(Minghui.org) Tengo 72 años. Antes de practicar Falun Dafa, los resultados de mis revisiones médicas estaban todos por debajo de los niveles normales; no había ni una sola parte de mi cuerpo que estuviera sana, y el tormento de una enfermedad cardíaca, en particular, hacía que mi vida fuera absolutamente miserable. Anteriormente, había practicado otros tipos de qigong de manera indiscriminada, pero mi estado de salud no mostró ninguna señal de mejoría.

Conocí Falun Dafa antes de que el Partido Comunista Chino (PCCh) comenzara a perseguirlo el 20 de julio de 1999. Mi esposo y yo fuimos a visitar a mi madre, y dio la casualidad de que mis tres hermanas también estaban allí en ese momento. Mi hermana menor acababa de aprender Falun Dafa, así que nos enseñó a mi hermana mayor y a mí. Tras realizar los ejercicios, sentí un bienestar inmediato.

Cuando, a finales de julio, comenzó la persecución a gran escala por parte del PCCh y la difamación contra el Maestro Li, sentí una tristeza indescriptible. En aquel entonces, no tenía ningún libro de Dafa y solo había realizado los ejercicios; sin embargo, no albergaba ninguna duda sobre Dafa. Sabía que era algo recto, así que continué practicando los ejercicios.

Más tarde, conseguí ejemplares de los libros de Dafa y me uní a un grupo de estudio del Fa. Gracias al estudio regular y profundo del Fa, todas mis dolencias desaparecieron. En el entorno puro y pacífico de este grupo, estudiaba el Fa e intercambiaba experiencias con otros practicantes; juntos nos elevábamos. Me sentí afortunada de haber encontrado un Dafa universal, increíblemente precioso y único en la vida. Más adelante, también participé en la validación de Dafa y en la asistencia a Shifu durante la rectificación del Fa.

Plagada otra vez de enfermedades por haber descuidado mi cultivación

Antes de un Año Nuevo chino, mientras estaba en un supermercado, entregaba materiales informativos sobre Dafa a algunos empleados; fui denunciada, detenida y mantenida ilegalmente en un centro de detención durante cinco días. Había muchos prisioneros en el interior. Cada vez que llegaba la hora de salir para comer, todos gritaban al unísono: «¡Falun Dafa es bueno! ¡Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno!». Me sentí profundamente conmovida. Que una persona común llegue a saber que Dafa es bueno significa que ha conocido la verdad y está eligiendo un futuro brillante para sí misma. Que conozcan la verdad y sean salvados es lo que Shifu desea. Para mí, cultivar Dafa, asistir a Shifu en la rectificación del Fa y salvar a los seres conscientes son las acciones más rectas; es lo que un practicante debe hacer. Tomé la determinación de aclarar los hechos a las personas de manera más efectiva. En aquel entonces, mis pensamientos rectos eran muy fuertes.

Al principio, no contaba con materiales informativos. Los elaboraba yo misma a mano y los compartía con otros practicantes. Salíamos a colocarlos, tanto de día como de noche. Más tarde, practicantes de la misma aldea me acompañaron a distribuir materiales informativos, incluidos los Nueve Comentarios sobre el Partido Comunista.

Por aquel entonces, mi esposo y yo nos dedicábamos a remodelar viviendas; pasábamos los días trabajando arduamente en diversos proyectos, mientras costeábamos los estudios universitarios de nuestros dos hijos. Como aún conservaba muchos apegos, cuando el trabajo se intensificaba, no lograba asistir con regularidad al grupo de estudio del Fa. Poco a poco me fui descuidando y comencé a vivir como una persona común. Finalmente, dejé de asistir al estudio del Fa por completo. Esta situación se prolongó hasta el año 2012.

Durante ese periodo, Shifu me dio señales en dos ocasiones. Primero, soñé que un gran bidón de plástico con aceite, que tenía en casa, presentaba una fuga —el aceite se derramaba sin parar—; sin embargo, no logré comprender que tenía una omisión. La segunda vez, descubrí que la olla que utilizaba tenía una fuga, así que compré una nueva. Al llegar a casa, me di cuenta de que la olla nueva también dejaba escapar los líquidos. Incluso el dueño de la tienda comentó: «Nunca he oído que una olla nueva tenga una fuga». Aun así, no logré darme cuenta de cuál era mi problema.

Hasta que, un día de 2012, me sobrevino un yeli de enfermedad serio.  Sentía muchas molestias en el corazón y en el estómago, y no podía comer. A veces, el malestar era tan intenso que tenía que salir a caminar por la noche solo para encontrar algo de alivio. Con frecuencia, mientras caminaba, me sentía mareada e inestable, como si mi alma hubiera abandonado mi cuerpo. Fui al hospital, donde me diagnosticaron gastritis atrófica y un tumor uterino, y me recomendaron una cirugía. Rechacé la operación y opté por tomar decocciones de hierbas en casa.

