(Minghui.org) Una mujer de la ciudad de Zunyi, en la provincia de Guizhou, fue sentenciada ilegalmente en dos ocasiones —sumando un total de siete años de prisión— por practicar Falun Gong. La persecución afectó gravemente la salud de su esposo, quien falleció a causa de una enfermedad durante el primer periodo de encarcelamiento de ella; esto provocó el colapso del negocio familiar, al no quedar nadie para gestionar la fábrica. Tras su puesta en libertad, la mujer siguió sufriendo el acoso de las autoridades, ya que se negó a renunciar a su fe.
A continuación, se presenta un relato de la persecución que sufrió.
Recuperación de la salud gracias a la práctica de Falun Gong
La Sra. Han Weiyou, de 62 años, había sido una persona enfermiza desde su infancia. Tras casarse, sus problemas en la columna lumbar y cervical empeoraron: su cuello se volvió rígido, impidiéndole girar la cabeza. Tampoco podía enderezar la espalda, lo que la obligaba a caminar encorvada. Debido al intenso dolor, se levantaba antes del amanecer cada día para pedir a su esposo y a sus hijos que le dieran masajes en las zonas afectadas, lo que terminó por agotar la paciencia de su familia. Además, la Sra. Han tenía dificultades para digerir los alimentos, lo que le provocaba una distensión abdominal tras comer. Ningún medicamento resultaba eficaz.
En 2003, la Sra. Han acudió a una clínica privada. El médico le indicó que se sentara, pero ella no se atrevió. Al preguntarle el motivo, explicó que padecía hemorroides graves que sangraban al sentarse. También sangraban al expulsar gases, dejando manchas de sangre en el baño. Asimismo, sufría resfriados constantes durante todo el año y padecía incontinencia urinaria al toser.
El médico le informó que no existía tratamiento para sus dolencias. Ante esto, ella comentó: «Parece que solo me queda esperar la muerte». Al ver su sufrimiento, el médico le sugirió que solo Falun Gong podría ayudarla. Ella, escéptica, pidió más información al respecto.
Posteriormente, la Sra. Han comenzó a practicar Falun Gong y su salud experimentó una mejoría notable. La primera vez que realizó los ejercicios, sintió como si su cuello fuera estirado hacia arriba y escuchó un chasquido. A partir de ese momento, desaparecieron sus dolores de espalda. También se esfumaron las hemorroides y dejó de resfriarse. Su sistema digestivo se normalizó, permitiéndole comer cualquier cosa sin experimentar hinchazón. Tras la desaparición de todas sus dolencias, la señora Han dejó de tener mal carácter, para gran alegría de su familia.
Aunque en aquel entonces Falun Gong sufría una severa persecución, su esposo continuó apoyando su práctica al observar todos los cambios positivos. En una ocasión, mientras realizaba reparaciones eléctricas subido a una escalera, su esposo sufrió una caída repentina. La escalera destrozó la ventana de la sala de estar y él aterrizó sobre los vidrios rotos; sin embargo, al levantarse, descubrió que no había sufrido daño alguno.
En otras dos ocasiones, tanto su esposo como su hijo se vieron en situaciones de peligro mientras conducían, pero ambos resultaron ilesos. Ellos atribuyeron estos hechos a las bendiciones derivadas de la práctica de Falun Dafa por parte de la señora Han.
Sentenciada a tres años de prisión
Tras beneficiarse de Falun Gong, la señora Han quiso compartir la práctica con los demás, motivo por el cual fue sentenciada a prisión en dos ocasiones.
El 7 de mayo de 2007, la señora Han viajaba en automóvil hacia la ciudad de Zunyi junto a su hija y una amiga de esta para entregar unas mercancías. Durante el trayecto, repartió material informativo sobre Falun Gong a los transeúntes desde el vehículo. Alguien la denunció, y la policía interceptó su automóvil a su paso por el municipio de Gelin, en el condado de Zhen’an.
Las tres fueron conducidas a la estación de policía. La amiga de su hija permaneció detenida durante tres días, y su hija durante una semana, a pesar de que ninguna de ellas practicaba Falun Gong. La policía alegó que era la hija de la señora Han quien conducía el vehículo y procedió a su detención; posteriormente, fue enviada a un centro de lavado de cerebro donde permaneció más de un mes.
Asimismo, la policía registró el domicilio de la señora Han. Ella estuvo retenida en el centro de detención del condado de Zhen’an durante más de cuatro meses y, finalmente, fue sentenciada a tres años de prisión por el Tribunal del condado de Zhen’an. Durante su estancia en el centro de detención, la Sra. Han se negó a ponerse el chaleco de reclusa, por lo que, como represalia, fue obligada a llevar grilletes muy pesados y de estilo antiguo en los pies. En señal de protesta, inició una huelga de hambre. Tras siete días en huelga de hambre, fue trasladada al Segundo Centro de Detención de la ciudad de Zunyi y, posteriormente, a la Primera Prisión de Mujeres de la provincia de Guizhou. Una vez cerrado el caso, se permitió a su familia recuperar su automóvil, pero tuvieron que pagar 4000 yuanes en concepto de gastos de estacionamiento. Se trataba de un vehículo nuevo, que apenas había sido utilizado durante unos meses, pero que sufrió diversos daños mientras estuvo incautado.
