(Minghui.org) Después de regresar a casa tras haber estado detenida ilegalmente durante más de tres años, descubrí que había perdido el plazo para solicitar mi jubilación.
Estuve dándole vueltas a si debía solicitar la jubilación y cobrar mi pensión. Toda la experiencia fue un proceso de cultivación. Aquí están los detalles.
Evitando dificultades
Tenía un muy buen trabajo, pero debido a la persecución, mi empleador me despidió en 2007. Durante más de 10 años estuve sin ingresos. Me puse en contacto con varios de mis exjefes en la empresa donde trabajaba para contarles sobre Falun Dafa y la persecución. Si bien expresaron su sincera solidaridad con mi situación tras escuchar los hechos, parecían incapaces de ayudarme ante la presión de sus superiores y el clima de persecución en China.
Basándome en mis experiencias pasadas, mi reciente salida de prisión y lo que había leído en Minghui.org, conocía perfectamente las dificultades que enfrentan los practicantes para recuperar su pensión de jubilación, incluyendo a una compañera practicante de mi zona cuya situación era similar a la mía. Acompañada por su familia, condujo cientos de kilómetros hasta la autoridad provincial para denunciar su situación, solo para recibir una pequeña asignación mensual para gastos de manutención. Dado que todo lo que veía y oía se refería a las dificultades, desarrollé un gran obstáculo mental.
Para superar las dificultades económicas que enfrentaba, intenté varias veces encontrar trabajo temporal, pero sin éxito. Al reflexionar sobre ello, me di cuenta de que fue porque no actué de acuerdo en base al Fa (las enseñanzas de Falun Dafa).
Como todos los de mi familia trabajan, tengo que cuidar de mi nieto, cocinar y hacer las tareas del hogar a diario. No solo tengo poco tiempo para estudiar el Fa, sino que tampoco logro encontrar la paz interior. Sin embargo, si mis pensamientos no están centrados en el Fa y no tengo pensamientos rectos, no tendré sabiduría. Varias veces pensé en ir a mi trabajo a solicitar mi jubilación y pensión, pero todo tipo de apegos humanos y nociones seguían presentes, y siempre lo posponía, optando por ceder. Dar este primer paso fue muy difícil.
Identificando las causas subyacentes de la persecución
Sé que los pensamientos rectos provienen del Fa. Calmé mi mente y, después de estudiar el Fa en silencio, me di cuenta de que nunca había considerado racionalmente las razones más profundas por las que perdí mi trabajo. Solo pensaba que se debía a esta feroz persecución y a que mis superiores habían colaborado con el Partido Comunista Chino (PCCh) para expulsarme de la empresa y protegerse. Sin embargo, los cultivadores no podemos quedarnos solo en la superficie; debemos mirar en nuestro interior.
Cuando la persecución del PCCh comenzó en 1999, en mi trabajo me pidieron que eligiera entre mi fe y mi afiliación al PCCh. Sin dudarlo, elegí Falun Dafa, y mi empresa utilizó esto como pretexto para expulsarme del Partido. En aquel entonces, también estaba muy comprometida con el período de rectificación del Fa y no quería seguir sufriendo el acoso laboral. Bajo la doble presión del trabajo y el estrés mental, pensé en "perseverar en mi fe y renunciar a mi trabajo", creyendo erróneamente que mi fe era muy firme. Este pensamiento impuro fue explotado por las viejas fuerzas, y efectivamente perdí mi empleo.
Esto no solo me causó dificultades en mi vida, sino que también tuvo un impacto negativo en aquellos de mi entorno. De hecho, cuando trabajaba, muchas personas comprendieron la verdad y decidieron renunciar al PCCh y sus organizaciones afiliadas. Después de perder mi empleo, pensaron que, como practicaba Falun Dafa, ya no me importaba trabajar. Así que comenzaron a distanciarse de mí.
Afortunadamente, la rectificación aún no ha terminado y todavía tengo la oportunidad de enmendar mis errores. En el proceso de mirar hacia dentro constante y de eliminación de apegos humanos, mis pensamientos rectos se fortalecieron. Decidí ir a mi lugar de trabajo para gestionar mi jubilación y pensión.
