(Minghui.org) ¡Saludos, Shifu! ¡Saludos, compañeros practicantes!

Comencé a practicar Falun Dafa en 1997 y estoy muy agradecida por el cuidado compasivo de Shifu a lo largo de estos casi 30 años. Me gustaría compartir con ustedes algunas de mis experiencias de cultivación.

La fortuna de ser practicante

Yo era una persona mimada: mis padres me consentían y mis hermanos me complacían en todo. Por eso, era obstinada y egoísta, y no cambié ni siquiera después de casarme.

Mi madre falleció en 1996. Me vi consumida por el duelo y sentía un dolor insoportable. Debido a mi intenso anhelo por ella, mi salud se deterioró y acudía frecuentemente al hospital para recibir inyecciones y sueros intravenosos. Las enfermedades hereditarias en mi familia, sumadas a la traición de mi esposo, me hicieron perder toda esperanza en la vida; sentía que pronto seguiría a mi madre en la muerte.

Por aquel entonces, supe que algunas personas en mi lugar de trabajo practicaban qigong. Una excompañera de clase, por ejemplo, no podía comer sandía ni bollos fríos, ni siquiera en verano; en menos de dos meses de practicar, ya podía comer de todo. Al enterarme de esto, pensé: «¿Existe realmente un qigong tan milagroso?». Así que le pregunté al respecto. Ella respondió: «Esta noche vamos a proyectar el video de una conferencia de Shifu en la sala de reuniones de la empresa. ¿Por qué no vienes a verlo?».

Ver los videos de las conferencias

Cuando vi el video de las conferencias de Shifu aquella noche, sentí una conexión especial con Él. Shifu hablaba con acento del noreste de China, y mis padres también son originarios de esa región. Mientras escuchaba las enseñanzas de Shifu, sentí que el Fa era algo extraordinario. Desde entonces, comencé a asistir al lugar de práctica todos los días a las 3:40 a. m. para realizar los ejercicios. Sin importar si hacía viento, llovía, el calor era sofocante o el frío era intenso, me mantuve firme. Cada tarde, asistía al estudio grupal. Tras estudiar el Fa y realizar los ejercicios durante un tiempo, comprendí que Dafa es una disciplina espiritual.

Mi cuerpo también experimentó cambios enormes y aumenté aprox. 9 kg (20 libras) de peso. A veces, mientras dormía por la noche, sentía como si mi cuerpo estuviera flotando. En otras ocasiones, sentía que me elevaba como un cohete. También pude ver escenas maravillosas en otras dimensiones.

Gracias al estudio constante del Fa, llegué a comprender muchos principios del Fa, y mi xinxing mejoró continuamente, lo que condujo a una mayor armonía en mi familia. Cada día, estudiaba el Fa o lo memorizaba, sumergiéndome por completo en Dafa. Esto sentó una base sólida para asistir a Shifu en la rectificación del Fa más adelante.

Salvaguardando Dafa en Beijing

El 20 de julio de 1999, supe por otros practicantes que Falun Dafa corría el riesgo de ser prohibido ilegalmente y que muchos practicantes habían acudido al gobierno provincial para presentar una petición. Nosotros también fuimos allí. Muchos practicantes se reunieron a la entrada de la sede del gobierno provincial; todos permanecían en silencio a ambos lados de la carretera. De repente, llegaron numerosos agentes de la policía especial junto con varios autobuses. La policía intentó dispersar a los practicantes y obligarlos a subir a los vehículos, pero ellos se entrelazaron los brazos y se negaron a hacerlo.

Fue entonces cuando me di cuenta de que toda la calle y el pequeño jardín frente al edificio del gobierno provincial estaban llenos de practicantes; parecía que habían llegado practicantes de toda la provincia, uno tras otro. Recitamos al unísono Lunyu: sentí como si nuestras voces resonaran hasta el Cielo. Fue una escena verdaderamente inspiradora que aún recuerdo con total claridad. Finalmente, nos llevaron a un gran patio y, desde allí, nos enviaron de vuelta a nuestros respectivos lugares de trabajo.

