(Minghui.org) Hay un viejo dicho chino: «Las palabras bondadosas hacen cálidos los inviernos más crudos, mientras que las palabras de odio hielan incluso los veranos más cálidos». Esto me recordó la Revolución Cultural que tuvo lugar en China hace 60 años.

El odio ciego de la Revolución Cultural

Nie Yuanzi, secretaria del Departamento de Filosofía de la Universidad de Beijing, del Partido Comunista Chino (PCCh), colocó un cartel en el campus en mayo de 1966. Escrito en grandes caracteres chinos, el cartel criticaba al rector de la universidad y a algunos altos funcionarios. El cartel, que respaldó Mao Zedong, marcó el inicio de la Revolución Cultural.

Durante los siguientes diez años, aparecieron innumerables carteles similares por toda China, todos dirigidos contra personas inocentes. Muchos de ellos murieron tras sufrir abusos físicos y psicológicos. En 1978, Ye Jianying, un alto funcionario del PCCh, reconoció que «cien millones de personas [aproximadamente una novena parte de la población china] fueron blanco de la Revolución Cultural, y veinte millones murieron».

Los estragos que causó fueron devastadores. «Millones de personas sufrieron penurias y pobreza, millones murieron en la miseria, innumerables familias fueron destrozadas, muchos niños se convirtieron en matones y villanos», registró el escritor Qin Mu. «Innumerables libros fueron quemados, innumerables sitios históricos destruidos y un gran número de figuras veneradas profanadas».

Ba Jin, otro escritor, también reflexionó sobre esto: «Al recordar hoy lo que otros y yo hicimos durante esos diez años, simplemente no lo puedo entender. Siento como si hubiera estado hipnotizado, volviéndome tan ingenuo y tonto, incluso confundiendo la crueldad y lo absurdo con seriedad y corrección», escribió en 1979.

Pienso: "Si no reviso esos diez años de sufrimiento, empezando por un autoexamen profundo para comprender qué sucedió entonces, un día, si las circunstancias cambian, podría volver a ser hipnotizado y, sin explicación alguna, transformarme en otra persona. ¡Eso es aterrador!".

Todos sufrimos cuando el odio se propaga

Aunque Nie siguió la directiva del PCCh y colocó el cartel, pronto cosechó el odio que había sembrado. En 1969, fue degradada y atacada (similar a lo que ella hizo con otros), y fue encarcelada.

Nie no estaba sola. Miles de personas fueron engañadas por el PCCh e incluso familiares se atacaron entre sí como enemigos. Después de que la médica Fang Zhongmou dijera algo en su casa en 1970 que cuestionaba la Revolución Cultural de Mao, su hijo de 16 años, Zhang Hongbing, la denunció ante las autoridades y exigió su ejecución.

Fang fue efectivamente ejecutada dos meses después. No fue hasta 1979, tres años después del fin de la Revolución Cultural, que Zhang se dio cuenta de lo que había hecho. «En este mundo, el amor de una madre es lo más grande y la humanidad lo más importante», escribió.

Otra catástrofe

Al igual que Zhang, Ba también lamentó su participación en el caos y quiso fundar un Museo de la Revolución Cultural para que la gente pudiera reflexionar sobre lo sucedido. Afirmó que solo actuando con consciencia y sin egoísmo se puede encontrar la verdad y evitar las mentiras. «Solo aprendiendo las lecciones de la Revolución Cultural podremos prevenir otra», explicó.

Desafortunadamente, su deseo nunca se cumplió y las tragedias continuaron. Poco más de diez años después del fin de la Revolución Cultural, tuvo lugar la Masacre de la Plaza de Tiananmén en 1989. Tras esta y otras innumerables experiencias similares, la gente en China abandonó el sueño de la libertad o la democracia y se centró en sus vidas. Cuando comenzó la persecución a Falun Gong diez años después, en 1999, muchos chinos volvieron a seguir la línea del Partido.

Las consecuencias fueron catastróficas. Al igual que la Revolución Cultural, el número de víctimas fue enorme. En 1999, había alrededor de 100 millones de practicantes en China, y casi todos han sufrido discriminación de una u otra forma durante los últimos 26 años. La diferencia entre la Revolución Cultural y la persecución a Falun Gong radica en que esta última se dirige contra la fe, ya que los practicantes aspiran a ser mejores personas siguiendo los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia.

El precio moral que se paga es inconmensurable. Si bien los practicantes de Falun Gong siguen valores universales profundamente arraigados en la cultura tradicional china, bombardeados por la abrumadora propaganda difamatoria del PCCh, la mayoría de la población china se ha vuelto contra Falun Gong e incluso ha participado en la represión.

Esto ha llevado a un número incalculable de practicantes a ser acosados, detenidos, encarcelados y torturados por sus creencias. Algunos han sido condenados a trabajos forzados e incluso han sido víctimas de la sustracción forzada de órganos. Cuando la población ya no tiene una base moral sólida, el PCCh puede incitar fácilmente su odio, incluyendo a las generaciones más jóvenes. Algunos jóvenes en China dicen: "Odio a Estados Unidos sobre todo", mientras que otros dicen: "Quiero matar a los japoneses". ¿De dónde proviene este odio? Al analizar lo sucedido en China, su fundamento se encuentra en el odio ciego inculcado por el PCCh, que incitó a la gente a participar en la Revolución Cultural.

Hay un viejo dicho chino: «El bien es recompensado con el bien, y el mal con el mal». Cuando una nación se llena de odio y mentiras, todos sufren. Zhang Xuyou, director de la Comisión Económica del Condado de Qiyang, en la provincia de Hunan, siguió de cerca la política de persecución del PCCh. Encargó personalmente un gran cartel con lemas difamatorios contra Falun Gong y lo colocó en la entrada principal de la Comisión. También encendió dos cestas de fuegos artificiales para celebrarlo.

Sin embargo, al igual que Nie, Zhang también enfrentó consecuencias por difundir el odio. Poco después de colocar el cartel, falleció en un accidente automovilístico.

Las oleadas de campañas políticas en China son lecciones importantes. Como señaló Ba, solo cuando nos guiamos por nuestra conciencia beneficiaremos a aquellos de nuestro entorno y, a su vez, nos beneficiaremos a nosotros mismos. Seguir el odio del PCCh puede parecer beneficioso a corto plazo, pero en realidad es el comienzo de una pesadilla.