(Minghui.org) He practicado Falun Dafa durante 29 años. A lo largo de mi camino de cultivación, he mantenido una fe inquebrantable en Dafa. También he sentido pesar tras tropezar por no haber logrado soltar mis apegos. Estaba decidida a cultivarme bien. Quisiera compartir algunas de mis experiencias de cultivación y expresar mi gratitud por la compasiva salvación de Shifu.

Me libero del apego fundamental al yo y al interés propio

Solía padecer muchas enfermedades graves para las cuales no existía un tratamiento eficaz. En el hospital, prácticamente me habían sentenciado a muerte. Tras comenzar a practicar Falun Dafa, mis enfermedades desaparecieron. Al ver a mis padres y hermanos enfermar, sufrir y envejecer, no lograba comprender por qué se negaban a practicar. Les hablé de los beneficios milagrosos de Falun Dafa para la salud; mi familia creyó en Dafa y se benefició de él en diversos grados. Sin embargo, cuando algunos de ellos volvieron a tener problemas de salud, su convicción disminuyó. A menudo me desconcertaba: ¿¡Por qué no se decidían a cultivar!? ¡Realmente se beneficiarían de ello!

Después de más de 20 años de cultivación, atravesé algunas tribulaciones relacionadas con la salud. Me di cuenta de que mi comprensión fundamental de Dafa se había estancado en este nivel: estaba apegada a la idea de que Dafa podía otorgarme un cuerpo sano, y anhelaba especialmente que mi familia también se beneficiara de ello. Pero ellos simplemente no lo aceptaban. Yo quería utilizar Dafa para eliminar desastres y dificultades para mi familia, al tiempo que disfrutaba de todos los beneficios que la práctica aportaba a mi salud, a mi familia y a cada aspecto de mi vida. Comprendí que nunca había eliminado mi apego fundamental.

También abordaba los problemas basándome en nociones humanas, en lugar de verlos desde la perspectiva del Fa. No utilizaba el Fa para determinar lo correcto y lo incorrecto. En cambio, a menudo manejaba las cosas basándome en relaciones personales; por ejemplo, pensando que alguien había sido bueno conmigo. En mis interacciones con los demás, frecuentemente me fijaba en si la persona compartía mis puntos de vista, si me comprendía emocionalmente o si podía brindarme apoyo espiritual o material. Si era así, estaba dispuesta a relacionarme y cooperar con ella, y a cambio le ofrecía apoyo material o emocional.

Cada vez que alguien acudía a mí en busca de ayuda, pensaba que eso significaba que me valoraban, por lo que siempre aceptaba ayudar. Mi casa se convirtió en una especie de hotel y me esforzaba al máximo por atender a quienquiera que llegara. Alguien podía pedirme que le acompañara de compras y escuchara sus quejas. Si alguien se sentía solo o aburrido, le hacía compañía. Si una pareja discutía, intentaba mediar. Como no estudiaba el Fa lo suficiente ni analizaba las cosas desde la perspectiva del Fa cuando surgían problemas, perdía muchísimo tiempo valioso y muchas oportunidades importantes para ayudar a Shifu a salvar a los seres conscientes.

Seguía pensando que yo era capaz, así que ayudaba siempre que un practicante necesitaba algo. Parecía que yo estaba constantemente ocupada: ayudando a un practicante con la computadora, a otro a organizar grabaciones de audio para el intercambio de experiencias, y así sucesivamente. Creía que debía ayudar siempre que alguien me lo pidiera, y que eso era actuar sin egoísmo. Estaba tan ocupada que no tenía tiempo para estudiar el Fa, y mucho menos para mirar hacia adentro y cultivarme.

Al estudiar el Fa y leer artículos de intercambio de experiencias en Minghui.org, comprendí que cada persona debe recorrer su propio camino de cultivación. Si seguimos dependiendo de los demás para todo en lugar de recorrer nuestros propios caminos, entonces algo anda mal. Aprendí a no depender de nadie, y a no hacer que otros practicantes dependieran de mí por mi apego a lucirme o a mi afán.