Viaje a Beijing

Un día de noviembre de 1999, visité la casa de un compañero practicante y me encontré con nuestro coordinador local de Falun Dafa. Acababa de regresar de Beijing y nos contó detalles de su viaje. Me conmoví hasta las lágrimas y decidí ir también.

Seis de nosotros, practicantes, partimos hacia Beijing. Durante el trayecto en tren, la policía ferroviaria registró mi equipaje y encontró mis libros de Falun Dafa. Un agente nos hizo bajar del tren y nos encerró en una habitación de la estación ferroviaria. Era noviembre, por lo que ya hacía mucho frío, y en la habitación entraban corrientes de aire. Nos acurrucamos unos junto a otros y, al compartir nuestras experiencias de cultivación, sentimos calidez en nuestro interior.

La policía local vino a buscarnos para llevarnos a casa y trajeron a nuestros familiares. Mi suegro exigió que redactara una «garantía» en la que me comprometiera a no volver nunca más a Beijing. Me negué, pero más tarde los agentes me permitieron regresar a casa. Resultó que mi tío conocía a un policía, y él redactó la garantía en mi lugar. Nuestro coordinador local de Falun Dafa fue sentenciado ilegalmente a dos años en un campo de trabajo forzado. Otro practicante fue detenido ilegalmente durante siete días.

Regreso a Beijing

En 2001, decidí volver a Beijing para cumplir mi deseo de validar Dafa. Cinco practicantes más se unieron a mí. Subimos al tren con destino a Beijing, y el viaje transcurrió sin contratiempos.

Tras cruzar un paso subterráneo para peatones que conducía a la plaza de Tiananmén, nos detuvimos bajo una de las columnas ornamentales Huabiao. Otros dos practicantes se situaron a unos cinco metros de nosotros, en diagonal. Estábamos nerviosos. Dije: «¡Vamos, empecemos!». Intercambié una mirada con el practicante que estaba a mi lado y asentí.

Tras sacar una pequeña pancarta, cada uno de nosotros sostuvo un extremo y, entrelazando nuestros brazos, caminamos hacia la multitud de turistas mientras gritábamos: «¡Falun Dafa es bueno!», «¡Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno!», «¡Restablezcan la reputación de Shifu!», «¡Restablezcan la inocencia de Dafa!».

Mientras gritábamos, un turista entre la multitud nos advirtió a gritos: «¡Corran! ¡La policía vendrá y los atrapará!».

Continuamos sosteniendo nuestras pancartas y gritando, cuando un soldado alto se abalanzó hacia nosotros y arrebató la pancarta. Nos adentramos en la multitud y tres de nosotros logramos regresar a casa a salvo.

Distribuyendo  materiales

En el año 2000, algunos practicantes prepararon una gran cantidad de materiales de aclaración de la verdad para que los distribuyéramos.

Dos practicantes y yo llevamos varias bolsas grandes de estos materiales a una zona residencial y los repartimos en cada hogar. Caminamos durante toda la noche, distribuyendo todo el material a nuestro paso. Aquella noche, el cielo estaba cubierto por una cantidad inusualmente grande de estrellas, que parecían estar muy cerca de nosotros.

Los perros dejan de ladrar

En otra ocasión, fui a una zona rural llevando una bolsa grande de materiales de aclaración de la verdad. Justo al llegar a la entrada de la aldea, una docena de perros comenzaron a ladrarme con furia. Envié pensamientos rectos. En cuestión de minutos, varios perros empezaron a gemir, mientras los demás se dispersaban. Supe que Shifu me estaba protegiendo, así que distribuí los materiales en cada una de las casas, todas recibieron el material.

Repartí materiales informativos sobre Falun Dafa en todas las aldeas cercanas a mi hogar. Es probable que mi suegra hubiera oído algo al respecto, pues comentó: «Alguien en las aldeas vecinas está distribuyendo materiales sobre Falun Dafa».

