(Minghui.org) ¡Saludos, Shifu! ¡Saludos, compañeros practicantes!
Tengo 52 años y comencé a practicar Falun Dafa en 2004. En los más de 20 años que llevo practicando, he sentido profundamente que Shifu siempre está a mi lado, velando por mí, guiándome, animándome y bendiciéndome.
Con motivo del 23.º Fahui de China en Minghui.org, escribo mis experiencias ayudando a Shifu en la rectificación el Fa y colaborando con Él para salvar a los seres conscientes.
Dafa es extraordinario
En 1997, noté los cambios positivos en mi madre después de que comenzó a practicar Falun Dafa. Ya no se veía apática ni enfermiza. Su tez era sonrosada y trabajaba feliz todo el día. Me dio varios libros de Falun Dafa y me dijo que me los llevara a casa y los leyera. Al principio, solo los hojeaba de vez en cuando, pensando que eran bastante buenos, pero en realidad no los leí.
En 2003, estaba embarazada y me quedé en casa. Siempre que tenía tiempo, sacaba el libro de Falun Dafa para leer. Mientras leía, sentía las manos tan calientes como si me las estuvieran asando, y esto continuó hasta después del nacimiento de mi hijo.
A finales de 2004, mi esposo preparó cerdo estofado con chucrut y lo disfruté muchísimo. Pero justo después de comer, sentí náuseas y vomité hasta vaciarme el estómago. Pensé: "¿Será que Shifu se está ocupando de mi apego a la carne?". Desde entonces, dejé de tener ese apego a comer carne y me dediqué a cultivarme con diligencia.
Mis manos a menudo supuraban pus y sangre, o se hinchaban mucho. Siempre pensé que se debía a mi trabajo (contacto con productos químicos). Al estudiar el Fa, me di cuenta de que podría deberse a que había acumulado demasiado yeli en mi vida pasada, y que este era un proceso para eliminarlo. Un día, después de hacer el cuarto ejercicio, la hinchazón de mis manos desapareció al instante; fue como un milagro.
Antes sufría tanto de rinitis que incluso respirar me resultaba difícil. Probé medicamentos, tratamientos con láser y aerosoles nasales, pero solo empeoraron las cosas. Después de practicar los ejercicios, no pensé en si curarían mis dolencias o no; simplemente sentí que Dafa era tan maravilloso que tenía que aprenderlo y practicarlo. Como resultado, mi rinitis desapareció sin que me diera cuenta, y todas mis demás dolencias también se desvanecieron.
A partir de entonces, comprendí que Dafa enseña a las personas a cultivarse. Los seres humanos nacen para soportar dificultades, y los cultivadores deben ser capaces de hacerlo. Shifu purifica los cuerpos de los practicantes, no para que estemos cómodos, sino para que podamos cultivarnos.
Practicaba solo y mi madre a veces me traía ejemplares del Semanario Minghui. No tenía compañeros practicantes con quién hablar, y a veces, cuando me relajaba en mi cultivación, sucedía algo que me lo recordaba. Si tenía algún problema sin resolver, Shifu me iluminaba. Sentía que Shifu sabía lo que pensaba, así que le pedía ayuda siempre que la necesitaba. Un día, le dije a Shifu: «Shifu, quiero ayudar a salvar a la gente». Justo cuando pensaba eso, un compañero practicante vino a ayudarme y me trajo ejemplares del Semanario Minghui y materiales para aclarar la verdad.
Validando el Fa en el centro de detención
Fui arrestada ilegalmente en 2019 mientras le contaba a alguien la verdad sobre Falun Dafa y distribuía material informativo. La policía me golpeó y saqueó mi casa. Posteriormente, fui condenada ilegalmente a 18 meses de prisión e internada en un centro de detención.
Los guardias obligaban a las detenidas a sentarse sobre tablas durante largos periodos de tiempo; además para torturarnos, nos exigían que «abrazarnos nuestras piernas» o «estirarlas». Al principio, no sabía cómo resistirme a la persecución y seguía las órdenes sin comprender realmente lo que sucedía. Un día, de repente, me di cuenta de que algo andaba mal. ¿Acaso no era esto tortura? Yo no había infringido la ley ni cometido ningún delito. No podía obedecer sus órdenes.
Como practicante, debo meditar y hacer los ejercicios. Así que decidí sentarme con las piernas cruzadas y practicarlos. Que griten lo que quieran, no es asunto mío. De esta manera, en la celda donde había más de 20 personas, cuando la jefa de la celda gritó que estiráramos las piernas, todas las estiraban al unísono; cuando ordenaba abrazar las piernas, todas lo hacián al unísono. Solo yo no seguía la orden, simplemente me sentaba con las piernas cruzadas, practicando los ejercicios.
