(Minghui.org) Lao Zi, el antiguo sabio chino, dijo una vez: "Lo divino es imparcial; siempre está del lado de la virtud". He encontrado estas palabras esclarecedoras y aplicables a diferentes sociedades y épocas.
Recordé esto tras enterarme de la reciente aprobación por consenso unánime en el Senado de EE. UU. del proyecto de ley S.4009, la "Ley de Protección a Falun Gong y a las Víctimas de la Sustracción Forzada de Órganos". Aunque todavía se requiere la colaboración entre la Cámara de Representantes y el Senado de EE. UU., así como la firma del presidente para que se convierta en ley, este es, no obstante, un avance importante en los esfuerzos por oponerse a la persecución a Falun Gong por parte del Partido Comunista Chino (PCCh).
Quiero agradecer al pueblo estadounidense y a los funcionarios electos por tomar la decisión correcta de apoyar a los practicantes inocentes de Falun Gong, quienes han sido gravemente perseguidos durante 27 años debido a su fe. La sustracción forzada de órganos, en particular, es un crimen inhumano que no podemos tolerar.
Un secreto a voces desde hace 20 años
Hace veinte años, en 2006, Minghui.org informó por primera vez sobre las atrocidades de la sustracción de órganos a practicantes de Falun Gong en Sujiatun, provincia de Liaoning, lo que conmocionó al mundo. Los medios de comunicación exigieron ir a China para investigar sobre el terreno, pero el PCCh retrasó su respuesta durante un largo periodo. Finalmente, tras muchos días, el PCCh accedió a permitir que periodistas internacionales visitaran China para realizar "investigaciones y entrevistas". Para entonces, el lugar donde se realizaban las extracciones había sido limpiado a fondo, y todas las personas con las que se reunieron los periodistas repitieron la misma historia preparada de antemano. Como resultado, los periodistas internacionales no pudieron obtener ninguna información sustancial.
En aquel entonces, cuando los practicantes de Falun Gong revelaron la verdad sobre la sustracción de órganos a practicantes vivos por parte del PCCh, a muchas personas les resultó difícil creerlo. La atrocidad parecía demasiado espantosa para aceptarla, y la mayoría asumía que el PCCh no cometería tales actos. Si bien pocos cuestionaban la credibilidad de Minghui.org, la idea de la sustracción de órganos resultaba moralmente inconcebible. Cabe destacar que el abogado de derechos humanos David Matas y el exsecretario de Estado canadiense David Kilgour, quienes encabezaron una investigación independiente sobre este asunto desde 2006, calificaron esta práctica como «una maldad sin precedentes en este planeta».
Sin embargo, este hecho inimaginable es una realidad. Comenzó con reclusos condenados a muerte ya en la década de 1980, pero nadie se atrevía a denunciarlo. Tras iniciar la represión contra Falun Gong en 1999, el entonces líder del PCCh, Jiang Zemin, emitió también una orden para la sustracción de órganos. Después de publicar su investigación inicial en 2006, Matas y Kilgour lanzaron en 2009 el libro Bloody Harvest: Organ Harvesting of Falun Gong Practitioners in China (Cosecha sangrienta: sustracción de órganos a practicantes de Falun Gong en China). En él, concluyeron que el PCCh ejecutaba sistemáticamente a prisioneros de conciencia —principalmente practicantes de Falun Gong— para abastecer una industria comercial de trasplantes de órganos altamente lucrativa.
Ni siquiera tras salir a la luz este siniestro crimen se detuvo el PCCh. El régimen continuó con la práctica debido a los enormes beneficios económicos que obtenía de ella. Altos funcionarios del PCCh y sus familias también se percataron de la facilidad con la que se podían trasplantar órganos sanos de practicantes de Falun Gong, por lo que fomentaron en secreto esta red criminal clandestina, conocida por muchos dentro del sector.
Según se ha informado, cuando el entonces primer ministro Wen Jiabao se enteró de la sustracción de órganos a practicantes de Falun Gong, montó en cólera y exclamó: «¿Es esto algo que haría un ser humano?». No obstante, nadie en el gobierno alzó la voz para condenar o detener la práctica, y los ciudadanos comunes sentían demasiado temor para defender a los practicantes de Falun Gong y a otras víctimas.