Yo respondí: «¿Ah, sí?». Por su expresión, pude notar que sospechaba que había sido yo.

El camino en completa oscuridad

Muchas veces, caminaba sola por caminos oscuros pegando adhesivos con mensajes de aclaración de la verdad, cuando no había nadie más cerca. Por aquel entonces, en 2000 y 2001, las instalaciones públicas de nuestra localidad estaban muy poco desarrolladas; ni siquiera había alumbrado público en las calles principales. Pero yo no tenía miedo. Con Shifu y Dafa presentes, los practicantes no tenemos nada que temer.

El centro de lavado de cerebro

Un día, a finales de la primavera de 2002, mi suegra vino corriendo a mi casa y me dijo: «¡Será mejor que te escondas rápido, vienen a llevarte! ¡Ya están en mi casa!». Rápidamente empaqué mi ropa, tomé un libro de Falun Dafa y me fui a casa de un pariente en otra ciudad.

Aproximadamente una semana después, dos personas que habían dejado de practicar llegaron a mi casa y le dijeron a mi familia: «No la golpearemos ni la insultaremos (refiriéndose a mí); solo la llevaremos a un centro de lavado de cerebro y allí entrará en razón». Mi esposo y otros familiares les creyeron. Mi familia llevó a la policía y a esas dos personas hasta el lugar donde yo me estaba quedando.

Las autoridades me llevaron a la fuerza a un centro de lavado de cerebro. Al principio, inicié una huelga de hambre como protesta, pero al cabo de dos días me sentí muy débil. Comprendí que aquello no daría resultado; tenía que encontrar la manera de escapar.

En el centro de lavado de cerebro, los guardias me mantuvieron en confinamiento solitario. También ponían videos que atacaban a Shifu y me obligaban a verlos. Yo los apagaba, pero ellos volvían a encenderlos. Cuando intenté apagarlos de nuevo, me lo impidieron; pusieron a alguien junto al televisor. Yo no miraba la pantalla; en su lugar, me acosté en la cama y dormí profundamente. Sabía que Shifu me estaba protegiendo.

Aquellas dos personas, que habían perdido el rumbo, vinieron con la intención de «transformarme». Les dije: «¿Acaso creen que pueden convencerme con su lógica retorcida y sus herejías?». «¡Basta ya de tonterías!». Sus palabras no tuvieron ningún efecto en mí, porque yo veía claramente sus artimañas.

Cuando una táctica fracasaba, los funcionarios probaban con otra. Trajeron a mi padre, a mi hermano, a mis parientes políticos, a mi esposo y a mis hijos para intentar convencerme; todos lloraban y sollozaban. Mi suegra incluso me dio una bofetada en público, pero yo me mantuve impasible. Más tarde, mi hermano me llevó a una habitación y me dijo: «El Partido Comunista Chino (PCCh) es capaz de cualquier cosa. Podrían incluso matarte».

Respondí: «Seguiré practicando, aunque muera». Al decir esto, sentí una corriente cálida recorrer todo mi cuerpo.

Mi huida

El centro de lavado de cerebro donde estábamos detenidos ilegalmente contaba con una zona de baños. Íbamos allí a ducharnos todos los días debido al calor, y comíamos en un comedor conectado a dicha zona. Cuando me llevaban a comer, me fijé en que había una puerta en el comedor que daba directamente a los baños. A veces comíamos allí, y otras veces nos traían la comida a nuestras habitaciones.

Una noche, después de cenar, fuimos a ducharnos. Por lo general, tres agentes de policía me acompañaban; los turnos cambiaban a diario. Una de ellas, que probablemente no se quedaría allí esa noche, dijo: «Hoy no me voy a duchar. Te esperaré en la entrada de los baños». Otra agente terminó de ducharse y se marchó, mientras que la tercera aún seguía dentro. De repente, la agente que se había ido regresó y se cambió de ropa.