Al principio, me sentía inquieta y temerosa porque quienes no seguían las reglas del centro de detención eran torturadas. Por ejemplo, vi a alguien encadenada de pies y manos, inmovilizada y obligada a comer acercando la boca al plato. A quienes gozaban de simpatía eran alimentadas por otras. A otras las "estiraban", es decir, les esposaban los pies y las manos a los cuatro extremos de la cama, impidiéndoles incluso usar el baño. Estas torturas causaban un sufrimiento extremo a las víctimas. Solo el hecho de pensar en la tortura me aterrorizaba y hacía que el corazón me latía con fuerza. Recité mentalmente el Fa de Shifu: «Difícil de soportar, se puede soportar; difícil de hacer, se puede hacer». (Novena Lección, Zhuan Falun). Mientras recitaba, de repente comprendí: Shifu me decía que, aunque era difícil, era posible. Como era posible, dejé de tener miedo y perseveré en la práctica.
Mientras otras se sentaban en el banco, yo practicaba los ejercicios; mientras otras comían, yo practicaba los ejercicios (después de comer rápidamente); mientras otras veían la televisión, yo seguía practicando los ejercicios, todos los días. Permanecí en esta celda durante varios meses, practicando los ejercicios diariamente, y lo superé todo sana y salva. Creo firmemente en Shifu y creo firmemente en Dafa; esta es una manifestación verdadera de la poderosa virtud de Dafa.
Más tarde me trasladaron a otra celda. Los policías y los guardias de servicio cambiaron, pero las reglas de la celda siguieron siendo las mismas. En ese momento, el miedo regresó. ¿Cómo podría librarme de este miedo? Recordé las palabras de Shifu: "Hay un Fa tan grande, y en el pensamiento recto Dafa está junto con ustedes, esta es una protección y una garantía gigantes". (Enseñando el Fa en Manhattan, Colección de Enseñanzas del Fa, Vol. X). Pensé que, con la protección de Shifu y porque tenía Dafa, nadie podría hacerme daño. Mi miedo disminuyó gradualmente mientras recitaba el Fa, y mi corazón se calmó. Continué practicando los ejercicios como de costumbre.
Todos los días al mediodía, todas las reclusas de la celda debían tomar una siesta, y había personal de guardia para supervisarnos. Para asegurarme de poder enviar pensamientos rectos al mediodía, nunca dormía la siesta; siempre me quedaba con el personal de guardia. Un día, un policía me vio sin dormir la siesta y me regañó. La reclusa a cargo de la celda, tratando de congraciarse con el policía, también me regañó, prohibiéndome quedarme con el personal de guardia e insistiendo en que durmiera.
Al mediodía del día siguiente, estaba acostada en la cama, llorando y rogándole a Shifu en mi corazón: «Shifu, quiero levantarme y enviar pensamientos rectos para eliminar el mal. Por favor, ayúdame». Mientras lloraba, dejé de estar triste. Decidí confiarle todo a Shifu, pues Él haría el mejor arreglo para mí.
Esa misma tarde, la policía ordenó un cambio de celda. No podía creerlo: solo tuve ese pensamiento, y Shifu inmediatamente lo arregló para mí. Realmente sentía que Shifu estaba justo a mi lado y experimenté profundamente el poder de Dafa. Después de que me trasladaron a una nueva celda, encontré que el ambiente era más relajado que en las dos anteriores. Todos los días, solo me concentré en hacer "tres cosas": validar Dafa, enviar pensamientos rectos y salvar seres conscientes allí, hasta que pude regresar a casa sana y salva.
Este centro de detención es un infame nido de iniquidad, e incluso cuenta con una celda específica para perseguir a las practicantes de Falun Dafa. Incluso en las celdas comunes, las reclusas se mueven por el egoísmo, el acoso y las peleas por nimiedades. No existe la compasión. Quienes pertenecen a familias adineradas compran pequeños refrigerios para los demás con la esperanza de recibir un trato un poco mejor.
Nunca compré comida para nadie estuve allí dentro, y al principio, la gente tampoco fue amable conmigo. Como practicante, siempre me exigí ser una buena persona y considerada con los demás. Si alguien se sentía mal y no podía lavar su ropa, la ayudaba; si alguien necesitaba ayuda, hacía todo lo posible por ayudar. En el centro de detención, ayudar a las demás siempre requería una compensación, pero mi ayuda era totalmente desinteresada y nunca pedí nada a cambio.
Durante las comidas, a cada persona se le daba un huevo al día, que yo siempre compartía con las demás. Ver a otras como malgastaban la comida y la tiraban me parecía un desperdicio, así que dejé de pedir mi ración de comida y me alimentaba con lo que sobraba. Aunque pedir comida era gratis, no quería ver como se desperdiciaban los alimentos. Con la compasión pura y desinteresada propia de una practicante, ayudé a esas almas perdidas a experimentar la belleza de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. De esta manera, aclarar la verdad y persuadir a la gente para que renunciaran al Partido Comunista Chino (PCCh) y sus organizaciones afiliadas surgió de forma natural. Casi todas las detenidas con las que tuve contacto comprendieron la verdad sobre Falun Dafa, renunciando a las organizaciones del PCCh y eligiendo un futuro mejor.
