(Minghui.org) Conocí Falun Dafa (Falun Gong) en 1999, apenas unos meses antes de que Jiang Zemin, el entonces líder del Partido Comunista Chino (PCCh), iniciara su brutal persecución contra la práctica.

La única razón por la que he sido capaz de cultivar de manera constante y  me he rectificado, a lo largo de estos últimos 27 años, se debe enteramente al constante fortalecimiento y protección de Shifu. Cuando cumplía exactamente con lo que él pide a los practicantes y alcanzaba los requisitos de Dafa en cada nivel específico, él me revelaba una y otra vez los poderes divinos de Falun Dafa.

Disolviendo la persecución y el lavado de cerebro

A finales del verano de 2002, la policía nos llevó a otra practicante y a mí a un campo de trabajos forzados. Este centro era tristemente célebre por torturar a los practicantes para "transformarlos", es decir, para lograr que renunciaran a su creencia en Falun Dafa. Los practicantes "transformados" pasaban entonces a ser "asistentes" o "colaboradores" de los guardias, con el fin de engañar a otros practicantes para que abandonaran la práctica. Habíamos oído hablar de muchos casos así.

La otra practicante y yo fuimos esposadas juntas durante el traslado al campo de trabajo. Nos estrechamos las manos con fuerza durante el trayecto, animándonos mutuamente a mantenernos firmes. Al llegar, nos separaron. Aunque había tensión y una sensación de peligro inminente, sabía que Shifu estaba a mi lado y que nadie podía tocarme.

Varios grupos de colaboradoras entraron uno tras otro. Cuando difamaban a Shifu y a Dafa, yo intentaba razonar con ellas. Después de estar toda una mañana en esta situación, me di cuenta de que mis nociones y apegos —incluyendo la combatividad y otros malos pensamientos— estaban tomando el control sobre mí. Rápidamente ajusté mi mentalidad y pedí a Shifu que fortaleciera mis pensamientos, palabras y acciones rectas.

A la hora del almuerzo, entró otro grupo de colaboradoras. Una de ellas era una mujer joven que me susurró que había sido "transformada" contra su voluntad y que planeaba retomar la práctica una vez que fuera liberada. Poco después, las otras colaboradoras la expulsaron. Por la tarde, entró otra persona. Ella se jactaba de haber "transformado" a más de 200 practicantes. Le pedí a Shifu que fortaleciera mis pensamientos rectos para poder restringir sus palabras, las cuales estaban siendo controladas por las malvadas viejas fuerzas. Al poco tiempo, le empezó a molestar la garganta. La batalla entre el bien y el mal duró toda la tarde. Cuando yo no estaba hablando, enviaba pensamientos rectos. No tenía dudas de que Shifu la salvaría y de que ella cambiaría su actitud.

La policía no se rindió y dispuso que otra detenida intentara "transformarme" al día siguiente. Sin embargo, esa mañana, los guardias se negaron a permitir que ninguna detenida hablara conmigo. Los oficiales de policía se enfadaron y me insultaron antes de llevarme.

Yo estaba llena de gratitud hacia Shifu por resolver esta tribulación para mí y por revelarme los poderes divinos del Fa. Como dijo Shifu:

“La cultivación depende de uno mismo, el gong depende del Shifu”. (Primera Lección, Zhuan Falun)

Eliminar los elementos malignos y formar un solo cuerpo

Las autoridades empleaban formas de tortura particularmente crueles contra los practicantes inquebrantables. Otros practicantes, incluyéndome a mí, intentamos aclarar la verdad sobre Dafa al director de la prisión, a los jefes de división y a los guardias, ya fuera en persona o mediante cartas; sin embargo, estas atrocidades continuaban. No podíamos comer ni dormir sabiendo que nuestros compañeros practicantes sufrían tales abusos.

Cuando comenzó la persecución en 1999, muchos practicantes carecían de una base sólida en el estudio del Fa. Se aferraban a sus propios entendimientos y creían que tenían razón. Yo misma estaba atrapada en esa mentalidad; solía insistir en que yo tenía la razón y a menudo discrepaba con los demás. Mientras algunos practicantes eran señalados, detenidos y torturados, otros se quejaban y culpaban a los practicantes perseguidos en lugar de intentar ayudarlos. Distanciados y desconectados unos de otros, no podíamos formar un solo cuerpo y, por ello, éramos explotados por las viejas fuerzas.