Terminé de ducharme y salí al patio interior de la zona de baños. La agente que no se había duchado estaba de pie en el patio exterior, probablemente pensando que solo había una entrada. Al darme cuenta de que me encontraba sola en el patio interior, un pensamiento cruzó mi mente de inmediato: ¡corre! abrí la puerta que daba al comedor y salí corriendo por la entrada principal. Me dirigí hacia una verja situada al otro lado de la calle, pues sentí que no podía correr por la vía principal; sin duda, me habrían alcanzado. Así que corrí hacia el patio que estaba al otro lado.

Reflexioné y comprendí que no debía correr. Si lo hacía de forma apresurada, los guardias se enterarían a través de los transeúntes, de que había huido hacia el otro lado de la calle.

Entonces, ocurrió algo milagroso: descubrí que, en una de mis dimensiones, estaba corriendo; sin embargo, mi cuerpo físico no lo hacía, sino que caminaba. «Shifu me está bendiciendo», pensé.

Una luna excepcionalmente brillante

Caminé hasta un gran parterre en el patio opuesto y me puse en cuclillas. Antes incluso de llegar a la puerta principal, escuché a alguien gritar desde la zona de los baños: «¡Oh, no! ¡Se ha escapado!». Luego, oí sirenas de policía. No supe cuánto tiempo pasó, pero mis piernas estaban entumecidas de tanto estar en cuclillas. Después, todo quedó en silencio; las personas en los edificios cercanos apagaron las luces y se fueron a dormir.

La luna brillaba con una intensidad excepcional aquella noche, lo que me permitía ver con claridad mientras caminaba.

El muro estaba muy cerca del parterre. Vi un gran montón de tierra junto a la pared, así que trepé por él y miré al otro lado. Había mucha hierba. Como no estaba segura si debajo de la hierba había agua o tierra, lancé primero la bolsa que contenía mi ropa. Al ver que no se hundía, salté. El suelo resultó ser blando y no sufrí ningún daño.

Entonces comprendí que Shifu debía estar protegiéndome. ¿Cómo era posible que hubiera un montón de tierra tan grande junto a un muro tan alto, permitiéndome así escalarlo? Mido solo 1,5 metros de altura (aproximadamente 4 pies y 11 pulgadas) y salté desde aquel muro alto sin sufrir ninguna lesión. Estoy muy agradecida con Shifu por su protección.

Más allá del muro había tierras de cultivo. Caminé hasta la carretera, paré un taxi y llegué a una estación de autobuses en otra provincia. Cuando fui detenida, la policía me registró; llevaba conmigo 700 yuanes. Shifu me dio sabiduría y logré ocultar el dinero, de modo que la policía no lo encontró. El trayecto en taxi me costó 200 yuanes.

Al llegar a la estación de autobuses, fui al baño y me quité rápidamente el barro de las piernas. Descubrí que ambos pies estaban cubiertos de diminutas picaduras rojas de mosquito. Fui al supermercado y compré un par de calcetines; de lo contrario, la gente se habría preguntado qué me había ocurrido. Así, para evitar ser detenida de nuevo, comencé una vida sin hogar fijo.

Estableciendo un centro de producción de materiales

Regresé a casa dos años después. Un practicante local me preguntó si estaría dispuesta a encargarme de la producción de materiales para aclarar la verdad. Acepté de inmediato. Comprendí que aquello era una disposición de Shifu; en aquel entonces, el entorno de cultivación local había sufrido graves daños, ya que todos los centros de producción de materiales habían sido destruidos.

Tres de nosotros establecimos un centro de producción. Un practicante se encargaba de los aspectos técnicos —mantenimiento de computadoras y equipos de impresión, así como de la descarga de archivos—; yo me ocupaba de la impresión y la encuadernación; y el tercer practicante se encargaba de la distribución de los materiales. Bajo la compasiva protección de Shifu, permanecimos a salvo durante varios años, distribuyendo continuamente materiales de aclaración de la verdad a los practicantes locales, tales como folletos, volantes, pegatinas, amuletos y los Nueve Comentarios sobre el Partido Comunista. En ocasiones, también producíamos libros de Dafa y copias de otras conferencias de Shifu.