Sin embargo, el tratamiento no solo no me ayudó, sino que mi estado empeoró. Además, perdí muchísimo peso. Al verme así, mi esposo rompió a llorar y dijo: «Hemos superado los momentos más difíciles; ¿de verdad vas a rendirte ahora?». No tenía ni siquiera fuerzas para hablar; simplemente hice un gesto con la mano para indicar que ya no podía más.

Desesperada, pensé en Shifu: «Mi vida fue otorgada por Shifu. ¡Nadie puede decirme qué hacer! Seguiré únicamente los arreglos de Shifu, y nada más». Así que reuní todas mis fuerzas, me levanté de la cama y le dije a mi esposo: «No voy a tomar más medicamentos, bajo ningún concepto. Me pondré en manos de Shifu. Si Shifu quiere que viva, viviré. Si no, ¡moriré!».

Apenas terminé de hablar, una corriente cálida inundó mi corazón al instante; sentí una repentina ligereza en todo mi cuerpo y una claridad espiritual renovada. Sin dudarlo, tomé mi teléfono y le pregunté a una practicante: «¿Todavía tienen el grupo de estudio del Fa? ¡Quiero unirme a ustedes!». Ella respondió con entusiasmo: «¡Sí, todavía lo tenemos! ¡Eres bienvenida!».

Inmersa en el entorno de cultivación otra vez, caminando el camino arreglado por Shifu, regresé al sagrado grupo de estudio del Fa, al cual extrañaba profundamente. Los demás practicantes me recibieron con gran calidez. Gracias a su ayuda y al poder del Fa del Fo, experimenté una mejoría día tras día. Mi semblante cobró vida y recuperé mi salud rápidamente. Incluso ahora, a mis 72 años, mi rostro sigue luciendo sonrosado y radiante. Expreso aquí mi profunda gratitud a Shifu por haberme dado un golpe contundente que me despertó de mi letargo. ¡Gracias, Shifu! Él me rescató, una vez más, al borde de la muerte. Desde entonces, he mantenido la firme determinación de seguir el camino de la cultivación en Dafa. Nada puede quebrantar mi voluntad.

También surgieron pruebas relacionadas con el apego sentimental hacia mi familia. En 2015, mi hijo se graduó de la universidad y comenzó a trabajar. Su empleador le exigía afiliarse al PCCh y prohibía que sus familiares practicaran Dafa. En aquel momento, sus parientes —especialmente mi esposo— me pidieron que dejara de practicar Dafa, con el argumento de la «preocupación por el futuro del joven». Aunque mi esposo sabía que Dafa es algo bueno, al fin y al cabo, él es una persona común; cuando sus intereses personales se vieron comprometidos, no dudó en presionarme.

En aquel entonces, sentí que la tribulación era inmensa. En realidad, todo se reducía a que aún no había logrado desprenderme de mi apego sentimental hacia mi hijo. Al final, pensé: «¿Cómo podría abandonar Dafa, que me ha brindado una nueva vida por segunda vez? El futuro de mi hijo no es algo que yo pueda controlar. Practicar Dafa me beneficia a mí y a todos los demás. ¡Nunca abandonaré Dafa! ¡Nadie puede interferir conmigo!».

Cuando Shifu vio mi firmeza, me ayudó a cambiar la situación. En ese preciso instante, mi hijo dijo de repente: «¿Y qué pasa si no me uno al Partido? De hecho, ¡las empresas extranjeras ni siquiera quieren a miembros del PCCh!». Todos los presentes guardaron silencio. Desde entonces, nadie en la familia volvió a mencionar el tema de unirse al Partido. Además, mi hijo consiguió un empleo que era exactamente lo que él quería.

Justo cuando esa crisis se resolvió, surgió un nuevo desafío con mi hija. Ella era maestra de preescolar y su desempeño siempre había sido elogiado por sus superiores y por el director de la escuela, quien le recomendó presentarse al examen para obtener una plaza docente permanente; un paso que conllevaba someterse a un proceso de «investigación política». Para cualquier persona común, esto era, sin duda, una oportunidad muy codiciada de ascenso profesional. Sin embargo, ante la presión de mi esposo para que diera mi consentimiento, me sentí profundamente angustiada y dividida, hasta el punto de perder el apetito. Me encontraba en un dilema terrible: «Si no accedo a los deseos de mi familia, ¿qué pensarán los suegros de mi hija y mi yerno?». En el fondo, comprendía que se trataba de una prueba puesta por Shifu, pero no lograba superar la mentalidad de una persona común, pues no conseguía desprenderme de mi apego sentimental hacia mi hija.