Pensé en las enseñanzas del Fa de Shifu y decidí cumplir con su requerimiento de armonizar silenciosamente por el bien del todo y de llenar las brechas en nuestro cuerpo único. Aunque no siempre estaba de acuerdo con los practicantes perseguidos, creía firmemente que a las viejas fuerzas no se les permitía perseguirlos —incluso si tenían apegos y brechas en su cultivación—, ya que todos somos discípulos de Shifu y practicantes de Falun Dafa.

Tras compartir esto con otros practicantes, llegamos a la conclusión de que no podíamos quedarnos de brazos cruzados sin hacer nada mientras torturaban a los practicantes. Algunos iniciaron huelgas de hambre como protesta; otros presentaron quejas ante la dirección de la prisión, la procuraduría del centro penitenciario y la Comisión de Inspección Disciplinaria de la prisión; y hubo quienes acudieron personalmente a dichas oficinas para aclarar la verdad a los funcionarios y a su personal.

Tuve la idea de presentar una queja formal contra el jefe de mi división, el subjefe y los guardias involucrados en los abusos. El solo hecho de pensar en ello generaba una enorme presión y una gran interferencia interna; era tan así, que casi desistí de la idea. Sin embargo, me decidí y dejé atrás por completo el miedo a la muerte. Me mantuve firme en la convicción de que presentar una queja era la forma más directa y eficaz de eliminar los elementos malignos y ayudar a Shifu a salvar a los seres conscientes.

Cuando entregué la carta formal de queja a la jefa de la división, ella mantenía la cabeza en alto y actuaba con arrogancia. Mientras leía el documento, yo emitía pensamientos rectos. La siguiente vez que salió de su oficina, llevaba la cabeza baja y parecía abatida. Supe que Shifu había eliminado los elementos malignos que estaban detrás de ella. Shifu me mostró una vez más el grandioso poder divino de Dafa.

Se celebró una reunión entre las autoridades y las oficiales. Poco después, las guardias informaron a las reclusas, que ya no utilizarían ciertas formas de tortura.

Los practicantes trabajamos unidos y formamos sólidamente "un solo cuerpo", lo que permitió a Shifu eliminar a los seres malignos que se escondían tras los oficiales y los guardias. Tras mi liberación, años más tarde, otras divisiones volvieron a introducir algunos de los métodos de tortura, pero estos nunca más se utilizaron en la división donde yo había estado recluida.

Agradecida por haber sido expulsada del estudio del Fa

A lo largo de mis años de cultivación, me he esforzado por mantener mi xinxing cuando surgían conflictos entre practicantes y he atravesado un proceso doloroso para eliminar mis apegos.

Cuando fui liberada tras haber estado encarcelada por mi fe, una compañera practicante me tendió la mano mientras atravesaba un momento difícil. Quería presentarme a un grupo de estudio del Fa, diciendo que eso me ayudaría a ponerme al día en la cultivación, ya que todos los miembros del grupo eran diligentes. Llegamos temprano y hablamos brevemente con la organizadora, Jia, sobre mi situación. A medida que el resto del grupo iba llegando, Jia me dijo: "Ya puedes irte. Estamos a punto de empezar". Me quedé desconcertada de que Jia me echara sin dudarlo ni un instante.

Me marché con el corazón apesadumbrado y los pies pesados. Era tal como dijo Shifu: «Cientos de penalidades caen a la vez» (Templando la mente y el corazón de uno. Hong Yin).

Muchas cosas habían cambiado mientras estuve encarcelada. Las casas de una sola planta de mi barrio se habían convertido en rascacielos, y mi marido tenía una aventura. Cada vez que se enfadaba, arremetía contra mí diciendo: «Eres una convicta. Eres una convicta que necesita reformarse mediante el trabajo». Una vez no logré mantener mi xinxing y discutí con él; me dijo que me fuera y no volviera nunca más.

Caminaba sola bajo el viento frío y la lluvia torrencial, entre las hojas que caían de los delgados árboles. Todas mis nociones humanas afloraron y sentí amargura. No se me ocurrió mirar hacia adentro ni examinarme a mí misma. Para empeorar aún más las cosas, perdí mi preciado empleo, que era mi única fuente de ingresos. En un trabajo temporal, me pagaron menos de 50 yuanes tras trabajar dos días completos.

Aquel día salí de casa de Jia y caminé sin rumbo, sintiéndome triste y perdida. Finalmente, comencé a mirar hacia adentro y vi cuán apegada estaba a mi reputación y cuán desesperadamente quería salvar las apariencias. Me propuse estudiar dos lecciones de Zhuan Falun cada día y, posteriormente, estudiar Escrituras esenciales para mayor avance. Estudié todas las enseñanzas de Shifu en orden cronológico, empezando por Falun Gong.

