(Minghui.org) Vi a un grupo de ancianos usando palas para arrancar las malas hierbas a lo largo de la carretera. Uno de ellos parecía apático: tenía la mirada perdida y sus movimientos eran débiles y lentos. Lo saludé y empezamos a conversar. El anciano me contó que había salido para despejar su mente. Había sufrido un derrame cerebral y su esposa estaba postrada en cama y paralizada. Estaba profundamente afligido y había perdido las ganas de vivir.
Le dije: «Si recitas con sinceridad "Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno", seguramente podrás superar tus tribulaciones». Se mostró escéptico, así que añadí: «Es efectivo si eres sincero. Si recitas estas palabras con regularidad, darán resultado».
Más de un mes después, me detuvo el mismo anciano. Estaba de nuevo cortando maleza. Esta vez, se le veía lleno de energía. Llamó con entusiasmo a los demás ancianos que estaban trabajando y me dijo: «Hermana, la última vez me dijiste que recitara: “Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancias es bueno”. Lo recito siempre que tengo un momento libre. ¡Mírame ahora! ¡Me recupere por completo! ¡Tengo muchísima energía en estos días! ¡Falun Dafa es realmente maravilloso!». Después de decir esto, el anciano tomó una pala con entusiasmo y me mostró con qué vigor podía trabajar.
Me conmovió profundamente y me alegré mucho por él. Aprovechando la oportunidad, compartí información sobre Falun Dafa con todos los ancianos presentes. Luego, le aconsejé al hombre que había sufrido el derrame cerebral que le dijera a su esposa que recitara también estas dos frases. Con lágrimas en los ojos, exclamó emocionado: “¡Miren! ¡El hospital no pudo curarme, pero recitar estas dos frases me sanó! ¡Falun Dafa es realmente bueno!”.
El abogado se entera de los hechos.
Tenía una cita con un abogado. Mientras esperaba, aclaré la verdad a cada persona que acudía a reunirse con él. Después, me reuní con el abogado. Tenía un fuerte sentido de la justicia y simpatizaba profundamente con Falun Dafa. Criticó con vehemencia al Partido Comunista Chino (PCCh) y comenzó a enumerar sus diversas atrocidades; su voz se oía con claridad en el pasillo.
El abogado afirmó que no tenía necesidad de renunciar al PCCh porque lo habían despedido de su anterior trabajo hacía años. Le expliqué que, al unirse al Partido, alzó el puño y juró solemnemente ante su bandera, comprometiéndose a defenderla con su vida. Para anular este juramento, debía declarar públicamente su renuncia del Partido. Si el Cielo destruyera al PCCh, los seres divinos lo protegerían. El abogado renuncio al Partido con su nombre real.
Al salir del bufete, llegó otro caballero, un médico. Le expliqué la situación. Comprendió y accedió a renunciar a las dos organizaciones del PCCh a las que se había unido: la Liga Juvenil y los Jóvenes Pioneros. Le sugerí un nombre falso, pero para mi sorpresa, exclamó en voz alta: «¡Renunciaré con mi nombre real!».
Hay muchas historias similares. Mirando hacia adentro sobre mis experiencias a lo largo de los años, este camino ha estado lleno de alegría y tristeza. Sé que es urgente ayudar a Shifu a salvar a la gente, así que no me atrevo a aflojar.
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