Vigilancia por parte de las autoridades

Nos mudamos varias veces. El primer centro de producción estaba en la casa de un familiar de uno de los practicantes. Cuando alguien de la administración de la comunidad vino de visita, preguntó: «¿Por qué está cerrada la puerta de esta habitación?». Nos mudamos de inmediato.

Alquilamos una casa vacía a un amigo y allí imprimimos materiales de aclaración de la verdad. Unos años más tarde, un día vimos un aviso de la policía en la puerta que indicaba que, si alguien vivía allí, debíamos registrarnos en la estación de policía. Luego, un vecino preguntó: «¿Viven aquí? La policía llamó a la puerta y dijo que, si alguien vive aquí [en la casa alquilada], es necesario registrarse». Percibimos el peligro e inmediatamente trasladamos el equipo a la casa de otro practicante, donde permanecimos tranquilos durante varios años.

Producción de materiales dondequiera que vaya

En 2011, tuve que ir a trabajar a otra ciudad. Así que busqué a una compañera practicante y le entregué el equipo para elaborar materiales de aclaración de la verdad.

Al llegar a la nueva ciudad, me puse en contacto con otros practicantes y establecí un pequeño punto de distribución de información para proveer materiales de aclaración de la verdad a los practicantes de esa zona.

Demanda contra Jiang Zemin

En agosto y septiembre de 2015, noté que muchos practicantes enviaban artículos a Minghui y hablaron sobre sus experiencias al presentar demandas contra el exlíder del PCCh, Jiang Zemin, utilizando sus nombres reales. Revelaron cómo Jiang había perseguido brutalmente a los practicantes de Dafa durante tantos años.

Acudí a una compañera practicante y le hablé al respecto. Ella me preguntó: «¿Qué opinas?».

Respondí: «Definitivamente es algo que debemos hacer: presentar una denuncia formal contra Jiang Zemin y su régimen por los crímenes cometidos al perseguir a Falun Dafa, así como por la persecución a la que hemos sido sometidos».

Ella reflexionó un momento y dijo con firmeza: «Estoy de acuerdo. ¡Lo haremos!».

Cada una redactó su denuncia contra Jiang, las imprimimos y las enviamos por correo. Estuve haciendo un seguimiento del envío y solo me sentí tranquila cuando vi que las denuncias habían llegado a Beijing. Posteriormente, presenté una denuncia formal a través del sitio web de la Procuraduría Popular Suprema, denunciando los crímenes de Jiang y su régimen bajo mi nombre real, e incluyendo mi dirección y número de teléfono.

Compañeros practicantes de mi ciudad natal se pusieron en contacto conmigo para pedirme ayuda con la impresión de sus demandas contra Jiang; se trataba de más de una docena de ejemplares. Pasé a formato digital sus demandas —que estaban escritas a mano—, las imprimí, las encuaderné por separado y se las entregué.

Hacia finales de año, un funcionario de la administración local me llamó y preguntó: «¿Ha escrito usted una carta contra Jiang Zemin?».

Respondí: «Sí, así es».

Los funcionarios acudieron a mi domicilio en varias ocasiones y me preguntaron: «¿Sigue practicando Falun Dafa?».

Respondí: «Por supuesto que sí». Saqué un libro de Falun Dafa para mostrárselo y dije: «Este libro enseña a las personas a ser buenas, a no hacer el mal; nos guiamos por los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. ¿Por qué no podemos practicar algo tan bueno?».

Uno de los funcionarios comentó: «Puede practicar en casa». Y ahí terminó el asunto.

Difundiendo la verdad en el centro de detención para ayudar a salvar a las personas

En el verano de 2019, distribuí una gran cantidad de material informativo y coloqué pegatinas con mensajes para aclarar la verdad. Una mañana, mientras me preparaba para ir al trabajo, recibí una llamada telefónica informándome que el coche de un hombre había chocado contra el mío en el aparcamiento, y que debía bajar para notificarlo a la policía de tráfico. Al llegar al aparcamiento, me vi rodeada por ocho o nueve agentes de policía. Mientras me resistía, me pusieron las esposas.