Dejando atrás el resentimiento hacia mi esposo
Un día, cuando mi marido estaba en casa, me cambié de ropa para salir. Antes de salir, me preguntó: "¿Adónde vas?".
Respondí: "Voy a mi lugar de trabajo a hablar sobre mi jubilación".
Inmediatamente se enfadó: "¿Todavía te atreves a ir a tu lugar de trabajo? ¿Alguien como tú cree que puede jubilarse normalmente con una pensión? ¿Es eso siquiera posible? Realmente no conoces tu lugar".
Lo miré con calma y le dije: “Cuida a los niños un rato. Vuelvo enseguida”.
Al salir de casa, pensé en nuestro pasado. Éramos una familia acomodada. Después de perder mi trabajo, mi esposo se hizo cargo de todos los gastos del hogar. Siempre fue ahorrativo y soportó mucho. Ahora que he regresado después de haber sido encarcelada injustamente, mi esposo, quien siempre me apoyó en mi practica de cultivación, se muestra frío y sarcástico conmigo. Además, se ha vuelto muy controlador con nuestras finanzas. Si me ausentaba por mucho tiempo, se enfadaba a mi regreso. La mayoría de las veces podía soportarlo, pero mi mentalidad siempre era: yo tenía razón, él estaba equivocado. A menudo sentía resentimiento; pensaba que era una mala persona, que me controlaba económicamente y que me humillaba delante de nuestros familiares y amigos; que no me ayudó en mis momentos más difíciles, sino que, por el contrario, empeoró las cosas. No podía dejar pensar en sus defectos. Pero esto es un error: llevo casi 30 años en mi camino de cultivación, y sin embargo me comparo con una persona común, usando nociones humanas para discutir quién tiene la razón y quién no. Esto no es correcto.
A lo largo de los años, mi esposo me ha apoyado en las buenas y en las malas. Siempre ha creído en la rectitud de Shifu y en la rectitud de Falun Dafa, especialmente desde que comenzó la persecución. Me acompañó a distribuir DVD de aclaración de la verdad y a colocar pegatinas con información sobre la verdad. Una noche de tormenta, desafió la fuerte lluvia para salir solo y retirar un cartel que difamaba a Falun Dafa. Durante mi detención ilegal, protegió nuestro hogar y soportó el sufrimiento en silencio. Lloró desconsoladamente cuando la persecución alcanzó su punto álgido. En aquel entonces, el ambiente era aterrador, y él se atrevió a arriesgarlo todo para acompañarme en las actividades para validar el Fa. Al recordarlo ahora, todavía me conmueve profundamente.
La verdad rectifica los corazones de las personas
Pronto llegué a la entrada de mi lugar de trabajo. Era el sitio donde había trabajado y vivido durante 28 años, un lugar al que no había ido en más de 10 años. Antes de que comenzara la persecución, amaba profundamente mi trabajo y todo lo relacionado con este lugar. Después del inicio de la persecución, al enfrentarme a daños injustificados y al acoso constante de ser obligada a firmar documentos y escribir garantías para renunciar a mi fe, comencé a sentir resistencia y confusión respecto a este lugar. Si bien todos sabían que los practicantes éramos buenas personas, bajo el ambiente aterrador creado por el despiadado PCCh en aquel entonces, muchos, movidos por el interés propio, optaron por cooperar con el PCCh en la persecución contra Dafa y sus practicantes.
después de registrarme en la entrada, me dirigí a la oficina. El director era un excompañero al que conocía bien, y su frialdad me sorprendió.
Preguntó con naturalidad: "¿Qué tal?".
Le dije: "Se trata de mi jubilación".
Preguntó, desconcertado: «Llevas tantos años sin trabajar. ¿Qué tienes que ver con la empresa? ¿Por qué estás solicitando la jubilación?».
Respondí: «La razón por la que no he trabajado durante tantos años no se debe a mis errores laborales, sino a esta persecución irracional, y usted lo sabe. He hablado con todos mis jefes anteriores, excepto con el actual, y ninguno me ha dicho que no tenga ninguna relación con la empresa. Empezamos a trabajar juntos y tengo casi 30 años de servicio; usted puede dar fe de ello. Además, durante mi etapa laboral, de mi salario se descontaba una parte destinada al seguro de pensiones. Eso no se puede borrar así como así».