Miraba constantemente hacia adentro y descubría docenas de nociones humanas y apegos. Cuando me concentré en deshacerme de ellos para mejorar verdaderamente, Jia hizo que otra practicante me transmitiera una invitación para unirme al grupo de estudio del Fa. Le di las gracias, pero rechacé la oferta. Con el fortalecimiento y la ayuda de Shifu, y bajo la guía del Fa, superé esa prueba. Tras terminar de estudiar todas las lecciones y artículos de Shifu, obtuve una comprensión más profunda y clara de los principios del Fa.

En una ocasión hablé con una practicante desplazada de otra región y le pregunté cómo había negado la persecución financiera del PCCh. Esta practicante poseía grandes dotes de gestión y fue contratada para administrar dos hoteles, lo que la mantenía ocupada todos los días. No recuerdo sus palabras exactas, pero dijo que albergaba el deseo de tener algún día suficiente dinero y tiempo libre para ayudar a salvar a los seres conscientes. Y con eso, Shifu la ayudó a realizar su deseo.

La historia de esta practicante me inspiró profundamente. Mi situación económica ha mejorado desde entonces y sigue haciéndolo cada día. He logrado mi objetivo de ganar suficiente dinero y disponer de tiempo suficiente para realizar las tres cosas. Mi esposo también ha cambiado y ha mejorado.

Aunque estaba agradecida de que Jia me hubiera echado, hacía más de una década —ya que aquello sacó a la luz muchos de mis apegos—, seguía albergando resentimiento y envidia hacia ella de los que no podía desprenderme. Cuando me encontré con Jia a principios de este año, ella señaló muchas de mis deficiencias sin rodeos. Resultaba extraño viniendo de ella, pues apenas habíamos interactuado. De hecho, una de las cosas que dijo sobre mí era algo que había escuchado de otra practicante. Al principio intenté explicarme, pero rápidamente me detuve y pensé: "Sin importar lo que diga Jia, debo escuchar con un corazón humilde".

Después de separarme de Jia, me examiné detenidamente y sentí gratitud hacia ella. Me di cuenta de que haber sido expulsada del estudio del Fa era un arreglo de Shifu y una gran oportunidad para mejorar. En realidad, fue lo mejor que me pudo haber pasado, ya que me permitió descubrir y deshacerme de muchas de mis nociones humanas y apegos. Obtuve grandes beneficios de muchas maneras a través de este proceso.

Qué especial y maravilloso es mirar hacia adentro

Cada vez que un practicante señala mis deficiencias, es una gran oportunidad para mejorar mi xinxing.

Hace unos 10 años, la practicante Ye me dijo que la practicante Bing se había quejado de mí nuevamente, y al instante perdí la calma. Esto había sucedido muchas veces antes, pero yo no había logrado mejorar. Sin embargo, esta vez, en lugar de perder la calma, decidí fortalecer mi estudio del Fa y mirar hacia adentro. Pedí ayuda a Shifu diciendo: "Shifu, estoy decidida a deshacerme de estas nociones humanas. Por favor, fortaléceme".

Después de un tiempo, sentí que mi xinxing había mejorado, así que fui a visitar a Bing. Ella me criticó duramente, sin reservas. No me expliqué ni me defendí; en cambio, me concentré en mirar hacia adentro mientras ella hablaba. Cuando surgía el pensamiento de querer explicarme, lo eliminaba de inmediato. Desde entonces, no he vuelto a escuchar quejas de Bing sobre mí.

Mientras estaba escribiendo mi experiencia, miré hacia adentro y me di cuenta de que Bing tenía motivos para regañarme aquel día. En ese entonces, me preocupaba que ella estuviera aflojando en su cultivación, por lo que a menudo actuaba o hablaba como si fuera superior a ella. Me mostraba autoritaria. Quería cambiarla imponiéndole mis propios criterios. Carecía de compasión y hería sus sentimientos.

En una ocasión, surgió un conflicto entre Ye y yo. Al no lograr mantener mi xinxing, reaccioné de forma exagerada y me di una bofetada. Me sentí agraviada y pensé que había desperdiciado mucho esfuerzo en una tarea que no fue valorada. Al llegar a casa, miré hacia adentro y me examiné. Me pregunté por qué era tan impulsiva y por qué me había dado una bofetada.

