(Minghui.org) El 7 de octubre de 2025 conversé con un practicante que acababa de salir de prisión sobre mis experiencias de no cooperar con el mal y de negar los arreglos de las viejas fuerzas. Él me animó a escribir sobre mis vivencias, así que he seleccionado algunos fragmentos para compartirlos con los compañeros practicantes.
Oponerse a la persecución desde la base de considerar a los demás
En 2004 fui encarcelada ilegalmente en el Campo de Trabajo Forzado de Masanjia, en Shenyang. A menudo aclaraba la verdad a expracticantes que habían abandonado su fe. Muchas de ellas escucharon mis consejos y regresaron al camino correcto. Cuando los guardias se enteraron, se enfurecieron y dijeron que querían encerrarme en el baño. Yo dije: «No importa, al fin y al cabo, hay basureros en todas partes del mundo».
En ese momento no tenía una comprensión clara del Fa y pensaba que era muy firme y que no temía al mal. Sin darme cuenta, cooperé con las viejas fuerzas y obedecí sus arreglos, y como resultado me encerraron en el baño durante más de cuarenta días.
Un día pensé: «Shifu, es muy incómodo estar aquí, no quiero quedarme en este lugar».
Este pensamiento equivalía a pedirle ayuda a Shifu. Como resultado, al día siguiente me llevaron a un salón de clases. Podía recitar el Fa todos los días y nadie me molestaba. Un día me di cuenta: «Las dificultades que sufrí antes fueron causadas por mis propios pensamientos. No debo cooperar con el mal ni obedecer sus arreglos, no debo seguir el camino arreglado por las viejas fuerzas; seguiré el camino arreglado por Shifu y negaré completamente todos los arreglos de las viejas fuerzas».
Después de un tiempo, escuché que había personas presas fuera del salón intentando transformar a los discípulos de Dafa. Sin dudarlo, salí corriendo y les dije que no se les permitía obligar a los discípulos de Dafa a renunciar a su fe. Más tarde llegó un guardia y dijo: «Si no disfrutas del buen trato, entonces vuelve al baño».
Me llevaron de nuevo al baño. Yo dije: «No entraré. El baño no es un lugar para que vivan las personas».
Al ver que me mantenía firme, los guardias fueron a consultar al capitán y finalmente me llevaron a un gran salón con un ambiente muy bueno. Pude volver a recitar el Fa y hacer los ejercicios.
Esta vez actué basada en el Fa y negué los arreglos del mal sin considerar mi propia seguridad. Me opuse a la persecución de una manera acorde con las características del nuevo universo. Las viejas fuerzas no tuvieron excusa para perseguirme, así que Shifu me arregló un entorno mejor.
Decirle a un guardia: «No lo quiero»
Fui asignada a un equipo especial con más de una docena de practicantes de Falun Dafa. Solo una practicante de Beijing y yo no teníamos problemas físicos. A todas se nos exigía saludar al capitán cuando entraba a la habitación.
Un día, la practicante de Beijing me dijo: «Tomemos la iniciativa y no saludemos al capitán».
Acepté. Cuando el capitán llegó, no le gritamos el saludo. Él dijo enfadado: «¡Son tan irracionales! No trabajan, no recitan las reglas de la prisión, no usan uniforme, ¿incluso se niegan a saludar al capitán?»
El capitán supuso que la idea había sido de la practicante de Beijing y mía, así que nos ordenó hacerlo, pero ninguna obedeció. Buscaron a varios guardias varones, nos separaron en dos habitaciones y nos torturaron. Estaba empapada en sudor y mis manos quedaron gravemente heridas. Pensé: «Shifu, por favor sálveme. No quiero esta persecución. Soy una discípula de Li Hongzhi. No quiero ningún otro arreglo. Quien me persigue está cometiendo un pecado».
Diez minutos después, el guardia regresó con un médico. La mano del médico tocó accidentalmente las puntas de mis dedos y grité de dolor. Me desataron por unos minutos. El guardia dijo: «Si saludas al capitán, te dejaremos volver. Si no, seguirás sufriendo».
No le respondí y pensé: «No permitiré que me torturen otra vez. No lo quiero».