Mis palabras, serenas, denotaban cierta autoridad. En ese instante, pareció recobrar la compostura y me miró fijamente, sin expresión, diciendo: «No me refería a eso. Simplemente no sé qué hacer al respecto».
Sonreí y dije: “Lo entiendo. ¿Podrías ayudarme y preguntar por ahí?”.
Él respondió rápidamente: "De acuerdo, puedo pedir instrucciones a mis superiores".
Eliminando el miedo a los superiores
Al salir de la oficina y cuando estaba a punto de bajar, me encontré con otra excompañera. Fue muy amable al saber que estaba allí para hablar sobre mi jubilación. Le expliqué brevemente lo sucedido y me dijo: «No puedes simplemente hablar con él sobre esto; tienes que acudir directamente a los superiores. La persona a cargo se llama Hao Ming (seudónimo)». Me dio su número de teléfono y el de Hao, e insistió en que lo resolviera rápidamente y que la contactara cuando quisiera. ¡Qué coincidencia! Sé que Shifu me estaba cuidando y ayudando.
A continuación, tuve que enfrentarme a los superiores que siempre había temido. Desde la infancia hasta la edad adulta, desde la escuela hasta el trabajo, las omnipresentes "instrucciones de los superiores" y las "inspecciones de los superiores" creaban una atmósfera que, inconscientemente, infundía tensión y miedo. Este fenómeno monstruoso, que solo podía surgir dentro del círculo vicioso de la cultura del PCCh, se había arraigado profundamente en el corazón de las personas, controlándolas y envenenándolas. Si no fuera una practicante, jamás habría podido reconocer y eliminar estas toxinas. Los "superiores", que antes consideraba una fortaleza inexpugnable, comenzaron a desmoronarse cuando reconocí su verdadera naturaleza.
Al mismo tiempo, comprendí lo que significa ser practicante durante el período de rectificación del Fa. No solo tenemos responsabilidades y misiones, sino que también poseemos poderes y habilidades sobrenaturales ilimitados. Con frecuencia, es nuestra falta de pensamientos rectos, o incluso la ausencia de ellos, lo que nos hace dudar y quedarnos paralizados ante los problemas.
Reunión con cada líder
Al día siguiente, mi hijo me llevó en coche a la oficina de la autoridad superior. Como estaba a más de 100 kilómetros de distancia, no llegamos hasta después de las 9 de la mañana. Al entrar, el guardia de seguridad me preguntó a quién buscaba. Le dije: «A Hao Ming». Empezó a marcar, pero tras varios intentos no pudo comunicarse y me dijo: «No importa, nadie contesta. Pase». Luego me dio el número de la oficina de Hao.
Al llegar al noveno piso y salir del ascensor, mi corazón se aceleró y mis dientes castañetearon incontrolablemente. En ese instante, comprendí que no era yo; era el miedo persistente, arraigado durante años, el miedo que me ponía tensa con solo oír la palabra "superior", el que temblaba. Le rogué a Shifu que me ayudara, mientras enviaba fuertes y poderosos pensamientos rectos para eliminar la interferencia maligna de otras dimensiones.
Cuando llegué a la puerta indicada, mi mente ya estaba tranquila. Llamé a la puerta y allí estaba una mujer que parecía tener unos 40 años.
Ella me miró y preguntó: "¿A quién buscas?".
Respondí: “Hao Ming”.
Ella preguntó: "¿Qué ocurre?". Sentí que era Hao Ming. Después de presentarme, le expliqué mi propósito.
Ella dijo: “He escuchado tu historia. ¿Sigues practicando Falun Dafa?”. Yo dije: “Verdad, Benevolencia y tolerancia son maravillosas, ¿verdad?”.
Varios funcionarios presentes en la sala, que habían estado ocupados con sus propios asuntos, me miraron sorprendidos. Me quedé allí sonriendo, miré a la gente a mi alrededor y luego volví a mirar a Hao con amabilidad. Ella sonrió y me dijo: «Por favor, sigue intentándolo. Quizás puedas conseguir tu certificado de jubilación».
Pregunté: "¿Con quién debo ponerme en contacto?".
Ella me dijo: “Primero contacta a tu supervisor”. Me dijo que necesitaba los papeles de despido de aquella época.
Respondí: "No tengo los papeles".