Escarvé profundamente y rastreé el origen hasta mis tendencias suicidas y de autolesión, así como más de una docena de otras nociones humanas que había desarrollado antes de empezar a practicar Dafa. Una vez que las identifiqué, Shifu eliminó muchas de estas sustancias negativas de mi campo dimensional. Esa noche tuve un sueño en el que volaba sobre la alta valla de alambre de puas de una prisión. Volaba libremente y me elevaba por el cielo. Los guardias se veían diminutos. Intentaron dispararme, pero las balas no me alcanzaron.

En otra ocasión, un conflicto con otro practicante me llevó a mirar hacia mi interior. Consideré al practicante como un espejo y reflexioné sobre la situación. Descubrí mi apego a la reputación, mi miedo a la confrontación, mi deseo de guardar las apariencias, mis actitudes intrigantes y mi sentimentalismo. Aun así, sentía que todavía no había llegado al fondo del asunto ni encontrado la causa raíz.

Un practicante sugirió que tal vez el apego subyacente fuera la "hipocresía", y eso me sacudió profundamente. Inmediatamente pensé: "La tendencia a ser hipócrita no es quien soy. No quiero esa tendencia". Tan pronto como esas palabras cruzaron mi mente, algo cayó desde la parte superior de mi cabeza y de mi pecho.

Cuando miraba hacia mi interior para mejorar, cuando identificaba con precisión mis apegos y nociones humanas, y cuando distinguía el apego de mi verdadero ser, entonces el compasivo Shifu eliminaba una tras otra las oscuras montañas de karma de mi campo dimensional. Cuando esto ocurría, sentía intimamente cómo las sustancias negativas caían desde la parte superior de mi cabeza, el pecho o la espalda, pieza por pieza.

La cultivación es verdaderamente asombrosa. Había algo que me molestaba mucho y que sucedía constantemente. Miraba hacia mi interior cada vez que ocurría, pero no me lo tomaba en serio y solo arañaba la superficie. Cuando volvió a suceder este año, me quedé desconcertada. Miré hacia mi interior durante varios días y, cada vez que encontraba un apego, lo anotaba. Ninguna de estas nociones humanas ni apegos me pertenece, y no los quiero.

Al excavar profundamente para encontrar mis apegos, terminé descubriendo las causas raíz de todos los demás apegos, tales como la reputación, el interés propio, el sentimentalismo, la naturaleza demoníaca y otros pensamientos malignos. También descubrí mi tendencia a no cultivar Verdad, Compasión, Tolerancia.

Trabajé para eliminar mis ideas distorsionadas, creencias evolucionistas, ideología atea y mentalidad moderna. Cuando logré identificar y soltar estos apegos, Shifu disolvió todas las interferencias relacionadas. Siempre que interferían apegos derivados del sentimentalismo, recitaba las enseñanzas de Shifu sobre el asunto en cuestión y él eliminaba dichos apegos por mí.

Me pregunté: «¿De qué apegos no he logrado desprenderme tras tantos años de cultivación?». Descubrí que me estaba quedando atrás en la tarea de aclarar la verdad debido al miedo y a la tendencia a evitar las tareas difíciles. Albergaba opiniones negativas y aún prejuicios hacia algunas personas, incluidos ciertos practicantes. Guardaba resentimiento. Era obstinada y creía tener la razón la mayor parte del tiempo. Quería validarme a mí misma. A menudo hablaba con los demás de forma brusca y condescendiente. Mi naturaleza demoníaca solía manifestarse. No siempre era considerada ni veía las cosas desde la perspectiva de los demás. Estaba lejos de alcanzar el estándar de Verdad-Benevolencia-Tolerancia.

Examiné detenidamente mis pensamientos y descubrí que aún conservaba muchas nociones humanas y apegos de los que debía deshacerme. De hecho, debería agradecer desde el fondo de mi corazón a los practicantes que me ayudaron a descubrir tales impurezas.

Mientras redactaba esta parte de mi experiencia, junté las palmas de las manos frente al pecho y agradecí sinceramente a cada practicante que me había ayudado a mejorar en el pasado. También quiero pedir disculpas a las personas a las que hice daño: «Lo siento. Me equivoqué». Mi tono áspero se debía a la influencia de la cultura del Partido y al apego a competir.

Inmensa gratitud por la ilimitada gracia de Shifu

Hace más de una década, viajaba en autobús cuando el conductor dio vuelta bruscamente. Al no estar bien apoyada, caí de cabeza en dos escalones metálicos. Mientras caía, imploré: «¡Ayúdeme, Shifu!».

