(Minghui.org) ¡Saludos, venerado Shifu! ¡Saludos, compañeros practicantes!
Comencé a practicar Falun Dafa en 2005 y, en 2014, empecé a colaborar con Shen Yun durante sus giras por España. Coordino el área de lavandería durante la gira de Shen Yun y siento la responsabilidad y la obligación de realizar este trabajo con el mayor profesionalismo posible. Siempre he sido muy exigente respecto a cómo los demás practicantes y yo cuidamos el vestuario y la ropa de la compañía. Sin embargo, este nivel de rigidez me causaba malestar, y también me di cuenta de que los otros practicantes estaban descontentos conmigo. Mi fuerte apego al yo me hacía creer que solo yo podía hacer bien este trabajo.
Pronto comprendí que los otros practicantes también habían hecho el voto de colaborar en esta tarea. Ellos también poseen capacidades y forman parte de esta misión. He aprendido a ser una más entre ellos y a dejar de lado la idea de que soy mejor que los demás en esta labor. He logrado ver la grandeza de otros practicantes y, como resultado, mi rigidez se ha disipado gradualmente. Ahora he aprendido a ser más compasiva.
Durante la gira, que duró más de un mes, hubo muchas pruebas relacionadas con apegos que no lograba soltar, incluidos los apegos a dar órdenes, al lucirme, a buscar reconocimiento, a ser la mejor y a perseguir fama. Siento que fue una gira decisiva y reveladora. Cada momento era una prueba; cada segundo, cada palabra, cada gesto y cada experiencia me mostraban algo que necesitaba aprender para mantenerme bien física y mentalmente.
Resolviendo mi rigidez
En una de las ciudades de la gira, mi apego al perfeccionismo se manifestó con especial intensidad. Me di cuenta de que había sido excesivamente exigente con mis compañeros practicantes y sentía que hacían muchas cosas de manera incorrecta. Pensaba: "Shen Yun es perfecto y todo debe hacerse a la perfección". Estaba muy impaciente e intentaba hacerlo todo yo misma, ya que me consideraba mejor que los demás. También me di cuenta de que tenía un fuerte apego a querer lucirme.
Esta toma de conciencia me ayudó a ponerme en el lugar de mis compañeros practicantes. Sentía que los abrumaba con mi perfeccionismo extremo y comprendí que necesitaba confiar más en ellos.
Mi trabajo cotidiano es en una lavandería y, para mi sorpresa, viví situaciones que me recordaron la posición de mis compañeros practicantes cuando ayudan con el vestuario de Shen Yun. Esto me ayudó a eliminar el apego a mi ego y a dejar de creer que era mejor que los demás, ya que ellos también cumplen sus funciones ayudando a Shen Yun y acumulando gran virtud.
Mi trabajo habitual me ayuda a comprender que nadie es mejor que otro. Todos somos capaces y, si desconocemos algo, aprendemos la habilidad necesaria. Agradezco esta maravillosa oportunidad que Shifu me ha dado para eliminar este apego y volverme más humilde.
Este entendimiento no fue el resultado de una iluminación repentina. Más bien, fui comprendiéndolo gradualmente al mirar hacia mi interior y examinarme a mí misma, tras ayudar en cada ciudad. Mi objetivo es mirar hacia adentro y prestar atención a cada pensamiento cuando surge una prueba, para así mejorar más rápidamente y servir mejor durante la gira de Shen Yun.
La comodidad no es el camino
Durante la gira de este año, aprendí a tolerar a los demás a pesar de ser muy exigente. Siempre había actuado como si sostuviera un palo para castigar a mis compañeros si no hacían las cosas a mi manera. Pero aprendí a aceptarlos, a ver lo bueno en ellos y a reconocer sus fortalezas.
Nuestro trabajo en la lavandería ofrece oportunidades de cultivación. Solo debemos tener pensamientos rectos. Debemos concentrarnos en el trabajo sin pensar mal de nadie. Esto es crucial, ya que no hay espacio para relajarse. No puedo bajar la guardia ni albergar pensamientos negativos. Si pienso mal de algo o de alguien, las cosas empiezan a salir mal. Las máquinas dejan de funcionar, la ropa no se lava, el generador eléctrico se desconecta, etcétera. Debo mantener la calma, la serenidad y la confianza, y transmitir esa confianza a mis compañeros practicantes.
Cuando espero que todo transcurra sin contratiempos, pero algo sale mal, eso supone una vez más, una prueba para mi corazón; por ejemplo, cuando un compañero practicante dice algo que no me agrada o me encuentro en una situación incómoda. Todo va bien si estoy alineada con el Fa. Lo mejor que me puede pasar es sentir incomodidad, aunque mi mente humana busque la comodidad. Sin embargo, me he dado cuenta de que la comodidad es el camino equivocado.
