(Minghui.org) Tengo 79 años y, antes de empezar a practicar Falun Dafa hace más de 30 años, padecía una fiebre baja persistente que no desaparecía por más tratamientos o medicamentos que probara. Alguien me sugirió que practicara Falun Dafa y, tras ver cuatro veces los vídeos de las conferencias de Shifu, todas mis enfermedades desaparecieron.

Cultivación genuina

Vivo con mi hijo y mi nuera, y quería que practicaran. Sin embargo, cuando intenté convencerlos, quedó al descubierto mi apego humano al sentimentalismo y surgieron factores negativos que interfirieron. Mi hijo dijo algunas cosas irrespetuosas sobre Shifu. Pero me di cuenta de que estaba siendo influenciado. Así que, de inmediato, envié pensamientos rectos para eliminar lo que fuera que lo estuviera manipulando. Recobró el sentido común y exclamó: «¡Falun Dafa es bueno! ¡Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno!». Renunció su membresía a los Jóvenes Pioneros hace años y tiene un amuleto de Dafa colgado en su coche.

Me di cuenta de que el sentimentalismo es egoísta. Debo tomármelo a la ligera: es un obstáculo que nos impide cultivarnos verdaderamente.

«Solo creo en Dafa»

Llevé a mi nieta a unos baños públicos. De vuelta a casa, nos encontramos con una mujer de 80 años. Charlamos un rato y ella empezó a contarme sus problemas. Me dijo que no tenía hija y que le resultaba muy difícil bañarse. Las personas mayores no pueden ir solas a los baños públicos sin que las acompañe un familiar, ya que el personal teme que puedan desmayarse o caerse. La mujer vivía con su hijo adoptivo y su nieto.

Aunque por aquel entonces ya tenía más de sesenta años y tenía que cuidar de mi nieta, que tenía unos diez años; lo cual era agotador, pero soy practicante de Dafa. Shifu nos enseña a ser buenas personas y a tener en cuenta a los demás en todo lo que hacemos. Al ver lo difícil que era su situación, le dije: «A partir de ahora, cada vez que vaya a la casa de baños, la llevaré conmigo». Se puso muy contenta.

Cada vez que iba a los baños públicos la llevaba conmigo. Bañaba y frotaba la espalda tanto a mi nieta como a esta anciana, y las ayudaba a vestirse. Esto continuó durante varios años. Aunque era duro, verla tan feliz me hacía a mí también feliz.

Fui a su casa para llevarle unos bollos. Me dijo: «Mi sobrina, que es cristiana, vino a intentar convencerme de que practicara su religión. Le dije que no creo en eso, que solo creo en Falun Dafa. Dafa es lo mejor».

Validar el Fa en una comisaría

Otro practicante y yo estábamos repartiendo material informativo de Dafa. Acabábamos de entregar un folleto cuando nos vio y nos siguió un agente de policía vestido de civil, que parecía tener unos 25 años. Nos llevó a la comisaría y no paraba de decir: «Cuando termine con esto, me voy a suicidar». Lo repitió varias veces. Había otros cinco o seis agentes en la sala, pero este parecía que se había vuelto loco. Intenté aclararle la verdad sobre la persecución, pero se negó a escuchar. Me quitó el gorro y la mascarilla e intentó fotografiarme, pero me negué rotundamente a cooperar.

Sacó un martillo de hierro, incluso el mango era de hierro y lo golpeó contra la mesa con un fuerte estruendo. Pensé que iba a golpearme con él. Cerré los ojos y no pensé en nada. Al cabo de un rato, se sentó sin decir una palabra. Empecé a explicarle qué es Falun Dafa.

Le pregunté: «¿Por qué haces esto? Eres tan joven. Los mejores días de tu vida aún están por llegar. Haz buenas obras y recibirás bendiciones».

Dijo: «Solo quiero morir. Ya no quiero seguir viviendo». Le animé a que pensara en su mujer y sus hijos, pero me dijo que no estaba casado.

Le sugerí que pensara en sus padres. Me dijo que no tenía padres. Le dije: «Ya veo. No pareces una mala persona. A partir de ahora, haz buenas obras y deja de detener a los practicantes de Falun Dafa. Recibirás bendiciones. ¿Por qué practico Dafa? Nuestro Shifu nos enseña a ser buenas personas, a pensar en los demás, a hacer todo por los demás y a ser buenas personas según los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia: a «No devolver el golpe ni insulto…» a los demás. (Exponiendo el Fa en Sidney).

Cuando cogiste ese martillo para golpearme, no me moví. ¿Por qué fui capaz de hacerlo? Porque escucho a Shifu. Lo que enseña Shifu es el Fa, y todos los discípulos de Dafa nos comportamos así. Fíjate en Zhou Yongkang y Bo Xilai: ¿no eran altos cargos? ¿No los han detenido a todos? Es porque persiguieron a Falun Dafa e hicieron demasiadas cosas malas. ¿Aún vas a seguirles? El gran árbol ya ha caído; ¿cuánto tiempo más podrás aguantar? Levanta un poco más el cañón de tu arma y déjate una salida». Dejó de hablar y su actitud se suavizó. Parecía otra persona.

