(Minghui.org) Soy una mujer de mediana edad que practica Falun Dafa (Falun Gong) desde hace 26 años.

Una vida de dificultades

Se suele decir que una infancia infeliz tarda toda una vida en sanar, y mi experiencia es prueba de ello. Cuando tenía dos años, mi padre fue condenado a ocho años de prisión y no tengo recuerdos de él. Mi madre sufrió una crisis nerviosa y vivió en un estado de confusión. Mi padre falleció apenas dos años después de su liberación y, cuando tenía 17 años, también perdí a mi madre.

Éramos cuatro hermanos. Mi hermano era el mayor y mi hermana mayor se casó a los 18. Yo era la tercera hija y mi hermana menor tenía solo seis meses cuando nuestro padre falleció. Mientras mi madre agonizaba, su mirada se posaba en mi hermanita, de tan solo cinco años, como si no pudiera soportar dejarla atrás. Nuestra familia era sumamente pobre. En su lecho de muerte, mi madre me confió el cuidado de la familia y me rogó que organizara un intercambio matrimonial para mi hermano. Mi hermano se negó, y mi madre murió con los ojos aún abiertos, incapaz de descansar. Mis hermanos y yo seguimos adelante durante un año más.

Entonces, sin que lo supiéramos, mi tía dio a mi hermanita en adopción. A partir de ese momento, mi hermano y yo solo nos teníamos el uno al otro. Una pariente anciana de la familia, preocupada por mi seguridad, insistió en que durmiera en su casa por las noches. Durante el día, cocinaba para mi hermano y me encargaba de la casa, y por la noche iba a casa de la anciana a dormir.

Después de varios años viviendo así, un conocido en común me presentó a mi futuro esposo. Nos casamos y formamos una familia. Es un hombre honesto y amable que siempre me ha tratado bien. Nuestro primer hijo, un niño, nació con una profunda pérdida auditiva y no hablaba ni siquiera a los siete años. Nuestra segunda hija fue una niña. Tras su nacimiento, mi salud se deterioró rápidamente: quistes, hipertensión, problemas cardíacos, menstruaciones dolorosas y amigdalitis recurrente me aquejaban. Aún recuperándome del parto, lloraba a menudo, abrumada por todo lo que había soportado: las dificultades, el dolor físico, la presión constante y la impotencia de cuidar a mis hijos pequeños. Sentía que no podía seguir adelante, y solo tenía 30 años. Aun así, no podía rendirme. Miraba a la bebé en mis brazos y me preguntaba qué sería de mis hijos. ¿Crecerían sin madre, como yo? ¿Por qué el destino había sido tan cruel conmigo, acumulando todas las desgracias sobre mis hombros? No había nada que hacer más que resistir.

Alegría tras la adversidad

El 16 de marzo de 1999 fue el día más inolvidable de mi vida. Ese día, la cuñada de mi esposo me presentó Falun Dafa. En cuanto empecé a leer el libro principal de enseñanzas de Shifu, algo se me hizo evidente: el sufrimiento en esta vida es consecuencia de las malas acciones de vidas pasadas, y las deudas deben ser saldadas. Pensé: «Si esta vida está destinada a ser difícil, me prepararé para la siguiente». Así fue como llegué a la práctica.

Comprendí que Shifu nos pide que completemos nuestra cultivación en esta vida, y que no hay necesidad de esperar a otro ciclo de reencarnación. Comencé a practicar y todas mis dolencias desaparecieron. Estaba sana y mi familia era feliz. Empecé un camino completamente nuevo. Shifu me dio una segunda vida y siempre estaré agradecida por su gracia.

La historia de mi hijo

Imaginen tener un hijo que no puede hablar a los siete años. Mi hijo nació con una pérdida auditiva profunda: 90 decibelios de pérdida auditiva en el oído izquierdo y sordera total en el derecho. Las escuelas regulares no le aceptaban. Sin abuelos que me ayudaran y con mi esposo trabajando lejos de casa, crié a mis dos hijos sola. Cuando supe de un jardín de infancia para niños con dificultades del habla y el lenguaje, le inscribí a los siete años. Unos tres meses después de empezar a practicar Falun Dafa, mi hijo me llamó "Mamá" y "Papá" por primera vez. A los nueve años, entró en primer grado en una escuela de educación especial. También estudió el Fa conmigo y me ayudó a doblar folletos de aclaración de la verdad.