Me arrastraron hacia mi casa. Varios agentes me sujetaron y exigieron que abriera la puerta para poder registrar mi domicilio. Pregunté: «¿Tienen una orden de registro?». Sacaron una orden en blanco.

Dije: «Esto es ilegal; una orden en blanco no tiene validez legal». Mi puerta tenía una cerradura de combinación, y querían que les revelara el código, pero me negué. No tuvieron más remedio que llevarme a la estación de policía.

Al bajar, grité: «¡Falun Dafa es bueno! ¡Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno! ¡Falun Dafa se ha extendido a más de 100 países en todo el mundo!». Muchas personas se reunieron abajo para ver qué estaba ocurriendo. Más tarde, supe que alguien me había denunciado por distribuir materiales de aclaración de la verdad, y que la policía me localizó mediante equipos de vigilancia con reconocimiento facial.

En la estación de policía

Al llegar a la estación de policía, seguí hablándoles de Falun Dafa a los agentes que me custodiaban. Al poco tiempo, uno de ellos me llevó a una sala y comenzó a interrogarme. Me dijo: «Siéntate». Respondí: «No lo haré».

Mientras caminaba de un lado a otro de la sala, él preguntó: «¿Cómo voy a interrogarte si no te sientas?».

Le contesté: «Quíteme las esposas y me sentaré». Entonces, llamó a alguien para que me las quitara.

Preguntó: «¿Cómo te llamas?». Respondí: «Si no saben mi nombre, ¿por qué me han traído aquí?».

Me hizo otras preguntas, pero me negué a responderlas.

Más tarde, preguntó: «¿Cómo empezaste a practicar Falun Dafa?». En cuanto escuché esta pregunta, supe que podía responderla; era la oportunidad perfecta para aclarar la verdad.

Comencé a explicar cómo empecé a practicar Falun Dafa, los cambios en mi salud antes y después de comenzar la práctica, cómo mi carácter mejoró notablemente a través de la cultivación, cómo dejé de ser tan mezquina y aprendí a ser considerada con los demás, y cómo me desapegué del beneficio personal. También hablé sobre cómo los practicantes de Dafa se cultivan siguiendo los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia, y cómo Falun Dafa se ha extendido por todo el mundo. Él me pidió que firmara un documento, pero me negué, y no insistió.

Para entonces, ya había pasado la hora del almuerzo. Él se preparó un tazón de fideos instantáneos y también me preparó uno a mí. Uno de los policías que me custodiaba comentó: «Nunca antes habíamos preparado fideos instantáneos para ningún detenido; nadie había recibido nunca un trato así».

Respondí: «¡Es porque soy una persona buena e inocente!».

«Son dos cosas distintas»

Por la tarde, los funcionarios llamaron a mi esposo. Él estaba muy angustiado y no dejaba de presionarme para que cooperara con la policía.

Los funcionarios querían registrar mi casa y me pidieron la contraseña de la puerta. Como la cerradura había sido reemplazada recientemente, y mi esposo se encontraba trabajando fuera de la ciudad, aún no había tenido oportunidad de contárselo. Mi esposo me dijo: «Una cerradura nueva cuesta casi 2000 yuanes. Solo dales la contraseña rápido y podrán registrar el lugar, ¿está bien?».

Respondí: «No lo haré. Si les doy el código de la casa, estaré colaborando con su registro. Si fuerzan la cerradura para entrar, eso constituiría una persecución en mi contra. Son dos cosas distintas».

Entonces, la policía contrató a un cerrajero para forzar la apertura de mi puerta. Más tarde, fui detenida ilegalmente en la última sala de la estación de policía, en un espacio al que llamaban «jaula». Allí también había otros tres jóvenes detenidos. Les hablé sobre Falun Dafa y la persecución, y todos ellos decidieron renunciar a las organizaciones del PCCh.

