(Minghui.org) Hace aproximadamente dos años tuve un sueño en el que un compañero practicante me decía que cada practicante de Falun Dafa debía ir a ver una película y que cada uno tenía un asiento asignado en el cine. Después de que comenzó la película, entré en la escena y desempeñé un papel dentro de ella.
La historia ocurría en una playa de arena blanca. Detrás de nosotros había un hotel alto. De repente, el cielo cambió de color. El agua del mar se volvió negra y comenzó a agitarse violentamente. El nivel del mar subió rápidamente y enormes olas se acercaron a la playa. Muchos de nosotros comenzamos a correr hacia los pisos superiores del hotel. El agua negra subía rápidamente justo detrás de nosotros. Muchas personas fueron arrastradas. Cuerpos sin vida flotaban densamente sobre el mar bajo el cielo oscuro.
Cuando llegué corriendo a la parte más alta del hotel, el agua negra ya me llegaba hasta las rodillas. Solo otra persona estaba conmigo. Encontramos detrás de nosotros una pequeña plataforma elevada, pero la escalera era tan estrecha que solo una persona podía subir. Sin dudarlo, le dije a la otra persona: “¡Ve tú! Yo te ayudaré”. Tan pronto como pronuncié esas palabras, el cielo se iluminó. El mar se calmó y el agua volvió a ser azul.
Entonces ocurrió lo más asombroso. Las personas muertas volvieron a la vida y caminaron hacia la playa como si nada hubiera sucedido. La única diferencia era que todo se veía más claro, como si la misma imagen hubiera sido pintada con más brillo, luminosidad y vitalidad.
Después de despertar, sentí que había experimentado el poder de Falun Dafa y una compasión profunda. La rectificación del Fa ocurrió en una fracción de segundo en mi sueño. Quedé profundamente conmovido al ver que tantas personas eliminadas fueron revividas por la gracia de Shifu. Vi en acción la enseñanza de Shifu: solo puedo salvar a mis seres conscientes si logro volverme altruista. En aquel momento mi entendimiento era simple. Pensaba que ser altruista significaba dar a otros la oportunidad de vivir en un momento crítico. Aquello quedó grabado en mi memoria.
A medida que continué cultivándome y enfrentando obstáculos, comprendí gradualmente que el reino del altruismo significa mucho más que tomar la decisión correcta en un momento de vida o muerte. Un cultivador necesita abandonar el egoísmo en muchos pequeños incidentes de la vida cotidiana. Algunos son evidentes. Otros son sutiles y se encuentran en las trivialidades de la vida. Se manifiestan de diversas formas y dimensiones.
Encontré mi egoísmo en diferentes aspectos de mi vida. Lo encontré durante conversaciones con compañeros practicantes cuando defendía mis propias opiniones y entendimientos. Durante las tribulaciones, lo encontré cuando intentaba atravesarlas de la manera más fácil. En casa, lo encontré cuando me enojaba y decepcionaba con mi nieto. También lo encontré cuando quería aferrarme a mis hábitos y formas de vida en lugar de priorizar el asimilarme a Dafa. Hay muchos otros ejemplos. Simplemente daba estas cosas por sentadas y antes no las había reconocido. Ahora, al medir estos asuntos con los principios del Fa, descubrí que todos estos comportamientos se originaban en el egoísmo.
Al profundizar más, descubrí que el egoísmo era el punto de partida de todas las nociones y pensamientos humanos, los cuales buscan hacernos vivir mejor a nosotros mismos. Es triste que los seres humanos sean manipulados por el egoísmo y acumulen yeli sin darse cuenta. El egoísmo parece ser una dura coraza que nos mantiene completamente encerrados.
Finalmente comprendí por qué me había resultado tan difícil eliminar algunos apegos fundamentales. Estaba en un estado de estancamiento en mi cultivación. Por un lado, deseaba deshacerme de la materia degenerada y elevar mi reino, pero por otro lado, mis nociones, impulsadas por diversos apegos y deseos, se negaban a renunciar. Durante años fui arrastrado innumerables veces por nociones humanas. Me levantaba y comenzaba de nuevo. He dudado incontables veces de mi cualidad innata como cultivador, pero finalmente decidía continuar debido a mi fe en Shifu y Dafa.