La incomodidad y las dificultades son oportunidades de cultivación. Pero mi mente humana solo desea comodidad y busca siempre el camino más fácil. ¡Qué fuertes son mis apegos! Aún no he aprendido esta lección por completo y sigo queriendo estar cómoda.
Mis apegos persistían y yo criticaba a los demás. El verdadero camino consiste en perseverar con compasión. Cuanto más incómodas se volvían las cosas, más apegos lograba percibir. Una sola palabra o un gesto podían hacerme tambalear, debido a mi profundo apego a la comodidad y a mi reticencia a enfrentar mis propios apegos. Eran tan evidentes que podría haberlos visto en un espejo; sin embargo, resulta difícil percibirlos cuando uno cree estar por encima de los demás.
Mis compañeros practicantes me ayudan a cultivarme
Una integrante de mi equipo solía señalar mis deficiencias y apegos. Esto me desagradaba profundamente porque me sentía superior a ella. Sus palabras eran como una puñalada a mi ego. Pero aquello representaba una tremenda oportunidad de cultivación.
Mi envidia, mi resentimiento y mi mentalidad de competencia se intensificaban cada vez que ella señalaba algo, y mi apego a verme como la mejor se sentía profundamente herido. Comprendí que necesitaba mayor compasión. Con una compasión genuina, todo podía fluir con naturalidad, y yo podría disolver mi apego al yo, lo suficiente como para examinar mis propias deficiencias. Era mi ego lo que me impedía mejorar.
Shifu dijo:
“En el pasado, los cultivadores eliminaban un apego y después otro, pero en ustedes, casi todos vuestros apegos están, son debilitados y reducidos de a una capa a la vez, debilitados y reducidos más y más continuamente. Lo hago de esta manera para ustedes, a fin de garantizar que los Dafa dizi puedan vivir una vida normal entre la gente común antes de alcanzar la Perfección y salvar a la gente de una manera normal; al mismo tiempo, precisamente, estos pensamientos humanos que no han sido eliminados por completo te permiten cultivarte entre la interferencia de corazones humanos, mantenerte alerta, cultivarte en todo momento y cumplir las responsabilidades de los Dafa dizi; esto es la poderosa virtud, esto es simplemente extraordinario, y esto es vuestro camino para atravesar” (Enseñanza del Fa en la Costa Oeste, 2015) https://es.minghui.org/html/articles/2015/11/10/101394.html
Ahora comprendo esto y deseo mejorar. Mi ego era como una cúpula que flotaba sobre mi cabeza durante mucho tiempo. Bajo esa cúpula se ocultaban muchas emociones y sentimientos, incluyendo la vergüenza, el miedo, la preocupación por lo que otros dijeran o pensaran de mí, las quejas y más quejas. Pero ahora me doy cuenta de que ese no era mi verdadero yo. Era solo la parte que debía desecharse: la parte humana.
Eliminar la envidia
Siento que, si algún día logro ser genuinamente feliz al ver a otros disfrutando, comiendo o riendo, sin sentir envidia, entonces se me abrirán las puertas del cielo. Sin embargo, a menudo me pregunto cómo puedo cambiar este sentimiento.
Mi envidia se despertaba desde el momento en que me levantaba hasta que me iba a dormir. Todo lo que veía y oía parecía impregnado de envidia. Por ejemplo, en cuanto a mi apego a la comida: cuando íbamos al comedor y veía la comida en las bandejas, me apresuraba a tomarla por si alguien más se llevaba mi plato favorito. Envidiaba a quienes podían comer algo delicioso que yo no podía tener.
A veces, cuando una compañera practicante lucía especialmente hermosa ese día, envidiaba su belleza. También envidiaba a las practicantes que podían sentarse a meditar en paz durante una hora en la posición de loto completo. Debido a mi apego a la comodidad, nunca he logrado mantener la posición de loto completo durante una hora entera.
Sin embargo, ahora soy feliz porque he encontrado una solución para la envidia. Dejo de pensar en mí misma para pensar en los demás; dejo de centrarme en el deseo de cosas que no puedo tener y, en su lugar, me alegro por lo que otros tienen. Con esta mentalidad, encontré la clave para superar la envidia y mi compasión hacia los demás se ha ampliado.
Mantener pensamientos rectos
Tan pronto como Shen Yun llega a España, empiezo a pensar en todo lo necesario para la labor de lavandería. Intento ponerme en el lugar de los bailarines y músicos para anticiparme a sus necesidades en todo momento. Para ello, necesito un estado de completa rectitud y claridad mental.
