(Minghui.org) Nací en una pequeña aldea de montaña. Siendo la única hija de la familia, me mimaron y consentieron desde pequeña. Era alta y tenía buena apariencia y figura, así que al crecer, me volví arrogante, competitiva y desdeñosa con los demás. Después de casarme, mi esposo se encargó de todo. No tenía que preocuparme por nada, y él era especialmente protector y cariñoso.

En 1996, una repentina inundación le arrebató la vida a mi esposo. Con dos hijos, sin apoyo económico de familiares y sin ingresos propios, me encontré en una situación desesperada. Aunque me presentaron a hombres solteros excepcionales, ninguno estaba dispuesto a hacerse cargo de mis hijos. después de más de un año de penurias y dificultades con mi hijo de ocho años y mi hija de nueve meses, no me quedó más remedio que volver a casarme. Mi nuevo esposo, que vivía en un pueblo a más de ciento sesenta kilómetros de distancia y trabajaba en una estación forestal, era atractivo y de edad similar a la mía, pero tenía una discapacidad intelectual.

Después de casarnos, descubrí que todo lo que hacía y decía me causaba sufrimiento. A menudo no se aseaba bien después de ir al baño, dejando su ropa interior manchada. Con frecuencia se olvidaba de lavarse la cara o las manos, y tenía muy mal genio: se negaba a escuchar a nadie y no toleraba que lo corrigieran. Dado que yo era extremadamente meticulosa con la limpieza, impaciente y de carácter irascible, vivir con alguien con esos malos hábitos se volvió insoportable. No podía razonar con él; la vida era imposible. Empecé a pensar en irme.

Pero la impotencia y la falta de opciones me hicieron darme cuenta de que no tenía a dónde ir y simplemente tenía que soportarlo. En el transcurso de unos meses, caí en una profunda depresión e incluso fui víctima de una posesión espiritual. Con el tiempo, la situación llegó a un punto en que ya no podía cuidar de mí misma. Si decidía acabar con mi vida, ¿qué sería de mis dos hijos? Aun así, me parecía realmente imposible seguir adelante.

Justo cuando mayor era mi sufrimiento y sentía que no tenía a dónde acudir, en abril de 1998 un familiar me sugirió que probara Falun Dafa. En cuanto empecé a practicar, mi estado mental volvió a la normalidad y los síntomas causados por la posesión espiritual desaparecieron.

Al día siguiente, recibí un ejemplar del libro principal, Zhuan Falun . Al leerlo , me invadió una emoción indescriptible y sentía que era justo lo que había estado esperando. Comprendí también que la raíz de todo mi sufrimiento era el yeli que había acumulado a lo largo de incontables vidas. Mi matrimonio con mi actual esposo fue el medio por el cual entré en contacto con este Fa, y por ello, debo estarle agradecida. Considerando que apareció en mi vida durante mi momento más difícil —y que sus ingresos del sencillo trabajo manual que realiza en su empleo eran suficientes para mantenernos—, ha sido un verdadero benefactor para mí y mis hijos. Debo tratarlo bien.

A medida que continuaba estudiando el Fa y practicando los ejercicios, fui comprendiendo mejor las enseñanzas y memoricé partes de Hong Yin, Hong Yin II y Hong Yin III . También memoricé Escrituras esenciales para mayor avance. Me sumergí en Dafa y la cultivación todos los días. No hay palabras para describir lo afortunada que me sentí al obtener Dafa.

Después de que el Partido Comunista Chino (PCCh) comenzara a perseguir a Falun Dafa el 20 de julio de 1999, me dirigí a Beijing para hablar en defensa de Dafa. Fueron Shifu y Falun Dafa quienes me salvaron, me enseñaron a ser una buena persona y me revelaron verdades que la gente común jamás podría conocer. Soy increíblemente afortunada de haber conocido a Falun Dafa —una enseñanza tan excepcional que aparece solo una vez cada decenas de miles de años— y jamás permitiré que se difame a un Shifu tan maravilloso ni a un Dafa tan extraordinario. Al llegar a Shanhaiguan, yo como muchos otros practicantes de diferentes regiones fuimos descubiertos y obligados a bajar del tren.

