verdad se ha salvado. Gracias, Shifu, por su Benevolencia».

En mi viaje de regreso a casa después de la exposición, me encontré con otra persona predestinada en la estación de tren de Zhengzhou.

Entré rápidamente en la sala de espera de la estación y me dirigí hacia la puerta de acceso. Poco después de llegar, una mujer de mediana edad se me acercó. Se puso a mi lado y me preguntó: "¿Adónde vas?". Le dije que iba a Qingdao, y ella me dijo que iba a Jinan. Le pregunté porqué llevaba tantas maletas. Me explicó: "Voy a casa de mis padres a llevarles ropa de cama, ropa y otras cosas. Las lavaré y las arreglare antes de volver a casa".

Le dije: «Como es un viaje tan largo, ¿no sería mejor quedarse en su casa unos días más para arreglarlo todo? Hacerlo de esta manera parece muy incómodo».

Su expresión se tornó sombría y dijo: «He tenido muy mala suerte. Perdí a tres familiares cercanos en un año». Me quedé sorprendida. «Mi esposo murió en un accidente de coche. Menos de tres meses después, mi hijo cayó a un río y se ahogó. Tenía solo 12 años. Luego, en otoño, falleció mi padre». Mientras hablaba, rompió a llorar desconsoladamente. Intenté consolarla y le rogué que no se afligiera tanto. Saqué un colgante de Dafa de mi bolso y se lo di. Le pedí que dijera: «Falun Dafa es bueno, Verdad, Benevolencia y Tolerancia son buenas». Ella lo aceptó.

Dijo: «Cada vez que hablo de estas tragedias, me duele el corazón». Mientras hablaba, el dolor se intensificó tanto que ya no pudo mantenerse en pie. Agarrándose el abdomen, se agachó. Yo me agaché a su lado y repetimos las frases. Cuando se levantó unos minutos después, recuperó el color en el rostro. Sonriéndome, dijo: «¡Ya estoy bien! Ya no me duele el corazón. Siento una gran claridad y paz. Nunca me había sentido tan bien».

Respondí: “Como recitaste las frases con sinceridad, Shifu de Falun Dafa te está ayudando”.

Conmovida hasta las lágrimas, lloró abiertamente mientras decía: “¡Gracias, Shifu! ¡Gracias, Shifu de Falun Dafa por ayudarme!”.

Le pregunté si había personas que practicaran Falun Dafa en su zona. Ella respondió: «Había muchos practicantes en mi pueblo, pero hoy en día ninguno se atreve a salir a hacer los ejercicios». Dijo que su vecina era practicante. Le dije que debería ponerse en contacto con ellos. También le expliqué que este es el Fa del universo. Ella dijo: «Por supuesto que lo haré». La animé a que continuara repitiendo sinceramente las dos frases.

En ese momento, comenzó la revisión de billetes. La ayudé a llevar su equipaje hasta la puerta de su tren. Luego, me di la vuelta y corrí hacia el mío. Apenas subí al tren, la puerta se cerró tras de mí. El corazón me latía con fuerza y el tren comenzó a alejarse. Con una profunda sensación de alivio, me dije: «Shifu, otra persona predestinada más ha conocido sobre Dafa».