En el centro de detención

La estación de policía local informó de mi caso a la División de Seguridad Nacional y al Comité de Asuntos Políticos y Jurídicos (CAPJ). Esa misma noche, la policía anunció que me mantendrían detenida durante 15 días. Poco después, un agente de la estación de policía quiso llevarme a que me extrajeran sangre y me tomaran las huellas dactilares.

Dije: «No lo haré».

Él respondió: «Si no colaboras, tendremos que obligarte».

Le contesté que no colaboraría, ni siquiera bajo coacción. Tras reflexionar un momento, dijo: «Bueno, está bien, olvídalo».

Al día siguiente, la policía me trasladó al centro de detención. Durante el trayecto, pensé que cualquier lugar puede servir para aclarar la verdad. En el centro de detención, los agentes me llevaron a una sala donde había unas 20 personas; la mayoría eran jugadores, personas involucradas en peleas, ladrones, prostitutas, etcétera. Tras entablar contacto con ellas, les hablé, una por una, para aclararles la verdad.

Es más sencillo convencer a los jóvenes que renuncien a su afiliación al PCCh y a sus organizaciones juveniles asociadas; lo hacen casi de inmediato. El centro de detención deja salir a personas todos los días, mientras que otras nuevas ingresan. Quienes se marchaban ya habían renunciado al Partido; a los recién llegados, les explicaba nuevamente la verdad sobre Falun Dafa. La mayoría de ellos renunció a las organizaciones del PCCh, a excepción de dos personas. También había personas analfabetas, a quienes les explicaba qué es Falun Dafa: se trata de cultivarse siguiendo los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia y de ser una buena persona. Además, enseñaba a los detenidos a recitar: «Falun Dafa es bueno. Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno».

Cada día les hablaba sobre los beneficios de Falun Dafa, cómo se ha difundido por todo el mundo y les contaba algunas historias tradicionales chinas.

A menudo comentaban: «¿Cómo sabes tantas cosas? Tienes muchos conocimientos y sabes muchísimo. Debes de ser profesora universitaria, ¿verdad?».

Yo respondía: «No, Shifu me ha otorgado sabiduría».

Estuve detenida ilegalmente durante un largo periodo, y cada día llegaban personas distintas. Para no confundir la lista de quienes renunciaban al PCCh, tenía que repasarla mentalmente todos los días. En total, logré que más de 20 personas renunciaran. Al final, varias reclusas querían llamarme «jefa». Pero yo les decía: «No soy ninguna jefa. Solo tienen que recordar: "Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno". Estamos agradecidas con Shifu por su compasiva salvación de todos los seres».

Un corazón libre de resentimiento

En la segunda mitad de 2022, regresé a mi ciudad natal. Durante muchos años, mi esposo y yo habíamos vivido separados. Tras mucho reflexionar, decidí volver a casa. La noche en que nos mudamos, mi esposo me puso las cosas difíciles; su actitud era completamente distinta a la de antes.

No entendía qué estaba pasando, pero pensé: «Bueno, ya que estoy de vuelta, no le guardaré rencor».

Durante ese tiempo, sufrí caídas con frecuencia, algunas de ellas bastante fuertes. Pero no sufrí ninguna lesión, y mi ropa ni siquiera se rasgó. En ese momento, no le di mucha importancia. Más tarde, me di cuenta de que era Shifu iluminándome, indicándome que tuviera cuidado para no caerme.

Mi padre, ya anciano, enfermó gravemente, y yo estaba ocupada cuidándolo. Antes, mi esposo solía escucharme y se encargaba de todas las tareas del hogar; pero, desde que regresé a casa, se mostró muy distante conmigo. Solo realizaba las labores domésticas cuando yo se lo pedía; de lo contrario, se quedaba sentado mirando su teléfono. A veces, cuando estaba cocinando y me encontraba muy ocupada, tardaba una eternidad en acercarse cuando lo llamaba. Ni siquiera lavaba bien las verduras: al revisarlas, notaba que aún tenían restos de tierra, por lo que tenía que volver a lavarlas.