Siempre estaba ocupada haciendo cosas dentro del círculo de practicantes. Me di cuenta de que necesitaba mirar hacia adentro y eliminar el sentimentalismo, las nociones humanas y el pensamiento humano. Cuando tengo tiempo, debo hacer cosas para salvar a las personas. Ya no busco resultados espectaculares ni pierdo el tiempo. Cuando me encuentro con algo, lo mido con el Fa y me niego rotundamente a seguir cualquier cosa que no esté en consonancia con el Fa. Me he dado cuenta de que, cuando estamos apegados a las cosas humanas, podemos olvidar nuestros votos sagrados.

Ser compasiva con todos

Acostumbraba a poner mi atención siempre, en los pensamientos negativos y en los apegos de otros practicantes, y juzgaba a las personas según las deficiencias que veía en ellas, pensando: «Así es esa persona». Más tarde, mediante el estudio del Fa y al escuchar programas de intercambio de experiencias en Minghui Radio, comprendí que no debía reconocer los aspectos negativos de nadie. Son cosas impuestas a los seres conscientes por las viejas fuerzas.

Debo llevar el mensaje: «Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno» a todos los seres. El resplandor de Verdad, Benevolencia y Tolerancia iluminará nuestros campos dimensionales. Debo observar las fortalezas de cada persona y guiarme de acuerdo con los principios de Falun Dafa y tratar cada vida con bondad, en lugar de ser como las viejas fuerzas, que sólo quieren cambiar a los demás en lugar de cambiarse a sí mismos.

Cuando surgen conflictos, me recuerdo constantemente que debo estar alerta a cada pensamiento. Cuando siento dolor o infelicidad, sé que hay egoísmo involucrado: me preocupa la reputación, el beneficio personal y los sentimientos. De hecho, estas cosas no son mi verdadero yo; son apegos humanos fundamentales. Los sentimientos de ser tratada injustamente, agraviada o humillada son todas apariencias ilusorias. Cuando llego a  entender esto, la cultivación se vuelve mucho más sencilla.

Una vez entré en contacto con un practicante muy anciano que inexplicablemente perdió los estribos conmigo. También escuché a otros decir que este practicante tenía mal carácter. Así que llegué a la conclusión de que tenía mal carácter y pensé: “Se ha cultivado durante tanto tiempo y todavía no ha eliminado su mal carácter”.

Una vez, mientras intentaba la liberación de un practicante que estaba detenido, le pedí ayuda a este practicante anciano. Cuando visité su casa, vi un lado de él que nunca antes había visto. Había ido muchas veces a comisarías, estaciones de policía y prisiones para intentar rescatar a los practicantes, y tenía pensamientos rectos muy fuertes.

Me dijo que contrató abogados para ayudar a rescatar a los practicantes y compartió sus experiencias al viajar largas distancias para encontrarse con practicantes que habían sido detenidos ilegalmente. Aunque parecía terco en la superficie, era compasivo y cortés al tratar con los agentes de policía. No los enfrentaba agresivamente. En cambio, utilizó principios legales y hechos sobre Dafa para ganarse su respeto.

La sabiduría y el coraje de este anciano practicante ayudaron a muchas personas. Sentí un nuevo respeto por él. También descubrí que en realidad tenía muy buen carácter.

Había otro practicante mayor que sabía mucho sobre la cultura tradicional china y contaba historias antiguas. Pensé para mis adentros: "Este practicante no estudia mucho el Fa; sólo cuenta historias".

Pero al interactuar con él, descubrí que su cultivación era en realidad muy sólida. Sólo hacía una comida al día y su alimentación era sencilla. Aunque era rico, nunca gastó dinero en el disfrute personal. Vestía ropa sencilla durante todo el año y rara vez compraba ropa nueva. Era muy estricto consigo mismo en la cultivación y, por lo tanto, había experimentado muy poca persecución.

Cuando la policía llegó a su casa, se negó a dejarlos entrar porque había otros practicantes allí. Para proteger a los practicantes, fue con la policía a la comisaría. Un oficial dijo: "No deberían creer en Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Falun Dafa es malo".

