(Minghui.org) Yin Changsheng fue un famoso taoísta de la época de los Han Orientales en la antigua China; muchos de los relatos sobre él provienen del Shen Xian Zhuan (Biografías de los Inmortales Divinos), escrito por Ge Hong durante la dinastía Jin (266–420 d. C.).

Era muy respetado y honrado en la comunidad taoísta, no solo por haber alcanzado el Dao y haberse convertido en inmortal, sino también porque siguió ayudando a la gente común durante muchos años antes de ascender finalmente al Cielo a plena luz del día. Las siguientes son algunas historias sobre él, basadas en los relatos antiguos de esta legendaria figura.

Nacido en una familia prominente vinculada con la realeza, pero consagrado al Dao

Yin Changsheng nació en Xinye (en la actual provincia de Henan), en el seno de una familia rica, poderosa y prominente, descendiente de la emperatriz Yin Lihua, esposa del emperador Guangwu (5 a. C. – 57 d. C.).

Por lo general, los jóvenes de tal linaje aspiraban a una carrera como altos funcionarios o generales, pero Yin Changsheng fue diferente.

En lugar de perseguir el poder, el estatus y la riqueza, a menudo contemplaba el rocío matutino y pensaba: «La riqueza es como el rocío de la mañana, que desaparece tan pronto como sale el sol, y el privilegio no es más que una nube que se lleva el viento. Al final, las personas con riqueza y estatus no terminan siendo más que un puñado de tierra».

No estaba dispuesto a aceptar tal destino y comenzó a buscar una forma de vida diferente. Oyó hablar de un camino hacia la inmortalidad que, según se decía, permitía recuperar la juventud y trascender el ciclo de la vida y la muerte. Así pues, dejó atrás toda su riqueza y privilegios y partió en busca del Dao.

Supo de Ma Mingsheng, un legendario maestro taoísta de quien se decía que había alcanzado el camino de los inmortales. Yin Changsheng lo encontró y se convirtió en uno de sus discípulos. 

Sirvió a su maestro durante más de 20 años con total devoción

Aunque Ma Mingsheng lo acogió, nunca le enseñó ningún secreto de las artes inmortales.

Día tras día y año tras año, Ma Mingsheng solo hablaba de asuntos de la vida cotidiana y jamás pronunciaba palabra alguna sobre la alquimia o la cultivación de la inmortalidad.

Aun así, Yin Changsheng sirvió a su maestro con absoluto respeto y devoción, cumpliendo diligentemente con las tareas diarias de acarrear agua, barrer el suelo, avivar el fuego y otras labores domésticas.

Se dice que, por aquel entonces, más de una decena de buscadores habían encontrado a Ma Mingsheng y se habían convertido en sus discípulos, con la esperanza de aprender pronto el secreto para ascender al Cielo.

Sin embargo, pasaron los años y su maestro seguía hablando únicamente de cosas mundanas. Poco a poco perdieron la esperanza y comenzaron a quejarse de él, diciendo que él era un fraude, que había engañado al mundo y buscado fama bajo pretensiones falsas. Uno tras otro, abandonaron a Ma Mingsheng.

Al final, Yin Changsheng fue el único que permaneció a su lado; durante más de veinte años, sirvió a Ma Mingsheng con firmeza inquebrantable, sin mostrar jamás impaciencia ni dudas.

Lo que él no sabía era que ese largo periodo de tiempo constituía, en sí mismo, la parte más difícil del proceso de refinamiento del elixir, pues el camino hacia la inmortalidad nunca se concede a la ligera a quien se deja llevar por la impaciencia y el deseo de logros rápidos.

La verdadera prueba no consistía en escalar montañas imponentes ni en recorrer caminos arduos, sino en la capacidad de soportar más de veinte años de soledad manteniendo intacta la devoción.

Yin Changsheng no ascendió al Cielo inmediatamente después alcanzar la Perfección

Un día, Ma Mingsheng le dijo a Yin Changsheng con una amplia sonrisa: «No recuerdo cuántas personas han venido a aprender de mí, pero tú eres el único digno del "Dao"».

Acto seguido, llevó a Yin Changsheng a la cima del monte Qingcheng y le indicó que ayunara y dispusiera los recipientes alquímicos previamente purificados. Entonces, le enseñó el Taiqing Shendan Jing*(Escritura del Elixir Divino de la Claridad Suprema). Una vez concluido todo, Ma Mingsheng se alejó flotando sobre una nube hacia su propio destino inmortal.

Yin Changsheng siguió las enseñanzas de las escrituras, construyó una morada humilde y se dedicó a la alquimia mientras las estaciones pasaban. Finalmente, logró refinar una serie de elixires dorados.

Ingirió una parte y sintió de inmediato cómo su cuerpo se volvía ligero y lleno de vigor. Su cabello blanco recuperó el color negro, le volvieron a crecer los dientes que había perdido y los años parecieron desvanecerse.

La mayoría de quienes lograban tal hazaña, ascendían directamente al Cielo, pero Yin Changsheng decidió permanecer en el mundo de los hombres, pues no soportaba la idea de abandonar a los mortales que sufrían en el mundo terrenal.

Aliviar las penurias y ayudar a los necesitados

Además de la alquimia, el Taiqing Shendan Jing también abarcaba el arte de la transmutación alquímica. Podía convertir la piedra en oro, pero nunca utilizó nada para beneficio propio. En su lugar, ayudaba a los necesitados: daba alimentos a los hambrientos y ropa a quienes pasaban frío, además de ofrecer ayuda silenciosamente a los pobres, los enfermos, las viudas y los huérfanos.

Ha sido dicho que vagó por el mundo de los humanos durante más de 170 años, pero siempre lució juvenil, como un hombre joven.

Antes de finalmente ascender al Cielo, él grabó las experiencias de su vida en piedra para inspirar a aquellos destinados a conocer su historia.