Ella dijo: "¿No te los dio tu empresa en aquel momento?".
Dije: "¿Puedo preguntar ahora?".
Ella dijo: “Sí”.
Cuando marqué el número, el director me preguntó: "¿Dónde estás?".
Cuando supo que yo estaba en esta ciudad, cerca del oficial de "alto rango", dijo nervioso: "¿Por qué fuiste directamente allí? Vuelve pronto. Hablaremos de ello cuando regreses".
Antes de irme, Hao me dijo: “Has venido hasta aquí. No necesitas volver. Deja que fulano de tal (refiriéndose al director de la oficina) se encargue de ello”.
Al llegar a casa, fui directamente a la oficina de mi antiguo jefe y llamé a su puerta. Antes, me miré en el espejo; mi ropa era apropiada, mi expresión serena y, en general, me veía natural y cómoda, una señal de respeto hacia él. Durante nuestra primera reunión, me presenté y le expliqué el motivo. Él me dijo: «Sé de tu situación; no esperaba que estuvieras de tan buen humor».
Después de sentarnos, naturalmente hablé sobre la fe, la verdad y, finalmente, sobre los muchos inconvenientes que enfrenté en mi vida debido a la pérdida de mi trabajo y la falta de ingresos.
Le dije: “He pasado por muchas cosas en los últimos años. Las dificultades de la vida ya no me afectan; simplemente me resulta difícil cuando se trata de asuntos financieros con familiares y amigos”.
Pensó un momento y dijo: "¿Qué le parece si intento ayudarle a resolver algunas de sus dificultades actuales a corto plazo?".
Sus palabras me sorprendieron y rápidamente le dije: «No quise decir eso. ¿No te pondría eso en una situación difícil? Además, no aceptaré nada a lo que no tenga derecho. Solo ayúdame a resolver mi problema de jubilación».
Dijo: “No esperaba que fueras tan considerada. No te preocupes. Si puedo hacerlo, me esforzaré al 100%, no solo al 90%”.
Le di las gracias y salí de su despacho; él se levantó para acompañarme hasta la escalera.
La pandemia llegó y se fue
Debido a que mi empleador no me proporcionó la documentación necesaria al dejar el trabajo, y la persona que se encargó del asunto no me recordaba, el problema quedó sin resolver hasta que terminaron los tres años de confinamiento por la COVID-19. Además, no tenía del todo claros algunos procedimientos y necesitaba consultar a un abogado, lo que implicó gastos legales, por lo que el asunto se archivó temporalmente, causando una demora considerable.
Tras el fin de la pandemia, un sobrino lejano al que no veía desde hacía muchos años vino de visita. Trabaja para una gran empresa estatal en China y, preocupado, mencionó mi jubilación. Se había hecho abogado hacía unos años, así que le pedí que me explicara algunas cosas que no me quedaban claras. Al regresar a casa, llamó a mi supervisor para instarle a agilizar el trámite, solo para descubrir que mi expediente personal había desaparecido de nuevo. Me dijo: «Tendrás que volver a tu trabajo para hablar de esto».
Cuando volví a hablar con mi supervisor, me dijo: «Te avisaremos cuando tengamos los resultados». Unos días después, recibí una llamada y regresé a la oficina de mi supervisor. Era evidente que estaba bajo mucha presión.
Hizo una pausa y dijo con impotencia: «En los últimos días, hemos registrado toda la oficina. Ayer incluso enviamos a dos jóvenes con el director a la ciudad. Hemos buscado por todas partes, pero aún no hemos encontrado su expediente. No sé si se puede reemplazar».
Dije: “Reemplazar el expediente podría requerir una tasación por parte del departamento judicial”.
Respondió: «Entonces deberías demandar a la empresa. Es la única solución». Luego, se agitó un poco y se quejó de lo caótica que había sido la gestión en el pasado, de los problemas que lo habían acosado, etc. Todo esto lo había hecho sentir mal y mareado durante los últimos dos días.
