(Minghui.org)

Eliminar el apego a los dispositivos electrónicos

Utilizo mucho los dispositivos electrónicos. Empleo la computadora para buscar información para mi investigación científica, el teléfono móvil en el trabajo para gestionar tareas, y la aplicación «Business WeChat» para comunicarme con mis colegas. Dado que estos dispositivos son una parte necesaria de mi vida, debo cultivarme mientras los utilizo.

Llevo el teléfono móvil a casa después del trabajo y, a veces, paso toda la noche usándolo. Como resultado, la mayor parte de mi estudio del Fa ha sido superficial. Para buscar información necesito estar en internet, y puedo pasar un tiempo interminable navegando si encuentro algo interesante. Me interesan las reformas del hogar, ya que tengo el apego de comprar una casa; también me interesa la historia, pues deseo adquirir más conocimientos. No me doy cuenta del tiempo que paso frente a la pantalla hasta que han transcurrido muchas horas. Me sentía avergonzada por no estar cultivándome bien y me proponía mejorar al día siguiente, solo para terminar repitiendo los mismos errores. De los cinco días de la semana laboral, probablemente solo lograba mantener bien mi xinxing durante un día.

Los fines de semana, dejo todos mis dispositivos electrónicos en el trabajo para poder concentrarme en el estudio del Fa. Siento que mi mente se desvincula por completo del teléfono móvil y de la computadora. Siempre pienso que lo haré bien al comenzar la nueva semana, pero la realidad es distinta. Con el paso del tiempo, he perdido la confianza en mí misma. Incluso cuando logro estudiar bien el Fa durante los fines de semana, me preocupa volver a caer en los mismos errores al regresar al trabajo.

En mis sueños, soy secuestrada constantemente por las fuerzas del mal, aunque logro escapar. Esto refleja mi estado: me encuentro atrapada por el «demonio del teléfono móvil». En uno de estos sueños, Shifu apareció ante mí. Le dije: «Shifu, me he equivocado».

Shifu respondió: «Acabo de limpiarte eso, y tú lo traes de vuelta». Comprendí que había llegado el momento de dejar de utilizar el teléfono móvil por completo. 

Un día me pregunté: «Ahora que puedo dejar de usar dispositivos electrónicos en casa sin que me afecten, ¿por qué necesito usarlos en el trabajo? Mi jefe me paga un sueldo y nunca me vigila; ¿cómo podría abusar de su confianza? Como practicante, debo ser una buena persona. ¿Cómo puedo estar jugando con el teléfono móvil durante el horario laboral?».

Esto me recordó un sueño muy vívido que tuve el verano pasado. En el sueño, me despedían a finales de año porque había obtenido solo dos puntos en la evaluación de desempeño del año anterior, y este año había vuelto a fallar.

En la realidad, efectivamente obtuve solo dos puntos en mi evaluación del año pasado, probablemente porque me tomé tres meses de ausencia. ¿Fue una simple coincidencia que coincidiera con el sueño? Este año no me tomé ni un solo día libre, así que ¿por qué mi jefe volvió a darme una calificación negativa? Me di cuenta de que fracasé porque jugaba con el móvil y la computadora durante el horario laboral. Aunque mis informes semanales estaban bien, mi jefe se había dado cuenta de que estaba perdiendo el tiempo. Los seres divinos también lo vieron, y Shifu está decepcionado con mi comportamiento.

Por consideración hacia los demás, dejé de usar dispositivos electrónicos en el trabajo. Mi eficiencia mejoró notablemente. Antes, incluso cuando jugaba con el teléfono móvil, lograba un rendimiento ligeramente superior al de mis compañeros. Ahora que he dejado de lado el teléfono, me he dado cuenta de que puedo asumir, sin dificultad, más responsabilidades dentro de la empresa.

Eliminando el apego a comprar ropa

Tenía otro apego muy fuerte: comprar ropa nueva. Me surgían pensamientos de forma automática: «¿Qué zapatos combinarán con este vestido o con estos pantalones? ¿Debería probar un estilo diferente?». Estos pensamientos eran incesantes. A menudo me encontraba comprando ropa después del trabajo, sintiendo como si no pudiera vivir sin ella. A veces, tenía que apretar los dientes para controlarme y obligarme a alejarme de la tienda de ropa.

Cuando copiaba el Fa a mano en casa, mi mente estaba ocupada pensando: «Tengo que comprar esa ropa antes de que sea demasiado tarde; ahora mismo hay rebajas». Incluso mientras realizaba los ejercicios, mi mente estaba constantemente centrada en comprar ropa. Durante unas semanas, logré controlar mis pensamientos y pude estudiar el Fa adecuadamente. Todo mi cuerpo parecía desaparecer, y mi único pensamiento estaba centrado en el Fa. Más tarde, sin embargo, perdí el control de nuevo y fui a comprar ropa. Mis compañeros de trabajo elogiaron mis nuevas prendas.