Cuando una nación se convierte en un matadero
En un país de más de mil millones de habitantes, el silencio colectivo tanto de funcionarios como de ciudadanos permitió que este despiadado negocio de muerte proliferara por todo el territorio. Incluso se extendió al extranjero, generando inmensas ganancias a costa del asesinato de practicantes de Falun Gong sanos e inocentes. Para empeorar las cosas, cada vez hay más pruebas de que las víctimas de la sustracción de órganos ya no son solo practicantes de Falun Gong, sino también minorías étnicas, disidentes y, finalmente, ciudadanos comunes, incluidos estudiantes universitarios y alumnos de enseñanza secundaria y primaria. Cuando un gobierno no hace valer la justicia, está consintiendo el mal y el crimen. Uno tras otro, muchos jóvenes —incluidos estudiantes universitarios— han desaparecido en toda China. Ante la pérdida de tantas vidas, los padres estaban desesperados de angustia, pero la policía se negaba a abrir expedientes. Este sistema judicial inhumano, que considera la vida carente de valor, se convirtió en la fuerza maligna detrás del aumento de las «personas desaparecidas».
En 2022, Hu Xinyu, un estudiante de secundaria de Shangrao (provincia de Jiangxi), desapareció en un internado de régimen cerrado. A pesar de la presencia de numerosas cámaras de vigilancia, la policía no logró encontrar ninguna pista y, finalmente, no pudo ofrecer a su familia una explicación legal.
En 2024, Luo Shuaiyu, un médico interno del Segundo Hospital Xiangya, en la provincia de Hunan, murió en circunstancias misteriosas tras caer de un edificio, presuntamente después de negarse a participar en la obtención de órganos de donantes de entre tres y seis años de edad. También dejó tras de sí abundante documentación que denunciaba estas prácticas.
En enero de 2026, Zhu, un estudiante de 13 años de la escuela secundaria Jinshi Qinghuayuan en Xincai (provincia de Henan), falleció repentinamente en el recinto escolar. Al igual que en muchos otros casos, su muerte se vinculó con la sustracción de órganos, pero el asunto quedó finalmente sin resolver. Por temor, los padres de otros estudiantes que trabajaban en otras ciudades regresaron a casa para recoger a sus hijos, trasladarlos a otras escuelas o acompañarlos personalmente.
Posteriormente, muchos estudiantes de secundaria desaparecieron, y un terror imborrable se arraigó profundamente en los corazones de la gente.
En un intento por encubrir el crimen, el PCCh se apresuró a establecer la "legitimidad" del trasplante de órganos y trató de asegurarse más donantes jóvenes y disponibles. Como resultado, el régimen inició una campaña de "donación de cuerpos y órganos" en escuelas primarias y secundarias. De este modo, las autoridades escolares obligaron a menores de edad a firmar documentos de "donación voluntaria de órganos". Esta conducta absolutamente descabellada del PCCh ha provocado pánico entre innumerables padres.
Ante la elección
He aquí una escena que ocurre a menudo en una sala de interrogatorios policiales. Cuando un practicante de Falun Gong saca a relucir el tema de la sustracción de órganos por parte del PCCh, el agente de policía podría responder: "¿Dónde se extraen órganos a personas vivas? ¿Te extrajeron a ti los órganos? Todo eso son tonterías. No escuches las mentiras de otros".
Han pasado veinte años y los practicantes de Falun Gong han arriesgado sus vidas para exponer estos hechos ante el público. Es posible que algunos ciudadanos comunes desconozcan esta información sobre la sustracción de órganos, pero resulta improbable que un agente de policía no esté al tanto de ello. De hecho, se trata de una operación a gran escala y de larga duración que abarca desde los niveles más altos hasta los más bajos, y que es plenamente conocida en todo el sistema de seguridad pública, Procuraduría y judicial. Es posible que el agente de policía haga este comentario en un intento de encubrir los crímenes del PCCh y engañar al público. Sin embargo, hasta cierto punto, aunque dicha persona no haya participado directamente en la sustracción de órganos, ha contribuido a este crimen avalado por el Estado. Entonces, ¿a qué consecuencias se enfrentarán cuando el perverso PCCh sea eliminado por la historia?
Existe el dicho: «se cosecha lo que se siembra». A los ojos de lo divino, todos estamos tomando una decisión: ponernos del lado del crimen, ignorarlo o dar un paso al frente y condenarlo por imperativo de nuestra conciencia. Si más personas contribuyeran a salvaguardar a la humanidad, este atroz crimen no perduraría.
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