(Minghui.org) He practicado Falun Dafa (también llamado Falun Gong) durante casi tres décadas, y mi vida se ha transformado por completo. Al recordar mi camino de cultivación, siento una profunda gratitud hacia Shifu y el Fa. Ahora sé que mi difícil infancia y todas las dificultades que sufrí en mi juventud me abrieron el camino para comenzar a practicar Falun Dafa.
A pesar de la implacable persecución del régimen comunista en China, he mantenido firmes mis pensamientos de rectitud y he validado Falun Dafa presentando peticiones al gobierno central y difundiendo la verdad sobre Falun Dafa en mi región. Esta es la única manera en que puedo agradecer a Shifu su salvación compasiva y cumplir mis votos sagrados de ayudarlo a salvar a los seres conscientes.
Una vida amarga
Nací en una familia campesina pobre en la provincia de Shandong. Mi madre enfermó y falleció cuando yo tenía nueve meses. Cuando tenía seis años, mi padre se volvió a casar y nuestra madrastra nos hizo la vida imposible a mi hermana mayor y a mí. Nos regañaba y nos pegaba todos los días.
Poco después de casarse, mi madrastra tuvo un bebé. No me dejaba ir a la escuela y me mantenía en casa para que cuidara del bebé. Cargaba a mi hermanito todo el día y a menudo se orinaba y defecaba encima. Una vez, se me resbaló de los brazos y se cayó, raspándose la cara. Estaba aterrorizada; mi madrastra me mataría si se enteraba. Intenté ocultar la marca en la cara del bebé, pero mi madrastra la vio. Nos golpeó a mi hermana y a mí tan brutalmente que mi hermana intentó suicidarse. Yo tampoco le encontraba sentido a la vida.
Empecé a trabajar en el campo junto a los adultos a los 10 años y rápidamente adquirí mucha habilidad. Ganaba más puntos que la mayoría de los adultos de nuestro equipo de producción al final de cada jornada laboral. Cuando tenía 19 años, mi madrastra empezó a buscarme un esposo. Desnutrida y agotada por el trabajo, día tras día, aún no me había llegado la menstruación. No quería casarme, pero mi madrastra hizo un arreglo y me casó.
Aunque ya no tenía que soportar sus abusos, mi sufrimiento no terminó. Era pequeña y delgada —no era una candidata atractiva para el matrimonio—, lo que significaba que solo la familia más pobre del pueblo aceptaba el matrimonio concertado.
Mi esposo tenía problemas pulmonares crónicos y sufría de grave dificultad para respirar. Mi suegro y sus dos hermanos padecían algún grado de enfermedad mental. Yo era la única sana y trabajaba sin descanso para mantener a la familia, pero apenas llegábamos a fin de mes. Éramos tan pobres que no teníamos suficiente para comer ni ropa para abrigarnos en invierno.
Una vez, mi esposo enfermó gravemente y tuvimos que ir al médico del pueblo. Mientras caminábamos, tuvo dificultades para respirar y se desplomó de bruces. Un anciano que pasaba por allí me habló de un remedio casero que, según él, ayudaría a mi esposo. Debía criar un pollo, sacrificarlo en la víspera del Año Nuevo Chino y cocinarlo para mi esposo. Nadie más que él podía comerlo. Hice exactamente lo que me dijo el anciano y, efectivamente, la salud de mi esposo mejoró después de comerlo.
Tuve mi primera menstruación a los 21 años. Cuando quedé embarazada de mi hijo mayor, no tenía ni idea de lo que le estaba pasando a mi cuerpo. A medida que el bebé crecía dentro de mí, yo crecí unos centímetros.
A los 26 años, quedé embarazada de mi hijo menor. Justo antes de la fecha prevista del parto, mi madrastra me mintió y me obligó a viajar al noreste, donde nació mi bebé. Durante el mes posterior al parto, me quedé sin comida y casi muero de hambre. Sin embargo, no era mi hora de morir y, de alguna manera, sobreviví. Sentía que algo bueno me esperaba. Mi esposo y yo decidimos quedarnos en el noreste y comenzamos una nueva vida en un pequeño pueblo remoto. Más tarde tuvimos a nuestra tercera hija.