Sentado a mi lado había otro agente que parecía ser el jefe. Había estado escuchando todo el tiempo sin decir nada. A mi lado había un amuleto: un bonito colgante con forma de flor de loto. El jefe lo cogió y dijo: «Este amuleto es muy bonito. Me lo llevaré a casa para que se lo ponga mi madre».

Le dije: «Claro. ¿Llevaba tu madre alguna vez el pañuelo rojo del Partido Comunista Chino (PCCh)?». Me respondió que su madre ni siquiera había ido al colegio. Le dije al jefe que parecía muy respetuoso con sus padres y que recibiría bendiciones. Le pregunté si era miembro del Partido, y me confirmó que sí. Le dije: «Entonces, ¿por qué no renuncias al Partido?».

Él respondió: «¡Renunciar! Hace mucho tiempo que quiero hacerlo. Sé que este Partido no es bueno. Hace mucho tiempo que quiero salir». Le pregunté su nombre. Me dijo que su apellido era Zhao.

Ese día, ayudé a cuatro personas a renunciar el PCCh y sus organizaciones afiliadas. Nos liberaron y nos dejaron ir a casa. Estoy agradecida a Shifu por protegernos durante todo el camino. Cuando llegamos a casa, ya era de noche. Los niños se estaban llamando entre ellos tratando de encontrarme. Les dije que todo estaba bien y no les conté lo que había pasado.

Validando Falun Dafa en un centro de detención

En una ocasión, un compañero practicante y yo estábamos contando a la gente la verdad sobre Dafa cuando alguien nos denunció. La policía dijo que nos detendrían durante quince días. La mayoría de las personas detenidas allí eran jóvenes. Yo era la única persona mayor. A la mañana siguiente, cuando fui a vaciar la basura, vi que el cubo estaba medio lleno de bollos blancos al vapor. Me pareció un gran desperdicio. Pensé que debía decírselo; como practicante de Dafa, no podía permitir que crearan karma para sí mismos.

Les expliqué: «Si no se los van a comer, no los cojan. Si los cogen, deben comérselos. Si no pueden terminarlos, guárdenlos para la próxima comida. No deben tirar bollos al vapor: ¡es un pecado! Piénsenlo, los agricultores trabajan desde el amanecer hasta el anochecer, lo difícil que es para ellos cosechar el grano. En la cocina nos preparan la comida y nos la sirven. Si no nos la comemos y la tiramos, ¡qué desperdicio!». Después de eso, cada vez que iba a vaciar la basura, veía que nadie tiraba bollos al vapor.

Como había tanta gente en el centro de detención, no siempre había agua disponible. A veces no había agua para tirar de la cadena del baño y las habitaciones olían mal. Desde que llegué, todos los días llenaba los cubos y las palanganas de la celda, limpiaba el baño y fregaba la habitación para que estuviera ordenada y limpia. Todos estaban muy contentos. Por la noche, también tenía que hacer turno para el servicio de guardia. A los jóvenes les gustaba dormir, así que yo les cubría los turnos; de esta forma, también podía hacer los ejercicios. A todos estos jóvenes les gustaba estar conmigo.

Un día, una anciana de otra celda vino y dijo que estaba detenida por un juicio. Comentó: «¡Esta celda está tan limpia! Nadie limpia la otra celda, y está muy sucia».

Los jóvenes dijeron: «Esta tía la ha limpiado. Ella limpia todos los días. Practica Falun Dafa».

La anciana dijo: «¡Así que Falun Dafa es tan bueno!».

Yo le respondí: «el Maestro Li Hongzhi nos enseña a hacer esto. Nos pide que seamos buenas personas dondequiera que estemos, que seamos personas aún mejores y que pensemos siempre en los demás. Si no practicara Falun Dafa, no habría sido capaz de hacer esto».

En la duodécima noche en el centro de detención, tuve un sueño. Un helicóptero aterrizó en la entrada. A la mañana del decimotercer día, vinieron tres agentes de la Oficina de Seguridad Pública y me llamaron. Me preguntaron si seguiría practicando. Les respondí: «¡Es una práctica tan maravillosa, ¿quién no la practicaría?!».

Los agentes dijeron: «Si insistes en practicar, solo tienes que firmar este papel e irte a casa a practicar». Pensé: si solo firmo este papel, podré irme a casa. Así que accedí a firmar. Me llevé el papel a la habitación.

Los jóvenes le echaron un vistazo y dijeron: «Tía, este papel dice que te condenan a un año de trabajos forzados».

Cogí ese papel y salí al pasillo gritando: «¡La policía miente! ¡La policía miente! Dijeron que me dejarían irme a casa a practicar, pero este papel dice que me condenan a un año de trabajos forzados». Los tres agentes parecían asustados y salieron de la habitación.

Un agente del centro de detención me llamó para tomarme la tensión arterial, y resultó que estaba muy alta. El jefe del centro de detención dijo: «Lo que han dicho los otros agentes no cuenta. Te dejaremos ir a casa ahora mismo».

¡Gracias, Shifu, por salvarme!