El practicante le preguntó: "Tú eres un oficial de policía y yo soy un ciudadano común. Dices que Verdad, Benevolencia y Tolerancia es malo. Entonces, por favor, dime, ¿qué es bueno? Si Verdad, Benevolencia y Tolerancia es malo, ¿eso significa que mentir, ser malvado y pelear es bueno?".

El oficial se quedó sin palabras. Luego respondió: “Mis superiores me dijeron que hiciera esto”.

La policía lo dejó regresar a su casa. Al hablar con este practicante, vi mis propias deficiencias en la cultivación. Me di cuenta de que tengo muchas nociones y comportamientos modernos que necesitan rectificarse y que necesito eliminar mis apegos a la búsqueda de comodidad y disfrute.

También visité la casa de un practicante masculino que sentí que no era muy racional. Esta vez, sinceramente dejé de lado mi ego y mis nociones preconcebidas y humildemente le pedí consejo. Parecía una persona completamente diferente y fue muy amable conmigo. Me contó cómo aclaró la verdad sobre la persecución a 18 agentes de policía mientras estaba en un centro de detención y compartió muchos ejemplos de sus pensamientos y acciones rectas. Él también me animó.

Al conocerlos mejor, descubrí las fortalezas de cada practicante y las respeté y valoré. Las barreras entre otros practicantes y yo comenzaron a desaparecer. Es maravilloso observar las fortalezas de los demás, porque puedo compararme con ellos en la cultivación y ver mis propios defectos.

Apreciar las relaciones predestinadas

Porque yo practicaba Dafa, me obligaron a dejar mi trabajo y me enviaron a un campo de trabajos forzados. Mi exmarido estaba enojado y asustado y quemó mis libros de Dafa. Después de que fui liberada y regresé a casa, él se opuso firmemente a mi práctica y me dijo que eligiera entre nuestra familia y Dafa. Dije: "Quiero ambos". Él no estuvo de acuerdo. Respondí: "Dafa me dio mi vida, nunca lo abandonaré". Mientras estuve detenida en el campo de trabajo, él comenzó una relación con una mujer casada.

Mi exmarido me llevó a la oficina de asuntos civiles. Entró y completó el proceso de divorcio. Cuando fui a la casa al día siguiente, a buscar mis libros, la mujer estaba allí.

No dije nada. No sentía ni ira ni resentimiento; simplemente sentía pena por ellos. Ambos estaban muy avergonzados, así que dije con calma: «Fue esta persecución la que hizo que perdiera a mi familia. Falun Dafa me enseñó a ser una buena persona y todas mis enfermedades desaparecieron. Les pido sinceramente que no se opongan a Dafa. Recuerden siempre: "Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno"».

Más tarde, mi exmarido desarrolló atrofia cerebelosa y sufrió confusión mental. Su esposa lo abandonó, y fueron su madre y su hermano menor quienes se ocuparon de cuidarlo.

Un día, una practicante me llamó para decirme que era el cumpleaños de mi exsuegra y que sus hijos e hijas habían venido desde lejos. Me sugirió que fuera a verlos. Respondí: «Debería ir y hablarles sobre Dafa». Compré bastante comida y fui a su casa.

Cuando llegué, había mucha gente: mis cuatro excuñadas y dos excuñados menores. Algunos habían venido con sus familias y otros con sus hijos. Hablaban muy bien de mí y me tenían un gran respeto. Ayudé a todos ellos a realizar las «Tres Renuncias»: abandonar el Partido Comunista Chino (PCCh) y sus organizaciones afiliadas, la Liga de la Juventud y los Jóvenes Pioneros.

La esposa de uno de mis excuñados menores también leyó libros de Dafa conmigo. Siempre que mi exsuegra tenía tiempo libre, recitaba en silencio: «Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno».

Después de eso, fui a visitar a mi exmarido en dos ocasiones y le pedí que hiciera declaraciones solemnes, ya que anteriormente había quemado libros de Dafa y hablado con falta de respeto sobre la práctica. Él accedió a hacerlo.