Otros pasajeros me ayudaron a levantarme. Me dolía tanto la zona lumbar que no podía caminar al bajar del autobús. Me arrastré unos pasos antes de darme cuenta: «¿Acaso esto no es aceptar la persecución de las viejas fuerzas? Esto no es lo que Shifu ha arreglado. Estoy bien. No voy a seguirles el juego a ustedes, viejas fuerzas». Pedí a Shifu que me fortaleciera y aceleré el paso, caminando más rápido a pesar del intenso dolor. Estaba decidida a no aceptar el plan de las viejas fuerzas. 

No podía levantar las piernas lo suficiente para subir las escaleras de mi edificio y, de forma inconsciente, extendí la mano para agarrarme del barandal. Pero inmediatamente me contuve y rechacé esa idea. Si usaba el barandal, ¿acaso no estaría admitiendo que me dolía la espalda? Si estaba perfectamente bien, ¿por qué necesitaría usar el barandal? Volví a pedirle a Shifu que me fortaleciera y decidí que podía subir las escaleras por mi cuenta. Con la ayuda de Shifu, subí las escaleras.

Esa noche, sentí un dolor insoportable en la zona lumbar al recostarme de lado, y el dolor aumentaba aún más al tumbarme boca arriba. Pero cuanto peor era el dolor, más decidida estaba a permanecer boca arriba. Quien sentía dolor no era yo. Intensifiqué mi estudio del Fa, envié pensamientos rectos con mayor frecuencia y miré hacia mi interior con aún más detenimiento. Realicé las tareas del hogar como de costumbre, y mi esposo no notó absolutamente nada.

Sin embargo, las viejas fuerzas no se rindieron tan fácilmente y pronto idearon otro plan. Unos días después de la caída, mientras enviaba pensamientos rectos a medianoche, una fuerza invisible me empujó repentinamente fuera de la cama. Caí al suelo y mi espalda baja chocó violentamente contra una silla de metal. Esto me llevó a mirar hacia mi interior, donde descubrí muchas nociones humanas y apegos.

Una mañana, pocos días después de aquel incidente, mientras ordenaba la casa tras la partida de mi esposo al trabajo, perdí de repente toda sensibilidad en una de mis piernas. Se quedó completamente entumecida y no podía soportar ningún peso. No entré en pánico, pues sabía que Shifu y Dafa estaban de mi lado. Era obra de las fuerzas malignas, que intentaban jugarme una mala pasada. Rechacé firmemente los arreglos de las viejas fuerzas y me recordé que todo aquello era una ilusión y que yo estaba bien.

Me apoyé contra la puerta y enderecé la pierna que no sentía. Luego levanté lentamente la otra pierna y trasladé todo mi peso hacia aquella que no podía sentir. Le pedí ayuda a Shifu y envié pensamientos rectos. Poco después, una corriente de energía cálida y poderosa descendió desde la coronilla y recorrió todo mi cuerpo; Shifu me estaba realizando guanding [verter energía por la coronilla para purificar el cuerpo]. A medida que la corriente fluía por mi organismo, recuperé la sensibilidad en la pierna y esta volvió a estar completamente bien. En ese instante, experimenté verdaderamente el poder divino de Dafa. ¡Sentí una inmensa alegría! No había palabras para describir mi gratitud a Shifu.

Aquella noche, fuerzas malignas de otra dimensión irrumpieron como una marea. Sentía todo mi cuerpo como si estuviera clavado; no podía moverme ni emitir sonido alguno. Tuve la sensación de que, si las viejas fuerzas lo lograban a su manera, aquello se manifestaría como un derrame cerebral. Aun conservando un tenue estado de conciencia, rechacé tal arreglo y volví a pedir ayuda a Shifu. Recité en mi corazón, desesperadamente, la fórmula de los pensamientos rectos, con toda la determinación que pude reunir.

Gracias al fortalecimiento de Shifu, mis pensamientos rectos se hicieron cada vez más fuertes. Pude volver a mover el cuerpo. Continué emitiendo pensamientos rectos y eliminé todos los elementos malignos de otras dimensiones que estaban dañando mi cuerpo. Algunos factores malignos fueron eliminados, mientras que otros retrocedieron como la marea al bajar.

Shifu me salvó nuevamente. Expreso mi más profundo agradecimiento al inmensamente compasivo Shifu y a su gracia infinita.