(Minghui.org) Soy una practicante de Falun Dafa que se acerca a los 70 años, y llevo practicando más de 20 años. He sido encarcelada y perseguida injustamente al menos una docena de veces, incluidas dos detenciones en la Prisión Provincial de Mujeres de Heilongjiang. Me liberaron en julio de 2025. Estoy documentando los métodos que presencié para perseguir a los practicantes de Falun Dafa en la prisión.

Resumen de la prisión

La Prisión Provincial de Mujeres de Heilongjiang cuenta con 13 secciones. Los practicantes de Falun Dafa se encuentran en las secciones 8 y 9. Cada sección alberga entre 300 y 400 internas, incluidas unas 200 practicantes de Falun Dafa. Entre las internas se encuentran personas condenadas por delitos económicos, delitos relacionados con las drogas y asesinatos.

Métodos de persecución

A partir de noviembre de 2024, la prisión de mujeres de Heilongjiang adoptó métodos utilizados en la prisión de Daqing para controlar y maltratar a las practicantes de Falun Dafa.

Desde la mañana hasta la noche, cada actividad estaba regida por órdenes verbales estandarizadas: levantarse a las 5:00 a.m., doblar la ropa de cama, bajar de la litera superior después de doblar, lavarse, ordenar la zona de dormir, sentarse en el pequeño taburete y recitar las "10 Prohibiciones" antes de las comidas. Luego venían las órdenes de comer, lavar los platos, limpiar el suelo, ponerse en fila para la medicación, sentarse de nuevo, ponerse de pie para recitar las "38 reglas" y ponerse en fila para dirigirse al taller.

Taburetes pequeños y literas intermedias

Uno de los métodos de persecución consiste en el «taburete pequeño». Se obligaba a las practicantes a sentarse en taburetes pequeños de tan solo 30 centímetros de altura durante hasta 13 horas al día. Si un practicante pronunciaba “Falun Dafa es bueno”, tenía que permanecer sentado en el taburete entre 15 y 16 horas.

Las reclusas con discapacidad o problemas de salud que no puedan sentarse en los pequeños taburetes deben avisar con antelación a las guardias de la prisión, tras lo cual se las obliga a tumbarse en las «literas centrales». Las celdas grandes albergan a 15 reclusas que tienen tres de estas literas centrales, mientras que las pequeñas albergan a 10 reclusas con dos de estas literas centrales. Las literas comunes se alinean a lo largo de las paredes a ambos lados de la selda y estas otras literas se sitúan en el centro. Las reclusas sentadas en pequeños taburetes flanquean cada lado de estas literas, lo que crea unas condiciones de extrema estrechez. Las comidas deben pasarse de mano en mano, de adelante hacia atrás. Para las reclusas de edad avanzada que no pueden sentarse en los taburetes, verse obligadas a tumbarse en estas literas centrales supone un tormento psicológico.

Medicación forzada

A las reclusas se las asigna vigilar y retener a las practicantes de Falun Dafa a las que se les obliga tomar medicación. Casi todas las que han sido «transformadas» están obligadas a tomar medicamentos. Si se niegan, las reclusas las empujan, golpean y arrastran para obligarlas a obedecer. El hecho de no tomar la medicación se considera una prueba de que la «transformación» fue incompleta. Como resultado, las reclusas asignadas pierden puntos, lo que pone en peligro sus posibilidades de obtener una reducción de la pena.

Uso restringido del baño

El inodoro está situado dentro de la celda y es un modelo para usar de cuclillas. El tiempo es estrictamente limitado, por lo que hay que levantarse aunque no se haya evacuado la vejiga o los intestinos. Las practicantes de Falun Dafa son invariablemente maltratadas verbalmente cuando usan el baño para evacuar. A las vigilantes que no participan en los insultos se las considera insumisas y se les restan puntos, lo que afecta la reducción de su condena.

Sueño interrumpido

Aunque las practicantes podían acostarse a las 19:30, se veían obligadas a levantarse a las 21:20, ponerse en formación, sentarse, tumbarse y luego volver a dormir. Para las practicantes mayores de Falun Dafa, esto era una forma de tormento tanto físico como mental.

Muchas de las drogadictas eran personas despiadadas. Sabían que las practicantes de Falun Dafa no comían ajo crudo. Esperaban a que las practicantes se durmieran y entonces untaban ajo machacado en las cabeceras de sus camas. Para las practicantes, esto era un acto de burla, una forma de persecución que les infligía sufrimiento tanto físico como mental..

Restricciones de higiene personal

El tiempo asignado para la limpieza personal diaria era solo de 12 minutos, pero la llamada líder del grupo monopoliza el lavado. Las practicantes de Falun Dafa se ven obligadas a ocupar el espacio reducido alrededor de los baños y a menudo tienen que renunciar a cepillarse los dientes, solo para ser insultadas verbalmente por las internas.

Golpes y abuso verbal

Cada vez que las practicantes aclaraban los hechos, eran golpeadas y abusadas verbalmente. Las internas gritaban: "Golpéenles la cabeza" para evitar dejar moretones o heridas visibles. A algunas practicantes les arrancaron los dientes, mientras que otras sufrieron sangrado persistente.

Reducción de raciones en las comidas

Servían tres comidas al día de lunes a sábado y dos los domingos. La líder del grupo repartía la comida. Cuando llegaban las practicantes de Falun Dafa, solo quedaban caldo, huesos y fragmentos óseos, y sus porciones de arroz eran más pequeñas que las que se daban a otros. Las practicantes no tenían más remedio que pasar hambre o hacer una huelga de hambre para protestar por el trato injusto.

Obligadas a llevar uniformes de prisión

Todas las detenidas llevaban la palabra "Convicto" marcada en su ropa interior y exterior. El incumplimiento se consideraba una infracción disciplinaria, lo que resultaba en deducciones de puntos o incluso sentencias adicionales. Para humillar a las practicantes de Falun Dafa, las autoridades les exigieron cambiar a uniformes numerados por la noche. Si las practicantes se negaban a llevarlos, rasgando o desgarrando las prendas y tirándolas a la basura, eran golpeadas hasta que sus cabezas quedaban ensangrentadas.

Abusos arbitrarios por parte de internas

Las guardias de la prisión permitían tácitamente que las reclusas no practicantes maltrataran a las practicantes de Falun Dafa a su antojo. Las reclusas solían tomar como blanco a las practicantes para descargar su ira.

Las practicantes se enfrentaban a todo tipo de exigencias irrazonables y acoso. La mayoría de las practicantes eran personas mayores, de entre 60 y 80 años, y algunas tenían problemas dentales. A veces utilizaban agua caliente para preparar fideos instantáneos. Sin embargo, la prisión exigía con frecuencia que se sustituyeran los termos. Había que cambiar un lote por otro antes incluso de que el primero se hubiera terminado. No cambiar el lote designado se consideraba una infracción de las normas. Las perchas también se sustituían con gran rapidez, lo que obligaba a comprar otras nuevas que se ajustaran al color y al estilo prescritos. Más tarde, la prisión exigió la compra de grandes calentadores de agua, uno por cada habitación, lo que obligó a deshacerse de los dispensadores de agua caliente existentes y que funcionaban perfectamente. Tras haber sufrido años de persecución económica por parte del PCCh, los practicantes se enfrentan a dificultades económicas y no podían permitirse estas sustituciones constantes. En consecuencia, algunas se veían obligados a prescindir del agua caliente, incluso para bañarse y lavarse.