Superar el miedo y centrarse en salvar vidas
Cuando salí del centro de detención, tenía mucho miedo y no me atrevía a hablar con nadie sobre Falun Dafa ni sobre la persecución. Pero, al pensar que había logrado mantener firmes mis pensamientos rectos incluso en el centro de detención, supe que no podía quedarme en casa. Tenía que salir de la sombra de la persecución y recorrer con dignidad el camino arreglado por Shifu.
Al mirar hacia mi interior, comprendí por qué fui perseguida. Antes, cuando estudiaba el Fa, lo memorizaba o realizaba diversas actividades, siempre actuaba por egoísmo e interés propio. Eso era la naturaleza humana actuando, carente del poder del Fa. Ahora me doy cuenta de que solo al desprenderme de los apegos humanos, tratándome como una practicante y ajustandome al Fa puedo validar Dafa y ayudar a salvar a la gente.
Aproveché cada momento para estudiar y memorizar el Fa, incluso mientras trabajaba. Cumplí con las tres cosas que Shifu me pide realizar: sin importar el calor abrasador, el frío intenso o los días festivos, salgo a diario a explicar la verdad sobre Falun Dafa a la gente. Les digo que recitar con sinceridad «Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno» les brindará protección divina; y que renunciar a las organizaciones del PCCh puede protegerlos de desastres. Convenzo a más de una decena de personas de que renuncien al PCCh cada día. Al recorrer el camino arreglado por Shifu, me siento profundamente reconfortada.
Mantenerse diligente
Mi esposo y yo tenemos una pequeña tienda que no nos genera muchos ingresos. Es nuestra única fuente de sustento, y además tenemos que pagar la educación de nuestro hijo. Aunque mi esposo no practica Falun Dafa, apoya firmemente mi práctica. Intenta trabajar lo máximo posible para que yo tenga tiempo de dedicarme a estas tres cosas. Valoro mucho este tiempo y salgo todos los días, llueva o truene, para aclarar la verdad y salvar a la gente.
Un día, mi esposo, que gozaba de buena salud, sufrió un derrame cerebral repentino, lo cual fue un golpe durísimo para mí. Cuando él estaba sano, no tenía que preocuparme por nada en casa. Ahora, toda la responsabilidad familiar recaía sobre mis hombros, y me sentía como si el mundo se me viniera encima. Todos los días tengo que cuidar de mi esposo, que no puede valerse por sí mismo, y además tengo que administrar nuestra pequeña tienda para mantener a la familia y pagar la educación de mi hijo. Mi esposo debido a su enfermedad, se muestra difícil, y mi hijo también me daba muchos quebraderos de cabeza. Realmente no sabía cómo lidiar con la presión que me llegaba de todas partes.
Le supliqué a Shifu: «Por favor, Shifu, ayúdame». Recordé lo que Shifu dijo: «Difícil de soportar, se puede soportar; difícil de hacer, se puede hacer». (Novena Lección, Zhuan Falun). Sequé mis lágrimas y decidí superar las tribulaciones, seguir el camino que Shifu había arreglado y hacer bien las tres cosas. Estaba segura de que podía soportar la carga de cuidar de mi familia. Entiendo que la enfermedad no es causada por razones superficiales, sino por el yeli. Soy una cultivadora y no necesito preocuparme. Sé que Shifu está a mi lado, bendiciéndome y velando por mí. Todos los días, me levanto temprano para hacer los ejercicios y luego cocino. Después de cuidar de mi esposo, que no puede valerse por sí mismo, salgo a aclarar la verdad y salvar a la gente. Shifu me pidió que hiciera las tres cosas, y debo hacerlas bien.
Como mi esposo estaba solo en casa sin nadie que lo cuidara, tenía que ir a buscarlo a casa después de salir a aclarar la verdad y llevarlo a la tienda. Un día, llovía y nevaba intensamente, los caminos estaban embarrados y era difícil caminar. Después de aclarar la verdad, mis zapatos estaban empapados y mis pies helados. Regresé a la tienda, sin ganas de ir a buscar a mi esposo, pero no tenía otra opción; por difícil que fuera, tenía que llegar a casa. Al pasar por una parada de autobús, vi gente esperando y pensé en ayudarlos. En ese momento, no me importaba el frío; solo me importaba ayudar a la gente, sin importar lo difícil que fuera.