Cómo me convertí en practicante de Falun Dafa
Falun Dafa se introdujo en mi pueblo en 1997 y mucha gente empezó a practicarlo. Un día, mientras viajaba por los caminos de montaña hacia el mercado, me caí y me rompí el brazo. Tardé mucho en recuperarme y, mientras tanto, no podía hacer nada. En mi pueblo había cristianos y también un grupo de personas que practicaban Falun Dafa. Un cristiano vino a visitarme un día y me invitó a su iglesia. Fui a la iglesia todos los días durante la semana siguiente, y todos allí rezaron por mí. Me conmovió.
La coordinadora del centro de práctica de Falun Dafa también vino a visitarme y trajo un libro de Dafa. Le dije: “Ahora soy cristiana. No puedo practicar Falun Dafa”. Ella me dijo: “El cristianismo tiene una historia de más de 2000 años y su fundador falleció hace mucho tiempo. Falun Dafa es el verdadero Fo Fa y Shifu, el fundador de la práctica, aún vive”. Abrió el libro en la página donde estaba la foto de Shifu y me la mostró. Me quedé impactada; sentí como si ya hubiera visto a Shifu en alguna parte. Shifu me miró con tanta compasión que supe de inmediato que quería leer ese libro. Abandoné mi fe cristiana. Me mudé a la ciudad y comencé a practicar Falun Dafa.
Mis dos hijos y mi hija comenzaron a practicar conmigo. No podía leer las enseñanzas, ya que nunca había ido a la escuela y era analfabeta. En el estudio del Fa, escuchaba cuando otros practicantes leían Zhuan Falun. Cuando oí el pasaje:
“Una vez verifiqué un poco en detalle y descubrí que los seres humanos se encontraron 81 veces en el estado de destrucción completa” (Primera Lección, Zhuan Falun).
Me quedé asombrada: este Fa era tan profundo. Tenía muchas ganas de estudiar el Fa y le pedí a mi hija que me ayudara. Ella me leía una frase a la vez, y yo la repetía después de ella.
En el verano de 1999, el Partido Comunista Chino (PCCh) prohibió Falun Dafa y lanzó una campaña nacional de persecución. El ambiente era opresivo, así que, por motivos de seguridad, nuestro grupo de estudio del Fa dejó de reunirse. No podía escuchar a los practicantes leer el Fa, ¿qué iba a hacer? Sostuve el libro con ambas manos y exclamé: “Shifu, quiero estudiar el Fa, pero no sé leer. ¿Qué debo hacer?”.
Acerqué el libro, señalé cada carácter e intenté pronunciarlo. Sorprendentemente, los reconocí a todos. Se los leí en voz alta a mi hija y le pregunté si lo había hecho bien. No podía creerlo. “¡Sí, mamá! ¿Cómo supiste todos estos caracteres?”. Estaba eufórica y supe que Shifu me había ayudado.
Leí todo Zhuan Falun en dos semanas y solo cometí unas pocas docenas de errores. Fue increíble. Jamás habría imaginado que sería capaz de leer un libro tan grueso como Zhuan Falun. Sabía que era gracias al inmenso poder de Dafa.
Aclarando la verdad en mi pueblo y alrededores
Presionados por sus superiores, los funcionarios del PCCh de mi pueblo me acosaban constantemente. Uno de ellos vino a mi casa y me quitó mi ejemplar de Zhuan Falun. Es lo más preciado para mí, y no iba a dejar que me lo quitara. Corrí tras él descalza, pero se subió a su coche y se marchó.
Cuando me arrestaron y me llevaron a la estación de policía, un agente me dijo: “Creía que los practicantes de Falun Gong no se defendían cuando los golpeaban o insultaban. ¿Por qué algunos de ustedes agredieron a nuestros agentes?”. Reiteró las mentiras que el PCCh difundía en su propaganda, difamando a Dafa.
Llena de convicciones, le dije: “Solo hay un Shifu de Falun Dafa en este mundo, y él enseña un Fa justo. Pero algunos lo practican de verdad, y otros solo fingen. Es como si hubiera un jefe de Estado, pero hay funcionarios corruptos, asesinos y delincuentes. No podemos esperar que todos los que dicen practicar Falun Dafa actúen siempre de la misma manera. Pero puedo asegurarles esto: la mayoría de los practicantes se rigen por los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Todo lo que el PCCh dice sobre Falun Dafa en los medios son mentiras”.
Los oficiales presentes me escucharon y estuvieron de acuerdo conmigo. Me liberaron ese mismo día e incluso me llevaron a casa.