Escuché atentamente sus quejas y me compadecí de su dolor. Lo único que pude hacer fue escuchar sus problemas y ser comprensiva y tolerante. Cuando se dio cuenta de que había perdido la compostura, se detuvo bruscamente, avergonzado. Con calma le dije: «Gracias por confiar en mí y compartir tu angustia conmigo. Sabes, desde la primera vez que te conocí, sentí que eras una persona íntegra, responsable y confiable. Quizás sea el destino. Aunque espero que mi problema se pueda resolver, no quiero complicarte las cosas ni lastimarte. No demandaré a mi lugar de trabajo a menos que sea absolutamente necesario. Pensemos si hay otras soluciones».
Dijo: “¿Sabes qué? Fulano (refiriéndose a un compañero de trabajo) también se jubila el año que viene y se enfrentará al mismo problema”.
Le dije: “Ya veo. Podemos resolver nuestros problemas juntos, ¿verdad?”.
Él dijo: “¡Esa es una buena idea!”.
Tras decir eso, pareció recordar algo de repente, se puso de pie inmediatamente y dijo: "Ven conmigo".
Cuando llegamos al pasillo, nos topamos con fulano de tal que estaba a cargo de los archivos. El supervisor hizo un gesto con la mano y le dijo en voz alta: "¿Se pueden perder archivos? Ve a comprobarlo. ¿Acaso el mío también ha desaparecido?".
Fui con él a la oficina. Le dijo al director: «Comprueba si el expediente está en el Centro Municipal de Talento». Poco después, el director marcó el número y me pasó el teléfono. Lo tomé y le expliqué la situación. La otra persona confirmó que mi expediente y el de otro compañero estaban allí. Es cierto que ayudar a los demás es ayudarse a uno mismo. Más tarde, cuando estaba tramitando mi jubilación, ese compañero que pronto se jubilaría fue muy proactivo, e incluso su familia me ayudó a cuidar de mi nieto. Gracias a nuestro esfuerzo conjunto, el proceso de jubilación transcurrió sin problemas. Después de encontrar los expedientes, el jefe me dijo con alegría: «Encontrar los expedientes fue todo un logro; ahora todo será mucho más fácil».
Puede que estas cosas parecieran ocurrir solo entre mi supervisor y yo. Pero mientras mantengamos nuestros corazones en sintonía con el Fa y seamos tolerantes con todas las personas y situaciones, el conflicto se puede resolver; el poder ilimitado de Dafa también se manifestará.
Otra ola de problemas
Dado que se confirmó que mi expediente personal ya no estaba en poder de mi empleador, solo pude tramitar mi jubilación a través de la seguridad social. Cuando llegué a la oficina de la seguridad social, me acompañó una compañera de la secundaria. Ella me repitió varias veces que no mencionara nada sobre mi fe.
Era una oficina privada. Me reuní con la persona con la que tenía cita. Conocía bastante bien a mi compañera de clase. Tras intercambiar algunos saludos, mi compañera me lo presentó y le explicó el motivo de mi visita.
Me reconoció e inmediatamente me preguntó: "¿Sigues practicando Falun Dafa?". Le respondí: "Verdad-Benevolencia-tolerancia es bueno". Inmediatamente se puso de mal humor.
Mi compañera pareció un poco sorprendida y avergonzada, y rápidamente dijo: «Jefe de sección, mi excompañera de clase es una persona tan bondadosa que no le haría daño ni a una hormiga». Le sonreí con calma al oficial. Su actitud se suavizó de inmediato. Me preguntó sobre mi situación y comenzó a hacer llamadas, aparentemente para verificar algo. Después de colgar, dijo: «Será mejor que se dé prisa y lo resuelva. Incluso un mes de retraso será una pérdida».
Luego, bajé a la recepción y rellené un formulario. Unos días después, recibí una llamada de la oficina de la seguridad social. Me dijeron que mi situación no me permitía acceder al trámite normal de jubilación y que debía ir a la oficina a recoger la documentación necesaria. Sentí un nudo en el estómago y una profunda tristeza.
Mirando hacia adentro y adquiriendo nuevos conocimientos
Después de que mi esposo se enteró de mi situación, me dijo: “Te dije hace mucho tiempo que no funcionaría. Ya no cumples con los requisitos nacionales para la jubilación, pero no quisiste escuchar y seguiste insistiendo”.
