(Minghui.org) Después de que se levantó el bloqueo del coronavirus en Wuhan, decidí salir de la ciudad para buscar trabajo.

Un día, mientras viajaba, un pequeño cartel en un poste de teléfono me llamó la atención. Al bajar del autobús, caminé hacia el poste y me emocioné inmensamente al ver estas familiares palabras: "¡Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno!".

Por lo descolorido que estaba el póster, supuse que había estado allí por un tiempo largo, pero los grandes caracteres en él todavía eran claramente visibles. Mi respeto por los practicantes locales de Falun Gong creció inmediatamente. Después de leerlo, me sentí renovado... el miedo, el estrés y todos los demás problemas causados por la pandemia parecían haberse desvanecido en un instante. Envié una imagen del póster a mis amigos, y todos ellos también se sintieron inspirados.

El cartel en el poste telefónico

Conocí a practicantes de Falun Gong mientras cumplía una condena de cárcel por crímenes que había cometido. Fui testigo de la brutalidad con la que los agentes de la ley trataban a los practicantes de Falun Gong, que soportaban la tortura y la injusticia con benevolencia, incluso mientras resistían pacíficamente el intenso lavado de cerebro llevado a cabo por parte de la prisión para obligarlos a renunciar a su fe.

De los practicantes aprendí que, al contrario de lo que el partido comunista chino (PCCh) propagó en sus medios de comunicación, Falun Gong es una forma de cultivación tradicional que beneficia nuestra salud física y mental, y que los practicantes de Falun Gong siguen los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia para ser buenas personas.

La columna vertebral de China

Cuando llegué a la prisión de Fanjiatai en la provincia de Hubei, muchos reclusos ya me conocían y temían por mi reputación. Irónicamente, fue por la misma razón que los guardias me designaron para ser el líder de los reclusos a cargo de todos los recién llegados.

Todos los practicantes de Falun Gong sentenciados en la provincia de Hubei están encarcelados en la prisión de Fanjiatai. Debido a la propaganda negativa del gobierno que calumnia a Falun Gong, tenía una mala impresión de todos los practicantes de Falun Gong aunque no sabía realmente qué era Falun Gong. Los guardias me dijeron que los vigilara, que tratara de forzarlos a aceptar una declaración de culpabilidad, y hacerlos obedecer las reglas de la prisión. A pesar de lo que intenté, los practicantes se negaron a escucharme. El hecho de que no me temieran me avergonzaba, porque cualquier otro hubiera sucumbido fácilmente. Frustrado, fui grosero con ellos.

Un preso del que me hice amigo simpatizaba con los practicantes porque, como ellos, él también había sido acusado injustamente. Me dijo que las enseñanzas de Falun Gong eran muy razonables y que los practicantes eran muy amables, pero que el PCCh los trataba injustamente. Entendió por qué se negaban a seguir las normas de la prisión y me pidió que fuera gentil con ellos.

Más tarde fui asignado a la división que alojaba a los practicantes y fui testigo de cómo los guardias los torturaban para tratar de forzarlos a renunciar a su fe. La tortura era espantosa.

La prisión de Fanjiatai era una fábrica de esclavos donde todos los internos eran obligados a trabajar durante lapsos irrazonablemente largos y de manera infatigable. Nuestro día comenzaba antes del amanecer, cuando se esperaba que todos se pusieran en cuclillas para pasar lista. Una mañana, el jefe de todos los reclusos se señaló la espalda y comentó: "¡Son la columna vertebral de nuestro país!". Dando la vuelta, vi a los practicantes de Falun Gong valientemente parados en la oscuridad y con un viento helado.

Si los practicantes se hubieran declarado culpables y hubieran seguido las reglas de la prisión, sus vidas habrían sido mucho más fáciles en la cárcel. Sin embargo, todos se aferraron a la verdad de que Falun Gong es bueno y de que eran inocentes. Por eso, fueron severamente torturados. Los guardias también instigaron a los reclusos a torturarlos. Sin embargo, todos los practicantes que conocí se mantuvieron firmes en su fe, y a menudo gritaban, "¡Falun Dafa es bueno! ¡Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno!".

Ayudando a los practicantes

La administración de la prisión estableció una regla que permitía a los practicantes de Falun Gong "un bocado de alimento por cada comida", "una hora de sueño por día" y "un par de pantalones para usar en invierno". Los edificios no tenían calefacción y los guardias vertían agua fría sobre los practicantes para congelarlos y, asimismo, los obligaban a trabajar durante largos períodos todos los días.