Los funcionarios del Partido del municipio y del pueblo vinieron a verme. Uno de ellos me dijo: “¿Sigues practicando Falun Gong? Si es así, tendremos que fusilarte”.
Respondí: “No le temo a la muerte. Todos tenemos una sola vida, y la muerte es inevitable, ¿no? Estoy decidida a practicar Falun Dafa y nada me hará cambiar de opinión”.
Los funcionarios suavizaron su discurso y me rogaron: “Por favor, no vuelva a Beijing. Si lo hace, no podremos asignarle ninguna tierra a su familia, ni bosques ni campos de cultivo”.
Dije: «Iré a Beijing pase lo que pase. No quiero ninguna tierra y ni siquiera me importa dónde entierren las cenizas de mi familia”. Ninguno de ellos dijo una palabra más. Pude notar que admiraban mi rectitud.
Esa noche tuve un sueño muy vívido. Shifu llegó con una gran bolsa llena de libros de Dafa. Luego, un grupo de policías se lo llevó. Desperté y supe que necesitaba validar el Fa y presentar una petición al gobierno central en Beijing. Necesitaba ayudar a restaurar la reputación de Shifu y hacer saber a la gente que Dafa estaba siendo perseguido injustamente. Pero por el momento, decidí imprimir volantes para informar a la gente del pueblo que los portavoces estatales del PCCh estaban mintiendo para difamar y desacreditar a Dafa.
Al día siguiente, retiré todos nuestros ahorros (4000 yuanes) y llevé a mis hijos a buscar una imprenta. Nos encontramos con un practicante que nos ayudó a imprimir algunos volantes. Esa noche, los distribuimos por el pueblo, llevando la verdad sobre Dafa a cada hogar. Esto fue antes de que los practicantes de todo el país comenzaran a organizar esfuerzos para distribuir material informativo. Lo que hicimos molestó a las autoridades locales. Funcionarios del PCCh y policías del pueblo vinieron a nuestra casa y preguntaron quién había repartido esos volantes. No respondí directamente a sus preguntas y, como no pudieron probar nada, se marcharon.
Después de cubrir la mayoría de los pueblos y aldeas de los alrededores, se me ocurrió la idea de distribuir volantes informativos en mi pueblo natal en la provincia de Shandong. Imprimí más volantes y llevé a mi hija conmigo. Cuando se nos acabaron. Compré papel blanco para los folletos y le pedí a mi hija que escribiera mensajes como “Valorar Dafa es valorar tu propia vida” en cada página. Nos quedábamos despiertas noche tras noche, haciendo estos folletos escritos a mano que repartíamos al día siguiente.
Una noche, mientras repartíamos folletos, mi hija y yo llegamos a un pequeño puente y, de repente, me sentí tan cansada y somnolienta que no podía mantener los ojos abiertos. Nos tumbamos a descansar bajo el puente. En menos de diez minutos, la patrulla nocturna del pueblo empezó a registrar la zona buscando a quien había dejado los folletos. Pasaron justo a nuestro lado mientras dormíamos bajo el puente. Sabía que Shifu nos cuidaba y protegía en todo momento.
Los folletos causaron un gran revuelo en el pueblo. Apareció un cartel de “Se busca” ofreciendo una recompensa de 10.000 yuanes a quien delatara a practicantes de Falun Dafa. Mi hermana, con quien nos quedábamos, se asustó muchísimo cuando no volvimos a casa esa noche. Cuando finalmente regresamos al día siguiente, me gritó: “¡Estaba muerta de miedo! Aunque ya no te importe vivir, ¡mi pobre sobrina aún tiene toda una vida por delante!”.
La policía fue a casa de mi hermana dos veces en los días siguientes para averiguar si yo practicaba Dafa. Mi hermana los despistó y regresamos al noreste sanas y salvas.
Petición al Gobierno Central en Beijing
En 2001, vi una pancarta que decía “Falun Dafa es bueno” caída de un árbol en las faldas de la montaña donde vivíamos. Le pedí a mi hija que la recogiera para usarla en nuestro viaje a Beijing. Pero, ¿cómo iba a conseguir dinero para el viaje? Decidí vender nuestra vaca, por la que obtuve 1500 yuanes. Mi esposo intentó disuadirnos de ir, temiendo que no volviéramos. Lo consolé y le dije que no se preocupara.