Regresé a la habitación y me paré frente al retrato de Shifu. En mi corazón, pregunté: «Shifu, ¿qué debemos hacer ahora?». Desde el Fa, también comprendo claramente que el encarcelamiento y otras persecuciones judiciales que hemos sufrido a lo largo de los años son arreglos de las viejas fuerzas. Cada normativa establecida por el PCCh contra los practicantes de Dafa es inconstitucional e ilegal. ¿Cómo podemos reconocerla? Interfiere con la rectificación del Fa de Shifu y utiliza a personas en la seguridad pública, la procuraduría, los tribunales y los departamentos judiciales para cometer crímenes contra Dafa, con el objetivo de destruir a la gente. Dado que Shifu no reconoce esta persecución y esta es impuesta por las viejas fuerzas, decidí usar pensamientos rectos para desintegrar y eliminar a todos los seres malignos y factores relacionados con la persecución, y solo reconoceré los arreglos de Shifu.
Sin embargo, muchas experiencias pasadas —lo que oímos, lo que vemos y las nociones e ideas humanas que se han formado— resurgen por sí solas, incluso si no pensamos conscientemente en ellas. Depende de nosotros elegir. Si las reconocemos, nos afectarán de inmediato y, sin darnos cuenta, seguiremos el camino arreglado por las viejas fuerzas. Por consiguiente, al resistir la persecución, es como si estuviéramos resistiéndola mientras, al mismo tiempo, la estamos reconociendo. No debemos tomar en serio lo que dice o hace el PCCh, como por ejemplo: «los condenados no recibirán pensión». Esto es crucial y muy importante para los practicantes. Me he dado cuenta de que el proceso de eliminar el pensamiento negativo es también un proceso de cultivación, de superación y de asimilación al Fa.
Al mirar hacia mi interior, también descubrí mi apego a mí misma. ¿Por qué me sentía deprimida al recibir la llamada del personal de la seguridad social? Fue porque mi ego se vio afectado; mis deseos no se habían cumplido. ¡Pero la cultivación es tan seria! ¿Acaso debería haber condiciones o sacrificios de por medio para validar el Fa y salvar a los seres conscientes? Detrás de este sentimiento yacía la autosuficiencia, el interés propio y los apegos propios de la naturaleza humana, como el afán de superación y la lucha. Shifu, estaba equivocada, realmente equivocada. Al identificar estos pensamientos impuros, sentí de inmediato una sensación de alivio, tanto físico como mental.
Más reflexiones
Después de enviar pensamiento rectos, fui en bicicleta a la oficina de impuestos. Un empleado se acercó y le expliqué la situación. Me dijo que necesitaba cambiar mi antiguo número de identificación por uno nuevo, pero que por más que lo intentaba, no lograba cambiarlo. Estaba desconcertado y comentó: «Esto nunca había sucedido antes». Sin otra opción, me indicó que fuera a la oficina de la seguridad social para cancelar mi antiguo número de identificación.
Volví a la oficina de la seguridad social. En cuanto entré al vestíbulo, se me ocurrió una idea clara: «¡Revisen mis registros!». Me dirigí al mostrador y la persona que me atendió era la misma que me había llamado. Le pregunté: «¿Puedo ver mi expediente?».
Ella dijo: “Claro”.
Luego, mientras abría la computadora, me dijo: “Su archivo contiene un documento sobre su expulsión del Partido, lo que significa que no puede tramitar su jubilación normalmente”. Giró la computadora hacia mí y vi que era el documento oficial de 1999 que anunciaba mi expulsión del Partido.
Le dije: “Esto no tiene nada que ver con mi jubilación, ¿verdad?”.
Ella tampoco estaba segura, así que hizo algunas llamadas para confirmar que todo estuviera bien. Me pidió disculpas, avergonzada. Le dije: «No pasa nada. No lo hiciste a propósito». En realidad, me alegré muchísimo. Su error me dio tiempo suficiente para reflexionar sobre mis propios defectos. Con una mejor perspectiva, el proceso de jubilación siguió adelante. Enseguida encontró los formularios y, gracias a su valiosa ayuda, los volví a rellenar.