En los meses posteriores de mi regreso a casa, volví a memorizar las enseñanzas que había memorizado antes y comencé a transcribir Zhuan Falun por segunda vez. Otros practicantes fueron a Beijing para presentar apelaciones. En noviembre, tres de nosotros planeamos ir juntos a Beijing. Sin embargo, los otros dos, preocupados de que yo pudiera tener dudas, partieron un día antes. Yo planeaba partir al tercer día junto con mi hija de cinco años. Justo cuando estaba a punto de irme, me encontré con un practicante que acababa de regresar de Beijing. Ese practicante me advirtió: «La situación es extremadamente peligrosa; ¡incluso podrían tener ametralladoras allí!». Sin dudarlo un instante, respondí: «Ni pestañearía aunque tuvieran ametralladoras».

Subí a un autobús y emprendí mi viaje a Beijing para apelar por Dafa. Al llegar a la ciudad, tuve que esperar un tren nocturno para continuar mi viaje. Esa noche, mi hija rompió a llorar y se quejó, insistiendo en volver a casa. Al ver la multitud de rostros desconocidos en la estación, empecé a preguntarme cómo estaría mi hijo, cómo lo trataría mi marido, un hombre de mentalidad tan ingenua, y si, acaso, quedaría un hogar al que regresar. Mientras estos pensamientos me invadían, sentía como si un cuchillo se retorciera en mi corazón. No pude contener las lágrimas y sentía que no ya podía seguir adelante.

En ese preciso instante, recordé algo que dijo Shifu:

"Sólo cuando la ilusión a la que te aferras desaparezca, llegarás a darte cuenta de lo que has perdido." (Practicando la cultivación después de la jubilación, Escrituras esenciales para mayor avance)

De repente, recuperé la lucidez y comprendí que las viejas fuerzas intentaban usar mi apego a mi hijo para impedirme validar el Fa. No me deje engañar, y mis pensamientos rectos afloraron. Bajo la guía y protección de Shifu, abordé un tren hacía Beijing en plena noche y logré eludir los rigurosos controles de seguridad. Tras bajar del tren, viajé en metro —alternando entre llevar a mi hija de la mano o en brazos— hasta que finalmente llegué a la Plaza de Tiananmén.

Mientras conversaba con otros practicantes de otras zonas, llegó la policía, nos metió a todos en un vehículo policial y nos llevó a un centro de detención. Posteriormente, me entregaron a la policía de mi zona y me detuvieron ilegalmente durante 27 días. En mi lugar de trabajo también me impusieron una multa de 9.000 yuanes (1.351 dólares), una suma considerable en aquel entonces. Como no tenía dinero, me la descontaron a plazos —la mitad del sueldo mensual de mi marido, que oscilaba entre 500 y 600 yuanes— hasta que se recaudó la totalidad.

Mi hija empezó el jardín de infancia. Debido a nuestra precaria situación económica, conseguí un trabajo en una fábrica privada. Como el trabajo es físicamente exigente, cuando termino mi turno y me ocupo de las tareas domésticas y los asuntos familiares, ya es muy tarde. Por falta de tiempo y energía física, no pude participar en el estudio grupal del Fa. Por suerte, otros practicantes me trajeron ejemplares de Semanario Minghui.

Nunca olvido ayudar a Shifu a salvar a la gente. Siempre que me encuentro con alguien con una relación predestinada, le explico qué es Falun Dafa. A veces, durante el descanso en la fábrica, salgo con otros practicantes a distribuir materiales y aclarar la verdad sobre la persecución. Al final de cada año, reparto calendarios con información sobre Falun Dafa. Si me sobran algunos, los llevo a la fábrica para dárselos a mis compañeros de trabajo.

Recito el Fa en silencio mientras trabajo.

En 2016, viajaba en tren para visitar a mis hijos en la ciudad. Mi asiento estaba justo al lado del compartimento de la policía ferroviaria, pero aun así logré que las personas sentadas a mi lado y frente a mí renunciaran al PCCh. Los pasajeros del otro lado del pasillo se inclinaban hacia adelante o se reclinaban en sus asientos con los ojos cerrados. Dejé mi asiento y me agaché en el pasillo para hablar con una mujer de unos 40 años —la única que seguía sentada allí observándonos— y la convencí de que renunciara al PCCh. Justo cuando volví a mi asiento, un policía alto salió con su teléfono móvil en la mano. Se quedó en la puerta y recorrió el vagón con la mirada con expresión severa. Inmediatamente comencé a enviarle pensamientos rectos. Un momento después, se dio la vuelta y se marchó. Supe que Shifu me había protegido.

Mientras esperaba el tren en la estación de la ciudad para mi viaje de regreso, sentí una profunda tristeza al contemplar la inmensa multitud. ¡Cuántas vidas valiosas están siendo envenenadas por el PCCh! ¡Qué lástima! Aunque no pude llegar a muchas personas en ese momento, decidí que no debía perder la oportunidad de ayudar a quienes estaban a mi lado. Vi a más de una decena de policías armados, aparentemente revisando algo entre los pasajeros sentados.