Mi hija y yo partimos hacia Beiing a finales de 2001. Desplegamos la pancarta en la Plaza de Tiananmén y proclamamos al mundo: «Falun Dafa es bueno». A los pocos minutos, unos policías que patrullaban la plaza nos detuvieron y nos llevaron a una estación de policía. Nos registraron minuciosamente e incluso desnudaron a mi hija de 20 años. Como se resistió, un agente la golpeó y le rompió la nariz. El dolor insoportable la hizo gritar.
Le dije: “¡No llores! ¡Estamos aquí para validar el Fa!”. Luego grité: “¡Restablezcan la reputación de Shifu! ¡Restablezcan la reputación de Dafa! ¡Falun Dafa es bueno!”. Los agentes me agarraron y comenzaron a desnudarme. Me quitaron la pancarta y me empujaron al suelo. Me vertieron agua amoniacal en la nariz y me taparon la boca con una toalla para que no pudiera respirar. Tras una breve pausa, me vertieron más agua amoniacal en los ojos y me quemaron los dedos con un mechero. Me dieron de comer algo (no tenía ni idea de qué era) y luego me inyectaron una sustancia desconocida. Me encerraron en una jaula hasta que estuvieron listos para repetir todo el procedimiento.
Finalmente nos liberaron y volvimos a casa. La policía local y los funcionarios del Partido Comunista Chino (PCCh) del pueblo intentaron arrestarme por haber ido a Beijing. Para evitar más persecución, me fui de casa y viví desplazada durante ocho años, tiempo durante el cual mi esposo fue acosado repetidamente. Le impusieron una multa de 7.500 yuanes por negarse a denunciarme. No tenía el dinero, así que vendió nuestra casa, parte de nuestras tierras y nuestro toro, pero esto apenas alcanzó para pagar la multa.
Los funcionarios del Partido del pueblo estuvieron implicados en mi caso. Las autoridades municipales multaron al jefe de nuestro pueblo con 1.000 yuanes, al secretario del Partido del pueblo con 1.000 yuanes y a la tesorería del pueblo con 500 yuanes. Acosaron a mi esposo y le exigieron que los indemnizara. Amenazaron con quitarnos las parcelas de tierra que nos habían asignado a mi hija y a mí. Sin otra opción, mi esposo vendió parte de la cosecha que era nuestro sustento para todo el año y pagó a los funcionarios del pueblo.
Después de regresar a casa, los funcionarios del pueblo y la policía nos acosaron durante la Campaña de Tolerancia Cero del PCCh e intentaron que renunciara a Falun Dafa. De ninguna manera iba a hacer tal cosa. No tuve miedo y les dije sin rodeos: "Practicaré Falun Dafa y jamás cambiaré de opinión". No dijeron nada y se fueron.
Observaciones finales
Ahora sé que todas las dificultades que sufrí en mi juventud saldaron gran parte de mi deuda de yeli, permitiéndome obtener el Fa. Mi situación ha mejorado muchísimo: tengo suficiente para comer y ropa para abrigarme. Ya no guardo rencor a mi madrastra, porque sé que todo sucedió por una razón y que nuestra relación estaba predestinada.
Ahora tengo 74 años y gozo de excelente salud. Puedo trabajar en el campo como una persona joven. Cultivo maíz y obtengo más de lo que necesito de mi cosecha. No me interesa el dinero ni me importa hacerme rica. Ya he obtenido el Fa, ¿qué más podría pedir? Me siento la persona más rica del mundo. Soy la persona más afortunada porque tengo a Shifu que vela por mí y a Dafa que me guía.
Estudio el Fa y hago los ejercicios todos los días. Antes era analfabeta, pero ahora puedo leer y escribir. Incluso recito todo Zhuan Falun. Gracias a mi firme fe, Shifu continúa brindándome más sabiduría. No puedo ni imaginar cuánto ha soportado Shifu por mí a lo largo de mis años de práctica. Todavía tengo muchas ideas y apegos humanos que necesito trabajar y eliminar. Me dedicaré con diligencia a la práctica, mantendré pensamientos rectos y seguiré a Shifu.
La primera mitad de mi vida fue más amarga que la hierba china más amarga, pero ahora que tengo a Dafa en mi corazón, mi vida es más dulce que la miel.
¡Gracias, compasivo Shifu!
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