Falleció poco tiempo después. Una de sus hermanas enfermó; compré algunos regalos y fui a visitarla, aprovechando la ocasión para aclarar los hechos sobre Dafa a toda su familia. Ella dijo: «Siempre te reconoceré como mi verdadera cuñada».

Los hijos de mi cuñada mayor ya habían crecido. Al verme, me abrazaron y dijeron que siempre me reconocerían como su tía.

El secretario del Partido de la aldea donde vivía la familia de mi exmarido comentó: «Mírenla. Ella tiene una mente tan abierta. Su exmarido se fue con otra mujer y, sin embargo, ella fue a visitarlo, le dio dinero y le compró cosas».

Rompiendo la perversa persecución de los trabajos forzados y encarcelamiento

Al comienzo de la persecución, fui denunciada ante las autoridades por contar a la gente la verdad sobre Falun Dafa. Agentes de la División de Seguridad Nacional y de la comisaría de policía me detuvieron. Mientras estaba en el centro de detención, recitaba constantemente el Fa y enviaba pensamientos rectos. Rechazaba la perversa persecución. Me di cuenta de que mi apego al miedo, había provocado que fuera perseguida, así que envié pensamientos rectos para eliminar ese sucio apego al miedo.

Al enviar pensamientos rectos, me vi encerrada en una habitación. Vi el cerrojo de la puerta y envié pensamientos rectos para eliminar esa situación. Luego me encontré al borde de un precipicio y volví a enviar pensamientos rectos para eliminar el peligro. Me vi encerrada en una enorme jaula de hierro, así que envié pensamientos rectos. A medida que mi energía y mi poder aumentaban, la jaula de hierro también crecía. Yo crecí hasta alcanzar el tamaño del cielo, y la jaula de hierro que me cubría creció igualmente hasta el tamaño del cielo. Terminé agotada.

Me calmé y pensé: «Algo no va bien. No quiero esta jaula de hierro. Debería saltar fuera de ella». Agarré la jaula de hierro con la mano y envié pensamientos rectos para limpiarla y destruirla por completo. Pensé: «Nadie tiene derecho a controlarme». Comprendí que, al tratar con las viejas fuerzas, debemos negarlas totalmente. No podemos reconocer la persecución e intentar luchar contra ella después. No puedo intentar eliminar la jaula mientras permanezco dentro de ella. Ya no acepto ninguna forma de persecución maligna. Soy una discípula de Dafa y nadie tiene derecho a controlarme.

Un día llegaron muchos agentes; al parecer, se tomaban mi caso muy en serio. Empecé a tener pensamientos negativos: «Me han confiscado tantas cosas de casa... ¿qué me harán las fuerzas del mal?». Quizás la situación se volvería muy grave. Inmediatamente rechacé esos pensamientos: «¡Nadie tiene derecho! ¡A nadie se le permite tocarme!».

Cuando la policía vino a interrogarme, les expuse los hechos sobre Dafa. Al ver que no escuchaban, envié pensamientos rectos. Lo que les dije a los policías fue simplemente que debían liberarme incondicionalmente y dejarme volver a casa. Tras más de diez días, fui puesta en libertad sin condiciones. Mis familiares y otros practicantes habían oído que podrían condenarme a muchos años de prisión; no creían que pudiera salir tan pronto.

En otra ocasión, fui arrestada y llevada a una comisaría por haber colocado pancartas con información sobre la persecución. Me negué a cooperar con cualquiera de sus exigencias. Dos agentes se turnaron para interrogarme, pero no dije nada. Esa noche, me acosté en el suelo de concreto. El joven agente de guardia me aplastó las manos y los pies con sus zapatos de cuero y me quemó con colillas de cigarrillo. Simplemente mantuve los ojos cerrados.