En ese momento, el médico de repente me abrazó y dijo: «Oh, eres de tal y tal pueblo, somos paisanos».
Mientras hablaba, me llevó de regreso a mi habitación.
Me senté allí unos diez minutos. Luego se abrió la puerta y entró el capitán con la practicante de Beijing. Ella le dijo al capitán: «Déjeme decirle algo: no estoy convencida».
Después de sentarse, se volvió hacia mí con expresión dolorosa y me preguntó si había cedido. Le dije que no. Ella dijo: «Oh, Shifu me dijo al oído que pasaría la prueba en cinco minutos, pero no lo logré».
Yo le respondí: «No, eso no fue lo que dijo Shifu; eso fue el demonio».
Ella preguntó sorprendida: «¿Cómo puedes decir eso?».
Entonces recité lo que Shifu nos ha enseñado:
“A excepción de estudiantes nuevos, desde el 20 de julio de 1999 en adelante, Shifu no ha creado para ustedes ningún tipo de pruebas de cultivación personal, eso se debe a que en el aspecto global, la cultivación personal ha cambiado en dirección de salvar a seres conscientes y validar a Dafa” (Exponiendo el fa durante el festival de la linterna, 2003).
Ella dijo entonces: «Ah, resulta que estaba arreglado por el demonio».
Superé esta prueba con pensamientos rectos. Como resultado, nuestro equipo dejó de saludar al capitán. Desmantelamos los arreglos malignos de las viejas fuerzas y los guardias cedieron.
Los discípulos de Dafa tienen compasión y majestuosidad
En 2015 estuve encarcelada en el Pabellón 12 de la Prisión Femenina Dabei de Shenyang. Esa área es un campo de concentración dedicado al intenso lavado de cerebro contra los practicantes de Falun Dafa. Sabía cuán malvado era ese lugar, así que siempre me recordaba no cooperar con el mal y contrarrestar la persecución en todo momento.
Apenas entré a la celda, una reclusa me pidió que renunciara a Falun Dafa. Me negué y ella me abofeteó. Le dije con seriedad: «¿Quién te dio el poder de golpearme? Tú eres una criminal. Le diré al capitán que aumente tu condena». Ella se quedó atónita por un momento y luego se fue. Nunca volvió a golpearme. Intentó persuadirme de varias maneras para que renunciara a Falun Dafa, pero no le hice caso.
Un día descubrí que mi ropa de cama había desaparecido. Le pregunté: «¿Dónde está mi cobija?». Ella respondió: «Esta es una cobija del gobierno y no puedes usarla si no renuncias a Falun Dafa». La busqué por todas partes y finalmente la encontré. Cuando fui a recogerla, ella me detuvo. Se la arrebaté y fui directamente a mi cama. Le dije: «No tienes permitido perseguirme. Estás cometiendo un pecado». Ella dijo sorprendida: «Nunca había visto a una practicante de Falun Dafa como tú, y te atreviste a arrebatármela». Le respondí: «Las discípulas de Dafa tienen tanto compasión como majestuosidad, y mi majestuosidad hacia ti es la mayor compasión que puedo tener contigo». Ella quedó atónita. La ignoré y me acosté. Desde entonces, dejó de intimidarme.
Supe que había superado este obstáculo. Muchas practicantes habían terminado durmiendo sobre la tabla sin recuperar su cobija y, al final, no pudieron soportarlo y cedieron contra su voluntad.
Shifu dijo:
“Algunos dicen algo como que cuando un dao crece un pie, el demonio crece diez veces más. Esa es una herejía entre la gente común, pues esos demonios jamás sobrepasan a un dao” (Quinta Lección, Zhuan Falun).
Además, somos practicantes de Dafa, así que el mal no es nada para nosotros.
A lo largo de los años he comprendido que, sin importar dónde estés, si no te fundamentas en el Fa, cuanto más miedo tengas y más cooperes con el mal, mayor será el sufrimiento y más severa será la persecución. Ya fuera en un campo de trabajo o en una prisión, relativamente no sufrí tanto porque comprendí el Fa sobre negar la persecución.
Escribí sobre estas experiencias con la intención de compartirlas con las compañeras y compañeros practicantes.
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Categoría: Caminos de cultivación