(Minghui.org) Durante mucho tiempo me preocupó un problema que no podía resolver ni con amabilidad ni con severidad. Mi marido, que tiene más de setenta años, insistía en abrir todas las puertas y ventanas todos los días, independientemente del tiempo que hiciera, diciendo que era para ventilar. Esto me molestaba mucho porque dejaba entrar el intenso calor del verano, junto con hojas, basura y mosquitos.
Intenté razonar con él, pero me ignoró e incluso me insultó. Me sentía miserable y pensaba que era egoísta y desconsiderado. Pensaba: «¿Cómo puede ser tan irrazonable? Lo odio». Mis pensamientos se volvieron más oscuros: «Este hombre es un caso perdido. No quiero volver a verlo, que se vaya a vivir solo». Y luego vinieron pensamientos aún peores.
Me sentía amargada mientras soportaba este sufrimiento. Sin embargo, Shifu nos enseña a ser buenas personas, a ser desinteresados y a anteponer a los demás. Me preguntaba qué debía hacer.
Esa tarde, después de una siesta, bajé las escaleras y las puertas y ventanas estaban abiertas, como de costumbre. Dentro hacía tanto calor como fuera. Estaba molesta, pero intenté aguantarme. Mi marido me preguntó por nuestra nieta, pero lo ignoré, porque su comportamiento reiterado me había movido el corazón. Pude ver mis apegos a la competitividad, al resentimiento, al rechazo y al juicio. Me dije que debía deshacerme de ellos y, por un momento, sentí calma. Pero poco después, la amargura volvió.
Había mirado dentro de mí antes, pero no había encontrado ningún apego. Así que concluí que yo tenía razón y él estaba equivocado. Esta vez, sin embargo, sentí que mi estado no era el adecuado. Si continuaba así, ¿no sería igual que él? ¿No estaría fallando como cultivadora? Decidí mirar más profundamente dentro de mí y descubrir cualquier apego oculto.
Descubrí que era envidia. Me sentía molesta porque mi esposo estaba allí tumbado cómodamente, mientras desordenaba la casa. Esta envidia profundamente oculta me había estado frenando y evitando que me elevara. Una vez que la dejé ir, mi mente se tranquilizó y mi resentimiento desapareció. Pude responder a las preguntas de mi esposo con calma y paz.
Entonces comprendí que muchos apegos eran causados por la envidia. Como cultivadora, sigo los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia, y debo pensar primero en los demás. ¿Por qué había luchado tanto con mi marido, una persona común y corriente, que solo actúa según sus propias preferencias? Le dije a Shifu en mi corazón: «Shifu, me equivoqué. Voy a cambiar. Le dejaré hacer lo que quiera y me alegraré por él, sin albergar ninguna idea negativa». Después de dejar ir la envidia, el comportamiento y los hábitos de mi marido comenzaron a cambiar.
Sin embargo, la envidia no desaparece de golpe. Todavía puede surgir durante los conflictos de la vida cotidiana. Pero ahora, cuando se producen situaciones similares, puedo permanecer alerta, reconocer la envidia y eliminarla.
Estoy profundamente agradecida a Shifu por utilizar a mi marido para ayudarme a eliminar la envidia y saldar el yeli, permitiéndome mejorar. Estoy agradecida a Dafa por guiar mi cultivación, y le doy las gracias a mi marido por lo que ha soportado por mí. Lo que experimenté puede parecer un asunto menor, pero en la cultivación nada es trivial. La cultivación es seria y sagrada. Como discípula, recorreré bien mi camino, vigilaré cada pensamiento, estudiaré más el Fa y lo estudiaré bien, me cultivaré de manera constante y me convertiré en una discípula cualificada de Dafa durante el período de rectificación del Fa, para poder seguir a Shifu a casa.
Copyright © 1999-2026 Minghui.org. Todos los derechos reservados.
Categoría: Cultivación