Aunque surgen muchas situaciones inesperadas en el trabajo de lavandería, a veces siento que los dioses me ayudan a mantener la mente clara y a saber, qué es necesario hacer. Nunca sabemos qué prendas llegarán, especialmente mientras el espectáculo está en curso. Una tela rasgada, una falda manchada o cualquier otro problema pueden surgir de repente y requerir atención inmediata. Por esta razón, nuestras mentes deben permanecer tranquilas y despejadas. Es un entorno mágico, pero esa magia puede desvanecerse cuando surgen pensamientos negativos derivados de apegos, nociones humanas o envidia.
Es importante mantener pensamientos rectos para evitar interferencias, ya que, de lo contrario, podría ocurrir cualquier cosa. Por ejemplo, un día, mientras lavaba el vestuario fuera del teatro, una de las máquinas se tragó más dinero del debido. Creo que esto sucedió porque albergaba pensamientos negativos hacia un practicante que debía ayudarnos con las máquinas, pero no acudió.
En otra ocasión, al finalizar el ciclo de lavado, la puerta de la lavadora no se abría. Tras diez minutos intentándolo, tuve que llamar al encargado de las instalaciones para solucionar el problema. En ambos casos, descubrí que la causa raíz era mi miedo a no saber cómo manejar la situación o mis pensamientos negativos juzgando a los demás. Mi entendimiento es que Shifu nos da retos para que podamos resolverlos a través de mirar hacia adentro en vez de hacia afuera.
Eliminar la preocupación y el miedo
Me preocupaba constantemente perder, aunque fuera un solo calcetín perteneciente a los bailarines; reconozco que esto era un apego al miedo. Sabía que ellos no tenían tiempo para ir de compras, por lo que usaban sus calcetines durante toda la gira y dependían de nosotros para remendar los agujeros y mantener los pares completos.
Cada prenda debe estar marcada con el nombre de su dueño para evitar que se pierda durante el lavado. Consideraba esto sumamente importante. Los calcetines de cada bailarín se colocaban en una bolsa de malla para lavarlos, de modo que no se perdieran ni se mezclaran. Después, se metían en la secadora y, si no quedaban completamente secos, se colgaban en un gabinete de secado.
Un día, un bailarín vino a buscar sus calcetines y no pudimos encontrarlos. Buscamos por todas partes —en la secadora, en el gabinete, en la lavadora—, pero no había ni rastro de ellos. Revisamos el gabinete de secado tres veces y no estaban allí. Otro practicante volvió a mirar y tampoco vio nada. El gabinete estaba vacío y no sabíamos qué decirle al bailarín. Tanto el otro practicante como yo nos sentimos muy angustiados. Pensamos que quizás otro bailarín los había tomado por error.
Más tarde, mi compañero volvió a revisar el gabinete y se quedó atónito al encontrar los calcetines colgados allí. Era inexplicable. No había ninguna otra prenda en el gabinete. ¿Cómo pudimos no verlos? Estábamos realmente asombrados. Reflexioné internamente y me di cuenta de que mi miedo a perder un calcetín pudo haber sido la causa. El miedo es un apego poderoso que puede incluso nublar nuestra vista. Si realmente tenemos pensamientos rectos, ¿por qué habríamos de tener miedo?
Este año somos un equipo más fuerte
Nuestro equipo de lavandería cuenta ahora con cinco personas, y cada una se especializa en una tarea concreta. Una se encarga de la costura, otra de planchar las camisas, otra de reparar y planchar el vestuario delicado, otra gestiona el lavado y el secado, y otra más clasifica y etiqueta la ropa deportiva. Cada una se ha convertido en experta en su labor. Es algo verdaderamente maravilloso.
Hemos formado un equipo sólido en el que cada integrante dedica su tiempo y esfuerzo a aquello que mejor sabe hacer. Poco a poco, he logrado eliminar mi apego a las exigencias excesivas, la rigidez y el perfeccionismo. Aprendí a confiar en mis compañeros practicantes y, como resultado, este viaje fue más tranquilo que los anteriores.
Me gustaría añadir que escribir esta experiencia me ayudó a ver con mayor claridad mis apegos más profundos. También espero que pueda ser de ayuda para otros practicantes en su camino de cultivación.
Agradecería que alguien me señalara cualquier aspecto de lo que he compartido que no esté en consonancia con el Fa.
¡Gracias, Shifu! ¡Gracias, compañeros practicantes!
(Presentado en el Fahui de Europa de 2026)
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