Mientras mantenga el Fa en mi corazón, las tribulaciones no son nada. Al desprenderme de las nociones humanas, superé las tribulaciones para validar Dafa. Esta brecha aparentemente insuperable fue salvada gracias al poder de Dafa. Para ayudarnos a alcanzar la iluminación, Shifu ha hecho los mejores arreglos para todos nosotros mediante su inmenso sacrificio. No tengo otra forma de agradecer la bondad de Shifu que ser cada vez más diligente en mi cultivación.
La gente está agradecida con Dafa
Conocí a una mujer a quien ya le había contado la verdad sobre Falun Dafa. Me dijo: «Después de comprender la verdad y renunciar al PCCh, recibí bendiciones». Ver su alegría y gratitud me conmovió profundamente, y supe que Shifu me estaba animando.
Conocí a un joven que se había roto la pierna en un accidente y caminaba con dificultad por la carretera, apoyándose en muletas. Le conté la verdad sobre Falun Dafa, le di un seudónimo y lo ayudé a renunciar al PCCh y sus organizaciones afiliadas. Estaba eufórico y casi dispuesto a tirar las muletas. Su dolor desapareció. Estaba sinceramente agradecido por la compasiva salvación brindada por Shifu.
Vi a un joven y nos cruzamos. Al llegar cerca de la estación de autobuses, vi una tarjeta de identificación en el suelo, con la foto hacia arriba, y era la de ese joven. La recogí y corrí tras él. Lo alcancé en el semáforo, pero estaba en rojo. Temía que entrara en alguna tienda y desapareciera. Estaba muy ansiosa. En cuanto cambió la luz, volví a correr y finalmente lo alcancé aunque estaba completamente sin aliento. Después de darle la tarjeta de identificación, le conté la verdad sobre la persecución y le pedí que renunciara al PCCh y sus organizaciones afiliadas. Aceptó con mucha alegría.
Aclarar la verdad y salvar seres conscientes es mi mayor alegría, y es algo que debo hacer cada día. Una sonrisa, un abrazo, un agradecimiento de quienes comprenden la verdad: todo eso me llena el corazón de una dulzura incomparable. Es Shifu quien trae a mi lado a las personas predestinadas. Él les da a los practicantes la oportunidad de cultivar su virtud, pero es el compasivo y grandioso Shifu quien verdaderamente salva a las personas.
Dejando de lado las nociones humanas y recorriendo el camino divino
Varias personas me preguntaron: "¿A qué hora abres todos los días?". Les respondí: "Varía". Abro dos horas más tarde todos los días. Aunque abro tarde, lo que es mío no se perderá, porque todo lo que tengo es un regalo de Dafa.
A veces, cuando surgen los apegos humanos, pienso en ganar más dinero para complementar los ingresos de mi familia. Si abriera la tienda un poco antes, podría ganar más dinero. En ese momento, el Fa de Shifu aparecía en mi mente. Shifu dijo: "Aclarar la verdad, salvar a las multitudes de seres, eso es lo que quieres hacer. Aparte de eso, no hay nada que quieras hacer; sobre esta Tierra no hay nada que quieras hacer". (Exponiendo el Fa en el Fahui de Nueva York 2015). Lo entendí al instante y dejé de tener pensamientos aleatorios. Todavía necesito hacer un buen trabajo salvando a la gente.
Una vez alguien me dijo: «Puedes trabajar para mí, te pagaré 300 yuanes al día». Rechacé amablemente la oferta. En realidad, no puedo ganar 300 yuanes al día. No es que sea incapaz, ni que le tema al esfuerzo o al cansancio; necesito el dinero. Mi esposo no tiene seguro médico, así que tenemos que pagar su tratamiento médico de nuestro bolsillo. Mi hijo ya está mayor, pero aún no ha empezado a trabajar. Aun así, no quiero desperdiciar un tiempo precioso que podría dedicarse a salvar vidas.
Durante mi estudio del Fa, la profundidad de Dafa y la iluminación de sus principios me atrajeron como un imán, provocando cambios trascendentales en mi mente y cuerpo. Aprendí a mirar hacia adentro y a cultivarme. Cultivé el altruismo y la compasión, y me perfeccioné dentro del Fa. Comprendo profundamente que mejorar en el Fa y realizar bien las tres cosas se complementan a la perfección. Aclarar la verdad y salvar a los seres conscientes es la manera en que Shifu nos moldea y perfecciona; todo lo que Él ha arreglado es lo mejor.
Estaré a la altura de la bondad de Shifu, y en el poco tiempo que me queda, estudiaré bien el Fa, me cultivaré bien y aprovecharé cada oportunidad para salvar a los seres conscientes. En el camino de regreso a mi ser original y verdadero, guiaré a más seres conscientes hacia el futuro.
(Artículo seleccionado para el 23.º Fahui de China en Minghui.org)
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