Estaban a solo unos pasos de distancia; ¿qué debía hacer? ¿Debía arriesgarme y aclarar la verdad a quienes estaban a mi alrededor? Un pensamiento recto, firme e inquebrantable surgió de lo más profundo de mi corazón: «Tengo a Shifu y al Fa. No hay nada que temer». Aclarar la verdad para salvar a la gente es mi misión; debo salvarlos. En apenas unas pocas frases, logré persuadir al hombre y a la mujer sentados a mi lado —ambos de unos cincuenta años— de que renunciaran a sus vínculos con el Partido.

En 2017, sufrí un severo yeli de enfermedad. Comenzó con lo que parecía ser un resfriado acompañado de fiebre, pero mi estado empeoró rápidamente: me dolía todo el cuerpo y tenía una tos persistente e incontrolable que me causaba un dolor insoportable en el pecho y me dificultaba la respiración. En tres días, llegué a mi límite absoluto, hasta el punto de sentir que ya no podía respirar.

Debido a mis largas jornadas laborales, rara vez podía asistir al estudio del Fa en grupo, y casi nunca encontraba tiempo para estudiar el Fa por mi cuenta. En consecuencia, tanto mi xinxing como mi nivel de iluminación habían comenzado a quedarse rezagados. Mi trabajo en la cadena de montaje de la fábrica era a destajo, y —como cualquier persona común— me apegué a las ganancias materiales, trabajando sin descanso cada día con la esperanza de ganar más dinero. Tenía serias brechas en mi cultivación, pero no me daba cuenta. Finalmente, sintiendo que estaba a punto de asfixiarme, surgió un pensamiento humano: «No temo a la muerte, pero ¿qué sería de mi esposo, de mente simple, y de mis dos hijos, que no tienen apoyo externo y aún no son completamente independientes? No puedo morir». Soportando el intenso dolor, me levanté, me puse el abrigo y fui a una clínica.

El médico me dijo: «Has desarrollado neumonía a causa de la fiebre. Necesitarás tratamiento intravenoso durante al menos una semana». Aunque mi respiración mejoró, seguía tosiendo sin cesar y tenía dolor en el pecho. Al darme cuenta de que no podría volver al trabajo por un tiempo, pedí una baja. Consciente de que mi cultivación no había sido suficiente, esa misma noche asistí a un grupo de estudio del Fa para leer el Fa junto con otros practicantes. A traves de nuestras conversaciones, mi comprensión se profundizó y, tras solo dos días de tratamiento intravenoso, dejé de ir a la clínica.

Me di cuenta de que me había enredado demasiado en la búsqueda del beneficio personal y que necesitaba ponerme al día rápidamente en mi cultivación. Comencé a participar en el estudio grupal del Fa por las noches. Durante el día, usaba mi motocicleta —era la única entre nosotros que sabía conducir una— para llevar a los practicantes a diferentes aldeas a aclarar la verdad, distribuir materiales y colocar carteles para salvar a la gente. Cuando la falsa apariencia del “yeli de enfermedad” persistía, simplemente dejaba ir mis apegos y me dedicaba por completo a mi cultivación. A menudo recitaba las palabras de Shifu:

 "Cuando atravieses una tribulación verdadera o una prueba, haz el intento; si es difícil de tolerar, trata de tolerar; si parece difícil de realizar y dicen que es difícil, entonces prueba un poco, a ver si realmente va o no va." (Novena Lección, Zhuan Falun)

Un día, un compañero practicante mencionó que estaba memorizando Zhuan Falun y que ya había llegado a la cuarta página. Yo solía leer en el Semanario Minghui cómo otros practicantes memorizaban Zhuan Falun. Pensaba: «Aunque mi memoria no es mala, jamás imaginé —ni creí posible— memorizar un libro tan extenso. Además, trabajo, así que simplemente no tengo tiempo».

A menudo soñaba que llegaba tarde al trabajo o a la escuela, o que no encontraba mi motocicleta para llegar. Me di cuenta de que mi cultivación se había estancado. Escuchar a un compañero hablar sobre la memorización del Fa despertó mis pensamientos rectos, y comencé a memorizarlo sin dudarlo un instante. A partir del 1 de junio de 2017 —y asegurándome de no descuidar mis otras responsabilidades— terminé de memorizar Zhuan Falun una vez antes del 21 de noviembre de ese mismo año. Mi yeli de enfermedad desapareció por completo y pude regresar al trabajo.