Al salir de la oficina de la seguridad social, comprendí realmente la profundidad de la cultivación. Al mirar hacia mi interior, confirmé que estaba en el camino correcto y pude comprender a mi esposo. tras rectificarme en el Fa, dejé de aferrarme a mi ego y me liberé del apego a los resultados. Descubrí que los que parecían contratiempos en el mundo humano en realidad se habían convertido en algo positivo. Por ejemplo, no podíamos cambiar mi número de identificación; la oficina de impuestos local no me ayudó, así que me indicaron que fuera a la oficina de la seguridad social. Apenas entré en sus instalaciones, Shifu me dio una señal para que revisara mi expediente personal, fue entonces cuando descubrí la causa raíz de por qué no podía jubilarme con normalidad. Shifu realmente tiene el control de todo. La cultivación es algo maravilloso, y estoy profundamente agradecida por la compasión y la protección de Shifu.
Un final feliz
Unos meses después llegó la pensión de jubilación, y la cantidad superó todas las expectativas. Toda la familia estaba eufórica. Mi marido dijo: «¡Es increíble! ¿Cómo lo has conseguido? La pensión es bastante generosa, ¡es buenísima!».
Respondí: “Porque Shifu me cuida”. El rostro perpetuamente sombrío de mi esposo finalmente se iluminó con una sonrisa.
Una vez, en la boda del hijo de un colega, una compañera me tomó de la mano y me dijo alegremente: «He oído que Falun Dafa ha sido exonerado». Antes de que pudiera reaccionar, me miró y añadió: «¡Qué maravilla! La jubilación está asegurada y hay una buena cantidad de dinero. ¡La gente buena está siendo recompensada de verdad!». Una colega comentó: «Admiro mucho a Falun Dafa. Los practicantes son increíbles. Han soportado muchísima presión y persecución por parte del Partido Comunista durante tantos años, y lo han superado todo. Nadie más podría haberlo hecho. Son increíbles».
Dos compañeros de ochenta y tantos años también se acercaron y me dijeron con alegría: «Nos enteramos de que ya te jubilaste. ¡Nos alegramos mucho por ti!». Los compañeros se acercaron uno tras otro para felicitarte.
Mi tío, un funcionario del gobierno de más de 90 años, comprendió la verdad y renunció al PCCh y sus organizaciones afiliadas. El proceso para convencerlo de que renunciara había sido extremadamente difícil. Él siempre había guardado resentimiento y no entendía por qué yo había perdido mi trabajo, pero aun así seguía preocupándose por mí. Cuando lo visité en su cama de hospital, después de enterarse de que yo había recibido mi pensión, me dijo emocionado: «He estado pensando en ti, preocupado por tu futuro. Ahora que tu problema se ha resuelto, me siento aliviado y no me arrepiento de nada. ¡Estoy tan feliz!». Sus ojos se llenaron de lágrimas. Le dije que siempre recordara: «Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno». Sonrió y asintió.
Shifu dijo:
"Vuestro camino se realiza de esta manera, con cualquier aspecto que ustedes transitan correcta y rectamente, las puertas cerradas tienen que abrirse y el camino se hace más ancho" (Enseñando el Fa en la reunión de La Gran Época, Colección de Enseñanzas del Fa, Vol. X).
Conclusión
Viviendo en un entorno como el de China continental y desenvolviéndonos en la sociedad, interactuamos principalmente con personas influenciadas por la cultura del Partido. También podemos albergar sutiles elementos de dicha cultura que no son fáciles de detectar. Por lo tanto, debemos estudiar el Fa con mayor diligencia y profundidad, y fortalecer constantemente nuestros pensamientos rectos.
Todos tenemos muy claro que el PCCh no representa a China, sino que utiliza la apariencia de políticas y regulaciones nacionales para engañar y confundir a la gente. Puede que la gente se deje engañar, pero nosotros, los practicantes, debemos ser claros. Solo estamos bajo la guía de Shifu; este punto no debe ser ambiguo.
Shifu nos pavimentó el camino. Aunque a veces podamos tropezar debido a nuestros apegos humanos, nuestro compasivo Shifu nos sostiene y nos anima a continuar. Debemos seguir adelante y, con el tiempo, recorreremos nuestros caminos con firmeza. Cuanto más rectos sean nuestros pensamientos, más fácil será el camino; cuanto más firmes nuestros corazones, más amplio será. Escuchar las palabras de Shifu, recorrer bien el camino arreglado por Shifu y cumplir con su voluntad es lo que todo practicante debería y debe hacer.
(Artículo seleccionado para el 23.er Fahui de China en Minghui.org)
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