Una vez escuché al jefe de los reclusos hablar con un practicante a quien le decía que no eran culpables y que era el PCCh el que había violado la ley al perseguir a gente inocente. La tortura de los detenidos no solo violaba la ley de la prisión, sino también el Código Penal de China. El practicante dijo que planeaba demandar a la prisión y a los guardias.

Simpatizando con la situación de los practicantes e impresionados con su integridad y coraje, el jefe de los reclusos y yo los ayudamos siempre que pudimos, incluso remitiendo sus notas, notificándoles cuando los guardias iban a inspeccionar las celdas y escondiendo sus mensajes.

Las enseñanzas de Falun Gong me ayudan a dejar de beber y de fumar

Mis amigos y yo nos turnamos para leer en secreto el libro Zhuan Falun, la principal enseñanza de Falun Gong. Terminé de leerlo una vez y me pareció extraordinario. Como pasé notas para los practicantes, también tuve la oportunidad de leer las otras conferencias del Maestro Li Hongzhi, el fundador de Falun Gong. Poco a poco dejé de beber alcohol y de fumar, gracias a las enseñanzas de Falun Gong que me ayudaron a dejar ambos malos hábitos.

Aunque se permitía fumar en la prisión de Fanjiatai, la bebida estaba prohibida. Los reclusos que tenían dinero sobornaban a los guardias para que les compraran vino y comida. Algunos reclusos incluso vendían alcohol y cigarrillos a otros reclusos. Sin embargo, si eran atrapados por beber, a los reclusos se les deducía puntos. Mi vida fue mucho más fácil después de dejar de beber.

Las enseñanzas de Falun Gong también me dieron diferentes perspectivas del mundo, y ya no me parecía correcto ser el recluso líder que mandaba a otros, aunque el puesto me había dado muchos privilegios, incluyendo la oportunidad de que me redujeran la sentencia.

Además, solo aquellos con conexiones especiales con el personal de la prisión fueron seleccionados para ser los jefes de los reclusos. Muchos reclusos sin conexiones sobornaban a los guardias, esperando ser seleccionados. Por eso mi decisión de renunciar al puesto era inexplicable para los guardias, y se aseguraron de que yo supiera lo que estaba haciendo. Les dije que todavía podía conseguir reducir mi sentencia trabajando más duro.

Sistema penitenciario corrupto

Los practicantes de Falun Gong presentaron quejas legales contra el guardia Li Yong para protestar por su brutalidad y otras conductas ilegales. Algunos reclusos también presentaron una queja conjunta con la dirección de la prisión, citando a Li Yong por infringir la ley al registrar las celdas sin previo aviso, registrar a los reclusos y confiscar sus objetos personales, incluido el dinero en efectivo. En su denuncia también mencionaron testigos.

Resultó que la familia de Li Yong tenía estrechos vínculos con el sistema penitenciario de la zona, incluida la prisión de Fanjiatai. Así que, en lugar de investigar a Li Yong, la dirección de la prisión tomó represalias reteniendo las quejas y revisando la política de la prisión. Si bien en un principio se permitía a los reclusos poseer dinero en efectivo, las revisiones incluyeron la reducción al mínimo de las oportunidades de reducción de la pena durante tres años si un recluso tenía dinero en efectivo y la terminación de cualquier reducción de la pena que ya estuviera en vigor.

A menos que aceptaran no testificar, a los testigos enumerados se les prorrogarían las penas y se les cancelarían las reducciones de la pena, si procediera, y se les excluiría de la posibilidad de reducción de la pena durante tres años. La administración penitenciaria también dejó claro que no se permitiría a los reclusos informar sobre la conducta de los guardias y demás personal penitenciario.

No obstante, algunos reclusos seguían queriendo testificar a favor de los practicantes de Falun Gong y pidieron al fiscal de la prisión que grabara sus testimonios. Un recluso testificó que a los practicantes solo se les permitía dormir unos 25 minutos al día en lugar de una hora como afirmaba la administración de la prisión. Pero la oficina del fiscal de la prisión se negó a grabar estos testimonios y retuvo las quejas legales escritas por los practicantes de Falun Gong.

Algunos prisioneros transferidos de otras prisiones para trabajar en la prisión Fanjiatai también escribieron una queja legal que reveló los oscuros secretos de esa prisión y sus asuntos ilegales. Se las arreglaron para entregarla a los inspectores de fuera de la instalación. Enfurecido, el alcaide Zhou Hong ordenó que los responsables fueran sometidos a un estricto escrutinio y mantuvo a todos los inspectores alejados durante mucho tiempo.