Desde que me casé con mi esposo, que es una persona de mentalidad sencilla, muchísimas personas me han dicho que era un desperdicio estar con él. Todos daban por hecho que, una vez que nuestros hijos crecieran, seguramente lo dejaría. Nadie creía que me quedaría con él. Con el paso de los años, los vecinos de nuestro complejo residencial notaron que no solo no lo había dejado, sino que seguía tratándolo con mucho cariño, manteniéndolo siempre limpio y bien arreglado. Empezaron a elogiarme por ser una persona bondadosa y de buen corazón. Otros practicantes y yo les explicábamos: «Practico Falun Dafa, así que no lo dejaré; seguiré tratándolo bien. De lo contrario, me habría ido hace mucho tiempo; habría sido imposible soportarlo. Incluso si me hubiera quedado, sin duda no habría sido tan devota y obediente como lo soy ahora». Los vecinos asentían. Sabían que era verdad.

A lo largo de los años, he soportado la angustia mental causada por las palabras y el comportamiento erráticos de mi esposo, sin mencionar una constante sucesión de otras tribulaciones. Mi hijo desarrolló depresión tras una relación fallida en la universidad y estuvo tres años sin poder hacer nada. Simplemente se quedó en casa. Mi hija pasó por varias etapas de rebeldía, lo que me causó una gran preocupación, e incluso provocó algunas pérdidas económicas para nuestra familia.

La vida es realmente difícil para una persona común, pero como practicante, entiendo que tengo una deuda con estas tres personas, una deuda que debo saldar. Cuando sentía que había llegado a mi límite, compartía mis dificultades con otros practicantes. Sé que cargo con una pesada carga de yeli, por lo que debo soportar más dificultades y sufrimiento que otros. Considero estas circunstancias como oportunidades; están ahí para ayudarme en mi cultivación.

Siempre debo ver todo desde la perspectiva de un practicante de Falun Dafa y tratar a los demás con amabilidad. Sin embargo, a veces afloran sentimientos de molestia o resentimiento, y hay momentos en que pierdo la paciencia. Cuando esto sucede, recito el Fa mentalmente y la situación se calma. Cuando llego a mi límite absoluto de resistencia, recito el Fa y la dificultad desaparece rápidamente.

Una mañana de 2018, mientras hacía los ejercicios, mi hija me llamó para decirme que había contraído préstamos por un total de más de 100.000 yuanes —en realidad, eran más de 200.000, aunque no se atrevió a decirme la cantidad exacta— que estaban vencidos y que no podía pagarlos. Fue un golpe tan repentino e inmenso que perdí el control y exploté. Tras gritarle furiosamente a mi hija, me desplomé sobre la cama, llorando desconsoladamente, al borde de un colapso total. Me preguntaba: "¿Por qué hay tantas dificultades y penurias? ¿Por qué nunca terminan? ¿Cómo se supone que voy a seguir viviendo? De verdad que no puedo soportarlo más. ¿Qué tipo de relación predestinada podría haber provocado esta situación?".

Shifu dijo:

"¿Por qué te encuentras con estos problemas? Todos son causados por tus deudas de yeli, y nosotros ya hemos eliminado incontables e innumerables porciones para ti. Queda solo ese poquito dividido en cada nivel y, a fin de elevar tu xinxing, se establecen algunas tribulaciones para forjar y refinar el corazón humano y quitar todo tipo de corazones de apegos. Estas tribulaciones son todas tuyas, las utilizamos para elevar tu xinxing y hacemos que las puedas atravesar todas. Siempre y cuando eleves el xinxing, podrás atravesarlas; lo único preocupante es si tú mismo no quieres atravesarlas, pero si quieres, puedes lograrlo." (Cuarta Lección, Zhuan Falun)

Le dije: «Shifu, lo entiendo». Me levanté lentamente de la cama, me sequé las lágrimas y fui a preparar la comida. Después de ver que mi esposo había terminado de comer y de recoger, salí para el trabajo sin haber comido.

En 2019, mientras trabajaba, arrastraba un carro cargado de tablas que pesaban unos 500 kg (más de mil libras) y me lesioné el hombro derecho. En términos sencillos, fue un esguince o distensión, y, como dice el refrán, «se necesitan cien días para recuperarse de una lesión ósea o tendinosa», lo que significaba que no podría volver al trabajo durante un tiempo. Retomé el estudio del Fa y hacer las tres cosas junto con otros practicantes.