A la mañana siguiente pensé: "Ya que estoy aquí, debería hablarles de Falun Dafa". Así que les expliqué que Falun Dafa es una práctica recta, que el PCCh persigue a Dafa y que, al cultivarnos, mejoramos nuestra moral, pensamos en los demás en todo lo que hacemos y tratamos a los demás con bondad. También les dije que el incidente de la "autoinmolación" en la plaza de Tiananmén fue fabricado por el PCCh para incriminar a Falun Dafa.

Lo comprendieron y uno de ellos dijo: "Cuando llegue el siguiente turno, cuéntales lo mismo que nos has dicho a nosotros". Me di cuenta de que Shifu me estaba indicando que debía salvar a estas personas. Después de eso, cada cierto tiempo, dos nuevos agentes venían a relevar a los anteriores, y yo les hablaba de Falun Dafa. Todos llegaban a comprenderlo. Antes de marcharse, cada grupo decía: "Cuando venga el siguiente grupo, diles lo mismo". Al final, incluso el jefe de la comisaría comprendió la verdad sobre la persecución.

El jefe de policía llevó a varios agentes y me llevó afuera, junto a un montículo de tierra. Me senté allí y les hablé más sobre Falun Dafa. El jefe de policía comentó: "Lo que dices tiene sentido. Deberíamos leer algunos libros de Falun Dafa". Una vez que me enviaron al centro de detención, hablé de Dafa a todos los allí presentes. Quienes comprendieron la verdad pedían constantemente a la policía que me liberara. Finalmente, me enviaron a un campo de trabajos forzados, pero fui liberada y enviada a casa porque no pasé el examen médico. Una vez más, Shifu me rescató de la guarida de la maldad.

En 2016, fui arrestada de nuevo y trasladada a un centro de detención en otra ciudad. Me di cuenta de que tenía un apego a presumir. Tenía un alto concepto de mí misma: sentía que comprendía los principios del Fa y que debía ayudar dondequiera que se me necesitara. Parecía que estaba cultivándome muy bien, pero en realidad, mi apego a presumir había crecido y estaba interfiriendo con el entorno local para salvar a las personas. Le dije a Shifu en mi corazón: "Shifu, me equivoqué. Nunca más presumiré de lo bien que comprendo los principios del Fa ni iré por todas partes alardeando y perturbando el ambiente".

Un oficial de policía gritó: "¡No vas a salir de aquí!".

Rechacé esa idea y pensé: "Tú no tienes la última palabra". Tras más de diez días, fui puesta en libertad. Querían condenarme, pero nuestro gran Shifu me salvó una vez más.

En 2020, fui arrestada de nuevo y llevada a la comisaría. El jefe de la División de Seguridad Nacional tomó mi declaración y me preguntó si practicaba Falun Dafa. Respondí: "La Constitución de China permite la libertad de creencias, así que tengo derecho a negarme a responder". Les expliqué los hechos sobre Falun Dafa.

Me preguntaron si los objetos que habían incautado en mi casa me pertenecían. Les pregunté: "¿Cómo obtuvieron estas cosas de mi casa? Entraron en mi domicilio y se las llevaron cuando no había nadie. Por lo tanto, violaron la ley mientras supuestamente la hacían cumplir. Cometieron los delitos de allanamiento y robo".

Luego les pregunté: "¿Qué ley infringen estos objetos? Muéstrenme los documentos legales. ¿Qué daño han causado estas cosas y a quién?". Con cada pregunta, señalaba cómo estaban violando la ley y les pedía que presentaran los documentos legales pertinentes. Cuando el jefe de la División de Seguridad Nacional me pidió que firmara, dije: "Dado que han violado los procedimientos legales y quebrantado la ley al tramitar este caso, no puedo firmar".

Después de leer artículos en Minghui.org sobre el uso de la ley para ayudar a Shifu a salvar a las personas, aproveché cada oportunidad para señalar cómo violaban la ley. Se mostraron menos arrogantes. Rechacé continuamente cualquier pensamiento egoísta que surgiera:  -pensamientos de protegerme a mí misma. Los únicos pensamientos que albergaba en mi corazón eran: «Quiero salvarte. Salvarte». Aquella tarde, me llevaron a casa y se despidieron de mí amablemente.