Tras dedicar unos días a copiar el Fa a mano de forma constante, descubrí que el impulso de comprar ropa era un pensamiento generado por el «yo falso». Al lograr separarme de él, me di cuenta de que mi «yo verdadero» estaba agotado y sufría bajo su dominio. Al liberarme, sentí un gran alivio, como si hubiera recuperado mi libertad.

Mi apego a comprar ropa me había acompañado durante décadas. Desde la época universitaria, vivía obsesionada con mi figura y el maquillaje. Ahorraba en comida para no ganar peso, y gastar ese dinero en ropa me hacía sentir atractiva; era como matar dos pájaros de un tiro. Aunque parezca algo trivial, este apego tenía raíces muy profundas y densas, llegando incluso a provocar un grave yeli de enfermedad. Ahora siento que ese apego ha sido erradicado por completo. Mi enfoque en la compra de ropa ha disminuido considerablemente. Este mes no he comprado nada; en su lugar, he remendado mis prendas antiguas y he seguido usándolas. Además, ya no me siento avergonzada de salir sin maquillaje.

Reconociendo al «yo falso»

Cuando no logro concentrarme en estudiar el Fa, lo copio a mano. Al principio no noté ningún cambio, pero tras un par de días, un «yo falso» —compuesto por yeli— apareció detrás de mi cabeza. Esta entidad es capaz de pensar, y todos los pensamientos que genera mi cerebro provienen, en realidad, de ella. Es rígida y obstinada, y me impide estudiar el Fa; por su causa, no puedo concentrarme en el estudio.

Shifu me dio una revelación mientras preparaba comida en casa. Me resultó difícil cortar una zanahoria y, al observar su interior, vi que tenía anillos similares a los de los árboles; uno de ellos era duro como la madera. Comprendí entonces que existe una capa aislante en mi cuerpo, y que debo estudiar el Fa con diligencia para eliminarla. Así fue como logré exponer esta capa de un «yo falso». A veces, esta entidad me susurra en la mente que soy vieja; otras veces, me dice que padezco enfermedades graves y que me estoy muriendo. Las viejas fuerzas controlan a este «yo falso», influyendo en nuestros pensamientos y acciones. Algunos practicantes, confundidos por su propio «yo falso», han fallecido debido al yeli de enfermedad. Ahora que lo he reconocido, ya no puede afectarme; ha llegado el momento de que desaparezca.

Mi voluntad se ha fortalecido notablemente al estudiar el Fa. Sin importar las circunstancias, soy capaz de permanecer sentada y quieta durante el estudio. Si mi concentración flaquea, leo palabra por palabra; si eso no basta, copio el Fa a mano. Por más que los demonios intenten perturbarme, permanezco inmóvil. Envío pensamientos rectos a cada hora, todos los días. Con perseverancia, recupero siempre la concentración y mi cultivación alcanza un nuevo nivel. El obstáculo obstinado se disipa, yo me elevo, el yeli de enfermedad se elimina, y el apego que subyace tras todo ello queda expuesto y disuelto. Algunos practicantes dicen que estudian una lección al día; otros, al menos tres. Entonces, ¿cuántas lecciones son suficientes? Shifu dijo: «Además tienes que estudiar cabalmente el Fa de niveles altos y saber cómo practicar el xiulian» (Tercera Lección, Zhuan Falun).

A mi entender, el estudio del Fa debe ser profundo. No importa cuántas lecciones se lean; es necesario comprender niveles más profundos para poder elevar el propio nivel. La mente debe fundirse con el Fa, en lugar de quedarse solo con una comprensión superficial. El Fa penetra hasta los rincones más microscópicos de la mente, permitiendo que los apegos queden expuestos a un nivel aún más profundo, para que puedan ser reconocidos y eliminados.

Cuando estudio el Fa, siento una fuerza poderosa que presiona la parte posterior de mi cabeza, produciendo un chasquido similar al de una roca al fracturarse. Es el «yo» falso —compuesto por un material parecido al granito— que se está desintegrando. Tras estudiar el Fa, siento que me renuevo; cada día descubro una nueva perspectiva sobre la cultivación. Por eso, después de estudiar, me hago esta pregunta para reflexionar: «¿He estudiado el Fa a fondo hoy?».

Hace poco tuve un sueño en el que no lograba responder a ninguna pregunta de un examen, pero aun así conseguí más de 600 puntos. En otro sueño, obtuve poco más de 500 puntos. Aunque aprobé, la puntuación no fue muy alta. Comprendí que esto se debía a las grandes dificultades que experimentaba al intentar deshacerme de mi apego a los teléfonos móviles.