Se graduó de una escuela secundaria vocacional y rápidamente consiguió trabajo. Inteligente y con facilidad para aprender, ahora puede comunicarse con normalidad y usa teléfonos inteligentes y computadoras. Incluso me ayuda a pagar las facturas y a solucionar problemas informáticos. En 2018, se inscribió en clases de conducir. Como no había capacitación disponible localmente para personas con su condición, tuvo que viajar una larga distancia hasta la capital de una provincia. Aprobó el examen y obtuvo su licencia de conducir, el primero entre sus compañeros que enfrentaban desafíos similares.

Al principio, estaba preocupada. ¿Cómo podría alguien con semejante pérdida auditiva conducir con seguridad? ¿Y si golpeaba a alguien, o alguien lo golpeaba a él? Estas eran preocupaciones reales. Pero un practicante dijo algo que cambió mi forma de pensar: “Con Shifu velando por él, ¿qué hay que temer? Que forme parte de la sociedad común”. Esas palabras me despertaron. Cada uno tiene su propio camino. Elegí confiar y dejarlo ir.

Ahora mi hijo se ha comprado un coche. Hoy vive como cualquier otro joven, independiente y capaz. Ya no tengo que preocuparme por él.

Un feliz reencuentro

Perdimos el contacto con mi hermana menor después de que la adoptaran. La vimos brevemente cuando tenía ocho o nueve años, pero su familia adoptiva no quería que interrumpiéramos su vida y nos mantuvieron separados. En 2017, decidí buscarla para compartir la bondad de Dafa. Mi esposo y yo fuimos al pueblo donde creíamos que había crecido, pero nadie nos decía dónde estaba. Finalmente, supimos que se había casado y se había mudado a una aldea vecina. Cuando llegamos, nos encontramos por casualidad con su suegra, como si todo hubiera sido planeado. Encontré a mi hermana pequeña ese día y le di un recuerdo de aclaración de la verdad. Para entonces, tenía unos 40 años y dos hijos.

Mi hermano y mi hermana mayores, ambos de unos 60 años, están bien. Pensé: «De alguna manera, debemos hacer lo posible para que conozcan a su hermanita». A principios de año, los llevé a verla. Nos abrazamos y lloramos: cuatro hermanos reunidos por primera vez en 37 años. Esta ausencia había sido una herida en mi corazón durante mucho tiempo, algo de lo que nunca me atreví a hablar. Ahora, por fin, ha sanado. Sabemos que cada uno de nosotros ha vivido una vida digna. Espero que no guarden ningún remordimiento.

¿Quién hubiera imaginado que un niño mudo hablaría algún día o que se encontraría a una hermana dada en adopción cuando era un bebe? La familia, que una vez estuvo destrozada, se ha fortalecido y ha mejorado con cada año que pasa bajo el atento cuidado de Shifu. Todo lo que tenemos hoy es inseparable de su compasiva protección. Estoy profundamente agradecida.

Palabras finales

Al practicar Falun Dafa, llegué a comprender que todo sufrimiento proviene del yeli acumulado en vidas anteriores. Estas deudas deben ser saldadas, y por eso la vida nos trae tantas pruebas y tristezas.

Cuando comenzó la persecución en 1999, la policía me preguntó porqué practicaba Falun Gong. Les respondí: “Practicar me ha dado salud y mi hijo aprendió a hablar. ¿Cómo podría abandonarlo?”.

No puedo separarme de Dafa. Estudiar el Fa y realizar los ejercicios a diario es mi rutina innegociable. Durante más de 20 años de persecución implacable, a través de tribulación tras tribulación, jamás vacilé ni me rendí. Al contrario, emergí más fuerte, con la mente clara y firme, y mi carácter mejoró constantemente. Cuento con la protección compasiva de Shifu; los principios rectores de Verdad, Benevolencia y Tolerancia; y el apoyo de mis compañeros practicantes. Cada obstáculo y dificultad se ha convertido simplemente en un paso más en mi camino. Avanzo con firmeza por el camino divino.

Soy la persona más feliz del mundo; feliz desde lo más profundo de mi ser. Agradezco a Shifu su misericordia y salvación. El sufrimiento que he soportado no me ha quebrado, porque tengo al Shifu más grande del mundo. Este es el poder de la fe. Dafa me ha dado tanto; me lo ha dado todo. Camino con firmeza por el sendero de ayudar a Shifu en la rectificación del Fa. Espero que todas las personas de buen corazón lleguen a comprender la profunda y virtuosa enseñanza que esta representa.

¡Gracias, Shifu!