Recordando mi experiencia anterior con mi hijo, finalmente fortalecí mi determinación: «Dejaré esto en manos de Shifu, que es quien me guía». Entonces, ocurrió otro milagro: mis dos hijos terminaron apoyándome en mi práctica de Dafa. Al no poder soportar verme sufrir, mi hija habló con el director, le comunicó que ya no deseaba presentarse al examen y le explicó que ella no tomaría partido en cuestiones políticas. El decano completó y tramitó la documentación necesaria para ella, permitiéndole así convertirse en docente nombrada formalmente.

¡Gracias, Shifu, por bendecir a mi familia!

En 2020, comencé a colaborar con otros practicantes para distribuir material informativo y ayudar a las personas a renunciar al PCCh. Ellos utilizaban bicicletas eléctricas, mientras que yo usaba mi bicicleta convencional. Nunca faltamos a ningún día de mercado en el vecindario. Sin importar si llovía o hacía sol, con calor o con frío, establecíamos un plan y lo llevábamos a cabo. En pleno verano, a menudo regresábamos a casa completamente empapados tras haber aclarado la verdad a la gente. No sentíamos cansancio ni dolor; al contrario, nos sentíamos agradecidos por poder realizar las tres cosas que Shifu nos ha encomendado. Al caminar el camino arreglado por Shifu, nos sentíamos en paz.

Ahora, permítanme hablar de mi esposo. Desde que compramos un vehículo de tres ruedas, él me lleva a todas partes para distribuir material informativo sobre Falun Dafa. Aunque él no practica Dafa, con respecto a salvar a los seres conscientes, él lo toma como su objetivo. En los días de mercado, él planifica todo con antelación y me lleva para ayudar a salvar a los seres conscientes. A veces, incluso lleva consigo varias docenas de ejemplares del *Semanario Minghui* para distribuirlos él mismo.

También me señala cuando observa problemas en mi *xinxing*. Por ejemplo, en una ocasión, mientras regresábamos del mercado y mi esposo estaba concentrado en conducir, vi que una persona en bicicleta se caía. Para entonces, ya habíamos pasado el lugar del accidente, pero le dije: «¿No deberíamos volver y ayudarlo a levantar su bicicleta? Ya le he aclarado la verdad». Mi esposo preguntó: «¿Si no fuera por aclararle la verdad, dejarías de ayudado?». Sus palabras me hicieron ver que mi intención al salvar a los seres conscientes no era pura.

Shifu también cuidó de mi esposo. En su juventud, trabajaba en remodelaciones. Una vez, mientras colocaba azulejos en una pared a gran altura, no se percató de un cable sin aislamiento. Al tocarlo, sintió como si un enorme pilar lo hubiera golpeado en la cabeza, y cayó desde una gran altura. Todos los presentes quedaron aterrorizados, pero él resultó ileso. En el fondo, él sabía que Shifiu lo había protegido.

En su juventud, mi esposo se dedicaba a la talla de piedra. Cada vez que golpeaba la piedra con un cincel, los fragmentos salían disparados y le perforaban las piernas, provocándole sangrado. Con el tiempo, los trozos que quedaron incrustados en su carne formaron bultos que se podían palpar. Hace poco, me pidió que le tocara las piernas y, para mi sorpresa, los bultos habían desaparecido por completo; la piel se había alisado milagrosamente. Shifu lo ha ayudado a limpiar todo eso.

De vez en cuando leía los libros de Dafa y materiales informativos, pero cuando le proponía estudiar el Fa y hacer los ejercicios conmigo, siempre guardaba silencio. Por lo general, él sentía gratitud hacia Shifu y creía en Dafa. También me ayudaba a aclarar la verdad y a que la gente renunciara al PCCh. Aunque yo consideraba que debería haber comenzado a cultivar hace mucho tiempo, no lo hizo.

Al mirar hacia mi interior, me di cuenta de que tal vez yo misma le había impedido obtener el Fa. En ocasiones, no lograba mantener mi *xinxing* y perdía los estribos con él. Siempre que surgía un conflicto, me quedaba atrapada en recuerdos desagradables del pasado; sacaba a relucir viejos agravios y albergaba resentimiento y amargura hacia él. Estos sentimientos negativos me mantenían en un estado de inquietud constante. Además, sentía una opresión y una pesadez persistentes en el pecho durante todo el día. No me había cultivado en este aspecto, lo cual obstaculizó mi propio progreso y, además, impidió que otras personas comenzaran la cultivación en Dafa. Decepcioné a Shifu y siento pena.

Estoy decidida a eliminar mis apegos y transformarme desde el interior, de modo que quienes me rodean puedan percibir la belleza de Dafa a través de mi comportamiento. Me exigiré actuar estrictamente conforme a Dafa, aprovecharé el tiempo para estudiar el Fa, salvaré a más personas y seré una verdadera discípula de Shifu.