Eliminando la noción de que «no me gusta cocinar»

Como trabajo lejos de casa, solía comer fuera para ahorrar tiempo y evitar la tarea de lavar los platos. Ahora, en cuanto llego a casa después del trabajo, me pongo a cocinar y guardo una parte de lo que preparo para el almuerzo del día siguiente. Antes, cuando comía fuera o pedía comida a domicilio, solía elegir platos elaborados, desarrollando así un gusto por la comida sofisticada. Ahora, en cambio, utilizo simplemente los ingredientes que encuentro en el refrigerador. Todo se ha vuelto mucho más sencillo.

Siento que mi sistema digestivo está más limpio y que esta es la forma correcta de vivir. Además, no requiere mucho tiempo. Regresar a casa justo después del trabajo también ahorra tiempo. Escucho las transmisiones de Minghui mientras cocino y dispongo de más tiempo para estudiar el Fa. No comer fuera ni comprar ropa me permite ahorrar mucho tiempo y dinero. Lo que más valoro es que, cuando surgen problemas, puedo mirar hacia mi interior. Mi cultivación ha retomado un camino recto.

Hablar a los demás sobre la verdad de Falun Dafa en el trabajo

Mi empresa se encuentra en una zona económicamente próspera y es líder en su sector; avanza a un ritmo acelerado y genera buenos beneficios. Se considera una compañía pionera, una de las más destacadas del país. Sus empleados reciben una buena remuneración y poseen un sentimiento de superioridad: tienen aspiraciones elevadas y consideran los viajes, la ópera y la alta gastronomía como sus pasatiempos habituales. No les preocupa si algo es correcto o incorrecto; su único objetivo es llevar una vida de alto nivel. Me ha resultado difícil hablarles sobre la verdad de Falun Dafa, ya que solo confían en aquellos a quienes consideran sus iguales.

Soy ingeniera superior en la empresa y, a lo largo de las dos últimas décadas de persecución por parte del Partido Comunista Chino (PCCh), he perdido mi empleo en varias ocasiones. A menudo desempeñaba tareas de bajo nivel, mientras mis compañeros de trabajo progresaban en sus respectivos campos. La tecnología ha avanzado enormemente en los últimos 20 años y, debido a la persecución, me había quedado rezagada. Sin embargo, al incorporarme a esta empresa, todos recurrían a mí para resolver problemas complejos, los cuales lograba solucionar en poco tiempo. Sé que es Shifu y los seres divinos quienes me ayudan. Poco a poco, incluso los técnicos de mayor antigüedad empezaron a acudir a mí para resolver sus dificultades. Uno de ellos comentó en el chat grupal que yo era una «figura clave», un «dios» dentro de la empresa. Al principio pensé que exageraba, pero luego comprendí que era su lado consciente el que me decía: «Eres una practicante, un ser inmortal, una persona fundamental en esta empresa».

Trabajo sola en una sede de la empresa ubicada en otra provincia, donde no hay otros practicantes. Cuando me encuentro en un mal estado de cultivación, no hay nadie que pueda ayudarme, ni cuento con un grupo de estudio del Fa que me permita corregir mi situación rápidamente. Por ello, debo apoyarme en un estudio sólido del Fa. En ocasiones, mi desempeño no ha sido bueno y he sentido que he defraudado a Shifu y a los seres conscientes. Varias veces consideré renunciar, pensando que podría progresar más si regresara a un entorno grupal. No obstante, Shifu me ha dado indicios de que debo permanecer aquí para salvar a las personas de este lugar. Shifu me permitió ver que, en tan solo unos años, me había convertido en un elemento destacado dentro de la empresa. Comprendí que Shifu me anima a quedarme para ayudar a los demás.

También me di cuenta de que, si me cultivo bien y mantengo un alto nivel de desempeño en mi trabajo, las personas podrán percibir la bondad de Dafa y decidirán renunciar al PCCh.

El Sr. Zhang, un empleado clave de la empresa, utiliza los equipos que se encuentran en mi área de trabajo. Al considerarlo una persona directa y honesta, busqué oportunidades para hablarle sobre Falun Dafa. Jamás imaginé que su reacción fuera tan intensa. Desde entonces, dejó de dirigirme la palabra y, cada vez que nos cruzamos, sus ojos se llenan de odio. Me he quedado sin saber cómo proceder. 

Una mañana, mientras realizaba los ejercicios de Dafa, Shifu me iluminó a través de sus instrucciones para los ejercicios: «Mantén un corazón bondadoso y una expresión serena». Comprendí que Shifu quería que me esforzara más por salvar al Sr. Zhang; por eso, Shifu hizo que nos encontráramos en varias ocasiones. En lugar de mostrarme demasiado ansiosa por contarle la verdad, dediqué mis energías a ayudarlo en su trabajo. Como resultado, él me tiene un gran respeto y confía en mí. Sin embargo, su resistencia hacia Dafa aún requiere tiempo para disiparse.