Entre los ocho o nueve practicantes de nuestro grupo de estudio del Fa, todos menos una reciben una pensión de jubilación. La que no la recibe dirige un negocio grande, sus hijos ya son adultos y tienen sus propias familias, y sus hermanos se llevan muy bien con ella. Mi situación es diferente: no tengo pensión, mis hijos aún no se han casado y hay mucha discordia entre mis hermanos. Algunos de ellos no pueden —o simplemente no quieren— cuidar de nuestro padre de 84 años, así que la responsabilidad recae sobre mí. Siempre que mi padre tiene algún problema o enferma, me llama. A menudo tengo que ir en moto —un viaje de ida y vuelta de más de 115 km (unos 70 millas)— para atenderlo o quedarme con él cuando está hospitalizado. Además, todavía tengo préstamos pendientes que pagar.

Mis apegos humanos afloraban ocasionalmente, causándome tal dolor que me hacían querer evitar a otros practicantes. Reconocí esto como un caso grave de envidia y comprendí que las viejas fuerzas intentaban sembrar la discordia entre  otros practicantes y yo con el fin de perseguirme, pero jamás caeré en su trampa. Estoy decidida a aprovechar esta oportunidad única en la eternidad, hacer las tres cosas y seguir a Shifu de regreso a mi verdadero hogar. Debido a mi trabajo, , a lo largo de los años no había distribuido mucho material de aclaración de la verdad, y sabía que necesitaba hacer más. En los años siguientes, llevaba a una compañera practicante conmigo en mi motocicleta durante el día para aclarar la verdad, colocar mensajes sobre Dafa y distribuir materiales.

Después de la publicación del artículo de Shifu «Por qué existen los seres humanos», comprendimos que no debía distribuirse subrepticiamente, sino que debía presentarse personalmente. ¿Teníamos miedo, dada la persecución del régimen comunista? Sí, lo teníamos. Pero sabíamos que éramos practicantes de Falun Dafa del período de la rectificación del Fa —practicantes que asistían a Shifu en la rectificación del Fa— y que salvar a la gente es nuestra misión, algo que debemos hacer.

Nos organizamos en parejas, y a cada pareja se le asignó la tarea de cubrir varias aldeas. Durante el día, visitamos cada hogar, entregando el artículo personalmente, hasta recorrer todas las aldeas en un radio de más de 10 kilómetros (aproximadamente 6 millas). Antes de entrar al patio de una casa, enviábamos pensamientos rectos. Salvo en las casas cerradas, desocupadas o abandonadas, logramos llegar a casi todos los hogares. Muchas personas conocieron la verdad y se salvaron. Algunos amenazaron con llamar a la policía. Bajo la protección de Shifu, siempre pudimos marcharnos a salvo.

Mi esposo se jubiló en 2023 y yo también comencé a recibir una pensión. Él ya no quiere que trabaje, lo que me ha permitido dedicar más tiempo a mi práctica espiritual. A lo largo de los años, he recurrido al Fa como guía para superar numerosas pruebas y tribulaciones. Me esfuerzo por llenar mi mente con el Fa y a menudo animo a otros practicantes a que también lo memoricen. He memorizado artículos como «¿ Por qué hay que salvar a las multitudes de seres conscientes?» y «En el momento crítico, se mira el corazón humano», además de varios pasajes específicos de las conferencias impartidas en diferentes lugares.

Ahora que ya no trabajo, tengo tiempo para concentrarme en lo más esencial: memorizar Zhuan Falun , el preciado libro que guía nuestra cultivación. No me propongo memorizarlo entero; simplemente memorizo todo lo que puedo, sin apegarme al resultado. También he comenzado a transcribir Zhuan Falun por tercera vez. Siguiendo una sugerencia del equipo editorial de Minghui, memoricé el artículo de Shifu «Hacia la perfección» en cinco días.

Shifu nos ha otorgado habilidades extraordinarias; la cuestión es si mis pensamientos rectos y mi perseverancia serán suficientes. Siempre que surgen pensamientos comunes en mi mente, recito inmediatamente el Fa, cualquier pasaje que me venga a la mente. Nos encontramos ahora en la etapa final del proceso de la rectificación del Fa. Debo desprenderme de todo apego humano, hacer bien las tres cosas, tener fe absoluta en Shifu y el Fa, ayudar a Shifu en la rectificación del Fa y seguir a Shifu para alcanzar la Perfección y regresar a nuestro verdadero hogar.

Por favor, señale cualquier cosa que no esté en línea con la FA.

(Artículo seleccionado para el 23.º Fahui de China en Minghui.org)