He comprendido que ser egoísta es un instinto humano. No estoy luchando contra un apego en particular, sino contra un instinto humano. No se trata de presumir que uno soporta sufrimiento físico y emocional, sino de reunir el coraje y la voluntad para mejorar sólida y verdaderamente, y ponerlo en práctica en cada pequeña cosa de la vida. He estado atrapado en el cuello de botella más esencial de la cultivación sólida y no he logrado ponerlo en acción concretamente. Es un proceso de cambiar las nociones humanas. Mi fuerte apego a la comodidad y el miedo al sufrimiento me han arrastrado hacia abajo y han hecho que cada paso sea increíblemente difícil. Detrás de esos apegos estaba mi egoísmo.
Comprendí de repente que el dolor de dar un paso hacia adelante en realidad proviene del “egoísmo”, el cual podría considerarse una entidad viviente o una sustancia material. En los últimos años no me he cultivado genuinamente de manera estricta. Mi vida cotidiana ha estado llena de grandes y pequeñas nociones humanas envueltas en egoísmo. Mi apego a la comodidad ha estado alimentando esas nociones. Tan pronto como intentaba eliminarlas, la materia degenerada comenzaba a torturar mi mente de manera salvaje e incontrolable, haciéndome actuar mecánicamente, sin perseverancia ni firmeza.
He experimentado claramente cómo los demonios y la materia degenerada han intentado bloquear mi cultivación. He sido derrotado muchas veces. Estuve confundido durante mucho tiempo y no entendía porqué no podía elegir decididamente el pensamiento divino en lugar del humano, ni porqué mis pensamientos rectos no podían tomar el control.
Era porque no había realizado una mejora sólida. La única manera de cambiar el comportamiento de uno es cambiar verdaderamente el corazón. No había comprendido la naturaleza de la cultivación sólida e intentaba avanzar rápidamente confiando en motivaciones externas. En otras palabras, había tratado de elevarme sufriendo menos y pagando menos.
Después de que comenzó la persecución en julio de 1999, enfrenté tormentas de presión extrema. En mi lugar de trabajo anunciaron públicamente que había sido despedido de mi puesto en la oficina gubernamental. Mi familia amenazó con cortar relaciones conmigo. Sentí que aquellas tribulaciones eran enormes.
Ahora sé que esas tribulaciones no solo provenían de la supresión externa del régimen, sino también del yeli que cargaba como cultivador. El yeli, acumulado vida tras vida, y las limitaciones de la envoltura humana me habían atado como gruesas cuerdas. Mientras que las tribulaciones externas ponían a prueba mi firmeza, la prueba de si era capaz de superar mi yeli era la esencia misma de la cultivación. Cambiar el corazón de uno no sucede instantáneamente. Es un proceso largo, porque el egoísmo mismo proviene de dimensiones bastante elevadas. Muchas tribulaciones durante la cultivación no se manifiestan en este mundo físico, sino que existen en cada pensamiento y cada elección que hacemos.
Al recordar el sueño que mencioné anteriormente, comprendí que Shifu realmente me había insinuado que eliminara el egoísmo mediante una cultivación sólida. Se necesita romper la coraza del egoísmo para alcanzar el reino del altruismo en momentos críticos. Es la única manera de salvar a los seres conscientes y estar a la altura de la compasiva salvación de Shifu.
Gradualmente aprendí cómo cultivarme de manera sólida al mejorar mi entendimiento. Estoy decidido a volverme más fuerte y más firme en mi cultivación a pesar de los obstáculos. Al mismo tiempo, he comenzado a experimentar la tranquilidad y la libertad que provienen de cortar diversos apegos y deseos. Es muy importante mantener pensamientos rectos y tomar correctamente cada decisión. Para alcanzar el estándar de una cultivación sólida, uno debe mantener rectos su corazón, pensamientos, y también tener acciones rectas.
Lo anterior es mi entendimiento limitado. Por favor, siéntanse libres de señalar cualquier cosa inapropiada.
Los artículos en los que los cultivadores comparten sus entendimientos generalmente reflejan la percepción de un individuo en un momento determinado en función de su estado de cultivación, y se ofrecen con el espíritu de permitir la elevación mutua.
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