Sentenciada a cuatro años de prisión
El 20 de febrero de 2011, la Sra. Han se dirigió al condado de Fenggang para realizar un recado, pero fue detenida tras ser denunciada por utilizar billetes que contenían información impresa sobre Falun Gong en ellos. La policía la registró y le confiscó más de 10.000 yuanes en efectivo. Durante su detención, la Sra. Han exigió la devolución de su dinero. Más tarde, la policía le devolvió 7000 yuanes, pero no el resto de los billetes que llevaban escrita información sobre Falun Gong. La policía también registró su domicilio de forma violenta.
Pocos días después de llegar al Centro de Detención de Fenggang, un guardia le propinó varios golpes en el rostro. Otras practicantes que habían estado detenidas allí anteriormente también recibieron golpes en la cara del mismo guardia.
La Sra. Han compareció ante el Tribunal del condado de Fenggang tras permanecer detenida durante medio año. Fue sentenciada a cuatro años de prisión y, en noviembre de 2011, fue trasladada a la Primera Prisión para Mujeres de la provincia de Guizhou.
Maltrato en la Prisión para Mujeres de Guizhou
La primera vez que la Sra. Han fue llevada a esta prisión, en noviembre de 2007, fue retenida en el Cuarto Grupo, donde permaneció bajo la vigilancia de cuatro reclusas hasta las 2 de la madrugada, hora en la que se le permitía regresar a su celda para dormir. Al día siguiente, a las 6 de la mañana, la despertaban para asistir a sesiones de lavado de cerebro.
Llevaban a la Sra. Han a la sala de actividades, donde la obligaban a ver videos que difamaban a Falun Gong. Asimismo, era objeto de abusos verbales diarios por parte de las reclusas y se le forzaba a redactar declaraciones de garantía en las que debía renunciar a su fe. La capitana incitaba a las reclusas a presionar a las practicantes de Falun Gong con el fin de «transformarlas». Entre las reclusas encargadas de perseguir a la Sra. Han se encontraban Wang Yuxiu (exdirectora de una sucursal del Banco de Construcción de China, condenada por malversación), Zhao Weizhen y Yang Yuanyi; por su parte, Feng Qing y Zhou Yi (condenada por delitos relacionados con estupefacientes) fueron asignadas para vigilarla.
La segunda vez que la Sra. Han fue enviada a dicha prisión, en 2011, fue retenida nuevamente en el Cuarto Grupo, en una habitación donde permanecía bajo la vigilancia de dos reclusas: Luo Xiaoyan y Huang Xia. Con el objetivo de forzar su «transformación», la sometieron a diversas formas de acoso. La obligaban a permanecer sentada todos los días en un taburete pequeño, con la espalda recta y las manos sobre las rodillas; esta situación se prolongó incluso durante el invierno. Además, cuando ella intentaba lavar la ropa, las reclusas trataban de cerrar el grifo del agua.
En una ocasión, la Sra. Han fue golpeada por varias personas después de gritar: «¡Falun Dafa es bueno!». Una reclusa le sujetó las manos, mientras otra le metía una toalla sucia en la boca.
La prisión experimentó con diversos métodos para transformar a las practicantes de Falun Gong. A Zhang Yu, una reclusa condenada por malversación —quien anteriormente había sido profesora titular en la Universidad Normal de Beijing—, se le asignó la tarea de lavar el cerebro a la practicante Mo Daiqiong, sentenciada a 16 años de prisión.
Familia destruida, acoso continuo
La Sra. Han provenía de una familia acomodada. Ella y su esposo tenían una hija y un hijo. Su esposo dirigía una fábrica de herramientas agrícolas; el negocio era muy próspero, ya que la demanda de sus productos superaba la oferta.
La primera vez que fue encarcelada, la presión de la persecución afectó la salud de su esposo, quien falleció a causa de una enfermedad el 7 de mayo de 2010, a los 52 años. Tras su muerte, el negocio quedó desatendido, pues no había nadie que se hiciera cargo de él.
Una vez que la Sra. Han fue puesta en libertad, la policía continuó acosándola.
Cuando la Sra. Han fue enviada a prisión por segunda vez, su hijo —que entonces era menor de edad— se quedó sin nadie que lo cuidara. Se alojó temporalmente en casa de una tía y cayó en una depresión. Sus amigos, compadeciéndose de su situación, le prestaron dinero para que pudiera buscar trabajo. Tras su liberación, la Sra. Han no tenía un hogar al cual regresar y, durante nueve años, no pudo dar con el paradero de su hijo.
Desde 2024 hasta la fecha, la policía del distrito de Bozhou, en la ciudad de Zunyi, ha buscado reiteradamente a la Sra. Han y a su familia con el fin de obligarla a renunciar a su fe en Falun Gong.
En febrero de 2025, mientras asistía a un banquete de celebración en casa de un pariente, la Sra. Han fue interceptada por la policía. Los agentes le exigieron que acudiera a la estación de policía para renunciar a su fe. Cuando ella solicitó ver sus identificaciones, le respondieron que se las mostrarían en la estación de policía. Además, le tomaron una fotografía.
A finales de 2025, agentes de policía y miembros del comité vecinal se presentaron en el domicilio de la hija de la Sra. Han y la acosaron. Intentaron entrar a la fuerza en su casa, pero se les impidió el acceso. Más tarde, llamaron a su hija en varias ocasiones para presionar a la Sra. Han a que renunciara a su fe.
En septiembre de 2026, la policía volvió a llamar a su hija, instándola a convencer a la Sra. Han de que abandonara Falun Gong.
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