Conflicto

Con el tiempo, descubrí que mi esposo mantenía una relación con una pariente mía. El esposo de ella trabajaba en otra ciudad y, cuando ella tenía asuntos familiares que atender, solía pedirle ayuda a mi esposo. Así fue como empezaron su relación. Pensé: «Con razón mi esposo estaba tan volcado en la otra familia y tan distante conmigo».

El sexto día del Año Nuevo, tras cenar en casa de mis suegros, comenzamos a discutir por asuntos sin importancia mientras regresábamos a casa. Al llegar, mi esposo me agarró por los hombros, me levantó como si fuera una gallina y me llevó frente al espejo, diciéndome: «¡Mírate la cara!».

Todas mis frustraciones acumuladas se desbordaron dentro de mí. Tomé el teléfono y llamé a mi cuñado y a mi hija (que ese día se quedaba en casa de su abuela). Les dije: «Llevénselo. Se acabó». Mi esposo volvió a casa de sus padres.

Identificando mis deficiencias

Después de calmarme, me di cuenta de que había actuado muy mal. No había tratado a mi esposo con amabilidad y había olvidado que soy una practicante. En lugar de eso, estaba tratando nuestro problema como un asunto propio de una persona común. Llevo más de 20 años practicando; ¿por qué me comporté de una manera tan inadecuada?

Durante los últimos años, mientras ayudaba a Shifu en la rectificación del Fa, me apoyé en mi fe recta en Shifu y en Dafa para superar las dificultades, sin cultivar verdaderamente mi xinxing. Analicé profundamente cuáles eran mis apegos fundamentales. Me di cuenta de que sentía un fuerte resentimiento hacia mi esposo, reprochándole lo que me había hecho y el haber traicionado a la familia. Le guardaba rencor por no ganar dinero, por no cumplir con sus responsabilidades familiares, etcétera. Todos estos son apegos que, como practicantes, debemos eliminar mediante la cultivación.

Cambios positivos

Estudié y memoricé el Fa extensamente, a la vez que enviaba poderosos pensamientos rectos para eliminar mi resentimiento y mi espíritu de competitividad. Una noche, mi padre, que es una persona mayor, necesitó una ambulancia para ser trasladado al hospital. Llamé a mi esposo para pedirle ayuda, y juntos llevamos a mi padre al hospital. Le dije: «Por favor, regresa a casa».

Una vez que mi esposo volvió, comencé a prestar atención a mis palabras y acciones, esforzándome por ajustarme a los estándares de Falun Dafa. A veces, surgían pensamientos negativos en mi mente y, en ocasiones, no podía evitar discutir con él. Poco a poco, estos pensamientos negativos fueron disminuyendo y, hoy en día, el ambiente en todo el hogar ha cambiado. Ahora, mi esposo toma la iniciativa de realizar las tareas domésticas e incluso se encarga de cocinar. Cada vez que llega el momento de enviar pensamientos rectos, él me recuerda: «Ya casi es la hora. Cuando termines de enviar pensamientos rectos, empezaremos a comer». 

Antes, cuando les hablaba a otras personas sobre la persecución, mi esposo estallaba en ira y me reprendía. Ahora es diferente; ya no pone objeciones cuando hablo con la gente. En una ocasión, nos encontramos en la calle con un excompañero de clase de mi esposo. Él lo saludó, y yo me acerqué para hablarle sobre Falun Dafa. Este hombre había ocupado un puesto directivo de nivel inferior en su lugar de trabajo y era miembro del Partido. Logré convencerlo fácilmente de que renunciara al Partido. Mi esposo me esperó, y cuando le conté que había logrado que su compañero renunciara a las organizaciones del PCCh, él respondió: «Has ayudado a salvar a otra persona».

Al reflexionar sobre mis 29 años de cultivación, reconozco que ha sido el compasivo y grandioso Shifu quien me ha guiado y protegido constantemente. ¡Sin duda, realizaré bien las «tres cosas» y regresaré a mi hogar espiritual original junto a Shifu!

(Artículo seleccionado para el 23.er Fahui de China en Minghui.org)