Muchos empleados de la empresa son como el Sr. Zhang. Son jóvenes y han sido profundamente influenciados por las nociones modernas, la cultura del PCCh y los conceptos científicos. Poseen un estatus social elevado y son arrogantes; son personas modernas que han sido mal encaminadas. Aunque no son malas personas, han sido perjudicadas por demonios. Ayudarlos a cambiar requiere más esfuerzo, paciencia y tiempo; unas pocas palabras no bastan. A veces admiro a los autores de los artículos de Minghui, quienes parecen capaces de compartir la verdad sobre Falun Dafa con desconocidos de una manera tan natural y sencilla. Mis circunstancias son distintas: trabajo en esta empresa y debo recorrer mi propio camino. Necesito concentrarme más en estudiar el Fa y en aprender cómo salvar a las personas. Algunas son más receptivas; por ejemplo, a menudo resulta más fácil hablar con los ingenieros que vienen de visita.

La cultivación consiste en cultivarse uno mismo

Mi esposo y mi hija también estudian el Fa, pero a menudo chocan entre sí, a veces hasta un punto que parece casi irreconciliable. Como trabajo fuera de casa, en ocasiones regreso y me encuentro con un caos absoluto; a veces puedo sentir la tensión a través del teléfono incluso antes de llegar. En una ocasión, mi esposo me dijo: «Todo es culpa tuya. No me habría molestado si no lo hubieras dicho de esa manera. Como estaba enfadado, no supe manejar bien la situación con nuestra hija; por eso reaccionó así».

Le respondí: «Soy una practicante, no un ser inmortal. ¿Cómo podría hacerlo todo bien?». Él se alteró aún más y dijo: «Sigues discutiendo. ¿Por qué no miras hacia tu interior? ¿Qué significa mirar hacia el interior de forma incondicional? ¿Lo sabes?».

«Está bien —respondí—, miremos ambos hacia nuestro interior».

Pero él replicó: «Soy una persona común. No me pidas que mire hacia mi interior. Yo no hago eso. Hazlo tú».

Me quedé sin palabras. «Muy bien —pensé—, miraré hacia mi interior». Me di cuenta de que mi argumento era erróneo. ¿Cómo podía usar la excusa de que no soy un ser inmortal y que no puedo hacerlo mejor? Debo exigirme más y elevar mis estándares. La perfección requiere bondad, y no puedo buscar excusas. Shifu también ha indicado que todo lo que sucede en el hogar refleja mi estado de cultivación. El caos en casa es el resultado de que las viejas fuerzas aprovechan mis brechas. Shifu desea salvar a todos, y quienes atraviesan una tribulación tienen la oportunidad de mejorar. Si alguien no practica la cultivación, sigue siendo una persona común. Las palabras de mi esposo —que todo se origina en mí— son un recordatorio de que debo cultivarme a mí misma. Shifu me enseña a seguir sus directrices, a mirar hacia mi interior y a cultivarme. Al comprender esto, bajé la cabeza, avergonzada. Me di cuenta de que cada situación desagradable que ocurre en mí y el problema, sin importar quién lo haya causado, tuvo su origen en mi propio corazón. ¿A quién más podría culpar?

Al cultivar mi corazón y seguir este camino, he desarrollado fuertes pensamientos rectos y ciertas capacidades. Soy capaz de resistir la interferencia y la persecución, impidiendo que ocurran dentro de mi campo dimensional. Aquellas personas en mi entorno laboral que, a mi parecer, eran difíciles de salvar, ahora muestran esperanza; les resulta más sencillo aceptar la verdad sobre Dafa.

Shifu me anima a escribir y enviar artículos, brindándome a menudo indicaciones al respecto. No solo redacto relatos sobre mis experiencias de cultivación, sino también comentarios destinados a ayudar en la salvación de los seres. Sin embargo, prefiero que mis compañeros practicantes no sepan que realizo esta labor, para evitar que surjan sentimientos de envidia. Se trata, sencillamente, de una capacidad que Dafa me ha otorgado. No es nada en comparación con el esfuerzo de aquellos practicantes que, bajo cualquier condición climática, se dedican a aclarar la verdad a las personas cara a cara. A veces, algunos practicantes comentan con entusiasmo: «¿Sabes? A la practicante local, la señora fulana de tal, le han publicado un artículo en Minghui». En realidad, alegrarse —ya sea por uno mismo o por los demás— constituye una forma de apego de exultación. La verdadera cultivación exige una mente serena y en paz. No tiene sentido difundir este tipo de noticias, pues solo podría acarrear problemas, tanto para uno mismo como para los demás compañeros practicantes.

Por favor, señalen cualquier aspecto que no esté en consonancia con el Fa.